PATER QVO III DEBVI.
Durante la campaña realizada en la Casa de Berruga, sus excavadores abrieron algunas catas entre la carretera de Lezuza y el camino de la Casa de Berruga, en la otra orilla del rio, entre las casas de R. Cañizares al sur y de E. Torres al norte donde hallaron 13 enterramientos en grandes ánforas ibéricas dispuestas "en sentido horizontal y apoyadas con pequeñas piedras en forma de cuñas, y sobre un lecho de tosca, argamasa o barro".
Al sur del Campo de Montiel, casi en la divisoria con la cuenca del Guadalquivir, una necrópolis de amplia cronología (Sanz Gamo et al¡¡
1992, 61) está junto a la laguna de los Ojos de Villaverde, de la que se conoce su existencia a raíz de la entrega al Museo de Albacete de varios objetos metálicos.
LOS LLANOS DE ALBACETE
El reborde suroriental de la Meseta Sur, Los Llanos, constituye una amplia depresión tectónica miocénica limitada por el Campo de Montiel, la Sierra de Alcaraz, la Sierra de Montearagón y las estribaciones meridiona- les del Sistema Ibérico (Sánchez Sánchez 1982, 1, 34 ss), formados por sedi- mentos continentales y lacustres (Sánchez Sánchez 1982, 1, 35). Es una zona netamente endorreica con cursos fluviales que aparecen y desaparecen (ríos de Lezuza y Balazote) y encharcamientos y lagunas (Sánchez Sánchez 1982, 1, 80) que fueron asiento preferente de la población (fig. 33). La laguna del Salobral, cuya extensión osciló en torno a los 550 x 700 m., está bordeada por un terreno en torno a los 700 m. de altitud. El aprovechamiento del agua determinó que en la antigüedad al menos dos necrópolis ibéricas fueran instaladas en sus contornos (Sanz Gamo y López Precioso 1994). Algo más al norte la laguna de El Acequión también fue propicia para el asentamiento humano.
Junto a las lagunas, al oeste los ríos Mirón, Don Juan y Balazote, con cauce aluvial de limos y arenas, confluyen al sureste del Cerro del Tesoro dando lugar a una rica vega donde se ubican la necrópolis ibérica y la villa romana de Balazote.
Las transformaciones del campo y las debidas a la expansión de la ciudad han modificado en algo el paisaje antiguo. Se ignora si en las pequeñas morras desaparecidas hubo algún asentamiento ibérico como ocurrió en El Acequión, o éstos tuvieron lugar en llano, las dataciones de algunas necrópolis apuntan en ese sentido (Sanz Gamo y López Precioso 1994). Estas y otros asentamientos debieron de estar bajo el amparo de otros lugares situados en el borde de los Llanos, no muy distantes. Por el oeste el espolón del Castillo de Peñas de San Pedro, enmascarado por la ocupación medieval, pudo jugar un importante papel de control territo- rial en época ibérica. Al este, el cerro de Chinchilla ofrece características similares. Por hoy es nula la documentación arqueológica antigua de ambos.
Lugares de hábitat. El hábitat en llano se registra en asentamientos romanos con materiales ibéricos, donde la presencia de cerámicas como las campanienses son raras, registradas en La Cueva (Casas de Juan Nuñez), El Acequión (fig. 34), e imitaciones en el Pozo de la Peña.
A orillas de la laguna de El Acequión (Albacete) actuaciones diversas localizaron fragmentos cerámicos a unos 50 metros al norte, formando un lote desde el siglo IV a. C. a época romana a la que pertenecen los objetos
Fig. 33. La distribución de los yacimientos en Los Llanos de Albacete y la Cuenca del Júcar.
1. Yacimientos con materiales exclusivamente ibéricos: 1. La Morrica; 2. Casa de Villaralto; 3.
La Losa; 4. Jorquera; 5. Casa del Monte (La Recueja); 6. Los Charcos; 7. Casas de Ves; 8. El Cilanco; 9. Casa del Monte (Valdeganga); 10. El Lavajo; 11. El Torcio; 12. Casa Quemada; 13.
La Vega; 14. Melegríz; 15. Casa del Tío Perico; 16. El Salobral norte.
2. Yacimientos con materiales ibéricos y romanos: 17. Las Escobosas; 18. Casa de la Zúa; 19.
Casa Viejaa; 20. Berli; 21. Cabezo de los Silos; 22. San Jorge; 23. Los Cabezos; 24. Lis Villares (Cenizate); 25. Corral de Piqueras; 26. El Carrasco; 27. Vallejo de la Viña; 28. El Paraor; 29.
Cerro de la Bodega del Cura; 30. El Villar (Alcalá del Júcar); 31. La Casa Grande; 32. Las Hoyas; 33. Casilla del Mixto; 34. Los Villares (Fuentealbilla); 35. El Ardal; 36. Los Villares (Balazote); 37. El Acequión; 38. Casa del Alcaide; 39. Santa Ana de Arriba; 40. El Salobral Sur; 41. La Cueva (Pozo Cañada, Albacete).
3. Yacimientos con materiales preferentemente romanos: 42. El Batanejo; 43. Casa del Guarda;
44. Casa de la Matosa; 45. Mahora; 46. Casa de la Gallega; 47. La Vereda; 48. Casa del Monte 2 (La Recueja); 49. Zulema; 50. Los Llanos; 51. Los Torreones; 52. Pozo de la Peña.
metálicos (Sanz Gamo et alii 1992, 56; Abascal y Sanz Gamo 1993a, 205).
Por la proporción de vasijas de gran tamaño tal vez se trate de un asenta- miento agrícola, el mismo uso que tuvo durante la Edad del Bronce y en la actualidad. La cerámica ática de la morra indica la ocupación de la misma
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258Fig. 34. La Cueva (Casas de Juan Núñez) (251-254); El Acequión, Albacete (255-258(.
en el siglo IV a. C. y su ausencia en el borde norte, junto a la presencia de un fragmento de campaniense, podría deberse al traslado del hábitat para una mejor explotación del suelo, pues la morra ofrecía menor superficie habita- ble y problemas de accesibilidad en épocas de crecida del agua.
Imitaciones de campaniense se registraron en el Pozo de la Peña (fig. 36:
277), al pie de donde tradicionalmente se ubica Saltici. En los itinerarios de época moderna, en los cronistas y en los libros de viajes es frecuentemente citado como lugar de postas, tales las Relaciones de Felipe II (Rodríguez de la Torre y Cano Valero 1987). En el siglo XVIII el canónigo Lozano refiere hallazgos arqueológicos en una de las tierras de los Cano Manuel, dueños del Pozo de la Peña, en lo que insistieron Ceán Bermudez (1832, 72) y Roa y Erostarbe (1891, 1, 83):
en una de las hazas de Don Vicente Cano Manuel se han recogido monedas romanas; que estaban parte guardadas en vasijas de barro, como tambien que se han descubierto baldosas de jaspe, y otras curiosidades anti- guas..." (Lozano 1794, 22).
En el manuscrito del erudito chinchillano Pedro Cebrián se da cuenta de hallazgos cercanos en el mismo lugar:
"La invención ó hallazgo de monedas romanas de oro plata y cobre en los alrededores de Chinchilla por si sola no sería argumento concluyente de que ya existía entonces; pero es de grande peso unido a lo expuesto; y apoyando- sele el de monumentos sepulcrales de aquella época no queda la menor duda; y en efecto existe una losa sepulcral, que se encontro al costado izquierdo de la citada calzada al hacer una excabacion en la viña contigua al pozo de Balazote, cuya inscripción esta incompleta, porque a los golpes de azada se inutilizó el ángulo derecho inferior, desapareciendo así algunas letras: las conservadas son L.T.A.T.B.V.A.N.L.X.X.H. S.E.S.T.T..." (Abascal y Sanz Gamo 1993b, 19).
El yacimiento fue excavado entre 1985 y 1987. El área total abierta corresponde a estructuras con una construcción dotada de hipocausto, lo que se supone el desagüe del anterior (corte 4), y un patio abierto con un peque- ño pozo circular (corte 9), además de otras habitacines de uso doméstico. La edificación está realizada en sillarejo con muros de 50 cm. y los exteriores de 60 cm. Las estancias son cuadrangulares con pavimentos de tierra batida, excepto en el hipocausto donde el suelo es de mortero. Son raros los alzados conservados superiores a los 60 cm. No se hallaron estucos o enlucidos, y el mobiliario era pobre monstrando una construcción rural alejada de los ricos materiales descritos por Roa y Erostarbe. La presencia de objetos directa- mente relacionados con el trabajo doméstico, el hipocausto, y la proximidad
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2 71fl7
272 273 274Fig. 35. Pozo de la Peña (Chinchilla): Planta de la Zona termal (259), UE 3003 (266-268), 4002 (260-261), 4003 (262-265), 4004(259, 271), 4005 (470, 472-474).
de la construcción a la vía, plantean la hipótesis de situar aquí un asenta- miento en relación con esta.
Tiene dos sectores separados por una pequeña vaguada. En el septentrio- nal el corte 1 estaba sellado por una capa de greda muy compacta mezclada con pequeños fragmentos de ladrillos modernos, depósito de una noria en funcionamiento hasta hace 60 años. Por debajo un sólo nivel fértil con parte de estructuras de habitación conformadas por muros de sillarejo asentados sobre suelo virgen, en el que se halló una moneda de Vespasiano. El corte 2 estaba arrasado. El 6 resultó ser un pequeño basurero con una potente bolsada de cenizas cubierta con un nivel de relleno bajo la capa de tierra vegetal. El hallazgo entre las cenizas de un sigillum con aplicación de pasta vítrea permite datar el basurero a partir del siglo II (Abascal y Sanz Gamo 1993a, n° 380).
El sector meridional agrupaba un complejo de habitaciones con un pequeño patio con pozo. Este, de un metro de diámetro, está cimbrado con piedra de sillarejo. Excavado hasta una profundidad de 3,30 m. estaba cega- do por útiles domésticos fragmentados, fundamentalmente cerámicas del siglo I. Sobre el nivel de construcción de la estructura se hallaron algunos objetos de hueso. El nivel superior amortizaba la zona termal al hallarse una fija de hipocausto, una anforeta, pesas de telar, formaciones de piedra de Camarillas y fragmentos de sigillata.
Al oeste el patio limitaba la pequeña construcción termal (cortes 10 a 14) donde el aparejo es más sólido que en el resto de las estancias, con gruesos muros con mortero. Las habitaciones calefactadas son dos, la más oriental con un pequeño ábside cuadrado al sur regularizado al exterior por un muro adosado que también aislaba el canal del praefurnium. El suelo del hipo- causto se realizó con mortero sobre el que se dispusieron pilae —cuadradas y circulares— que soportaban el peso de la suspensura, algunos de cuyos frag- mentos fueron hallados. La segunda habitación, más occidental, debió alber- gar el caldarium.
El desagüe de las termas se realizaba hacia un canal construido con ímbrices invertidos que vertía las aguas en sendas ánforas ibéricas coloca- das en sus extremos. Estas ánforas, con la base rota y la boca hacia abajo, actuarían como embudos para filtrar el agua (fig. 36:282). El canal de desa- güe separaba las termas de un gran depósito construido con sillarejo mal trabado sin ningún tipo de revestimiento interno, lo que unido a la acción de las aguas motivó su derrumbe. Su estructura es desconocida en su períme- tro y sólo conservaba el muro oriental de 60 cm. de espesor. La excavación planteó numerosos problemas pues una vez retirada la tierra vegetal se
descubrió otra amarilla muy suelta mezclada con abundantes piedras irre- gulares derruidas del muro. Bajo ese nivel al oeste una estructura rectangu- lar de piedras aplanadas con manchas de ceniza y una capa de tejas sellando otro nivel inferior con piedras irregulares mezcladas con tierra amarilla.
Esta capa con materiales cerámicos mezclados continuaba hasta cerca de tres metros de profundidad, recibiendo distintas denominaciones en función de la mayor o menor densidad de piedras. La calidad de la tierra, igual para los tres niveles, hizo pensar en una cisterna de desagüe. Con algunos objetos metálicos, como una fiblula del tipo Aucissa, se hallaron cerámicas grises de cocina de bordes redondeados, bases planas o en ónfalos, y cuencos de perfil en S, sigillatas hispánicas, y cerámicas pintadas con bordes redondeados (fig. 35).
Al este del hipocausto las habitaciones estaban casi arrasadas. El corte más septentrional, el 23, se excavó en su sector meridional, donde la tierra vegetal tapaba una capa de cenizas asentada sobre otra de tierra amarillen- ta. Por debajo una gran cubeta de tierra suelta con grandes bloques de piedra mezclados con cerámicas de cocina, con algún fragmento de sigillata y de ibérica pintada; en un estrato inferior las piedras eran de menor tama- ño y carecía de materiales; el infrapuesto contenía la misma tipología con un aumento de los galbos pintados, fragmentos de huesos, sigillata y cerámica de paredes finas, tipos todos que se registraron en niveles más inferiores. El derrumbe más superficial de las piedras continuaba por el sur en el corte 21 con fragmentos de tejas y argamasa bajo la tierra vegetal, dando la impre- sión de una construcción desplomada hacia el norte. Estaban depositadas sobre un nivel ceniciento que, a su vez, tapaba parte del depósito anterior.
Por el norte del patio, los cortes 3 y 5 dejaron visibles tres habitaciones rectangulares, con abundantes cerámicas comunes y de cocina, pesas de telar, y un dolium. Aunque contenían materiales del siglo 1 como fragmen- tos de lucernas de volutas, otros llegan hasta el siglo II (sigillata hispánica de la forma Drag. 37 y una moneda). Al este un muro cierra la construcción constituyendo el exterior del conjunto (corte 30). Tenía adosada una estruc- tura circular de sillarejo abierta en uno de sus ejes, en la que se apoyaban estratos con ollas y vasijas de cocina.
Una amplia estancia (corte 7) adosada al patio por el este, tuvo una fase de destrucción con tierra cenicienta, y por debajo un derrumbe de ladrillos entre cuyos materiales se hallaron formaciones de piedra de Camarillas.
Sellaba un depósito de tierra ocre de textura granulosa, sobre una capa ceni- cienta más concentrada al sur, casi adosada al muro. Este se hallaba prote- gido, en el punto donde se cortaban las cenizas, por una alineación
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Fig. 36. Pozo de la Peña (Chinchilla), ¡JE 12003 (275-281) y ánfora utilizada como desagüe en las termas (282).
de piedras de sillarejo ante las que se colocaron dos series apiladas con ladri- llos con escotaduras, que formaron parte de una estructura de adobe de 110 x 100 cm. En torno a esta, una mancha más intensa de cenizas de 130 x 90 cm. con huesecillos muy fragmentados parece denunciar la presen- cia de un pequeño hogar, con paralelos en el siglo II en la Galia (Poursat 1985, 245).
El complejo se apoyaba en otras habitaciones hacia el noreste, mientras que hacia el sur estaban arrasadas encontrándose sólo bolsadas de cenizas (cortes 15, 16).
Las estructuras del Pozo de la Peña responden a una construcción modesta dotada con unas pequeñas termas. Los materiales son frecuen- tes desde el siglo II, aunque otros indican una ocupación anterior, tales como las cerámicas ibéricas y la pátera de imitación de otra campaniense (forma Lamboglia 5) hallada en el suelo de las termas (corte 12), que retrotrae la cronología al siglo 1 a. C. (fig. 36: 277). La construcción de las termas debió de realizarse en la centuria siguiente respondiendo a un plan sencillo similar a otras de ese momento como las termas de Torrox- costa en Málaga (Rodríguez Oliva y Atencia Paéz 1983, 231 ss). Un prae- furnium similar al del Pozo de la Peña, realizado con ladrillos refracta-
rios y limitado por grandes losas de piedra, se documentó en las termas halladas junto a la Plaza de Zaragoza de Valencia, fechándose el conjunto entre el 30 y el 40 d. C. por la presencia de itálicas tardías (De Pedro Micho et alii 1989, 716 ss).
Con apogeo en el siglo 1, la villa de Los Torreones (El Salobral, Alba- cete) está al oeste de Los Llanos (fig. 37:289-300). Desde principios de siglo se recogieron cerámica ibérica pintada, gris romana y terra sigilla- ta. En 1989 los propietarios del terreno entregaron al Museo de Albacete un ara anepígrafa de tamaño reducido, de mármol blanco (fig. 37: 289), fragmentos de fijas de hipocausto, un pequeño tambor de columna en arenisca, estucos y parte de un ajuar de bronce. Los elementos construc- tivos son propios de una villa romana con instalaciones termales. La explotación agrícola a la que está sometida impiden cualquier otra apre- ciación, pero debió situarse en uno de los bordes meridionales de la anti- gua laguna.
Sin duda lo más significativo es el ajuar de bronce dado a conocer en otro lugar (Abascal y Sanz Gamo 1993a, 68 ss) por su fecha temprana y su icono- grafía, con características similares al hallado en la villa de La Llosa en Cambrils (Macías Solé y Ramon Seriñena 1994, passim).
Algo similar en su ocupación ocurre con la villa de Balazote, yacimiento
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