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abstracción más acusada. Ciertamen- te, el arte Levantino también sufría un destacado grado de abstracción, ya que los modelos eran reducidos a sus líneas básicas, pero se respetaba un mínimo naturalismo que permitía la identificación de lo representado.

Ahora, en el grafismo esquemático, la abstracción es tan acentuada que no son pocas las veces en las que recono- cer lo pintado se convierte para noso- tros en una tarea imposible.

MOTIVOS Y TEMAS

En general, en el arte esquemá- tico encontramos las mismas catego- rías iconográficas que hemos visto en el arte levantino, es decir, la de los humanos y la de los animales, pero a éstas se une una tercera, que denomi- namos genéricamente como signos, muy heterogéneos en su forma y de los que, la mayoría de las veces, des- conocemos realmente su identidad.

Además, estos signos constituyen el grupo de motivos más numeroso den- tro de este horizonte esquemático.

Las representaciones humanas más sencillas quedan reducidas a sus

líneas básicas, de tal forma que, en la mayoría de las ocasiones, un trazo ver- tical se bifurca a la altura de la cintura para definir las piernas, mientras que otros dos trazos horizontales presen- tes en su tercio superior, a veces lige- ramente arqueados hacia abajo, sirven para representar los brazos. La cabeza puede aparecer diferenciada del cuer- po por una forma levemente redon- deada, aunque no faltan ejemplos en los que ésta no se distancia, en grosor, del propio trazo que indica el cuerpo.

Asimismo, lo normal es que no preste atención a detalles corporales, hasta el punto de que si en el arte levantino muchos arqueros mostraban el pene y algunas mujeres los senos, ahora, salvo excepciones, no vamos a contar con esos atributos, lo que nos limita a la hora de clasificar las representa- ciones humanas por sexo. Cuando se indica este, una línea entre las piernas indica, inequívocamente, el sexo mas- culino, pero en modo alguno es este un convencionalismo que esté gene- ralizado. Tampoco se suelen señalar los pies o las manos, y otros detalles

140. Esquema humano simple.

Huerta Andara II.

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de tipo etnográfico, como podrían ser eventuales armas o elementos de adorno, también son escasos. Este tipo básico de esquema humano, que no son demasiado frecuentes de otra parte, sí los documentamos en Huer- ta Andara II, Tinada del Ciervo I, Los Sabinares, Ventana de los Enamora- dos II, Castillo de Taibona, Prado del Tornero III, Ingenieros II y Solana de las Covachas III, VI, VII y IX.

En ocasiones, la figura humana se representa de manera aislada, hasta el punto de que, no pocas veces, una única representación humana consti- tuye todo el contenido artístico de un yacimiento, aunque en otros casos se encuentra en estrecha relación con fi- guras de animales o signos, lo que po- dría llevarnos a hablar de escenas. No obstante, el principal problema que se nos plantea es reconocer la identidad de lo figurado. Hemos visto como en el horizonte levantino, la identidad de los motivos es definible y las even- tuales asociaciones que pueda haber entre ellos también son, en principio, fáciles de proponer. Ahora, con lo es-

quemático, un primer problema pue- de llegar a ser la caracterización las propias figuras, simplificadas a veces hasta el límite por la abstracción que acusan. A esto se suma que no siem- pre es posible advertir un hilo narra- tivo que ponga en relación todas las representaciones inscritas en un mis- mo panel.

En este sentido son pocas las es- cenas que podemos proponer en el arte esquemático de Nerpio, aunque alguna, muy destacada, sí que hay. Es el caso de la cacería representada en el abrigo I de Tinada del Ciervo. La integran un arquero, bien delimita- do en sus formas y realizado con un cuidado trazo, que dispara sus flechas contra un ciervo, cuya nota más so- bresaliente es la enorme cornamenta, absolutamente irreal e idealizada, que soporta. Intercalados entre cazador y ciervo hay otros pequeños cuadrú- pedos, interpretados como cánidos por algunos autores (Soria y López, 1999) o como posibles cápridos por otros (Mateo y Carreño, 2001; Mateo, 2003).

Igual de atractiva, y enigmática, nos resulta la composición pintada en el Abrigo de Sacristanes II. Está definida por una veintena de motivos puntiformes que delimitan un espa- cio pseudocircular, en cuyo interior se han representado lo que identifi- camos, no sin reservas, como un cua- drúpedo. Encima de este se dispone lo que podría ser un esquema huma- no. A la derecha parece haber otro de estos esquemas humanos y, debajo e intercalado en la línea de puntos, un motivo esteliforme. Parece apropia- do pensar que todos los elementos forman parte de una composición ce- rrada, aunque de imposible interpre- tación. Podrían ser varias las ideas a plantear, pero siempre estaríamos en el ámbito de la suposición. En todo caso, las asociaciones humano-cua- drúpedo, y humano-esteliforme, no son del todo desconocidas en la pin- tura rupestre esquemática de la zona.

De hecho, en la cercana Cañaica del Calar III de Moratalla, vemos un panel muy complejo, en el que participan, junto a otros más, los mismos elemen-

tos iconográficos que vemos aquí, es decir, los puntos, los esquemas huma- nos, los cuadrúpedos y el esteliforme.

Es cierto que la disposición allí es di- ferente, pero la conjunción de estos mismos elementos quizás nos hablen de un mismo trasfondo simbólico, de un mensaje con una raíz común.

Si el problema de la identificación de la figura humana por sexo es im- portante, si nos referimos a la identifi- cación de las especies animales repre- sentados puede llegar a ser, incluso, mayor. Salvo los ciervos, que van pro- vistos de una ramificada cornamen- ta, y en menor medida los cápridos, el resto de figuras de animales sue- len estar conformadas por un trazo horizontal que representa el cuerpo, del que parten, y no siempre, cuatro trazos verticales que serían las extre- midades. Si muestran una larga cola o su cuerpo es muy voluminoso podría- mos pensar que se trata de équidos o de bóvidos, pero, en realidad, salvo en el caso citado de los ciervos, casi siempre nos movemos en el campo de la duda.

En cualquier caso, en términos generales el conjunto de especies re- presentadas no debió diferir mucho de la presente en el arte levantino.

De hecho, sabemos que hay cérvidos, cápridos y algunos bóvidos y équidos, si bien, teniendo en cuenta la identi- dad de los autores de lo esquemático, que ya son grupos productores, cabría pensar que también entrarían a formar parte del bestiario representado otras especies ya domésticas, hasta ahora ausentes, como cabras y ovejas, y tal vez algún carnívoro como el perro.

Los ciervos están presentes en Ti- nada del Ciervo I y II, y en el Molino de Juan Basura, mientras que los cápri- dos los tenemos también en Tinada I y Molino de Juan Basura, y junto a estos, en el Castillo de Taibona. Entre los car- nívoros se han propuesto como perros los dos animales que, junto al cazador, acosan al ciervo en la cacería de la Ti- nada del Ciervo I (Soria y López, 1999;

2013), aunque creemos que las carac- terísticas morfológicas que muestran no difieren mucho de las de los otros animales presentes en el panel, identi-

141. Cáprido. Molino de Juan Basu- ra.

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ficables como cápridos.

Muchas de las figuras de animales no permiten su adscripción a una es- pecie concreta. Es el caso de algunas de las pintadas en Solana de las Cova- chas VI, Castillo de Taibona, Barran- co Bonito, Tinada del Ciervo II, Huer- ta Andara I y Abrigo de Mingarnao II. En estos casos no tenemos deta- lles anatómicos que nos orienten so-

bre la especie representada. Algunos 142. Grupo de cuadrúpedos, posi- bles cápridos. Tinada del Ciervo I.

motivos están formados por un trazo horizontal del que parten hacia abajo varios trazos más cortos. Son los que denominamos “pectiniformes” y que, a veces, proponemos también como representaciones de cuadrúpedos, aunque no tengamos la seguridad ple- na de que se trata de la imagen simbó- lica de un animal. Figuras de este tipo las documentamos, entre otros, en Barranco Bonito, Castillo de Taibona 142

143. Pectiniforme. Castillo de Taibona.

y Fuente de las Zorras.

Pocas son las veces en las que los animales se han representado en gru- po. Entre estas podemos reseñar los cinco cuadrúpedos, tal vez cápridos, de la Tinada del Ciervo I, y los tres de Huerta Andara I. En ambos ejemplos, los animales aparecen agrupados, adoptando una disposición escalona- da en el espacio y en una actitud clara de marcha hacia la derecha, transmi- tiendo esa imagen de manada en la que no hay intervención humana.

La mayor heterogeneidad for- mal la encontramos, sin duda, en el grupo de los signos, la mayor parte de ellos de componente geométrico.

En la mayoría de los casos, la nomen- clatura empleada para denominarlos está en relación con aquella forma geométrica a la que más se parece, o a la que más nos recuerda. Así, un círculo cuyo perímetro está recorrido por una serie de trazos radiales lo lla- mamos esteliforme porque nos evoca la manera en que, desde niños, hemos representado el Sol. Pero esto no deja de ser algo puramente convencional

puesto que, en verdad, carecemos de más argumentos que este para propo- nerla como tal representación astral.

En realidad, podría ser cualquier otra cosa, la imagen de una choza hecha con palos, un cercado, otro tipo de construcción o, quizás, un accidente geográfico, entre otras muchas posi- bilidades. Puede, incluso, que con ello se haya representado un concepto, o una cosa, en el que nunca se nos ocu- rriría pensar.

Aceptadas, pues, nuestras lógicas vacilaciones sobre la identidad de lo representado, el grupo tipológico de los geométricos, o signos, es bastante amplio.

Provistos de un carácter antro- pomórfico, debemos reseñar los lla- mados ídolos oculados. Son motivos formados por dos trazos arqueados que, separados por un trazo vertical, simularían los arcos superciliares, de- bajo de los cuales hay sendos puntos que representarían los ojos. Este es el modelo que vemos en los abrigos del Ídolo y de los Ídolos.

Más numerosas son las barras

verticales, que no son más que sim- ples trazos, verticales casi siempre, de longitud y grosor variables. Los docu- mentamos en numerosos conjuntos, como Huerta Andara I, Tinada del Ciervo I, II, III y IV, Prado del Torne- ro I y III, Fuente de las Zorras, Fuente de Montañoz I, Abrigo del Concejal III, Abrigo de los Ingenieros II, Ba- rranco Bonito, Abrigo de los Sacris- tanes, Abrigo del Ídolo, Solana de las Covachas V y IX, Castillo de Taibona y Fuente de la Toba. En algún caso, como en el Barranco de los Buitres, un único trazo vertical constituye todo el contenido pictórico del abrigo.

En ocasiones, estos trazos pre- sentan un notable desarrollo longitu- dinal, a la vez que adoptan un aspecto serpenteante. Así los vemos en Abri- go de Arroyo Blanco I, Solana de las Covachas III y V, Abrigo de los Inge- nieros II, Fuente Melgares y Castillo de Taibona. Por su parte, en el Cas- tillo de Taibona adoptan una disposi- ción horizontal.

Cuando uno de estos trazos ver- ticales aparece atravesado por varios

144. Serpentiformes. Solana de las Covachas III.

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trazos menores horizontales habla- mos de ramiformes. Como tales los vemos en la Fuente de la Toba y el Abrigo de los Ingenieros II, en este último asumiendo un especial prota- gonismo dentro del panel. En los con- juntos del Castillo de Taibona y Fuen- te de las Zorras nos encontramos con varios de estos motivos ramiformes que tienen la particularidad de que un trazo horizontal es atravesado por los trazos verticales.

Los puntos son un motivo relati- vamente frecuente dentro de la pin- tura rupestre esquemática en general, aunque en los conjuntos de la provin- cia de Albacete no hay demasiados, y Nerpio no es una excepción. Si bien suelen aparecer formando aglomera- ciones más o menos numerosas, con o sin un orden regular, como se han pintado en la cercana Cueva del Gi- tano de Yeste, los pocos puntiformes que tenemos en conjuntos de Nerpio, que son los del Castillo de Taibona y la Solana de las Covachas VI, se han pintado aislados. En el Abrigo de Sa- cristanes II hemos visto que forman

parte de una figura más compleja, adoptando una disposición en círcu- lo en cuyo interior hay alojadas otras figuras, y también acompañan por la parte superior a una gran figura de as- pecto reticular.

El círculo es la base de otros mo- tivos. Los hay con el espacio interior vacío de color, como vemos en el Prado del Tornero III y Abrigo de los Sabinares, o con ese espacio interior compartimentado en dos mitades, caso de los representados en la Fuen- te de las Zorras, Barranco Bonito y Abrigo de Mingarnao II. En el Abrigo de la Aliagosa y el Abrigo de Sacris- tanes II, el motivo circular, que tiene unas dimensiones notables, enseña su espacio interno reticulado por varios trazos verticales y horizontales. En este último, además, el círculo está adornado en la parte superior por una alineación de no menos de quince puntos.

Próximos a estos motivos circu- lares estarían los que denominamos como esteliformes, o soliformes, en los que los círculos muestran una

145. Círculo. Barranco Bonito.

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serie de trazos perpendiculares, muy cortos, a lo largo de todo el perímetro, como si de rayos se tratara. Figuras de este tipo las documentamos en el Abrigo de los Sacristanes y el Castillo de Taibona.

Sobre la base del círculo describi- mos también los llamados polilobula- dos, definidos por la sucesión vertical de dos o más elementos circulares. En el Abrigo de los Ingenieros II el po- lilobulado está formado por dos cír- culos rellenos de color, unidos por un trazo recto, lo que lo asemeja a una haltera, mientras que en la Fuente de la Toba, los dos círculos están unidos directamente entre sí.

En algunos conjuntos nos encon- tramos con simples manchas de color, aparentemente sin una forma defini- da. El la mayor parte de los casos se trata de restos de motivos actualmen- te muy fragmentados. Tenemos ejem- plos en Solana de las Covachas III y V, Cortijo de la Rosa, Abrigo del Torcal, Abrigo de la Mujer, Abrigo de los Ído- los y Barranco Bonito.

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