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Hasta la formación del blastocisto, la actividad morfogenética del ger

In document El cuerpo humano : teoría actual (página 89-92)

EL CAMINO HACIA LA INTEGRIDAD

2. Hasta la formación del blastocisto, la actividad morfogenética del ger

men de los metazoos se reduce a la constitución del apelotonamiento celular a que se da el nombre de mórula. Más compleja es la morfogénesis en los virus no geométricos. En los geométricos, como el del mosaico del tabaco, las formas se constituyen espontáneamente a partir del ARN y las proteínas virales. En los nos geométricos, como los fagos del grupo T, las cosas son bastante menos simples. Es necesaria la colaboración de numerosos genes, no menos de cua­

renta, que se distribuyen en mapas circulares. El microscopio electrónico y la bioquímica han permitido determinar las varias posibilidades y las distintas fases de la morfogénesis del fago, y descubrir que en ella intervienen proteínas estructurales y proteínas enzimáticas (W. B. Wood).

En los metazoos superiores, la conversión del blastocisto en gástrula y la inmediata diferenciación de ésta en hojas y territorios germinales inician for­

malmente la morfogénesis del embrión 22. A la genética molecular debe seguir, en consecuencia, una embriología a la vez descriptiva, experimental y mole­

cular.

En la estructura íntima de la morfogénesis sensu stricto actúan sinèrgica­

mente las tres líneas de la hilogénesis antes descritas: fórmase material estruc­

tural por biosíntesis de moléculas nuevas, se reproduce en cada división celular el material genético, del modo antes indicado, y va incrementándose en volu­

men y en variedad el material energético. ¿Cómo esas tres líneas de la hilogé­

nesis se combinan entre sí para que, a la vez que se efectúa la citogénesis, vayan apareciendo los sucesivos órdenes de la diferenciación morfológica y funcional:

el celular, el blastodérmico (formación de las tres hojas embrionarias: endo- dermo, mesodermo y ectodermo), el territorial (aparición de los distintos es­

bozos germinales) y el orgánico (paulatina constitución de los tejidos y los órganos en el embrión y el feto)?

Una descripción científicamente satisfactoria de esa serie de procesos mor- fogenéticos en términos de biología molecular no es posible en la actualidad.

Debo limitarme, en consecuencia, a exponer sucintamente los puntos de ella que en relación con el tema de este libro considero esenciales.

a) Pauta general del proceso morfogenético, desde el punto de vista de la biología molecular.

En la paulatina conversión del primitivo desorden molecular en esbozo embrionario deben ser distinguidas tres etapas: el encuentro entre las molécu­

22 En las sucesivas segmentaciones celulares que dan origen a la mórula tiene lugar, natural­

mente, una morfogénesis de orden microscópico: formación de mitocondrias y ribosomas, distri­

bución cromosómica del ADN, etc. Dos interrogaciones surgen: ¿cuál es el mecanismo molecular de esos procesos? ¿Cuál el de la formación de la mórula? En suma: ¿cómo se juntan entre sí las células que la componen? No parece que hoy pueda darse una respuesta satisfactoria.

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las constituyentes, su conjunción específica y la iniciación de la forma bioló­

gica.

El encuentro entre las moléculas o macromoléculas que da origen a la formación de orgánulos celulares y células, y luego a la diferenciación de éstas en hojas blastodérmicas y esbozos embrionarios, es puramente azaroso, porque azaroso es su movimiento dentro de la suspensión coloidal que las contiene.

Como en el seno de una solución saturada se encuentran entre sí, para formar el cristal, las moléculas de una sustancia cristalizable, así, para formar un filamento o una membrana, las moléculas o macromoléculas —proteínas, lípi- dos y polisacáridos— en el citoplasma del zigoto y de las sucesivas blastómeras.

Y en ambos casos, es el azar, no una de las varias entidades inventadas por la imaginación de los filósofos y los biólogos —el anima vegetativa de Aristóteles, la «fuerza vital» de los vitalistas ilustrados, el nisus formativus de Blumenbach—

lo que realmente preside el encuentro entre ellas.

Tras el azar del encuentro, la necesidad de la conjunción. Movidas por la peculiaridad de su estructura, ciertas moléculas de proteina se «reconocen»

entre sí —valga la metáfora— y entre sí se agrupan específicamente. Galeno vería este fenómeno como la actualización de una dynamis helktiké o potencia atractiva específica, ínsita en las moléculas que se atraen. La ciencia actual se ve obligada a ver en él la consecuencia de una especial adecuación al mutuo engarce entre dos moléculas proteinicas, seguramente determinada por la es­

pecífica disposición de una y otra al establecimiento de enlaces no covalentes.

Por su relativa labilidad, tales enlaces son, por una parte, los que permiten el apelotonamiento de las cadenas polipeptídicas, para formar moléculas protei­

nicas de tres dimensiones —proteínas globulares— , y, por otra, los que garan­

tizan la formación de estructuras idóneas para su ulterior actividad morfogené- tica y funcional. «Piedras sillares de las proteínas», llamó Kossel a los aminoá­

cidos. Piedras sillares de las formas vivientes son, a su vez, las proteínas. Las líneas precedentes muestran, en sus líneas generales, el esquema formal del proceso molecular por el que llegan a serlo. Según él se hace clinamen estruc­

tural y configurativo el clinamen generativo a que el acto bioquímico y biofisico de la fecundación da lugar en la masa del óvulo.

\ Varios resultados experimentales confirman la verdad de lo que acabo de exponer, y permiten considerar la verdad general. Un ribosoma está constituido por unas cincuenta proteínas distintas y tres tipos diferentes de ácidos nucleicos.

Pues bien: disociados experimentalmente esos elementos constitutivos, puede observarse in vitro que como si se reconocieran unos a otros se reúnen espon­

táneamente entre sí y reconstruyen el ribosoma originario (M. Nomura). Algo análogo sucede con las moléculas de la proteina que forman la cubierta del bacteriófago T4 (W. B. Wood). La insulina es una proteina globular de la cual, desde 1952, se conoce con exactitud la secuencia de los aminoácidos que la componen (Sanger). Supongamos ahora que de los n eslabones de ella —o de cualquier otra proteina dotada de propiedades funcionales específicas— nos son conocidos n-1. Mediante los actuales procedimientos de análisis y de cálculo,

¿sería posible determinar con precisión la naturaleza del aminoácido correspon­

diente al eslabón no conocido? No. El azar es quien rige la elección (Monod)23.

En suma: a partir del azar, y por obra de afinidades intermoleculares de carácter bioquímico, se forman estructuras epigenéticas (esto es: no preconte­

nidas en el conjunto molecular de que proceden), dotadas de virtualidad ope­

rativa específica y de invariancia a través de las generaciones. Tal es el resultado a que conduce el análisis biológico-molecular de la evidente teleonomía de los entes biológicos. La estructura así formada se manifiesta como función especí­

fica cualitativamente nueva (asunción biológico-molecular de la epigénesis) y no surge de otra estructura anterior a ella (asunción biológico-molecular del preformacionismo). Sin quebranto de los principios de la termodinámica, nue­

vas propiedades cualitativas y nuevas leyes de carácter procesal van apareciendo en el cosmos con la sucesiva agrupación azarosa de los átomos en moléculas, de las moléculas en macromoléculas orgánicas, y de éstas en orgánulos, mem­

branas y células.

Mucho es lo que todavía debe conocerse para que una descripción biológi­

co-molecular de la citogénesis, la histogénesis y la organogénesis pueda ser satisfactoriamente hecha. Hoy por hoy, sólo en lo tocante a los orgánulos citoplasmáticos y a las membranas empieza a ser posible. Pero, sometido, por supuesto, a todo orden de complementos y modificaciones, el camino para lograrla no parece que pueda ser distinto del que la investigación actual ha empezado a recorrer.

b ) Carácter campal de la autonomía y condición gradual de la teleonomía en el proceso de la ontogénesis.

Recogiendo una atinada propuesta de D. Gracia, consigné páginas atrás la conveniencia, e incluso la necesidad de ampliar el concepto de «campo morfo- genético» que, con diversas modulaciones, desde Spemann sigue vigente en embriología. Entendido de la manera más amplia, esto es, como modo de constituirse su realidad24, campo de una cosa real, enseña Zubiri, es la unidad de todas las que de un modo o de otro —como primer plano, como fondo o como periferia— condicionan la presencia y el dinamismo de ella. Ella y todas las que componen su campo se disponen en sintaxis y se aprehenden mediante sinopsis. El campo, más precisamente, la condición campal, atañe a la realidad misma de las cosas y de cada cosa, no es algo externo a ella (Zubiri)25.

Pues bien: el campo morfogenético no está realmente limitado al territorio del embrión sobre que actúa un inductor normal o artificial, ni debe ser enten­

23 Monod ¡lustra tal «pauta del azar» mediante un ingenioso ejemplo. «Supongamos —dice—

una baraja en la cual cada carta lleva el nombre de un aminoácido. Sea esa baraja un paquete de 200 cartas en el cual ha sido respetada la proporción media de cada aminoácido. Después de haberlo barajado se obtendrían secuencias efectivamente observadas en los polipéptidos naturales.»

2' Como es sabido, la introducción de la noción de «campo» en la ciencia procede de Faraday y Maxwell. Con ella queda superado el mecanicismo que desde Descartes hasta Laplace señoreaba la física. Zubiri ha elevado ese concepto físico a concepto filosófico, tocante, en consecuencia, a la realidad en cuanto tal.

25 Véase su libro Inteligencia y logos (Madrid, 1982).

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dido mediante una simple transposición formal del concepto de campo que manejan los físicos; el campo morfogenético, el conjunto de las cosas y los procesos que como primer plano, fondo o periferia condicionan la morfogénesis a partir del zigoto —o, por lo menos, a partir del blastocisto y la gástrula— , se halla constituido por todo lo que por intermedio de la mucosa uterina, y luego a través de las formaciones preplacentarias y la placenta, desde el orga­

nismo de la madre llega al germen y actúa sobre él: electrolitos, hormonas, enzimas, nutrientes diversos. Hecho al cual debe añadirse otro: que tanto la constitución de todos esos elementos en partes integrales del campo morfoge­

nético como, por consiguiente, la actualización de la potencialidad morfo- genética ínsita en el germen, acontecen según un determinado orden temporal.

La morfogénesis es la sucesiva puesta en acto de la potencia morfogenética del germen, es decir, de lo que éste, con la oportuna intervención de ciertas condiciones externas, por su propia naturaleza puede ser; pero esa puesta en acto no es instantánea, ni siquiera rápida, es gradual y discontinua.

C. Alonso Bedate26 ha expuesto una documentada y razonada visión del

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