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INFRAESTRUCTURA Y SUPERESTRUCTURA

In document francisco figueras pacheco (página 84-87)

DOCUMENTACIÓN ANTIGUA: EL RITUAL FUNERARIO

IV.4. INFRAESTRUCTURA Y SUPERESTRUCTURA

Enrique Verdrí Parra 85

Lafuente también apuntó, a partir del análisis de los textos clásicos, que temerosos Jos cartagineses del dios Moloch,y tras sus repetidas derrotas en Sicilia, decidieron dejar de comprar niños para sacrificarlos en su honor e inmolaron a los suyos propios. Sin embargo, este fenómeno no ofrece pistas suficientes para su identificación en La Albufereta. Pese a esto. Belda defendió que e11 sepulturas adultas se realizaron sacrificios infantiles, al constatar restos incinerados de diversas edades en algunas de ellas (Belda, 1947. 243), con lo que nos encontra- ríamos por primera vez ante la afirmación de la presencia de enterramientos múltiples en esta necrópolis. Esta teoría contradecía lo dicho por Figueras sobre el tema, pues éste era partidario de que las tumbas ,eran individua- les, a falta de análisis osteológicos completos.

En estas curiosas pi ras, algunos autores alcanzaron a apuntar que también se sacrificarían soldados prisio- neros y mujeres. En cuanto a los primeros, Lafuente opinaba que la falta de los huesos del cráneo revelaría incluso una probable decapitación ritual previa a la cremación .lo que Nordstrom recogerá 1 iteralmente (La fuente.

1934, 21-22; Figueras, 1943a, 16; Nordstrom, 1961a, 103; 1962, 1).

El tema de la hipotética constatación de sacrificios rituales en el mundo ibérico, aplicado a los recién nacidos, ha sido retomado parcialn1e11tc en estudios más recientes-'". Cuadrado, por su pa~te, no era partidario de la creencia en estos actos dentro de las comunidades ibéricas levantinas, aunque sí en las del sur peninsular, debido a la mayor influencia griega ejercida sobre las primeras con respecto a las segundas (Cuadrado, 1975, 21 ).

Contamos además con muy pocas referencias en relación al fenómeno de la reutilización de tumbas, lo que parece constatado en determinados puntos, según el excavador. La necesidad de obtener espacio para los enterramientos, así como el ahorro de esfuerzo y tiempo que supondría la reocupación de una fosa ya excavada y preparada para recibir los restos humanos carbonizados y sus ajuares, harían de esta práctica algo habitual, relacionada también con la superposición de sepulturas.

86 Figueras Pacheco y las Excavaciones eula Necrópolis Ibérica de la Albtifereta de Alicante ( 1934-1936)

Por lo general las sepulturas presentaban forma paralelepipédica, con planta de tendencia rectangular más o menos alargada (Abad, 1984, 38; Figueras, 1935,41; 1 936b, 7; 1947, 221; 1959, 81 ), afirmación sobre la cual se puede precisar un poco más. Las fosas tenderían al rectángulo, pero también aparecieron tumbas ovaladas o tendentes al cuadrado, así como otras irregulares y de forma no precisable. Fñgueras concreta que los ustrina presentarían la forma descrita, mientras que las "piras de rito" tendrían formas más variadas, rectangulares, cuadradas, circulares, ovaladas o irregulares (Figueras, 1943c, 27; 1950b, 2° cuaderno, 32-35).

Las dimensiones de las sepulturas serían muy variables y en ocasiones incluso difíciles de precisar (Figueras,

\935, 41-42). Suponemos que ello 1ría en función de los materiales que supuestamente debería contener, del esfuerzo que s1.1pondría la realización de la tumba o de la consideración social del individuo a entermr. Hemos de tener en cuenta también que una sepultura de cremación propiamente dicha, si la concebimos como una deposición secundaria -es decir, los restos incinerados del difunto se trasladan a este lugar y se depositan junto a sus objetos de ajuar personal y ot.-os con cankter rituaL- no requeriría de un espacio demasiado grande para servir como contenedor de todos estos materiales.

Figueras anotó meticulosamente las medidas de las sepulturas excavadas en su campaña, haciendo referen- cia a la "longitud y latitud", es decir, a las dimensiones de los laterales de estas fosas. Sobre la "altura" de las sepulturas, o mejor dicho, su profundidad, se abstuvo de especificarla fosa por fosa excusándose en lo aleatorio de su medici6n en la mayoría de los casos. Sin embargo, señaló que oscilaría por lo general entre los 20 y 30 cm., considerando como excepcionales las que superaban los 35 cm. Muchas de estas fosas no superaban de hecho los 20 cm. (Figueras, 1939a, 1° cuaderno, 5; 1950b, 2° cuaderno, 33).

Para Figueras Pacheco, los ustrina contaban con unas dimensiones precisas para recibir holgadamente un cuerpo extendido, pero hay ejemplares en los que esta disposición no ji1e posible de ningún modo, ni aún en el supuesto de que el incinerado fuese un nií'ío (Figueras, 1943c, 27). Estos ustrina serían seguramente las sepul- turas con forma alargada, rectangular o incluso oval. descritas por el excavador. La fuente advirtió en este senti- do que las dimensiones aproximadas de estas fosas eran de 150 x 85

x

30

cm.

(Abad, 1984, 38). Pese a todo ello, determinados hoyos, de dimensiones más reducidas y con formas tendentes al círculo o al cuadrado, no podrían albergar de ninguna manera un cuerpo humano adulto extendido (Figueras, 1959, 82).

En verdad son escasas las sepulturas que sobrepasan una longitud suficiente para albergar el cuerpo de un ser humano en posición extendida. Pocas superan el metro y medio de longitud, y aún menos el 1 '70. Sin embargo, en algunas ocasiones se alcanzan los dos metros. Este tamaño, acompañado de restos abundantes de material de combustión y restos humanos carbonizados, confirmaría rotundamente la idea planteada por Figueras.

Para los casos de rumbas pequeñas, en cambio, no necesariamente implicarían cremación infantil. Las "piras de rito" u hogueras rituales, por lo general serían un pequeño hoyo excavado en la tierra (Figueras, 1943c, 27-28), por lo que podríamos considerar que se prestaría menos atención a su forma y dimensiones.

A partir de los datos que conservamos sobre las dimensiones de estas fosas, combinados con otros factores como la presencia de restos humanos carbonizados, o la forma rectangular alargada de las mismas, etc., pode- mos realizar u111a propuesta de clasificación que nos podría acercar al número de sepulturas de La Albufereta, pese a que algunas de las consideraciones apuntadas por el excavador y de las cuales partimos podrían ser discutibles. La determinación, por tanto. de ustrinum o '·pira de rito" sería fruro de la combinación de varios de los factores siguientes:

• Para el caso de los ustrina, la forma sería por lo general rectangular y sus dimensiones, suficientes para contener el cuerpo del difunto, aunque tomaremos el metro de longitud como referencia, pudiéndose incluir individuos de edades y complexiones diversas. Además, la presencia de huesos humanos tanto en el interior de una urna cineraria como fuera de ella es un imp011ante factor a considerar. Otras variables, aunque algo más discutibles serían la aparición de objetos como las armas u adornos corpo- rales o de vestimenta, que implicarían la presencia de un cuerpo dispuesto de un modo determinado. La ausencia de vasos cerámicos relacionados con libaciones o de restos alimenticios ofrendados, más acordes con las "piras de rito", también ayudarían en esta diferenciación.

En cuanto a las "piras de rito•·, las formas de las fosas serían diversas y sus dimensiones más reducidas, no encontrándose huesos humanos carbonizados ni objetos directamente vinculados a la presencia física del cadáver. Sin embargo, sí se podrían constatar en estos casos algunas piezas cerámicas rotas y amontonadas o el hallazgo de restos alimenticios diversos.

Como podemos ver en la el siguiente gráfico (figura 38), la mayoría de las fosas serían ustrina a partir de los indicadores señalados, frente a únicamente tres casos en que todo indica que nos encontramos ante hogueras rituales59. En los casos indeterminables los datos constatados por Figueras no nos han servido para decantarnos con demasiadas garantías hacia un lado u otro.

59 Para determinar la existencia de "piras de rito'" hemos partido de escasos identificadores. de ahí que consideremos este gráfico de una validez relativa, al no poder precisar la naturaleza de los restos óseos ni su localización exacta en el interior de las sepulturas.

Enrique VerdlÍ Purra 87

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O ustrina

O "piras de rito"

E\l indeterminables

25

J='igura 38. Ustrina. "piras de rito" y fosas indeterminables de La Albufereta.

La abundancia de usrrina según denominación de Figueras vuelve a hacernos reflexionar sobre si en reali- dad todas estas fosas habrían servido como lugares crematorios y no únicamente algunos, siendo el resto real- mente busta _Sin embargo, no contamos con más indicios que los señalados para establecer si los enren·amientos son primarios o secundarios.

Figueras Pacheco observó detenidamente que el piso o las paredes de las fosas en ocasiones aparecían endurecidos, con toda probabilidad por la acción del fuego (Figueras, 1943c, 28; 1950b, 2° cuaderno, 39).

Utilizó además el hecho de hallar un piso endurecido para catalogar la fosa como ustrinum (Figueras, 1954b, 112), aunque ya hemos visto con anterioridad que este endurecimiento puede deberse a otras razones ajenas a la acción del fuego. Lo normal en La Albufereta era encontrar els suelo endurecido en el interior de Jos hoyos (Figueras, 1950b, 4" cuaderno, 28).

Según parece evidente, el fenómeno del endurecimiento de alguna parte de las fosas podría deberse a las elevadas temperaturas de la hoguera, que qUJemarían o derretirían ciertas sustancias al mismo tiempo. Figueras Pacheco se preguntó qué tipo de sustancias podrían causar tal endurecimiento, para lo cual hubiera sido necesa- rio analizar detenidameme muestras de tierra afectada. cosa que no se practicó en su momento. El excavador, sin embargo, señala en este sentido dos propuestas de interpretación: o bien el endurecimiento venía provocado por resinas y perfumes quemados en honor d!el difunto, o se debería a las grasas mismas del incinerado junto con otJ·as sustancias (La fuente, 1934, 19; Figueras, 1935, 42; 1936a, 3; 1943c, 28; J 950b, 2° cuaderno, 40-42).

Figueras consideraba que las paredes de las sepulturas, en los pocos casos que aparecieron endurecidas, no deberían este hecho a los mismos factores que los suelos, sino que a fa acción de fas rramas sobre las tierras arcirrosas que orillaban el hoyo. El excavador propone de este modo una especie de "cocción" palfcial de los laterales de tierra de las fosas (Figucras, 1950b, 2° cuaderno, 42).

No parece darse ningún caso en esta necrópolis de superestructuras destacadas a modo de cubrición y/o señalización externa de las sepulturas (Figueras, 1943c, 27, 33; 1 952b, 183) y mucho menos de algún tipo monumental, entendido como estructura sobresaliente de obra fabricada con mampuestos, sillares, o adobes trabados con barro, sino que las fosas estarían cubiertas por la misma tierra de la excavación (Figueras, 1935, 42). En este sentido, Lafuente Vida! sí constata durante su campaña de excavaciones, la presencia de guijarros y cantos rodados de entre 15 y 30 cm. de longitud, procedentes de zonas cercanas a la playa, que fueron traídos y depositados intencionadamente sobre las tumbas para indicarlas y evitar ulteriores profanaciones (La fuente, 1934, 20-21; 1957, 53), constatado también recientemente en la necrópolis de Les Casetes (García Gandía, 2002, 38). También Lafuente informa sobre un túmulo que encerraba varias fosas amontonadas en un espacio relativamente pequeño, denominado "la gran sepultura", proporcionando un rico conjunto material (Lafuente, 1934, 22-23). Este tipo de estructura tumu!ar lo encontramos también en necrópolis como la de Las Cumbres (Puerto de Santa María, Cádiz), de época orientalizante (Ruiz, Pérez, 1988,39, 43-44).

El1 cuanto al básico sistema de cubrición de las sepulturas constatado en La Albufereta, Figueras realiza una clasificación en dos grupos, atendiendo a la presencia o no de algún tipo de indicio que revelase material adicional a la tierra. Por un lado algunas sepulturas estarían total o parcialmente cubie1tas por losas de piedra, caso de las tumbas 53 y 112, mientras que lo general sería que no presentasen más cubrición que la misma tierra obtenida al excavarlas (Figueras, 1950b, 2° cuaderno, 36-37; 1956a, 12).

88 Figueras Pacileco y las Excavaciones en/a Necrópolis Ibérica de la Alb1![ereta de Alicante ( 1934-1936)

En ningún caso se hallaron cipos, estelas u otros indicadores superestructurales, que en otras necrópolis servirían para señalizar los enterramientos y protegerlos simbólicamente frente a posibles saqueadores (Figueras, 1950b, 2° cuaderno, 38). Esta ausencia de monumentalidad se explica en parte por la avanzada cronología del yacimiento dentro del conjunto de las necrópolis ibéricas del área mediterránea, y más concretamente, del sureste peninsular, así como por la reocupación de la zona durante siglos por construcciones varias, que pudie- ron haber acabado con toda obra de este tipo.

Cabe señalar, sin embargo.la aparición en un cercano pozo situado en la misma playa, de la estatua incom- pleta de un toro, elemento que podría relacionarse con algún tipo de monumento tipo pilar-estela del cual probablemente sería su rernate61).

La señalización externa de las sepulturas se realizaría en el caso de La Albufereta por medio de un simple tapón de tierra61, sin ningún otro tipo de superestructura, si bien hemos de ser cautos pues, como ya hemos visto.

una densa ocupación romana perturbó directamente el estado de las capas superiores del campo de la necrópo- lis, y podrían haber acabado con alguna construcción o señalización funeraria, de la que hoy no tenemos noticia alguna. Alguna sepultura podría presentar en su superficie, sin embargo, algún tipo de preparado, muy lejos de los empedrados de mampuestos o conchas -caso de El Molar-, pero igualmente significativo. En este sentido, cabe destacar la posible relación de determinados grupos de cantos rodados con algún tipo de señalización externa de las sepulturas (Figueras, 1943c, 45-46).

In document francisco figueras pacheco (página 84-87)