Como parte de la investigación a continuación se establecen las categorías teóricas conceptuales que permiten orientar y fundamentar el tema de estudio a fin de evitar ambigüedad en los términos utilizados,
Al hacer referencia a los sujetos de estudio, es fundamental conceptualizar al formador de docentes como Ser humano, que desde la perspectiva filosófica difiere del concepto de Hombre que biológicamente lo describe como todo aquel individuo engendrados por una pareja de humanos, macho y hembra. Se es hombre por una razón genética.
De acuerdo a lo anterior, el Ser Humano según Kant (520) es el individuo que tiene conciencia de sí mismo, capacidad de pensar y actuar con libertad, sentido del bien y del mal. Este conjunto de facultades son las que configuran al ser humano como algo distinto de los animales y del resto de seres del mundo natural.
El Ser Humano tendrá que adquirir las habilidades y comportamientos propios de la persona, que fundamentalmente son: la conciencia de sí mismo, la racionalidad
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y el sentido del bien y del mal. De acuerdo con Kant (1785), el ser Humano es, pues, un individuo humano, pero considerado como sujeto autoconsciente, racional y moral, a la vez que único (diferente de todos los demás) y uno (a través de toda sus modificaciones).
Por el contexto educativo en que se desarrolla la investigación resulta fundamental conceptualizar también a que refiere Docencia. Según Aebli (2002), no existe una única definición de la profesión docente, por tratarse de un concepto socialmente construido, que varía en el marco de las relaciones con las condiciones sociales e históricas de su empleo.
Para Ávila (1998), la docencia se inscribe dentro del campo educativo como actividad que promueve conocimientos, que sitúa al docente como factor especial, tanto con referencia a los conocimientos mismos, como con respecto a las condiciones específicas en que éstos son producidos. Así mismo, subraya con frecuencia que la relación pedagógica se establece alrededor de y con referencia a los saberes.
Al respecto Campuzano (1999), explica que la docencia es una actividad estrechamente ligada con la investigación, pues el profesional de la educación en general, se está desarrollando en embrión en la misma práctica docente que ha vivido como estudiante. Así mismo, señala que toda actividad docente requiere tanto de un dominio de la disciplina como de una actitud frente al mundo y de un uso pertinente y crítico del saber.
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Para Peña (2004), la docencia de hoy, implica transmitir conocimientos, recrearlos o enriquecerlos ante el devenir histórico, que se convierte en un reto y en un compromiso de todo profesor. Para que esta labor sea provechosa y trascendente según Peña, el maestro mantiene en el aire preguntas como las siguientes: “¿quién es el sujeto al que va a formar; cómo y para qué se va a comunicar con él; en qué medida compartirán y lograrán emprender el camino del aprendizaje juntos; cuáles serán las tareas y los compromisos que ambos asumirán en el quehacer cotidiano del aula?” (2004:47)
Por lo tanto, la docencia es, pues, parte importante de ese proceso de construcción y acumulación de saberes, implica un proceso de enseñanza durante el cual los actores no son siempre totalmente conscientes de por qué y de cómo lo hacen, del proceso mismo por el que conocen e intentan descifrar la realidad.
En el tema de estudio, la responsabilidad de la docencia y por ende el proceso de enseñanza, está a cargo de los Formadores de docentes, que de acuerdo con Arredondo (2005), refieren a los académicos encargados de formar a otros docentes o profesionales de la educación, de manera inicial, continua o permanente.
Así mismo, respecto a los formadores de docentes, la investigación alude a las Competencias Didácticas, que desde el punto de vista de Aebli (2002), la competencia didáctica de un docente, implica que conoce el desarrollo de los proceso de aprendizaje, tanto teórica, como prácticamente; que posee una
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sensibilidad para captar la secuencia de las fases necesarias de este proceso; y que es capaz de promover la transferencia de contenidos y la aplicación de lo aprendido a situaciones nuevas.
Según Herbart (2001), la competencia didáctica de un profesor refiere “a los contenidos de la enseñanza en su aspecto intelectual, afectivo y de valores, y su vivencia convincente ante los alumnos” (p. 87). Así mismo, debe considerar que a través de los medios básicos sea capaz de entrar en contacto con los alumnos y con la materia de enseñanza; un profesor que posea una profunda e inmediata comprensión del curso y de los procesos de aprendizaje.
Por lo tanto, el hablar de competencias didácticas en el tema de investigación, implica en el docente la mejora en la forma de organizar el proceso del que enseña y del que aprende, considerando un proceso teórico metodológico, contextualizado en la complejidad de la práctica educativa y enfocando su análisis en tres niveles fundamentales: aula, institución y sociedad.
Así mismo, considera la responsabilidad de los docentes para transformar su práctica educativa, impactando no sólo en su aula de clases, sino en la formación de los futuros docentes.
Respecto a los alumnos, el tema de investigación hace referencia a los Estudiantes normalistas, término que se utiliza para denominar a los alumnos de las Escuelas normales, egresados de bachillerato y que cursan una licenciatura en
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Educación Primario o Preescolar a fin de desenvolverse como docentes de Educación Básica.
De acuerdo a lo anterior, se requiere establecer un concepto claro sobre las Escuelas Normales que refieren a las instituciones que tienen como función sustantiva la formación, la profesionalización, la actualización y la capacitación de docentes que se encuentran en servicio.
Según Calvo (1984), la escuela normal es una institución educacional encargada de la formación de profesores y su propósito es establecer las normas de enseñanza. El origen del término escuela normal es de comienzos del siglo XIX del francés école normale entendiéndose como “escuela modelo”. Como indica el decreto del 30 de octubre de 1794 impulsado por Dominique-Joseph Garat en base a una iniciativa de Joseph Lakanal y el Comité de Instrucción Pública de la Convención Nacional.
El concepto francés de école normale era el de suministrar una escuela modelo con aulas modelo para enseñar prácticas modelo de pedagogía o instrucción a sus estudiantes-profesores. Para llevar a cabo esto debía proveer un modelo, el cual los futuros profesores pudieran observar y practicar la enseñanza con niños.
Respecto a la preparación de los alumnos, el tema de estudio refiere a la Formación profesional, término empleado según Eranza “para designar a quien tiene un alto al nivel de dominio de su actividad” (2006:119), es decir, que sea capaz
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de ejercerla con el máximo de conocimiento de sus fundamentos teóricos y de destreza en el manejo de sus habilidades y sus técnicas.
Para Pineda (2002, citado por Badia, 2006) la formación profesional “permite la adquisición de conocimientos específicos para el ámbito profesional y que permite aumentar, desarrollar y fortaleces todas aquellas habilidades necesarias para mejorar la tarea diaria y competir en el campo profesional” (p. 332)
En este sentido, Dena (1997) considera que la formación profesional
“puede ser lograda a través de actividades de formación, mientras que la otra acepción implica condiciones laborales que están fuera del alcance de los programas de formación. Implica haber alcanzado el más alto nivel de formación en esta actividad” (p. 234).
De acuerdo a lo anterior, la formación profesional en el tema de estudio refiere a que los estudiantes normalistas cuenten con una formación integral que les permita poner en juego sus competencias docentes para que mediante la praxis pedagógica transformen la compleja realidad educativa, política, económica y social que viven los estudiantes de educación básica.