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LA SALUD DE LAS PERSONAS CON AUTISMO EN PERSPECTIVA

Dr. J. de las Heras

INTRODUCCIÓN TERMINOLÓGICA Y CONCEPTUAL

La salud es uno de los grandes valores de nuestra sociedad y su promoción es actual- mente un claro objetivo de las autoridades de todos los países, especialmente de las de los más desarrollados, ya que disponen de más recursos para la promoción de la salud.

Al igual que la salud dejó de entenderse como un estado de ausencia de enfermedad, para ser considerado un estado de bienestar físico, psíquico y social, el actual concepto de promoción de la salud va mucho más allá de la mera lucha contra las enferme- dades y su prevención. No se trata solamente de evitar la aparición de determina- das enfermedades, tal como se venía ocupando la Medicina Preventiva, sino de pro- mover el mayor estado de salud posible y por tanto, no sólo de resistencia frente a las enfermedades, sino de bienestar en todos los ámbitos.

El límite entre la salud y la enfermedad es muchas veces impreciso y además actualmente, el binomio salud-enfermedadha sido sustituido por una dimensión con- tinuada en cuyos extremos se sitúan los conceptos demás saludy de menos salud.

Esto significa que en la promoción de la salud hay que avanzar mucho más allá de los remedios terapéuticos para promover un aumento de la salud buscando también la mejoría de aspectos sociales, emocionales, educacionales, etc., implicados en el nivel de salud de las personas.

Hoy sabemos perfectamente cómo la presión social, la familia y la cultura en la que se nace, la educación que se recibe, los valores en los que es educada cada per- sona y los que hace suyos, su estilo de vida, etc., van a influir de un modo decisivo en su salud, ya que éstos van a influir en su comportamiento cotidiano. Tal como ha insistido la O.M.S., la salud es una parte integral del desarrollo general y los facto- res que influyen en la salud son, por tanto, sociales, culturales y económicos, ade- más de biológicos y ambientales.

En lo que se refiere a la salud mental y al trastorno autista, las afirmaciones ante- riores tienen aún, si cabe, mayor validez. Hoy sabemos que el trastorno autista no es una psicosis y que las consecuencias del mismo varían extraordinariamente en función de su nivel de gravedad, que puede ser muy diferente, de modo que en los casos más leves es comparable a un mero trastorno caracterial.

La disponibilidad de servicios educativos y de apoyo permite, en los casos gra- ves, el aprendizaje de ciertas habilidades adaptativas que van a repercutir favora- blemente en numerosos aspectos de su salud. En las formas más leves, las habilida- des sociales y adaptativas adquiridas les van a permitir lograr un buen rendimien- to en actividades laborales normales, vivir de modo autónomo e independiente e incluso alcanzar una vida social relativamente rica y satisfactoria.

ALGUNAS RECOMENDACIONES DE TIPO GENÉRICO

La salud del adulto autista va a depender esencialmente, por tanto, del nivel de gravedad del trastorno y de lo medios empleados, no solamente en su tratamiento,

sino también en la promoción de su salud, lo cual requiere la promoción de una serie de medidas en todos los ámbitos siguientes:

a. Realización de revisiones médicas y neuropsiquiátricas periódicas para poder evaluar el estado de salud de los adultos autistas en los aspectos generales que competen a cualquier persona, pero teniendo en cuenta la mayor dificul- tad de las personas autistas para interpretar y advertir sobre síntomas que pueden alertar sobre problemas de salud física en cualquier área del organis- mo, por lo cual estas revisiones deben ser mucho más frecuentes que las nece- sarias para las personas no autistas.

a.- Además, hay que evaluar en estas revisiones las posibles complicaciones neu- ropsíquicas que pueden surgir como consecuencia del trastorno, que van desde la aparición de crisis convulsivas a trastornos depresivos, de ansiedad, obsesivo-compulsivos, por déficit de atención, etc.

b. Aunque no existe ningún fármaco específico para el tratamiento del trastorno autista, resulta necesario valorar la necesidad de aplicar tratamientos farma- cológicos para tratar posibles enfermedades somáticas o síntomas psicopato- lógicos asociados, supervisando su eficacia y nivel de adherencia al trata- miento, pudiendo ser necesario en algunos casos la asistencia de alguna per- sona que se responsabilice de la administración del mismo.

a.- Determinados neurolépticos como el haloperidol, así como determinados neurolépticos de los denominados atípicos o de nueva generación, pueden resultar de utilidad para controlar las conductas agresivas y perturbadoras, las estereotipias, las relaciones anómalas con los objetos y otros síntomas con- ductuales, y también para facilitar el aprendizaje, y reforzar los efectos de la psicoterapia.

a.- Algunos, como la risperidona, pueden ser útiles en los casos, bastante fre- cuentes, en los que existe un trastorno obsesivo-compulsivo asociado, así como algunos fármacos antidepresivos (ISRS como la fluoxetina, paroxetina, escitalopram, fluvoxamina, sertralina, etc.), los cuales también están indica- dos en los frecuentes casos en los que existe un trastorno depresivo asociado, o determinados trastornos de ansiedad.

a.- Los psicoestimulantes, como el metil-fenidato, también pueden ser de una gran utilidad en los casos en los que se asocia un trastorno por déficit de aten- ción. Los fármacos anticonvulsivos son necesarios en los frecuentes casos en los que existe una patología epiléptica asociada, pudiendo ser también de uti- lidad en el control de la impulsividad, agresividad y otros síntomas conduc- tuales.

c. Aplicación de la correspondiente terapia conductual dirigida a conseguir un mayor control de los síntomas autistas, a mejorar su asertividad y a incremen- tar las conductas encaminadas a la búsqueda de novedades y a la promoción de interacciones sociales. Los programas de conducta aplicados de forma constante y regular han demostrado ser muy eficaces para disminuir las con- ductas inadecuadas y para lograr importantes mejorías en el área cognitiva y del lenguaje.

EL AUTISMO EN PERSONAS ADULTAS: NUEVAS PERSPECTIVAS DE FUTURO

d. Educación de los adultos autistas en habilidades sociales, lo cual favorecerá una mejoría de sus habilidades adaptativas y a viceversa. En ambos casos se va a lograr una mayor integración social con mejor evolución del trastorno, aumento de la autonomía personal y de la autoestima del autista, lo cual favo- rece a su vez una mejoría de las habilidades sociales y adaptativas, cerrándo- se un beneficioso círculo terapéutico para su salud.

e. Formación profesional dirigida a que el autista pueda realizar el aprendizaje de conocimientos aplicados al ámbito laboral en función del nivel de grave- dad del trastorno, buscando siempre la utilidad del aprendizaje de conoci- mientos prácticos destinados al logro de objetivos laborales ambiciosos, aun- que realistas, ya que muchos adultos autistas pueden ser capaces de desarro- llar una vida laboral adecuada.

f. Apoyo personal para afrontar los principales sucesos de la vida, tanto en el ámbito más personal y afectivo, como en el legal, social y profesional.

Dependiendo del nivel de gravedad del trastorno, las personas autistas pue- den necesitar asesoramiento hasta para cuestiones que pueden parecer a los demás absolutamente sencillas y cotidianas.

g. Entrenamiento en el afrontamiento del ambiente, y en especial, de su estruc- tura programada y predecible. Las personas autistas requieren el mayor grado posible de estructuración y un programa diario que abarque todo el día, en los casos en los que esto sea posible.

h. Fomento de la interacción personal y de la comprensión de la naturaleza de los sentimientos. Esta labor suele exigir terapeutas con alta capacidad empá- tica y mucha paciencia, ya que los autistas, aunque dependiendo del nivel de gravedad, suelen progresar lentamente en su aprendizaje sobre la expresión, interpretación e intercambio de emociones y sentimientos, si bien con el tiem- po, muchos pueden llegar a establecer relaciones humanas de gran riqueza afectiva.

i. Educación del comportamiento sano en todos sus aspectos higiénicos, destina- dos a la promoción de una salud óptima y a la prevención de enfermedades.

La promoción de estos comportamientos saludables debe realizarse no de forma meramente informativa, sino con la implicación y participación práctica y directa de la persona con autismo en la reproducción de la conducta sana a aprender e incorporar a su repertorio habitual de comportamientos saludables.

j. Orientación a los padres dirigida a que éstos logren comprender mejor a sus hijos autistas y a suprimir los sentimientos injustificados de culpabilidad que a menudo suelen tener. Los padres deben contribuir a mejorar la autoestima de su hijo autista, pero sin convertirle en el centro emocional de sus vidas, tomando además plena conciencia de que necesitan cuidar de su propia salud para estar en condiciones de poder cuidar y apoyar a sus hijos autistas.

k. Orientación a los padres dirigida a que comprendan los objetivos terapéuticos y también a que comprendan y acepten que se trata de un tratamiento a largo plazo. En algunos casos se debe actuar sobre el pesimismo de los padres, ya que una visión optimista de los logros terapéuticos que se pueden alcanzar contribuye a que éstos se terminen alcanzando.

La formación pormenorizada de los padres sobre los conceptos y destrezas de modificación de conducta y la resolución de las abundantes dudas e interrogantes que suelen plantearse, suele provocar una progresión importante en las áreas lin- güística, cognitiva y social.

Para poner en marcha todas estas medidas destinadas a lograr una mejor salud de los adultos autistas resulta necesario un importante caudal de recursos, tanto profesionales como económicos, siendo necesaria la formación de personal especia- lizado en el cuidado y promoción de la salud de las personas que padecen esta enfermedad, aún bastante desconocida por nuestra sociedad.

LA PROMOCIÓN DE LA SALUD EN LOS TRASTORNOS DEL