2.2 Bases teóricas
2.2.1.6 La competencia docente
A nivel educativo, Girona, Guárdia y Mas (2018) consideran que los dispositivos móviles se aceptarán cada vez más como herramienta de aprendizaje universitario y esta ubicuidad e inmediatez serán cualidades que los estudiantes deben desarrollar para realizar sus actividades académicas. En investigaciones realizadas se ha encontrado aquel 85%
por ciento de situaciones educativas ya permiten que los estudiantes y los profesores utilicen sus dispositivos tecnológicos en el desarrollo de sus actividades académicas.
d. El blockchain:
Para Girona, Guárdia y Mas (2018) en los siguientes años la universidad tiene retos importantes, entre ellos, la certificación de aprendizaje global, el cual, se reglamentará con el paso del tiempo. Los conocidos como open badges y el blockchain pueden ser la llave para que esto ocurra. A nivel internacional se buscará acreditaciones abiertas, sobretodo, si esta se garantiza en una tecnología fiable, segura y que se pueda trabajar a través del blockchain.
Hoy en día, según Girona, Guárdia y Mas (2018) el blockchain se utiliza para las transacciones con bitcoins, sin embargo, aplicado a la educación permitirá almacenar, de manera fiable, registros y evidencias de certificados y títulos de estudios que han sido emitidos por instituciones que cumplan ciertas condiciones a nivel mundial y en la que los datos encriptados se pueden distribuir de forma segura a distintos ordenadores de la red, de tal manera, que se generará un registro descentralizado, universal e independiente respecto a las instituciones educativas.
transformación busca garantizar la calidad y asegurar que las actuales demandas que la sociedad requiere sean cubiertas por profesionales que garanticen el bienestar social, en ese sentido, ha surgido el enfoque curricular basado en competencias como respuesta a las demandas científicas y tecnológicas que la sociedad de conocimiento exige.
En la sociedad en la que nos encontramos, Fernández et al (2019) consideran que la educación es el pilar fundamental para el desarrollo moderno por dos razones: En primer lugar, porque prepara a los estudiantes para que logren valerse por sí mismos en un ambiente laboral al que se enfrentará en los siguientes años y, en segundo lugar, porque la universidad intentará convertir a sus estudiantes en ciudadanos con altas expectativas éticas que busquen el desarrollo social.
Para conseguirlo, Fernández et al (2019) sostienen que es necesario enfrentar el paradigma tradicional en el que las enseñanzas se centran en las tareas que deja el docente, para ello, diversas instituciones buscan promover la enseñanza eficaz basada en el supuesto de que esto solamente puede lograrse cuando es el estudiante el que, de forma responsable, asuma el desarrollo y organización de su labor académica. Para poder comprender este principio hay que enfocarse, principalmente, en aquellos procesos de enseñanza que se desarrollan desde una óptica distinta, pues, el centro de actividad ya no será más el profesor sino el estudiante en el que recaerá el conocimiento.
Este cambio metodológico, según Fernández et al (2019) busca redefinir el proceso de enseñanza-aprendizaje en procesos en los que las universidades centre los cambios en la modificación de sus currículos y sus modelos educativos en competencias, las cuales, no solamente se van a enmarcar en el quehacer profesional sino también en elementos transversales que permitan la comprensión de otras ramas disciplinarias para el ejercicio eficiente de su labor profesional.
Las universidades, de acuerdo a Fernández et al (2019) deben comprometerse, bajo esa perspectiva, a buscar planes de estudio con un perfil profesional de obtención del título, en el que la adquisición de competencias esté centrada en el estudiante, por ello, es necesario hacer énfasis en los métodos de aprendizaje de competencias y los procedimientos que se necesitan para evaluar la adquisición de ellas, no solo a nivel estudiantil sino también a nivel del docente.
El concepto de competencias, para Fernández et al (2019), surge del desarrollo de las ciencias empresariales, sin embargo, ya hace algunas décadas ha venido incrementando su importancia en el mundo académico. El concepto de la competencia ha sido abordad por distintos autores y desde diferentes perspectivas, por consiguiente, se puede observar posturas contradictorias y ambiguas de significados atribuidos al término, por ello, es necesario consolidar un concepto general de acuerdo a la realidad educativa, analizando la definición de competencia en la que no solo se involucra al quehacer estudiantil sino al quehacer docente.
La palabra competencia tiene distintos significados y ha sido debatido por diferentes profesionales de la educación superior, Fernández et al (2019), consideran que se debe partir de que es un constructo de competencia a nivel universitario y ha sido un sinónimo de cualificación, de tal forma, que se le ha otorgado una visión profesional y es la base de la formación estudiantil y docente para prepararlo en la práctica de habilidades, capacidades y conocimientos que necesita para titularse y ser competente.
A nivel docente, según Fernández et al (2019), la competencia significa tener la capacidad de poder guiar al estudiante en la adquisición de este conocimiento y monitorear constantemente que se cumplan los objetivos universitarios. Una competencia es la capacidad que tiene una persona de accionar de forma eficaz ante un abanico de situaciones, de tal forma, que utilice una serie de conocimientos y capacidades para que pueda obrar con buen juicio y en el momento oportuno para solucionar y definir problemas reales.
Fernández et al (2019) sostienen que el concepto de competencia docente es amplio y engloba distintas aspectos como potencialidades, conocimientos, unidades prácticas, destrezas y acciones de distinto índole en diversos escenarios dl proceso de enseñanza aprendizaje.