La desregulación y liberalización financiera ha permitido elegir con mayor autonomía los lugares de destino para invertir los capitales que se reproducen a través del sistema financiero, creando una mayor competencia entre los lugares de destino. Frente a esta situación, argumenta De Mattos (2007), cada lugar trata de potenciar su capacidad para atraer los flujos de capital móviles. En este contexto, BCS, y en general el noroeste mexicano, compite mediante la promoción de proyectos turísticos integralmente planeados (PTIP) o "gated beach communities" entre los destinos mundiales de "resort living", aprovechando las ventajas competitivas que le ofrece su posición geográfica como vecina de los Estados Unidos y puerta de acceso al Golfo de California, conocido como el "acuario del mundo"18. En este proceso, a
18 De acuerdo a información ofrecida por la Secretaría de turismo en un informe de 2013, México ha perdido competitividad frente a otros destinos turísticos. De estar en la lista de los diez primeros lugares en el mundo
través de su turistización, se ordena el territorio y se construye una imagen de destino turístico para crear una oferta de acuerdo a la demanda inmobiliaria para conformar nuevas ciudades,
"enclaves del imaginario" de la ciudad de sol y playa con representaciones de exclusividad, privacidad y seguridad (Rodríguez González, 2009).
La turistización representa un modo específico de neoliberalización del territorio y sus recursos naturales. Es el proceso mediante el cual se construye la infraestructura turística, la imagen y el discurso acerca de la vocación turística del territorio, creando un modelo de desarrollo basado en el turismo. El concepto "turistización" es adoptado por Blázquez y Murray (2010) para explicar el proceso de transformación territorial de las islas españolas Baleares y su conversión como destino de turismo de sol y playa a un destino de urbanización turística. En BCS, copia fiel del producto español, inició este proceso con la apertura económica hacia las empresas transnacionales del turismo en 1970, integrándose con ello el territorio al mercado turístico internacional. El concepto "turístico-inmobiliario" hace referencia a la coexistencia entre un destino de inversiones inmobiliarias alentadas por la actividad turística, donde el suelo adquiere un valor agregado por sus cualidades naturales y ambientales. En el caso de BCS la turistización ha estructurado lo que Blázquez llama en el contexto del city marketing, "la arquitectura institucional del capitalismo" (et al., 2011: 7), lo que permitió crear un ambiente propicio para los negocios inmobiliarios ligados al turismo, estableciendo una relación Estado-finanzas que ordena el territorio, la fuerza de trabajo, las leyes, normas y discursos en función de las necesidades turísticas-inmobiliarias. La mercantilización, privatización y acumulación por desposesión, como procesos históricos, son acompañados por procesos sociales y políticos legitimados por el Estado.
Con el argumento que de que las inversiones extranjeras son una condición necesaria para atraer flujos de capital que dinamicen la economía, elevar los niveles de empleo y crecimiento, los gobiernos adoptan cierto modelo de competitividad territorial, de acuerdo a las ventajas
entre 2000 y 2009, ha quedado hoy fuera de la lista de los países más visitados. El Índice de Competitividad Global (Global Competitiveness Index), coloca a México en el lugar número 53 de una lista de 144 países. Entre los aspectos que han contribuido a debilitar la competitividad turística del país, se asocia "la falta de respuestas innovadoras de la oferta del sector respecto a las tendencias que muestran los productos turísticos y los diferentes segmentos, nacionales e internacionales, que participan en este mercado." (SECTUR, 2013)
que pueden ofrecer a estos capitales móviles (De Mattos, 2008; López y Rodríguez, 2010). El avance de la globalización en los años ochenta obliga a adoptar en todo el mudo estrategias de city marketing para crear atractivos en cada ciudad, bajo el supuesto que la llegada de turistas y demás visitantes globales impulsaría a través de actividades de comercio, servicios y de la construcción, encadenamientos productivos "que traerán aparejados aumentos de la actividad económica, del empleo y del ingreso, lo cual, por último, redundará en una mejor calidad de vida de los ciudadanos respectivos" (De Mattos, 2006: 58).
La turistización es una estrategia de competitividad que permite reestructurar el espacio físico de la zona costera y que convierte a las ciudades en un soporte publicitario para atraer capitales. En BCS este soporte publicitario, como se dijo, se basa especialmente en la comercialización de los paisajes, de la tranquilidad social, de las playas y del acceso al mar, que incentiva la creación de nuevos espacios urbanizados de sol y playa. Los centros de población de la zona costera se convierten en la periferia de soporte de estos enclaves turísticos residenciales que se erigen como extensas fortificaciones que dividen el mar y la tierra.
Para no dañar la movilidad potencial de las inversiones, los gobiernos municipal, estatal y federal, se ven obligados a asumir los costes en capital fijo, creando así "las condiciones para una dependencia a largo plazo de las políticas públicas con respecto de estos mismos capitales" (Rodríguez y López, 2010: 55). De acuerdo a Rodríguez y López se crean así alianzas sólidas y duraderas de relaciones clientelares entre la administración pública y los agentes del crecimiento urbano (constructores, promotores, banqueros, empresarios y, en gran medida, los sindicatos). Ejemplo de ello es el Plan de Acción elaborado en 2012 para el programa de Banco Interamericano de Desarrollo (BID) que incorpora a La ciudad de La Paz al Plan de Ciudades Emergentes y Sostenibles en América Latina (ICES)19. Programa que impulsa el BID para promover en ellas un desarrollo urbano y fiscal que facilite la apertura al mercado inmobiliario y el acceso a recursos federales para el desarrollo de infraestructura urbana necesaria (GeoAdaptative, 2012).
Para ello los gobiernos han adoptado una serie de medidas legales en materia de suelo, infraestructura, vivienda y medio ambiente para garantizar la reproducción ampliada de los
19 Las ciudades turísticas de Xalapa y Campeche fueron integradas en 2014 al mismo programa del BID.
ciclos inmobiliarios (Íbid: 57). Los gobiernos se convierten así en empresarios y publicistas para los inversionistas y sus proyectos, aunque eso signifique caer en el endeudamiento (Rodríguez y López, 2010).
Siguiendo la teoría social del espacio de Harvey, "si la renta de la tierra y el precio del suelo son las categorías teóricas mediante las cuales la economía política integra la geografía, el espacio y la relación con la naturaleza en la comprensión del capitalismo" (Harvey, 2010:
154), es fundamental analizar cómo el paisaje costero y las playas se incorporan como elemento y paisaje natural al desarrollo del negocio turístico-inmobiliario al conferirle un valor turístico al suelo.
A diferencia del espacio —estructural y dinámico—, el paisaje es algo fijo. Como expresa Milton Santos, es "la materialización de un instante de la sociedad" (1996: 69), "una generalización derivada de la observación de escenarios individuales" (Sauer, 2006: 6). Al igual que el espacio, es una construcción social y una expresión cultural que involucra la percepción parcial del territorio de acuerdo a la valoración que de él se haga, según su utilidad y uso como hábitat. Es por lo tanto un fragmento de espacio y como "la visión del hombre de las cosas materiales está siempre deformada", la tarea del geógrafo, de acuerdo a Santos, "es la de superar el paisaje como aspecto, para llegar a su significado" (Íbid: 65). Como herencia de muchos momentos pasados, el paisaje es el "resultado de sumas y restas sucesivas" (Idem), que muestra la acción antropogénica sobre la faz de la tierra. BCS ofrece al capital financiero paisajes naturales escasamente transformados por la acción del ser humano un recurso cada vez más escaso y demandado en el mundo urbanizado. El valor paisajístico de las playas — como espacio natural, social y cultural— y sus cualidades ambientales confieren un valor agregado a las extensas propiedades de la zona costera. Al ser un recurso no renovable, su transformación en espacio urbano significa su destrucción y pérdida.
La zona costera se concibe en el presente estudio como una amplia región en la que tienen lugar no sólo la interacción entre fenómenos físicos, geográficos, atmosféricos y biológicos, sino principalmente sociales, económicos y culturales relacionados con las funciones naturales y el uso humano de la franja costera. De acuerdo a la literatura consultada, la definición de zona costera no parece ser muy clara y muchas veces se limita a la porción de tierra donde
existe una marcada interacción entre el medio marino y el medio terrestre, es decir el litoral.
De acuerdo a la Comisión Intersectorial para el Manejos Sustentable de Mares y Costas en México:
La zona costera es el espacio geográfico de interacción mutua entre el medio marino, el medio terrestre y la atmósfera, comprendido por: a) una porción continental definida por 261 municipios costeros; 150 con frente de playa y 111 municipios interiores adyacentes a estos con influencia costera alta y media; b) una porción marina definida a partir de la plataforma continental delimitada por la isobata de los 200 m, y c) una porción insular representada por las islas nacionales (CIMARES, 2010: 16).
Esta definición, que toma en cuenta las actividades productivas relacionadas al uso de los litorales, fue adoptada en la LGEEPA en octubre 2014 y es la que más se acerca a lo que se comprende en el presente estudio como zona costera.
El turismo de playa es una de las actividades productivas que más aprovecha el litoral como espacio. Tiene su origen en el desarrollo de estaciones marítimas en la Inglaterra del siglo XIX, con fines recreativos y de salud. Su uso se extendió a las zonas del Mediterráneo español trayendo consigo la moda del bronceado y de las actividades acuáticas para quienes deseaban descansar del insalubre y frío ambiente urbano de la Europa Occidental del siglo XIX (Hazbun, 2009 y Beascoechea, 2002). Lugares de playa, considerados hasta entonces lugares inhóspitos, se volvieron accesibles y fueron ganado reconocimiento social por las propiedades curativas del ambiente marino-costero. Las estaciones marítimas de veraneo se convirtieron así en centros de baño que fueron urbanizados con proyectos urbanos que representaban la
"versión especializada de la ciudad burguesa, vinculada a los modelos de ensanche o suburbios jardín de calidad" (Beascoechea, 2002: 182). Una de las particularidades de esas urbanizaciones costeras han sido desde entonces las casas ajardinadas con vista al mar, con amplios espacios naturales y de uso común, equipamiento de lujo, balnearios y hoteles, que de acuerdo a Beascoechea, marcan la categoría social del tiempo de ocio. Ese patrón turístico se tradujo con el tiempo en los enclaves turísticos de sol y playa que se desarrollaron en los países del Sur a partir de la década de 1950 y con mayor intensidad en los años setenta.
Las playas son uno de los elementos más dinámicos del relieve terrestre y forman parte del concepto jurídico de la zona federal marítimo terrestre (ZFMT). Como zona de interfaz entre la tierra y el mar, son un espacio cultural y natural donde se establece el contacto entre el
entorno marino y terrestre (Preston, 2004). Como fronteras naturales, las playas son espacios donde puede descansar la mente y el cuerpo. Su uso es muy variado y eso lo hace ser un espacio deseable. En BCS son lugares de valor ambiental, recreativo, náutico deportivo, pesquero, comercial y turístico. Lugares que se integran al espacio urbano como espacios públicos de descanso y de recreación, lo que ha aumentado las presiones por su uso entre ciudadanos, pescadores, turistas y promotores turísticos e inmobiliarios20. Entre estos usos cabe destacar que la valoración social y cultural que se hace de las playas como espacios y paisajes naturales y culturales difiere entre los usuarios. Para los pescadores ribereños y los habitantes de los centros urbanos, son lugares de trabajado y de acceso al mar, con un fuerte valor natural y cultural como espacios públicos. En cualquiera de sus variantes, son espacios y paisajes naturales construidos socialmente, con una fuerte representación simbólica (Preston, 2004), que han generado en BCS su particular proceso de apropiación. Son lugares donde se crea, recrea y mantiene una importante forma de identidad colectiva y personal ligada al territorio. Donde se adquiere un sentido de orden social y se experimenta la ciudadanía.Como espacios y fronteras naturales en México las playas han sido usadas como un recurso de libre acceso y como lugares donde se ha considerado que no hay "nada". Como tales, son moldeados y transformados de acuerdo a intereses particulares.