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Y DE LA HISTORIA EN EL PENSAMIENTO DE MARIFLOR AGUILAR

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Y DE LA HISTORIA EN EL PENSAMIENTO

tas en su periodo de auge contribuyó a la elección de otras perspectivas.

Mariflor Aguilar se incorpora a los debates de la filosofía contemporánea en torno al tema del sujeto, interviene en los problemas generados por las obras de Foucault, Habermas, Derrida y por supuesto Gadamer. A partir de la hermenéuti- ca gadameriana expone una fundamentación de los saberes y

“conoceres” producidos por las ciencias sociales.

La hermenéutica de Gadamer ofrece una perspectiva crí- tica de las interpretaciones, a partir del reconocimiento del carácter abierto e intersubjetivo del trabajo hermenéutico de las tradiciones culturales del pasado; pasado que mantiene una continuidad con el presente en tanto que ambos forman parte de la misma dimensión. La apertura de la hermenéuti- ca parte del reconocimiento de los límites de la interpretación pues, aunque pasado y presente forman parte de una misma realidad, el pasado no es equivalente al presente. La diferen- cia es un aspecto irreductible entre pasado y presente ya que es insostenible la idea de una esencia humana permanente, como tampoco podemos asumir que la diferencia se desvanez- ca por el hecho de que la historia la “hacen los hombres”. La vida social, inmersa en un mundo de representaciones fun- dadas en el lenguaje, genera modos específicos de existencia.

Estos modos segregan aspectos diferenciados que no pueden reducirse a una equivalencia simple a través de la interpreta- ción. La transparencia no es una propiedad de la vida social, los modos de existencia están envueltos en capas superpuestas de significaciones que los hacen opacos. Dicho de otra manera, tal vez no del todo adecuada: en la historia la diferencia es la sustancia y la identidad el accidente. La apertura hermenéu- tica se basa en el reconocimiento de que lo otro (el pasado) sólo puede conocerse por aproximación.

Gadamer propone, entonces, un giro de la hermenéutica al sostener que lo otro puede comprenderse, pero no del todo. Esta comprensión parcial no se opone a la verdad de la interpreta- ción, simplemente señala un límite, límite que se expande por la afirmación de la apertura como condición de posibilidad para otros horizontes interpretativos.

El tema de la diferencia aparece constantemente en la filo- sofía de final de siglo. Es una respuesta a la preeminencia del enfoque estructural que estableció la importancia de lo per- manente y lo igual en vida social. La lengua, las relaciones de parentesco, por sólo mencionar los elementos más conocidos, apuntaban a una visión estática. Retomar el lado histórico de la vida social representa enfrentarse a la diversidad, la cual no puede hacerse a un lado a riesgo de perder de vista lo que se analiza.

Ahora bien, volviendo a Mariflor Aguilar cabría hacerse la pregunta ¿acaso la hermenéutica de Gadamer es una perspec- tiva lejana respecto al marxismo? Una primera respuesta es no, no están tan alejadas. Una segunda respuesta consiste en matizar que si bien Mariflor, al igual que muchos de nosotros, se formó en el marxismo —ya fuese el de Althusser, el de Sán- chez Vázquez u otros— pero no fue una formación doctrinaria.

Además de que no contamos con ninguna evidencia de que se haya casado con éste. Lo anterior es simplemente anecdótico.

Me referiré brevemente a la primera respuesta. El marxismo y la hermenéutica no están tan alejados por tres razones.

La primera es porque Marx y Engels le prestaron especial atención a las diferencias en el proceso histórico. Aunque los modos de producción representan conceptos teóricos que abar- can espacios geográficos y condiciones históricas bajo un enfo- que general, indicaron también que la dinámica de sus proce- sos depende del desarrollo desigual, es decir, diferente de sus componentes. Además, descubrieron que era más adecuado indicar formaciones histórico-sociales dominadas por un modo de producción dentro del cual sobreviven prácticas e institu- ciones del pasado. Es decir, la historia de una sociedad afecta y desvía al proceso en el presente.

En segundo lugar, Marx y Engels descubrieron el enorme peso que tienen ciertos aspectos ideológicos, los cuales no pue- den pasarse por alto; por ejemplo, la identidad nacional. La unión del proletariado bajo la dirección de la Internacional parecía un proceso terso a partir de mostrarle a la clase obre- ra que todos compartían los mismos intereses; sin embargo, en 1869 la delegación obrera inglesa, dirigida por el partido laborista, rechazó que ingresará a la Internacional una dele-

gación de obreros irlandeses. El conflicto fue tan fuerte que los ingleses amenazaron salirse si se admitía a esa delegación. A partir de ese conflicto, Marx y Engels iniciaron el estudio de la llamada cuestión nacional. Dicho de otra manera, los inte- reses de clase no eliminan las diferencias históricas, ni en los grupos más educados y políticamente mejor formados como los obreros ingleses. Efectivamente, la conciencia no determi- na al ser, pero molesta.

En tercer lugar, Louis Althusser sostuvo una tesis que con- travenía una de las afirmaciones más populares del marxis- mo: la filosofía (o cualquier teoría) sólo interpreta al mundo de diversas maneras, cuando de lo que trata es de transfor- marlo. Althusser sostuvo que la teoría era una práctica que transforma una materia prima: los conceptos preexistentes.

Al afirmar esto reconoció que la teoría construye su objeto de estudio. Por ello, la teoría del reflejo y la lectura en clave posi- tivista del marxismo fue criticada en su fundamento. En reali- dad, la teoría del reflejo representó un paso atrás —y ninguno adelante— hasta de la filosofía kantiana. Reconocer la inje- rencia del sujeto y reconocer la eficacia real de las ideas, tanto en el proceso de conocimiento como en la historia, fue un paso necesario para el marxismo, que poco después salió de escena.

Así pues, el amplio campo de reflexión en la obra de Ma- riflor Aguilar se ubica en diversos paisajes con un enfoque crítico; pero obviamente las diferencias entre esos enfoques son… diferencias.

Quisiera referirme, por último, a un aspecto que expone Mariflor en Diálogo y alteridad. Trazos de la hermenéutica de Gadamer, referente al tema de los paradigmas de la ciencia.

Ella considera que en las ciencias naturales existe un paradig- ma fijo mientras que en las ciencias sociales y en la historia los paradigmas son menos estables. Creo que considera que la hermenéutica de Gadamer se erige hoy como un paradigma para éstas, justamente como lo fue el marxismo en su momen- to. Si bien estoy de acuerdo con la propuesta, creo que tal vez podría ser ampliada y considerar que la hermenéutica de Ga- damer expone las condiciones de posibilidad del conocimiento, no sólo del social. Considero que podría repensarse este tema

poniendo más atención al desarrollo de las ciencias —que a la filosofía de la ciencia— que por razones importantes se nie- ga a elaborar una ontología, aunque recurra a contrafácticos.

El dato en que me apoyo consiste en la importancia que ha adquirido la historia de la ciencia para comprender qué es la ciencia. No es poca cosa, la historia adquirió importancia en las reflexiones sobre las ciencias naturales. Esto indica la necesidad de reconocer que la tradición científica —el mundo de la vida de la ciencia— opera bajo los mismos procesos de comprensión e interpretación que cualquier otra forma de co- nocimiento. Sé que es problemático el tema, pues cualquier intento de presentar una concepción monista tiene inconve- nientes serios; sin embargo, valdría la pena no hacerle caso a Giambattista Vico y Wilhelm Dilthey en lo que respecta a la separación de los saberes. Las teorías científicas se formulan a partir de analogías. Por ejemplo, Darwin tenía claro el hecho de que las especies eran resultado de la evolución, pero no lo- graba articular cómo es que la evolución operaba; tenía claro, a partir de la observación de las modificaciones ocurridas en los animales domesticados, que sólo afectan la superficie y no la estructura de los mismos. Fue a través de la lectura del libro de Thomas Malthus Ensayo sobre los principios de la población como impacta a la mejora de la sociedad… que se percató de que la evolución se ejerce sobre miles de generacio- nes de individuos de la “misma” especie. Independientemente del valor teórico que actualmente se le otorgue a Malthus, el hecho es que una analogía entre la vida social y la natural posibilitó la formulación de la teoría de la evolución. Además, la teoría de la evolución, aceptada de manera universal como la explicación de la vida, comparte con las ciencias sociales un rasgo central: no es predictiva. Nadie objeta que por eso no sea una teoría científica.

Así pues, habrá que repensar el tema a partir de la consi- deración de que la comprensión y la interpretación son condi- ciones previas a cualquier forma de explicación.

En fin, esto es una interpretación de una autora cuya obra y persona nos importa, aunque sea teóricamente incorrecto plantearlo. Quizá a Mariflor Aguilar no le interese lo que ex-

pongo, pero para mí sí representa un asunto de interés cómo nos movemos de un enfoque a otro. Por ello considero que, además de las distintas clasificaciones de nómadas que Ma- riflor expone en Resistir es construir. Movilidades y pertenen- cias, existe un grupo de nómadas, los sedentarios, que viajan de un texto a otro, de una teoría a otra y no se detienen sin dis- cutir y sólo se mueven para buscar qué leer, pues los nómadas sedentarios son los que hacen teoría.

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