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Familia separada

2.2 Desarrollo de la teoría o enfoque seleccionado

2.2.1 Familia

2.2.1.10 Familia separada

Es una categoría particular, ya que estamos aquí conceptuando la familia desde el hijo, que tiene los padres separados como únicos padres.

Es una situación que cuando los hijos están conscientes del mal se revelan ante esta circunstancia, pero en algunas ocasiones los hijos lo van viendo muy normal y después siguen su ejemplo.

Cuando los esposos se separan teniendo hijos es importante que conozcan que la estructura, la psijé y el destino del niño, es la contemplación de la unidad entre su padre y su madre. Ninguno de ellos puede, por sí solo, construir ese espacio cargado de tensión y de esperanza del que el niño tiene necesidad para crecer. La realidad, las cosas, son significativas sólo cuando son comprendidas en la relación entre las personas. Es la unidad del hombre y de la mujer la que crea esa polaridad en la que las cosas reciben su nombre, su jerarquía, su justo lugar en la vida del hombre.

Por ello la familia es el único ambiente adecuado en el que alcanza sentido la experiencia del nacimiento: ahí donde el niño no nace en el amor, en la unidad de la pareja, su vida corre el riesgo de ser dañada y su camino hacia la esperanza, en el que consiste su humanidad, corre el peligro de ser interrumpido desde su inicio.

Sin embargo, no se debe tampoco caer en aquellas ideologías del matrimonio perfecto, que ignoran que la unidad es algo que se aprende en la vida y en la historia, una tarea más que una situación que se da por supuesta. El elemento decisivo es el horizonte complejo de la esperanza en el que la pareja coloca su

propio camino, su reconocimiento confiado de aquella presencia que une, inicia y hace pensable el sentido de la vida como don. Por esto, la Iglesia hace de la unión entre un hombre y una mujer un sacramento, es decir, un encuentro fuera de la lógica de la posesión y del cálculo, situado dentro del espacio sagrado, el espacio del reconocimiento total que hace al hombre un hombre y que remite a la profundidad última del misterio del ser.

La experiencia del nacimiento, pues, para ser vivida en forma plenamente humana, necesita de un espacio llenado por la unidad de la familia que es, ante todo, realidad cultural, porque en ella, a quien nace, se le ayuda a crecer; en ella se dan las condiciones, los valores que permiten el crecimiento de la personalidad y, por lo tanto, de la libertad del hombre.

La separación conyugal se puede definir como la suspensión de los derechos y deberes conyugales, o sea, la ruptura de la comunidad de vida y convivencia conyugal, permaneciendo, sin embargo, el vínculo conyugal. Comporta, por eso, la imposibilidad de contraer un nuevo matrimonio. En sí no deseable. Pero puede ser un remedio para algunas situaciones especialmente graves, tanto para los cónyuges como para los hijos. <<Existen situaciones en las que la convivencia matrimonial se hace prácticamente imposible por razones muy diversas.

En tales casos, la Iglesia admite la separación física de los esposos y el fin de la cohabitación. Los esposos no cesan de ser marido y mujer delante de Dios; ni son libres para contraer una nueva unión>> (CEC 1649). La separación puede ser perpetua o temporal, según que sea para toda la vida o para un período de tiempo determinado. Y total o parcial, si se refiere a la totalidad de los aspectos, de los derechos y deberes conyugales o tan sólo a algunos de ellos.

Para que la separación sea lícita han de darse las causas que la justifiquen y, además ha de realizarse de acuerdo con el procedimiento previsto en la disciplina de la Iglesia (CEC 2383). A la Iglesia corresponde por derecho propio juzgar las causas matrimoniales: en este caso, dar legitimidad a los motivos o causas de separación.

Los hijos, grandes perjudicados en las rupturas matrimoniales.

'A quién quieres más, ¿a papá o a mamá?'. 'Tu padre no te quiere, ¿no ves que no me da dinero?'... Ningún menor debería nunca escuchar frases como éstas, y para luchar contra ello nació precisamente la Fundación Filia de Amparo al Menor.

Esta fundación "lucha por la concienciación de la sociedad frente a un tipo de maltrato disfrazado y ejercido por los padres a sus propios hijos, a los que somete a un conflicto parental a través de la manipulación tras el divorcio".

Como explica su presidenta, Lucía del Prado, "esta iniciativa surge hace ya más de un año, a través de un grupo de profesionales expertos en la materia, que están tratando a padres y madres que sufren esta dramática situación. Algunos de ellos han perdido el contacto completamente con sus hijos, debido a que uno de los progenitores, a través de la manipulación, los utiliza como armas arrojadizas, alejándoles del otro y llegando a perder el vínculo para siempre. Hay muchas pequeñas asociaciones, pero no existía nada que realmente luchara por la protección del menor, en este ámbito, de ahí que creáramos la Fundación".

Cada año se producen en España una media de 150.000 procesos de divorcio, de los cuales casi un 30% son de tipo contencioso: 30.000 menores se ven afectados por ello.

"Esto son las estadísticas oficiales, y no tienen nada que ver con la realidad.

Sabemos que los casos van en aumento. De hecho, podemos decir que estamos ante una nueva alarma social. Tanto es así que hemos iniciado la creación de una Comisión de Investigación para dar a conocer esta realidad, prevenir y paliar las consecuencias que se producen en los menores", argumenta Lucía del Prado.

Así como en España y en todo el mundo las familias separadas se enfrentan a problemas cada vez mayores.