Madrid, 8 Enero (3Q 4 tardo a 9 nbohe).
• V '^íts-.'- * tf\ r i í Aatoo d© empezar.
Desde las dos y media de la tarde estaban los ujieres del Senado colocados estra»
tégkamente para no permitirla entrada en la Cámara a quienes no fuesen diputados o v t s i ^ p ^ conservadores. En e' pasillo de estrada ae habían colocado dos mesas^ ttk
las que dos funcionarios de !a alta Cámara Iban anotando loa nombres de lól senado-
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res en una y de los diputados en la otra.
Lo» prlmoirofl qne llegan.
Cerca de fas tres se han dado órdenes a los ujieres para que permitieran IÍ entra da en los pasillos a los periodistas y fotógrafos. De esta suerte hemos podido tomar las siguientes listas de adheridos y presentes:
Los primeros en llegar» juntos, han sido los señores Azcárraía, Dato, San Pedro, Allendesalazan Besada, Sánchez Ciuorra, Silió y Maldonado. Parecía que venían de alguno de sus domicilios en el que quizá habían celebrado una conferencia previa.
Seguidamente han ido llegando senadores, diputado.;, periodistas y fotógrafos, viéndose los pasillos a tal punto invadidos que apenas podía darse un paso. Como la calefacción estaba funcionando, la atmósfera se hacía Irrespirable y el calor era soíov cante.
AdhQBionen.
Las adhesiones recibidas por no poder asistir a la reunión de esta tarde son las que sigues:
Senadores. -Marqueses de Mii-afiores, Polavieja, Mina, Ivanrey, Mochales y VÍ*
llaurrutia; condes deZubiría, Cuendulain y Torres Caí rera; duques de Béjar y de bandas y señorea Delgado Zuleta, T'Serclaes, Benet y Colom y Suárez Valdép,
Diputados.—Gumersindo Ciil, Üsma, Luis Vila, Jorro, Carlos Castell, Chaves y Arrazola.
Los presente».
Loa asistentes a ia sesión han sido los siguientes entre diputados y senadores:
Azcárraga, Besada, Sánchez Guerra, conde de Bernard, Allendesalazar, Rodriguen San Pedro. Silió, Ortuflo, Ordufla, conde de la Mortera. Corvero, duques de Ltma y Granada de Egea, conde de Vosera, Ibarra fdon Tomás), marqueses de Cenia, Corbr- ra, Peñaflor y Sentmenat, Prast, Díaz Cordobés, Alonso Martínez, condes de Agüera y San Juan de Piedras Albas, marqueses de Valdeiglesias y Grigny, Connifilcrr:n, con- de de Superunda, Sánchez Toca (padre c hijo), marqueses de Trilla. Ciidel y Torroella, Presilla, maraués de Elduayen, Gurino, Torres Tabeada, Monegal, conde de Ches- te, Lastres, Maldonado, Fernández Pridn, conde de la Encina, marqués de Santa Cruz. García y García, Conde y Luque, López Amigó, conde de Almodovar, conde de Pefíalver, Bullón, Montes Sierra, marqués de Portago, duque de Arión, Aviles, Ace- ña, conde de Agreda, Tormo, marqués del Vadillo, conde déla Canadá, Ossorio £ Gallardo, conde de San Pedro Oalatino, barón del Castillo de Chirel, Suárez Inclán (tres hermanos), marqués de Saota María de Silvela, conde de Torreanaz, duque de la SeodoUrgel, marqués de Figueroa, Ordóñez, ligarte, Aramburti, Bugallal, Weiss, Martínez Asenjo, Bergamín, uuirao, Sagnier, marqués de Lema, Larios, conde de los Andes, Arguelles, Bohorquez, conde de Albay, Igual, Llanos Torriglia, Martínez de?
Tejada, Prado Palacios, Acosta, Ibarra (don Fernando), Marqués, Castellanos, Abílio Calderón, marqués de Torrelaguna, Moral, Domínguez Alfonso, Albarrán, Aparicio, Mora, cond^ de Gamazo, Cañal, Redonet, Qaudarias, conde de San Luis, Martínez Contreras. Leanis, Quiñones de León, Lisasoin, Montes Jovellar, conde de Maza, Ro- dríguez Acosta, Isasa, Castro Casaley, conde del Moral de Calatrava, Rollant, San- furjo, Espada, Crespo Azorín, Lázaro, Dato, Pidal (don Alejandro). Canlllejas, Alfes Pumarino, Albear, Pérez Marrón, Maestre, Canals, Silvela (don josé), Quejana, con - de de Pinoflel, Aznar, marqués de Pidal, Tornero, Ibarra, Poggio, Vázquez, Parga, Martínez Araujó, marqués de Argüelles y conde de Caray.
Total, senadores, 84 presentes y 18 adheridos; diputados, 94 presentes y ocho adheridos. . „
Comienza e) acto A las tres y media de la tarde comenzó la reunión, sin que hubiera llegado aún e seflor Lacierva, al bien se decía que apenas terminada la Vista que tenía en el Supre-
mo llegaría. «¿>
Las impresiones que pudimos recoger eran casi unánimes de que se insistiría cerca del señor Maura para que continúe regentando el partido.
Presidieron el acto los señores Azcárraga, Pidal y Dato, actuando de secretario el condpde Bernard. Casi todos los escaños estaban ocupados.
Dlsoarso de Azoárraga, Bl general Azcárraga comenzó diciendo:
—Señores: Todos los presentes saben que el día 1 / de mes nusstro ilu*Uey querido tí iitytt 4OA Afltonlo Maura, noa dirigió una carta a don Eduardo Dató y • mí,
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tomo últimos presf'enles de las Cémaras conservadoras, encargándonos la tristísima misión de comunicar al partido conservador su resolución, hoy ya de todos conocida,
de cesar en la dirección del mismo por las razones que explicaba en la nota adjunta a aquella caria y que también es conocida de todos. Fácil es comprender la sorpresa y emoción grandísimas que este acto nos produjo. Inmediatamente, t into el señor Dato como yo, hicimos gestiones personales y directas para rogar al señor Maura que de- sistiese de su resolución. No habiéndolo podido conseguir y deseosos de asesorar
^nuestro criterio con la valiosa opinión de los demás ex ministros de nuestro partido, citamos a éstos a una reunión que celebraron el día 2 y cuyos acuerdos son conocidos jpor la nota a que se dió la debida publicidad. Uno de estos acuerdos fué convocar a Sos senadores y diputados conservadores a la presente reunión, que me congratulo de jver tan concurrida. Hemos recibido también el señor Dato y yo varios telegramas y tartas de aquellos correligionarios que por ausencia o enfermedad no han podida tasístir personalmente a esta asamblea y en las que nos ruegan les consiJeremos como,
resentes y se adhieren desde luego a ios acuerdos que aquí se tomen. Penetrados de;
ue en esta reunión son más necesarios los actos que las palabras, hemos convenido n que os dirija la palabra nuestro ilustre amigo don Alejandro Pida!, el cual, a sus
«lotes de elocuencia c indiscutibles prestigios, reúne la circunstancia de ser no sólo el:
Imás antiguo de los ex ministros del partido conservador, sino también el más antiguo fde los presidentes del Congreso. Inspirándome, por tanto, cu la conveniencia de la
•brevedad a que antes me he referido y no queriendo molestar más vuesta aterción,'
¿tiene la palabra el señor Pidal.
Dlflicnrso de Ficl&l.
He aquí el discurso leído por el señor Pidal:
«AI señor don Antonio Maura.
E l partido liberal-conservador español, enterado por conducto de los ilustres pre-»
Isldentes de ambas Cámaras de las última^ Cortes conservadoras de la carta que se
•Jia servido usted dirigirles» acompañada de la consulta destinada a ser depositada r e - i^erentemente en manos de S. M.. en el caso de que hubiere sido consultado por la fCorona en la honda crisis producida por el sangriento fracaso de la contraproducente .polítrea de abdicaciones que consiste en procurar vanamente calmar las aspiraciones Irreductibles de la revolución cosmopolita arrojándola asnillas del trono, se apresura ic manifestar a usted, contestándole por el mismo autorizado conducto, que aprecia,
¿estima y agradece en todo cuanto vale, pero que no la aprovecha, porque no la nece- sita, la gallarda prueba de suprema delicadeza de renunciar el acta dé diputado para
^dejarle franco el paso a la libre y serena deliberación sobre la reorganización y jefa- ftura del partido, que la apreciación personal en las actuales circunstancias sospecha-j
•Jba usted que le vedaba dirigir por el instante, compartiendo aquellas tácitas respori-<
¡«abilidades que se contraen en el juego de las instituciones políticas, cuando no se tealva con la protesta más eficaz en lo posible toda aparente complicidad con la if ar»
cha combinada de los Gobiernos en aquellos casos tan extremos en qus es. de evidente.
;V hasta de escandalosa notoriedad que no puede menos de considerársela como esen-:
(cialmente atentatoria a los saírados intereses de la patria y del rey. Porque el partí-,
«do liberal «conservador español, como partido brotado, nutrido y sustentado en las maternales entrañas de la patria, en contacto vivísimo con toda la realidad española y,
|la cultura universal, orientado sobre los eternos ideales del deber por los caminos peales del derecho, no quiere, no puede, ni debe desaparecer, abandonando su hísto-i irtá, sus principios, sus procedimientos, con organismos vivientes y representación1 iParlamentaria y de las grandes fuerzas sochles que integran las glorias, los intereses, Üa» libertades, el progreso y el porvenir de la patria, estando virilmente decidido a;
'traducirlos en la política, orgulloso de llevar a su frente en esta obra redentora, como;
|8U más genuino caudillo, al político honnado por excelencia, consagrado por la aureola que le circunda del sacrificio y de ln abnegación y ungido dos veces por la sangre mis- ttna de sus venas, que ba dejado indeleblemente escrita en su cuerpo lacerado la eje- cutoria de su heroico amor al servicio de la patria y del rey, seguro de que siguiéndo-
le de cerca se encontraría totalmente de lleno y a todas horas en el camino del honor.1 k Y porque el partido liberal conservador español, coincidiendo con los elevados y ge-
nerosos puntos de vista de su jefe, entiende que sirve como ninguno, por su histórico desinterés, por su patriotismo acendrado y por su lealtad acrisolada, para caminar en fnteligencia recípro a. armón ca y fecunda, por las alturas del Poder y por los campos 4 é la oposición-, con todos y con cualquiera de los Gobiernos liberales o demócratas de
¡S: M., que, a»entos a la naturaleza aubernamental y a lo» compromisos jurados, mar-
Ir han ^pftp^l^flaBtdam^atft por Ifí*
*WM* Vfat
4 ° lfl libertad política, administrativa»s e
económica y hasta fiócial; pero no sirve, no puede; no debe ní quiere servir piafa ená»^
fiar con su ejemplo á la confiada opinión dé la masa neutra del país»defraudarI s íusias esperanzas de la patria y hacer traición a la sagrada tausa del rey, autorizando con su concurso, responsable por voluntario, a ninguno que pueda haber que, oMdado de lo que ai rey, a 1^ nación y a sí propio se debe, se arroje desatentado no por las vías ge*
nerosas de la libertad, aíno por los despeñaderos ensangrentados de la anarquía, que no es otra cosa en su esencia y en sus accidentes la revolución antimonárquica, antlpa*
trlóiica, anticristiana V antisocial que desaforadamente alar, ea a todas horas la amena- za implacable de destrucción y de exterminio, ostentando como credo de sus irreducti- bles principios la negación absoluta de todo orden moral y como fines prácicos e inmer diato la destrucción de todo el orden social existente y como procedimientos políticos ordinarios el desorden, h rebelón, los explosivos y la cínica y cobarde e?xitación a la
vileza del asesinato. For todo lo aue t i partido liberal conservador español declara»
por la voz unánime de todos sus individuos aquí solemnemente representados por las minor as de ambas Cámaras, que entiende que el sefíor Maura, una vez aclamada coa solemne y repetida unanlmida l su única, inconuicional y no interrumpida Jefatura, ho puede hallar otro camino, dentro de la estricta lógica de sus propias declaraciones, que retirar su delicada renuncia del cargo de diputado, como logrado y consumado 3a en
su partido el efecto que se propuso al presentarla. i t Asimismo entiende que ef señor Maura tiene el deber moral ante su Dios y aü pa-
tria de corresponder a la absoluta confianza de todo el partido, ocupando a su frente el puesto de responsabilidad y de honor que la Providencia le ha señalado y que le ha consagrado la Historia parai apreciar en todo tietrpo y aplicar en todo caso, con todas
las prudencias de tan consumado estadista, la oportunidad y la medida con que deben realizarse los salvadores principios y los genuinos procedimientos que forman el credo eterno de esta gran fuerza' social, seguro de verse ayudado, secundado y seguido por toda la agrupación política que acaudilla y que cifra en él sus más preciadas esperan*
zas. Por lo que^ para allanarle el camino, restableciendo la unidad hasta en las formas accidentales del procedimiento, que pudieran aparecer sustanciales a los ojos intere- sados en descubrir diferencias donde sólo puede haber involuntaria y fortuita varié*
dad de expresión espontánea de unánime sentimiento, nos apresuramos todos a osten*
tarlo con la misma uniformidad, retirando^ como las retiran^ las dimisiones presentadas, obrando, proponiendo y hasta precediendo unos y otros a nuestro jefe en el camino Vor t\ que deseamos todos verle reaparecer triunfante, lo mismo los que te apresu-
raron a acompañarle rué los que igualmente deseosos de no separarse de él se d^te*
nfan para llamarle, confiados en la infalibilidad de su vuelta, reintegrándonos ÍOÍOB {untos en los reales de nuestro organismo político, una vez demostrado hasta la e ? * dencia que la momentánea separación sólo ha servido para que se ostente mejor ht fortaleza de los vínculos y se remache con más golpe la cadena de los afectos. Por ú\*¡
timo, como coronación de todo ello, el partido conservador pide a Dios que la noble»;
hidalga, sincera, desinteresada, leal, respetuosa y solemne manifestación que acaba de dar dé el alerta a iodo? los intereses amenazados y a todas las clases aletargadas con el acto realizado por el sefíor Maura, a todas las diafanidades de la luz meridiana de la publicidad y sea oído sin prevención y con eficacia por todos los hombres de buena voluntad en todos los ámbitos de la nación que se enorgullece en loa actos de la humas nidad cor. el nombre gloriosamente secular de la monarquía española»»
A p l a u s o » .
; E l discurso del señor Pidal enardeció al auditorio, siguiendo ñ las últimas palabrat una ovación en que se confundían los vivas a Maura y las salvas de aplausos.
- Iiaol^rva, Toaa, Oollantes.
El señor Lacierva ha llegado al Senado cuando ya iba a terminar el acto, pues beM
sido brevísimo, durando sólo media hora. 4 E l señor Sánchez Toca ha asistido a la asamblea y al entrar al salón ha dicho:
—Hoy ingreso en el partido conservador.
El conde de Esteban Collantes, al preguntarle sí continuaba en el partido conset vador. ha dicho:
—Ya veremos. ^ Ha rogado que no se Incluyera su nombre en la lista de los asistentes al acto.
*» . Ul go^or Dato.
Después habló don Eduardo Dato, didendo:
-Después de las nobles y sentidas palabras que acaba da pronunciar nuestro ho*
nersble y aueddo correllgfonario don Alejandro Pidal, sólo me queda expresar la en*
tasiaste adhesión a S. M. y al Jifa üaetre de nuestro partido»
La reunión se dió por concluida entre nuevos vivas a Maura. Diputados y senado»
res desfilaron por delante de don Alejandro Pidal, estrechando su mano y dándole enhorabuenas por la carta leída, que respondía al sentir y al pensar de todo el partido conservador.
En los pasillos diputados y senadores ovacionaron al señor Pidal, quien exclamaba:
—La carta es el eco de la verdad.
C a r t a del conde de Esteban Collantes,
E l conde de Esteban Collantes ha dirigido una carta a los señores Azcárraga y Dato tiiciéndoles que si a la reunión convocada para hoy en el Senado hubiesen de
(ociarse todos los que profesando ideas liberales conservadoras creen que es un de»
ir inexcusable facilitar a la Corona su difícil misión, teniendo siempre a su disposi- íón las fuerzas conservadoras, él también asistirla; pero si ha de significar un acto de adhesión el señor Maura y un voto de confianza a su política, no puede asistir por»
aue se contradiría con la campaña parlamentaria que ha realizado combatiendo en el Senado muchas reformas y algunos de los actos del señor Maura por no estimarlos en consonancia con los principios que siempre han constituido el credo del partido libe- ral conservador
En vista de esto, pedía a los señores Azcárraga y Dato que le digan si puede o no debe acudir a la reunión.
Comentarios.
Los comentarios que los conservadores hacían despula de la breve sesión de esfa i
tarde respe to a la carta del señor Pidal eran en general favorables al documento y decían que expresa el sentir del partido conservador.
Bl señor Sáncl ez Guerra decía que el señor Pidal ha hablado con el corazón V ha interpretado el sentimiento de todos,
E l señor Lato exclamaba:
- ¡Est > ha sido hermoso! famás he visto unani nidad semejante.
E l señor Sánchez Toes, al salir del salón de sesiones, decía:
Ya lo indiqué yo; debe volver y volverá don Antonio Maura.
E l seíor Azc rraga decía también que Maura tendrá que VoiVef.
A pesar de estas manifestaciones de los prohombres y del entusiasmo que ha des- pertado el documento del señor Pidal, en las conversaciones de la generalidad de los concurrentes a la asamblea se reflejaba la duda sobre la vuelta del señor Maura a la política.
Muchos exponían su opinión contraria a esa vuelta, fundándose en el carácter de don Antcnio y en que ía determinación de éste ha sido meditadísima.
Los señores Dato y Pidal y el marqués de Pidal suponen que es posible la vuelta del señor Maura a la política, pues en su espíritu pesará el acto de hoy.
A r Opinión de S á n c h e z G u e r r a .
El señor Sánchez Guerra ha dicho: *^ •
—Si el señor Maura hubiese presenciado el acto desde una rendija de cualquier tri- buna, seguramente no hubiera resistido a la tentación de bajar al salón de sesiones y ocupar un escaño,
—¿Usted cree que volveré el señor Maura a ocupar la jefatura del partido?
— Seguramente; no tengo de ello la menor duda.
Después, comentando las campaña» que contra el señor Maura se han hecho, dlrN gía el j^eñor Sánchez Guerra las m^s acerbas censuras para los que de tales procedí»
mientos se han vali 'o.
— Suponer que el señor Maura es regresivo—decía-significa tanto como descono- cer su historia, su vida y su política. De tai manera le conozco yo, que me parece de»
masiado liberal para dirigir el partido con^erv idor. E l se lor Maura es el que defendió la legalidad de la huelga y aseguró que las opiniones, por radicales que sean, no de*
linquen.
Uno de los que le escuchaban preter dió encomiar al señor Maura, y el señor Sán«
ebez Guerra, atajándole, añadió:
—No se moleste usted en exhibir fotografías, porque ilinguna de ellas es el origi»' nal que yo conozco.
L o qne diqe S o d r i g n e s San Podl'o*
E l ^ o r RadriVticz San Pciro há dicho:
r ~ E l acto de esta tarde ha producido honda huella en el óaimo del señor Maura*
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E l sefior Pidal requiero su presencia al frente, diciendo que sus deberes pera con.
el rey y con la patria lo reclaman; pero yo no sé lo que el señor Maura bar^. Mi im- presión personal es que su resolución ha sido muy treditaaa, larga y solitaria, mente pensada* y no creo que cambie de opinión ni de criterio síti una larga medita- ción. De momento no me parece que se logrará una rectilfcación en la actitud del seflor Maura acaso, cuando pasado un tiempo, i is circunstancias políticas le requieran, volve*
rá a ocupar su puesto al frente del partido. La sustitución ha de ser muy difícil' i lega- do el momento, pudiera ocurrir que el encardado de formar Gobierno, careciéndo de autoridad para todo el partido, se viera obligado a solicitar el apoyo de todos y no lo encontrase. E s indudable que si entonces se da a la Corona como solución el sefior Maura y el criterio fuera unánime, el sefior iv auia tormarfa Gobierno; pere todo esto es muy remoto. No creo que el acto de hoy decida al aeftor Maura a volver inmediata- mente a ocupar el Poder; además este acto es el principio de lo que puede ocurrir. 1 ay que contar, además, con una parte de la opinión que ni está afiliada al partida ni es conservadora y simpatiza con nuestras ideas. Lo realizado esta tarde debe reper- cutir en provincias, debe producir un movimiento de opinión general en esa masa que con nosotros simpatiza. Veremos si responden y cómo responden. Reducir la rcsolu»
ción del aeñor Maura a un prepósito eminentemente particular, que afecta al partídOi es empequeñecerla. Et seflala un mal y un remedio. La masa que tenga instinto conser- vador, aunque no pertenezca a una agrupación política, debe demostrar su existencia y su actitud.
AUecdesalazar.
Tampoco el sefior Allendesalazar cree posible que el sefior Maura vuelva inmedía*
lamente a la política y a la dirección del partido. Estima que la personalidad del ex jefe conservador es tan extraordinaria que su resolución ha tenido que producir honda sen*
«ación en los espíritus y no es fácil que se produzca un movimiento contrario detapi' nión. Como es lógico, el sef or Allendesalazar afirma que el partido conservadwroa consagrado al señor Maura un testimonio de adhc ion y espera que pasados algüffos días, o cuando las circunstancias lo hagan preciso, vuelva a acaudillar las huestes con- servadoras el mismo que se ha separado de ellas.
Azo&rraga en l a reserva.
E l general Azcárraga reservó dar su opinión.
—No tengo juicio exacto—dijo—- acerca de loque pueda ocurrir. Me parece, sin embargo, difícil lo que yo deseo. Oiga usted —dijo dirigiéndose al sefior Allendesala-
zar, que se acercaba al grupo—: Me preguntan si volverá el señor Maura a ser nues- tro jefe. Yoles digo...
—Usted les dice que cree que no, ¿verdad?—respondió el aludido.
E l general Azcárraga hizo un gesto de asentimiento y añadió:
No sé qué creer.
E l hijo de Maura.
E l conde de la Mortera, a quien se le preguntó si después del acto de hoy volverla su padre a la vida política, dijo:
—A tn! juicio h respuesta es clara. Mi padre ha expuesto su propósito fundándose esencialmente en su disconformidad con los procedimientos políticos que se siguen.
Mientras no haya una rectificación.de esta conducta, que le parece censurable, él no tiene por qué rectificar.
B u e n acuerdo.
Como consecuencia de varias conferencias que después de la asamblea celebraron ex ministros y prohombres del partido conservador se ha desistido de celebrar la ma»
nifestación en honor del señor .Aaura, conviniéndose en que la entrega do la carta- contestación redactada por el señor Pidal al señor Maura la efectúen los señores Az«
cárraga y Dato sin ninguna clase de ostentación;
E l partido liberal.
E l Diario UniversQh comentando la reunión de esta tarde, dice:
«El partido liberal, segün ya hemos dicho, ni porque el señór Maura mantenga su resolución, ni porque la modifique habrá de alterar un ápice ni su programa ni sus procedimientos de gobierno. >
Cambio de Impresiones.
En casa del seííor Dato se han reunido por la noche los prohombres del partido conservador, cambiando i npresiones.nosólo acerca el resultado de la asamblea, sino para lo futuro, ignorándose los acuerdo? tomados, pues todos los reunidos se han mostrado reservadísimos.