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Capítulo 2. Marco teórico

2.3. Memoria Histórica de niños y niñas en torno al Conflicto Armado Colombiano

2.4.1. Formas y contenidos narrativos de la memoria

Los trabajos de la memoria no solo han de enfatizar en el qué, por qué, para qué y cómo trabajarlos; sino que han de pasar por el análisis de sus narrativas, no solo para comprender lo que en ellos se expresa, sino como posibilidades de creación de realidades. Las voces y relatos que allí circulan se desenvuelven en formas narrativas que objetivan el tiempo, el espacio, los actores, los discursos y las relaciones intersubjetivas.

De acuerdo con Mendoza García (2004), “la memoria tiene una estructura narrativa. Sus contenidos, formas y maneras de expresión, así lo ponen de manifiesto” (p. 9). Las formas

narrativas del lenguaje se construyen como formas discursivas que posibilitan la presentación de hechos determinados; confluyen entre secuencias y escenarios espacio temporales diversos, tras expresiones que conjugan momentos determinados. Un acto narrativo permite confluir entre pasados y presentes, dotar de sentido, interpretar, transmitir, reconstruir, evocar, volver y resignificar.

Las expresiones narrativas se valen de los relatos, acuden a los sucesos y a la

remembranza. Las referencias pueden ser experienciales, por tanto, testimoniales. Las narrativas pueden ser multiformes, puede confluir no solo una diversidad de narradores, contextos,

circunstancias y representaciones, sino además manifestaciones estéticas que buscan reelaborar aquello constituido como recuerdo. Las narrativas son una posibilidad para hacer memoria, en cuanto a posibilidad expresiva del discurso y forma de comunicación particular.

Los discursos narrativos interactúan en la cultura por medio de significados y sentidos que pueden ser compartidos. Para García (2005) los acuerdos narrativos modelan las

experiencias para darle un sentido al mundo. Son tan amplias las interpretaciones como las memorias y sus significados, “la realidad de un grupo, persona o colectividad, no se restringe a un evento, hay diversos, y estos devienen hilo de continuidad que trata de darle coherencia al pasado, convirtiéndose en una memoria” (p.14). Las narrativas toman características propias de los narradores y sus contextos, que en su singularidad se construyen de identidad cultural y circunstancial.

El relato es una posibilidad narrativa, fundamental en la historia, pero siempre existente en las relaciones humanas; es diverso. Como afirma Barthes (1977), innumerables son los relatos existentes:

Hay, en primer lugar, una variedad prodigiosa de géneros, ellos mismos distribuidos entre sustancias diferentes como si toda materia le fuera buena al hombre para confiarle sus relatos: el relato puede ser soportado por el lenguaje articulado, oral o escrito, por la imagen fija o móvil, por el gesto y por la combinación ordenada de todas estas sustancias; está presente en el mito, la leyenda, el cuento, la novela, la epopeya, la historia, la tragedia, el drama, la comedia, la pantomima, el cuadro pintado (piénsese en la Santa Úrsula de Carpaccio), el vitral, el cine, las tiras cómicas, las noticias policiales, la conversación. Además, en estas formas casi infinitas, el relato está presente en todos los tiempos, en todos los lugares, en todas las sociedades; el relato comienza con la historia misma de la humanidad; no hay ni ha habido jamás en parte alguna un pueblo sin relatos (p. 7).

Son los relatos, en su amplia variabilidad, diferentes expresiones narrativas, cargadas de tiempo, de cultura y de experiencia, de elementos genuinos que tienen el poder de elaborar, construir y reconstruir. Fijan su desarrollo con base en las experiencias propias o cercanas que han trazado las vidas individuales y colectivas; en este sentido, el sujeto conjuga lo sucedido desde un sentir experiencial de su propia interpretación, íntima, personal.

Si bien la narrativa se conoce como un género compuesto por la historia, el narrador, el discurso y el tema, es un cuerpo discursivo compuesto de relatos. La construcción de memoria implica la confluencia del tiempo en la narración, implica conjugar lo pretérito, lo presente y lo futuro. Hacer presente con las fibras del pasado significa retomar lo vivido; ir a puntos esenciales de la experiencia, como los hitos, posibilita sentido al tiempo en todas sus fases. La memoria

acoge la línea de tiempo desde lo recóndito, en su capacidad de transformar, transmitir y reconstruir.

En este sentido, enmarcar la experiencia de la memoria es un acto de reminiscencia, subjetivo, particular y sublime; activa la dimensión emocional de los sujetos, revive y elabora tras la interpretación que da el sentir. En la perspectiva de memoria histórica se generan diálogos críticos, por ello, narrar es un acto complejo de construcción tanto individual como colectiva, implica búsquedas de recursos comunicativos que encuentren la expresividad y elocuencia más cercanas al sentir. Por consiguiente, las narrativas de la memoria no solo acuden a las gramáticas verbales, sino, además, a distintas formas de comunicación que acuden a universos como lo corporal, lo sonoro y lo visual, entre otros.

Para Mannay (2017), las imágenes forman parte de la narrativa, lo cual posibilita el desarrollo de mensajes articulados en diferentes códigos y expresiones. Estas cualidades del acto narrativo son de gran importancia para las ciencias sociales, no solo porque otorgan amplias posibilidades para abordar y analizar los temas en cuestión desde las diferentes expresiones, sino porque también brindan oportunidades para el diálogo y la creación colectiva (p.21).

Tanto expresiones verbales como gráficas acuden a la elaboración de imágenes, representaciones e interpretaciones que pueden ser expresadas de diferentes maneras. La obra narrativa está fundada en experiencias e intenciones comunicativas, en el ejercicio interpretativo diferentes pueden ser las consideraciones entre autor y quien contempla. En las dinámicas que surgen a partir de las narrativas, tanto verbales como visuales, es posible encontrar niveles de expresividad y de interpretación, literal, inferencial y crítico. Asimismo, es posible usar figuras retóricas y símbolos, y en este sentido, elaborar modales, como en las enunciaciones subjuntivas en que se acogen sueños, esperanzas, posibilidades y deseos.

De acuerdo con Mannay (2007), las narrativas de la memoria posibilitan caminos

creativos, e interacciones con diferentes recursos que pueden nutrir la expresividad, entre ellos se puede destacar también algunas técnicas como juegos de colores y formas, collage, galerías de dibujo y fotografía, o asociaciones con materiales encontrados, entre otros (p.21). En este sentido, la investigación social encuentra una amplia gama de posibilidades de interacción, mediadas por la subjetividad, la expresividad, la singularidad y la estética del lenguaje para dialogar en clave de la memoria, encontrando rutas metodológicas que invitan a la conjunción de elementos narrativos.

En este sentido, y desde la investigación social cualitativa es preciso destacar el papel del diálogo y la interacción comunicativa, en tanto desde allí se provoca la construcción de la

narrativa, en variadas posibilidades. De acuerdo con Arias y Alvarado (2015) en la investigación narrativa no se reduce al sujeto a ser un portador de información, de allí, que los datos se

consideren como susceptibles de ser construidos más que como algo preexistente. Desde esta comprensión se habla de procesos relacionales que posibiliten la conversación. Las narrativas requieren de procesos de “comprensión de sentidos y significados” (p. 175), donde el

investigador sucede como parte de construcciones intersubjetivas y dialógicas.