Capítulo 1. Historia de la Economía Social y Solidaria en Marruecos. Dinámicas y
1.1. Los impactos de una doble colonización sobre las estructuras sociales originales
CAPÍTULO 1. HISTORIA DE LA ECONOMÍA SOCIAL
sobre todo de estructuras individuales (en el ámbito comunitario o familiar) de economía colectiva, fuera de las cuales no existían especiales vínculos de solidaridad.
Por contra, los enfrentamientos entre tribus o comunidades eran frecuentes.
No obstante, entre los bereberes de las montañas del Rif, en el norte, no parece que fueran características estas formas precoces de democracia (reuniones plenarias, jefe de comunidad elegido, participación de hombres y mujeres). En las comunidades rifeñas, también existen asambleas (ayraw) con funciones similares, pero aunque también son plenarias (pero sólo masculinas), sólo tienen derecho a la palabra los cabezas de familia propietarios de tierras. Las decisiones no «son sometidas a votación.
Por otra parte, este concepto carece aquí de sentido. No existe ninguna norma de procedimiento en estas asambleas. Las discusiones son muy animadas: o terminan en un acuerdo unánime […] o no desembocan en nada»4.
El estudio de las diferencias existentes entre el mundo bereber del sur y el del Rif, en sus fundamentos tradicionales, permitiría comprender las bases de una sociedad marroquí que siempre ha sido diversa y heterogénea.
1.1.2. La colonización árabe imprime formas jerárquicas de organización social a través del Islam
La colonización árabe y la islamización del espacio y de la sociedad bereber en el siglo VII no han tenido un efecto desestructurante notorio sobre las formas colectivas, a veces democráticas, de organización económica. Esto se explica en parte por el hecho de que esta colonización ha sido «endulzada» por la conversión religiosa (a menudo voluntaria) de la población bereber.
Las asambleas de comunidad perduran pero cambian poco a poco de nombre:
se denominan en lo sucesivo con el nombre árabe jamaâ, que significa grupo, y se organizan en las mezquitas en torno a la oración del viernes. Por otro lado, la islamización tendrá como consecuencia unas asambleas exclusivamente masculinas.
La principal aportación del Islam a la sociedad marroquí, en términos de organización colectiva, son las cofradías religiosas, verdaderas preasociaciones dotadas de una estructura interna «que hacían que los individuos sintieran que pertenecían a una comunidad cuyas fronteras superaban las de la tribu, el darb [barrio] o la aldea. Cada cofradía agrupaba a los discípulos de un hombre santo […]:
generalmente, a cada cofradía estaba afiliada toda una red de «zâouiyat», células que disponían de locales que servían de lugar de oración, reflexión, educación religiosa y reunión para los miembros de la cofradía»5. En el seno de las cofradías,
4. JAMOUS Raymond, Honneur et Baraka, Les structures sociales traditionnelles dans le Rif, Cambridge University Press, Editions de la Maison des Sciences de l’Homme, París, 1981. p.35.
5. DONOEUX Guillain, ‘’Le mouvement associatif marocain face à l’Etat : autonomie, partenariat ou instrumentalisation ?’’
en la revista marroquí de auditoría y desarrollo, Economie solidaire et développement local, REMA, Rabat, junio 2004.
p.83-84.
cada miembro se consideraba como hijo o hija del fundador de la orden y estaban unidos entre sí por vínculos de ayuda y asistencia mutua; los lazos en el seno de las zâouiyateran todavía más estrechos.
Puede decirse que en el siglo XIX todo marroquí era miembro de una zâouiya, lo que otorgaba a las cofradías un poder político enorme que utilizaron en diferentes momentos de la historia de Marruecos: para ahuyentar a los invasores cristianos en el siglo XVI, para frenar la ambición de la dinastía Alauí, para oponerse a la penetración francesa en la época del Protectorado o incluso para cooperar con los franceses contra el restablecimiento del trono.
Por lo tanto, estas cofradías han constituido, con el transcurso de los siglos, formas de organización ciudadana sobre la base de una concepción religiosa, pero también en torno a adhesiones políticas. De hecho, las cofradías han sido los canales de expresión política y participación ciudadana en la orientación política e histórica del país, así como los canales de la ayuda mutua, la mutualización y la solidaridad entre ciudadanos.
1.1.3. La colonización francesa desestructura parcialmente las formas sincréticas arabo-bereberes de organización para implantar otras nuevas: nacimiento de la cooperativa, la mutualidad y la asociación
De modo general, la época del Protectorado (1912-57) está marcada por el retroceso y el debilitamiento de todas las estructuras colectivas y solidarias que hemos descrito anteriormente.
La «campaña de pacificación» finalizada en 1925 y la implantación de una administración centralizada debilitaron las redes tradicionales de ayuda y asistencia mutua.
Sin embargo, conviene matizar esta afirmación. Ante todo, porque en la época colonial también surgieron nuevas formas de organización que han contribuido directamente a la estructuración del Tercer Sector tal y como existe hoy en día en Marruecos. Por otra parte, porque el efecto desestructurante de la colonización no ha tenido los mismos efectos en las diferentes zonas geoculturales que coexisten en Marruecos.
El nacimiento del movimiento cooperativo y mutualista
El nacimiento del estatuto cooperativo
Desde el punto de vista económico, la colonización francesa se corresponde con una transición relativamente brutal de una economía mercantil y campesina de naturaleza precapitalista a una economía que se organiza en torno a la producción de materias primas según un modo capitalista para alimentar al sector secundario de la metrópoli, pero también para financiar la existencia de un Estado central o
Protectorado. Esta voluntad de hacer producir los campos marroquíes y obtener un excedente comercializable importante es una dinámica nueva en un Marruecos, cuya economía giraba hasta entonces en torno al comercio de bienes mercantiles en las zonas costeras.
En este contexto nacen las primeras cooperativas como medio para acelerar el aumento de la producción agrícola, pero también para favorecer la colonización en el medio rural. Hacia finales de los años 30, la legislación francesa se transpone al marco marroquí y en ese momento se crean las primeras cooperativas en el ámbito marroquí. Este impulso del movimiento cooperativo en la época colonial se inscribe de hecho en un amplio programa de desarrollo agrícola cuyos objetivos se centran menos en la producción (sobre todo realizada por las granjas de colonos) que en la integración económica de la franja más pobre de agricultores de la región del Marruecos «útil».
El nacimiento del estatuto mutualista
El nacimiento del movimiento cooperativo en esta época será también el punto de partida de la creación de las primeras mutualidades en Marruecos.
Las primeras instituciones mutualistas son sociedades autóctonas de previsión denominadas más tarde «sociedades de crédito agrícola y de previsión», introducidas por el dahir(decreto) del 26 de agosto de 1917. «Aunque la legislación haya sido modificada en el transcurso de los años posteriores, la función principal de las sociedades de crédito agrícola y de previsión sigue siendo la de organizar la ayuda mutua en caso de necesidad. Esto permite reconocer que el carácter del interés mutuo está dictado en mayor medida por la tradición que por una organización premeditada»6.
Entre las mutualidades que aparecen bajo el Protectorado, se encuentran la Fraternal de Policía (1919), la Mutualidad de Aduanas e Impuestos Indirectos (1928), las Obras de Mutualidad de Funcionarios y Personal Asimilado de Marruecos (OMFAM, 1929), la Mutualidad General de Correos (MPTT creada en 1946) y la Mutualidad General de Administraciones Públicas (MGPAPM creada en 1946).
Más tarde, en 1950, se crea la Caja Nacional de Organismos de Previsión Social (CNOPS) que federa a estas sociedades mutualistas en el sector público. Esta estructura será responsable de la cobertura social del 80% de los funcionarios y personal al servicio de la administración.
De este modo, los sectores cooperativo y mutualista, dos de los tres pilares de la Economía Social del Marruecos actual, se han establecido bajo el Protectorado. Esto permite comprender que el periodo del Protectorado no ha sido solamente un periodo
6. BOUDAHRAIN Abdellah, La Sécurité Sociale au Maghreb du Nouveau Millénaire : Carences et Défis (Maroc), Société d’Edition et de Diffusion Al Madariss, Casablanca, 2000. p. 306.
de retroceso para las estructuras tradicionales de organizaciones socioeconómicas, sino que ha establecido las bases para el desarrollo del Tercer Sector actual.
Sin embargo, cabe destacar que aunque la cooperación o el mutualismo encuentren una referencia lejana en las raíces tradicionales de la organización social marroquí, estos dos sectores son formas de economía social importadas de Occidente (procedentes de la tradición francesa) que se introducen en la historia de Marruecos más bien en ruptura que en continuidad con las formas tradicionales de organización social. Así pues, la historia colonial de Marruecos desembocará en un modelo de Tercer Sector estructurado según un modelo francés y que no tiene, a priori, ningún vínculo objetivo con las formas de organización tradicionales marroquíes (bereberes o árabes).
En resumen, parece que si el periodo del Protectorado francés proporciona, de alguna manera, un Tercer Sector a Marruecos, se hace en detrimento del desarrollo de los fundamentos históricos de la organización social y colectiva de este país.
Las sociedades secretas de resistencia al poder colonial
El periodo del Protectorado también ve nacer la primera legislación sobre el derecho de asociación moderno (el decreto de 1941 está basado en el modelo de la ley de 1901). Sin embargo, únicamente los franceses tienen en ese momento el derecho a crear asociaciones y los marroquíes sólo tienen la posibilidad de organizarse en secreto.
De hecho, algunos jóvenes universitarios marroquíes deciden organizarse en asociaciones políticas secretas de resistencia a la presencia colonial. «Estas sociedades se convirtieron rápidamente en verdaderos semilleros del movimiento nacionalista.
La mayoría también adquirió una connotación religiosa al vincularse con el movimiento salafista. Los miembros de estas sociedades formaron el armazón del partido nacionalista Istiqlal, fundado en 1944»7. Tras la independencia, estos jóvenes militantes serán los fundadores de las asociaciones juveniles marroquíes.
La dicotomía entre el “Marruecos útil” y las “regiones periféricas”
La historia de Marruecos y el análisis de la evolución de sus estructuras sociales se hacen particularmente complejos debido a su grandísima diversidad geográfica y cultural. Para afrontar esta dificultad, los administradores o los observadores de la realidad marroquí han recurrido a una segmentación más o menos tosca del espacio geocultural, según diferentes criterios: norte/sur, montaña/llanura, espacio urbano/espacio rural, región árabe/región bereber, Marruecos útil/Marruecos periférico.
7. DONOEUX Guillain, ‘’Le mouvement associatif marocain face à l’Etat : autonomie, partenariat ou instrumentalisation ?’’
en la revista marroquí de auditoría y desarrollo, Economie solidaire et développement local, REMA, Rabat, junio 2004.
p.82.
Bajo el Protectorado nació la expresión «Marruecos útil» para señalar la región costera con potencial industrial y portuario y la zona de la llanura central (alrededores de Fez, Meknés, región del Loukos) con potencial agrícola. En esta zona, la administración francesa penetró de forma más intensa, mientras que el resto de Marruecos, más difícil (población dispersa y hostil) y mucho menos rico, no ha sufrido tanto ensañamiento e incluso ha sido completamente abandonado.
Es el caso, por ejemplo, de las zonas marginales del Atlas. Además, esta autonomía era a menudo voluntaria y el Estado central «quería preservar la estructura tradicional en las zonas exteriores al marco de lo que se denominaba el Marruecos útil»8.
Por lo tanto, estas regiones abandonadas han tenido una historia particular que desembocará en formas de asociación y economía colectiva, en este caso originales y en continuidad con sus orígenes tradicionales, principalmente basadas en la migración y la ayuda mutua.
También ha de considerarse el caso particular del Rif, colonizado por los españoles.
La política colonial española es de orden estratégico y no está centrada en el desarrollo económico de la región norte. Además, siempre ha sido particularmente difícil dominar la zona del Rif, ya sea por la potencia colonizadora o por la realeza marroquí.
Como consecuencia, ha tenido una larga historia de desarrollo casi autónomo y sin respaldo del poder central. Así pues, bajo el Protectorado continúa funcionando de un modo tradicional y sólo recientemente se introducirán nuevas formas de organización social.
La génesis y la estructuración del Tercer Sector marroquí variará según las historias particulares y los diferentes espacios geoculturales de Marruecos.
1.2. DEL RECONOCIMIENTO A LA RESTRICCION DE LIBERTADES PÚBLICAS. 1957-1984
1.2.1. La independencia y el reconocimiento del estatuto asociativo, cooperativo y mutualista
Inmediatamente después de la independencia, el Estado marroquí hizo suyas las estructuras del Tercer Sector surgidas del periodo colonial promulgando dos dahirs, el del 15 de noviembre de 1958 y el de noviembre de 1963, que instauraron respectivamente la libertad de asociación y los estatutos de las mutualidades. Por otra parte, la cooperación se considera inmediatamente después de la independencia como un instrumento importante en el marco de los planes de reforma en el medio rural y urbano.
8. AIT LAFQIH Lahcen, ‘’La collectivité locale est-elle un corps naturel dans le Sud Marocain ?’’ en Espace Associatif, Tables Rondes 2002, Quelle contribution associative à la réduction du déficit de la démocratie locale ?Espace Associatif, Fundación Friedrich Ebert, Rabat, 2003. p.162.
El nacimiento del movimiento asociativo
El nacimiento del movimiento asociativo marroquí surge en un marco jurídico liberal con respecto «a las considerables restricciones que habían existido bajo el Protectorado o en comparación con las legislaciones adoptadas en los países árabes y africanos inmediatamente después de sus independencias9». De hecho, el dahir de 1958 está marcado por un espíritu liberal y define la asociación como «una convención por la cual dos o más personas ponen en común de modo permanente sus conocimientos o sus actividades con un objetivo diferente al de compartir los beneficios10». La capacidad jurídica de la asociación se consigue por simple declaración previa a las autoridades. Sin embargo, las asociaciones no tienen derecho a recibir donaciones o subvenciones, privadas o de organismos internacionales, ni a poseer bienes inmuebles.
No obstante, en la práctica, el naciente movimiento asociativo es objeto de desconfianza por parte de los poderes públicos y son pocas las asociaciones que antes o después no serán controladas directa o indirectamente por el Estado. Además, la omnipresencia de los movimientos políticos nacionalistas no deja espacio suficiente al desarrollo de una verdadera sociedad civil. Por ejemplo, aunque en ese momento más del 50% de la población fuera de habla bereber, la fuerza de la corriente ideológica nacionalista árabe que impulsa la independencia hizo que esta franja de población que intentaba reivindicar sus derechos culturales y lingüísticos quedase arrinconada hasta los años 90.
La cooperativa, un instrumento económico para el medio rural
El sector cooperativo se ve fuertemente impulsado por el Estado durante los primeros decenios que siguen a la independencia. La cooperativa se percibe como un instrumento económico para acelerar el desarrollo en las zonas rurales pobres y dinamizar los sectores considerados menos productivos o rentables, como el sector agrícola y el artesanado.
La cooperación no aparece espontáneamente en el seno de estos sectores y los interesados raramente toman la iniciativa para la creación de cooperativas. Esto subraya una vez más que el modelo cooperativo es ante todo un concepto importado para la población marroquí. Bajo esta premisa se multiplicaron las cooperativas, principalmente de agricultores o artesanos, a veces con más de 200 socios, utilizando este estatuto en mayor medida como un medio para obtener subvenciones que como un verdadero motor de desarrollo económico.
9. DONOEUX Guillain, ‘’Le mouvement associatif marocain face à l’Etat : autonomie, partenariat ou instrumentalisation ?’’
en la revista marroquí de auditoría y desarrollo, Economie solidaire et développement local, REMA, Rabat, junio 2004.
p.83.
10. Textes et Documents, Le Nouveau Code des libertés publiques, REMALD, Rabat, 2003.
Institucionalización de la actividad mutualista
El dahir de 1963 fija para el sector mutualista las líneas de conducta y de funcionamiento de las mutualidades. «No obstante, los organismos de esta naturaleza han conservado una gran parte de iniciativa […]. Únicamente las mutualidades del sector público y del sector semipúblico están sometidas a un control previo o formal por parte de las autoridades gubernamentales en el momento de su creación e incluso después11».
De este modo, el periodo que sigue a la independencia está marcado, por una parte, por dinámicas contradictorias de reglamentación, con vistas a una estructuración del Tercer Sector marroquí y, por otra parte, por una falta de voluntad política para aplicar la legislación. Esto hizo que el decenio siguiente a la independencia, portador de un punto de vista ideológico y de movilización ciudadana, no permitiera consolidar las formas de economía social nacientes.
1.2.2. El dahir de 1973: una restricción de las libertades públicas
Al periodo de statu quoque sigue a la independencia en lo que respecta a las organizaciones de la economía social, le sigue en 1973 una severa regresión, sobre todo en lo relativo al marco legislativo que regulaba el sector asociativo.
El 10 de abril de 1973, inmediatamente después del estado de excepción, establecido como consecuencia de dos tentativas (1971 y 1972) de derrocamiento de la monarquía, se adoptó un dahirque permitía un control más riguroso de las asociaciones por parte del poder. «En adelante, no tiene derecho a existir ninguna asociación que no haya sido objeto de una “declaración previa” a las autoridades competentes. Además, mientras que en el texto de 1958 la declaración previa era una condición suficiente para la adquisición de la capacidad jurídica […], la capacidad jurídica no se obtenía si no era seguida por la entrega de una acreditación por parte de las autoridades, tras la recepción por estas del acta fundacional de la asociación12».
Las autoridades adquieren de este modo la posibilidad de prohibir o disuadir enérgicamente la creación de una asociación no entregando esta acreditación o retrasando indefinidamente su entrega. Una asociación que no respete los términos del dahirpuede ser disuelta inmediatamente y sus fundadores y dirigentes pueden ser encarcelados durante un periodo de tres meses a dos años.
A escala local, estas coacciones se incrementan por el exceso de celo de las autoridades locales, que a menudo realizan investigaciones policiales antes de la
11. BOUDAHRAIN Abdellah, La Sécurité Sociale au Maghreb du Nouveau Millénaire : Carences et Défis(Maroc), Société d’Edition et de Diffusion Al Madariss, Casablanca, 2000. p.307.
12. DONOEUX Guillain, ‘’Le mouvement associatif marocain face à l’Etat : autonomie, partenariat ou instrumentalisation ?’’
en la revista marroquí de auditoría y desarrollo, Economie solidaire et développement local, REMA, Rabat, junio 2004.
p.84.
presentación de los estatutos, cuando la ley estipula que se haga después. «Por norma general, los bloqueos y molestias son aún más fuertes cuanto más se aleja uno del centro del poder13».
El control del Estado y su influencia sobre el sector asociativo es todavía mayor por su capacidad de conceder la calificación “de utilidad pública”. «Esta calificación ofrece tales ventajas que su concesión puede suponer el éxito inmediato de una asociación. Le permite en particular recibir donaciones y legados, poseer bienes inmuebles, beneficiarse de ventajas fiscales y organizar actos destinados a recoger fondos, prerrogativas prohibidas a otras asociaciones que sólo pueden vivir de las cuotas de sus socios y de algunas donaciones»14.
El dahirde 1973 puso fin a la esperanza liberal suscitada por las leyes de 1958 promulgadas inmediatamente después de la independencia. De hecho, marca la entrada en el periodo más duro y represivo de la historia del Marruecos moderno.
1.2.3. Los años de plomo (1965-1984) y la cuestión de los Derechos Humanos en Marruecos
Los años de plomo comienzan en 1965 cuando se reprime con un baño de sangre la agitación estudiantil en Casablanca y, más tarde, en todo el país. Este año también está marcado por el asesinato de Mehdi Ben Barka. «Procesos políticos a la prensa a finales de los años 60, complots frustrados [contra el Rey] en 1971 y 1972, ejecuciones y procesos a los conjurados, […] el Reino se había convertido en una gran sala de tortura»15.
En los círculos estudiantiles de las grandes ciudades (Casablanca y Rabat), así como de la región del Rif (dos de los tres instigadores de las tentativas de asesinato contra el Rey en 1972 y 1973 son rifeños) es donde más se hacen notar las violaciones de los Derechos Humanos por parte del poder dirigido por Hassan II.
El movimiento a favor de los Derechos Humanos en Marruecos nace en estos años, en un contexto de fuerte represión. En 1970 surge la Liga Marroquí de Derechos Humanos (LMDH), afiliada al partido Istiqlal, pero su margen de maniobra se ve reducido debido a la presión ejercida por el poder.
El 24 de junio de 1979 se celebra el congreso constitutivo de la Asociación Marroquí de Derechos Humanos (AMDH), pero esta organización es inmediatamente prohibida y se ve obligada a funcionar en la clandestinidad.
Asimismo, el movimiento reivindicativo de los derechos culturales y lingüísticos bereberes (asimilado por lo demás a una reivindicación de Derechos Humanos), denominado movimiento amazigh (los hombres libres), se desarrollará según dos tendencias contradictorias:
13. Op. Cit.
14. Id.
15. DALLE Ignace, Maroc 1961-1999 L’espérance brisée, Maisonneuve & Larose Tarik Editions, París, 2001. p.160.