Daniel Cassany
¿QUÉ ES ESCUCHAR?
Entre todas las habilidades lingüísticas escuchar es la que suele despertar menos interés en la vida cotidiana. Podemos afirmar elogiosamente de alguien que es tan buen orador, que escribe muy bien, o incluso que es un buen lector, pero decir de la misma manera que escucha Bien o que es un buen oyente, resulta, como mínimo, extraño. En cambio, son más corrientes las expresiones referidas a la falta de comprensión oral:
alguien que no sabe escuchar o quo tiene poco oído y demasiada lengua, etc.
Posiblemente, La imagen más popular de alguien que está escuchando es el auditorio silencioso do una conferencia, que presta atención a lo que se dice. Sin embargo, la comprensión oral no es, en la mayoría de ocasiones, una actividad pasiva a silenciosa, ni tampoco un parlamento formal es La situación más habitual. Penny Ur (1954) explica las características más relevantes del escuchar cotidiano, que son bastante reveladoras y tienen implicaciones didácticas decisivas:
• Escuchamos con un objetivo determinado (obtener información, recibir una respuesta, entender algo) y con expectativas concretas sobre lo que vamos a oír (tema, tipo de lenguaje, estilo, etc.).
Esta capacidad de predecir lo que vamos a oír nos prepara para el proceso do comprensión. Muy raramente escuchamos algo sin ninguna intención ni conocimiento previos; quizá solamente cuando ponemos la radio o cuando escuchamos inesperadamente parte de un diálogo por teléfono o la conversación de unos vecinos (e incluso en estos casos, gracias al conocimiento que tenemos sobre el tipo de programas que se emiten sobre los vecinos o sobre las conversaciones telefónicas podríamos prever bastantes cosas).
• En la mayoría de ocasiones en las que escuchamos podemos ver a quien habla.
Esta copresencia física permite el feedback inmediato, la ruptura del discurso y el aprovechamiento de las pistas contextuales. También nos brinda información no verbal.
• Mientras escuchamos, se nos exige constantemente que respondamos o que ofrezcamos feedback o retro alimentación a la persona que habla. Quien habla necesita saber si seguimos bien sus intervenciones o si es necesario que se detenga y repita alguna cosa. Nuestra respuesta puede ser verbal o, a menudo, no verbal (mirada, gestos, vocalizaciones:
mmmmmmmmmmmmmm,
sssssssssssssi, ah....). En la comunicación oral, el intercambio de papeles entre emisor y receptor es constante.
• Como consecuencia de estas respuestas continuas, pero también de los cambios de turno en la conversación, o del parlamento del orador (pausas, gestos. cambios de ritmo o entonación, etc), el discursos pronunciado se fracciona en fragmentos breves que se escuchan por separado. Es decir, no escuchamos una exposición de diez minutos, sino veinte o más fragmentos de treinta segundos.
• Además del discurso verbal, otros estímulos sensoriales (ruidos, olores, aspecto visual, tacto, etc.) nos dan información que utilizamos para interpretar el texto. En una exposición oral pueden existir esquemas o diagramas en la pizarra; en una conversación informal, códigos no verbales, objetos o apretones de manos.
• Finalmente, el tipo de lenguaje que se utiliza en la comunicación cotidiana es bastante diferente del escrito y del oral utilizando en contextos más formales (escuela, trabajo, conferencias, etc.).
Suele ser espontáneo (no preparado, con frases inacabadas, pausas. cambios de ritmo y de entonación, repeticiones, etc.), con un grado elevado de redundancia y también de ruido (cualquier aspecto que estorbe la comprensión: ruido ambiental, errores en la pronunciación del emisor, falta de atención del receptor, etc.).
En definitiva, escuchar es comprender el mensaje, y para hacerlo debernos poner en marcha un proceso cognitivo de construcción de significado y de interpretación de un discurso pronunciado oralmente. Desde una óptica pedagógica y atendiendo a los planteamientos de la Reforma, podemos distinguir los tres tipos de contenidos que intervienen en la habilidad:
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PROCEDIMIENTOS CONCEPTOS ACTITUDES
Reconocer TEXTO Cultura oral
Seleccionar Adecuación Yo, receptor Interpretar Coherencia Diálogos y
Conversación
Inferir Cohesión Parlamentos
Anticipar Gramática
Retener Presentación Estilística
Los procedimientos constituyen las diversas estrategias comunicativas que utilizamos para descifrar mensajes orales. Los conceptos son los mismos que los de las demás habilidades, es decir: el sistema de la lengua, Las reglas gramaticales y textuales que vinculan los discursos. Por último, la columna de las actitudes apunta los valores, las opiniones subyacentes y las normas de comportamiento que se relacionan con el acto de escuchar, Los conceptos se desarrollan en los apartados 7.2.
"Texto" y 75. "Fonética y ortografía” y los procedimientos en las páginas siguientes.
Respecto a las actitudes, merece la pena efectuar algunos comentarios en este mismo punto.
Tal coma se ha dicho anteriormente, el proceso de comprensión oral implica una respuesta constante. Este hecho es aun más acusado en textos como el diálogo o la conversación El que escucha no tiene un papal pasivo a silencioso, sino que sude ser muy activo: colabora en la conversación y ofrece un feedback. Da a entender al que habla, de una u otra forma, que sigue y comprende su discurso. Cualquier texto, cualquier proceso de comunicación, se construye necesariamente entre el emisor y el receptor;
ambos colaboran de forma activa en la elaboración del mensaje. ¿Es posible hacer entender algo a alguien que no muestra ningún interés en escuchar, en entender?
Para ayudar a comprender, el receptor utiliza un conjunto de estrategias que constituyen el perfil del buen receptor. Algunas de estas estrategias son:
Manifestar comprensión del discurso.
Decir: st.. si....,ya comprendo..., ya veo...
Animar al emisor a seguir hablando: ¿Y entonces? ¿Estas seguro? ¡No puede ser cierto!...
Anticipar el discurso: ¡Y seguro que después se marchó! Y se acaba aquí,
¿verdad?
Acompañar el discurso con un buen comportamiento no verbal: mirar a los ojos, asentir, sonreír...
André Conquet (1983), en una línea similar y en un libro destinado a la auto formación de adultos, propone un Decálogo del oyente perfecto, que recoge algunas de las ideas anteriores. Sus consejos pueden ser más útiles para las situaciones de comprensión más formales (conferencias, exposiciones, etc.):
DECÁLOGO DEL OYENTE PERFECTO 1. Adoptar una actitud activa. Tener
curiosidad.
2. Mirar al orador.
3. Ser objetivo. Escuchar la que dice una persona distinta de nosotros mismos
4. Conectar con la onda del orador manera de ver las cosas.
5. Descubrir en primer lugar la idea principal.
6. Descubrir también los objetivos y el propósito del orador
7. Valorar el mensaje escuchado.
8. Valorar la intervención del orador.
9. Reaccionar al mensaje.
10. Hablar cuando el orador haya terminado Globalmente, los dos documentos anteriores proponen una determinada actitud de escuchar. Requieren un papel activo y participativo; un respeto por el emisor y sus ideas, objetividad, etc Combaten los comportamientos más o menos extendidos de no dar importancia a esta habilidad y no concederle un espacio: sentir desinterés por lo que dicen los demás, estar motivado solamente por expresar las ideas propias, cortar las intervenciones de los demás etc. El fomento de actitudes de este tipo, incluso más allá del estricto hecho lingüístico, debe ser también uno de los objetivos prioritarios de la clase de lengua, además del desarrollo de las estrategias y de los conceptos mas conocidos.
Modelos y estrategias de comprensión La didáctica de las segundas lenguas es una de las disciplinas que más ha avanzado en el estudio de las estrategias y del proceso de
47 comprensión oral. En los últimos años se ha
multiplicado la bibliografía sobre el tema tanto desde la óptica de la teoría psicolingüística como desde la práctica didáctica en el aula. Y es que resulta imposible adquirir una nueva lengua o desarrollar el lenguaje hasta niveles avanzados si no se dispone de una buena capacidad de comprensión oral.
Varios autores (entre otros: Rivers y Temperley 1978, McDowell 1984, McDowell y Stevens 1982, y Rixon 1981) proponen modelos del proceso de comprensión, con pocas diferencias entre si, que son la base del siguiente esquema:
MODELO DE COMPRESIÓN ORAL
Para exponer como actúa este proceso y sus diversas estrategias utilizaremos un ejemplo corriente: una conversación en la calle.
Mientras recorremos el paseo del pueblo o de la ciudad, un amigo nos explica las incidencias de las últimas vacaciones.
El proceso empieza antes de que se inicie propiamente el discurso, con un importante conjunto de estrategias de precomprensión En primer lugar, ya nos hemos encontrado otras veces con esa persona y tenemos experiencia sobre como se desarrolla la comunicación:
sabemos de qué temas trata, como había (tono, estilo, lenguaje, ritmo, etc), el significado personal de determinadas expresiones, etc. Las características concretas
del encuentro determinan otros puntos: hace tiempo que no nos vemos, hace poco que han terminado las vacaciones, a ambos nos gusta viajar, etc. Y además, si querernos ver a esa persona es porque nos mueven unos objetivos determinados que dirigirán la conversación y nuestra comprensión: saber como está, cómo ha pasado las vacaciones, qué ha hecho, etc.
Tenemos esta información almacenada en la memoria a largo plazo y la actualizamos antes y durante el proceso de comprensión. (Tomo se trata de una información y una experiencia compartida entre el emisor y el receptor, constituye ana base sólida sobre la cual construimos la comprensión. Cuando no conocernos al interlocutor, no podemos prever tantos datos y la comunicación depende exclusivamente del discurso. Pensemos, por ejemplo, en la comunicación con personas de otras culturas con quienes compartimos una lengua franca de relación: aunque comprendamos las palabras, la ínter comprensión es más difícil porque no compartimos un mismo conocimiento del mundo.
Ya en plena conversación, el receptor despliega un abanico de estrategias:
• Reconocer. Identificamos como propios y conocidos una serie de elementos de la secuencia acústica sonidos, palabras, expresiones. Podemos discriminar los sonidos articulados que pronuncia nuestro amigo (su voz, los sonidos y las palabras de nuestra lengua) del resto de sonidos que captamos (coches, otras conversaciones, silbidos, etc.). También somos capaces d e segmentar el discurso en las unidades significativas (fonemas, morfemas, palabras, etc.) que lo componen.
• Seleccionar. Entre los diversos sonidos, palabras, expresiones e ideas reconocidos, escogemos los que nos parecen relevantes, según nuestros conocimientos gramaticales y nuestros intereses, y los agrupamos en unidades coherentes y significativas. Dejarnos a un lado los sonidos no distintivos, así como Las palabras y las ideas que no parecen aportar datos relevantes.
• Interpretar. Según nuestros conocimientos de gramática y del inundo en general atribuimos un sentido a la forma que hemos seleccionado anteriormente.
Imponemos una estructura sintáctica a cada palabra, y un valor comunicativo a cada oración.
-contextoTEXTO ORAL Situación de -propositos QUEcomunicación -temaSE PRONUNCIA
PROCESOS DE COMPRENSIÓN Reconocer anticipar
Seleccionar inferir
Interpretar retener
MEMORIA A CCORTO PLAZO
MEMORIA A LARGO PLAZO -Conocimientos de gramática:
morfoxintaxis, fonología, etc.
-Diccionario
Conocimiento del mundo.
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• Anticipar. Durante el discurso también anticipamos lo que el emisor puede ir diciendo (palabras, ideas, opiniones, etc.), del mismo modo que lo hacíamos durante la precomprensión. A partir de las entonaciones, de la estructura del discurso, del contenido, etc. podemos prever lo que seguirá.
• Inferir. Mientras escuchamos la cadena artística y la procesamos, también obtenemos información de otras fuentes no verbales: el contexto situacional y el hablante. Observamos los códigos no verbales que lo acompañan (gestos, cara, movimientos, vestido, etc.), su actitud (estado de ánimo, tono, etc) y también la situación (andando por la calle, parándonos. etc). Todos estos dates nos ayudan a comprender el significado global del discurso
• Retener. Determinados elementos del discurso, que el receptor considera importantes (lo que ya se ha interpretado, el sentido global, algún detalle, una palabra, etc.), se guardan durante unos segundos en la memoria a corto plazo para poderlos utilizar para interpretar otros fragmentos del discurso, y también para reinterpretarlos de nuevo. Con el discurso acabado, los datos más genera les y relevantes quedan almacenados en la memoria a largo plazo, que los podrá retener durante un periodo de tiempo considerable.
Para poder poner en práctica estas microhabilidades, son necesarios e ineludibles conocimientos más o menos globales sobre la gramática (fonología, morfosintaxis) y el léxico de la lengua, que nos permitan reconocer, segmentar e interpretar los enunciados lingüísticos. De hecho, cada individuo comprende el discurso oral según su dominio gramatical y su diccionario personal.
Si solamente conocemos el vocabulario básico, tendremos que estar muy atentos al discurso y aun así es muy posible que se nos escapen detalles o datos relevantes; por el contrario, con una buena base lingüística, podemos comprenderlo todo de una forma mas relajada.
También hay que recordar que estas microhabilidades no trabajan en un orden determinado, sino que interactúan entre si a un mismo tiempo, en diversos niveles del lenguaje (sonidos, palabras, frases, ideas, etc.) Por un lado, anticipamos e inferimos información semántica del discurso antes y durante la comprensión, pero también, y al
mismo tiempo, discriminamos los sonidos pronunciados y les asignamos un significado según nuestra gramática Ambos procesos interactúan y construyen progresivamente y entre si la comprensión oral.
Finalmente, merece la pena remarcar que este proceso de comprensión está íntimamente relacionado con otras capacidades cognoscitivas generales, como la atención y la memoria que incluso determinan su desarrollo. Esto resulta especialmente apreciable en los alumnos más pequeños, que tienen poco educada la atención y la capacidad retentiva y que, además, disponen de un limitado conocimiento del mundo. Por ejemplo, es fácil observar que los niños y las niñas a menudo refieren solamente una indicación, la primera, de un conjunto mayor, porque ya han dejado de sentir interés y ya no escuchan. De hecho, los niños sienten más interés por hacerse entender que por entender a los demás.
Microhabilidades
A partir del modelo y de las estrategias de comprensión anteriores, podemos clasificar las microhabilidades siguientes:
MICROHABILIDADES DE LA COMPRENSIÓN ORAL Reconocer
• Saber segmentar la cadena acústica en las unidades que la componen sonidos y palabras, el artículo y el nombre, verbo y pronombres, combinación de pronombres, etc.
• Reconocer los fonemas morfemas y palabras de la lengua.
• Discriminar las oposiciones fonológicas de la lengua: vocal tónica / vocal átona, cama/cana, paja/caja, vamos/manos, etc.
Seleccionar
• Distinguir las palabras relevantes de un discurso (nombres, verbos, frases clave, etc.) de las que no lo son (muletillas: o sea, eeeeh, repeticiones, redundancia, etc.).
• Saber agrupar los diversos elementos en unidades superiores y significativas: los sonidos en palabras, las palabras en sintagmas, los sintagmas en oraciones, Las oraciones en párrafos a apartados temáticos, etc.
49 Interpretar
• Comprender el contenido del discurso.
• Comprender la intención y el propósito comunicativo.
• Comprender el significado global, el mensaje.
• Comprender las ideas principales.
• Discriminar las informaciones relevantes de las irrelevantes.
• Comprender los detalles a las ideas secundarias.
• Relacionar las ideas importantes y los detalles (tesis y ejemplo, argumento y anécdota, etc.).
• Entender las presuposiciones, los sobreentendidos, lo que no se dice explícitamente: ambigüedades, dobles sentidos, elipsis.
Comprender la forma del discurso
• Comprender la estructura a la organización del discurso (sobre todo en los monólogos extensos: las diversas partes, los cambios de tema, etc.).
• Identificar las palabras que marcan la estructura del texto, que cambian de tema, que abren un nuevo tema y lo concluyen.
• Identificar la variante dialectal (geográfica, social, argot, etc.) y el registro (nivel de formalidad, grado de especificidad. etc.) del discurso.
• Captar el tono del discurso: agresividad, ironía, humor, sarcasmo, etc.
• Notar las características acústicas del discurso:
• La voz; vocalización, grave/agudo, actitud del emisor, etc. El discurso: ritmo, velocidad, pausas, entonación, etc.
Anticipar
• Saber activar toda la información que tenemos sobre una persona o un tema para preparar la comprensión de un discurso.
• Saber prever el tema, el lenguaje (palabras, expresiones, etc.) y el estilo del discurso.
• Saber anticipar lo que se va a decir a partir de lo que ya se ha dicho.
Inferir
• Saber inferir datos del emisor: edad sexo carácter actitud, procedencia socio-cultural propósitos, etc.
• Saber extraer información del con texto comunicativo: situación (calle, casa, despacha, aula, etc.), papel del emisor y del receptor, tipo de comunicación, etc.
• Saber interpretar los códigos no verbales:
mirada, gesticulación, movimientos, etc.
Retener
• Recordar palabras, frases e ideas durante unos segundos pan poder interpretarlas más adelante.
• Retener en la memoria a largo plazo aspectos de un discurso; Las informaciones más relevantes: tema y datos básicos; La situación y el propósito comunicativo; La estructura del discurso;
Algunas palabras especiales (raras, nuevas, relevantes).
• Utilizar los diversos tipos de memoria (visual, auditiva. olfativa, etc.) para retener información.
Estas microhabilidades tienen una incidencia variada según la edad y el nivel de los alumnos. Los más pequeños necesitan trabajar los aspectos más globales de la comprensión (tema e ideas básicas), de la atención y de la retención que son transcendentales para su desarrollo cognitivo.
En cambio, los mayores ya pueden trabajar las microhabilidades más refinadas:
comprender la forma y los detalles del texto o inferir datos de la situación.
Didáctica
En general, alumnos y maestros no solemos tener en cuenta la habilidad de escuchar en la clase de lengua Seguramente no discutimos su importancia, pero en la práctica no le dedicamos una atención especial. Se supone que los alumnos ya saben escuchar y que vale más que apliquemos nuestros esfuerzos en otras direcciones: lectura, escritura, gramática etc. Cuando los niños y las niñas llegan al parvulario ya entienden Las cosas más elementales y, progresivamente, durante su escolarización desarrollarán esta habilidad de forma natural, paralelamente a su crecimiento y sin necesidad de un tratamiento didáctico específico. Los alumnos nos aprenden a escuchar de la misma manera que aprenden
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todas aquellas cosas que los maestros no nos proponemos enseñar formalmente.
Varios hechos con tribuyen a fomentar esta situación: la literatura sobre didáctica ha empezado a tratar este tema muy recientemente, hay pocos materiales para trabajar en clase, resulta difícil evaluar la comprensión puesto que se trata de un proceso no observable externamente (a diferencia de la expresión oral o escrita), etc.
No obstante, resulta bastante habitual tener que repetir las instrucciones de un ejercicio más de cuatro y cinco veces para conseguir que se comprendan, que un chico no pueda resolver un problema de cálculo porque no comprende la formación oral, o que una chica tenga dificultades para seguir las explicaciones sobre el contenido de una asignatura. Y no hablemos ya de niveles de comprensión más refinados, como el captar la ironía, el sarcasmo, las ambigüedades o los dobles sentidos de un discurso, que se escapan a la mayoría de alumnos incluso en los niveles más avanzados. Es a partir de estos detalles que los maestros nos reafirmamos en el convencimiento de que los alumnos tienen carencias importantes de comprensión que incluso les impiden desarrollarse en otras materias.
De hecho, los alumnos dedican mucho tiempo a escuchar en la escuela, básicamente durante las exposiciones magistrales de los maestros. Colomer y Camps (1991) citan estudios según los cuales los profesores tendemos a hablar durante un 70% del tiempo, en las clases más tradicionales, y que a menudo estos parlamentos sirven para explicar los escritos del libro de texto. Y no hay que olvidar los porcentajes de uso de cada habilidad (apartado “Frecuencia de usa e importancia”, pág. 96), que revelaban que pasamos la mayor parte del día, ya sea en la escuela o fuera de ella, escuchando.
Todo esto nos lleva a darnos cuenta de la gran paradoja que representa la comprensión oral en la escuela. Es una de las habilidades que los alumnos practican más a menudo, es uno de los procedimientos instrumentales más relevantes para conseguir otros aprendizajes, pero no se trabaja de forma específica y decidida. Los alumnos no adelantan en Naturales a Sociales porque no saben comprender, pero en el área de Lengua no trabajan estas carencias.
Por otra parte, cuando nos decidimos a preparar actividades de comprensión lo primero que se nos ocurre es hacer un dictad o leer una historia en voz alta o pedir a los
alumnos que tomen notas en una exposición conferencia de carácter formal, además de hacer un eventual pase de video o de preparar una representación teatral. En este tipo de ejercicios el alumno tiene una actitud pasiva e inhibida. No tiene objetivos de comprensión ni expectativas sobre el texto. Se le pide que esté en silencio durante bastante rato, y solamente al final se le harán preguntas tópicas de comprobación de la comprensión.
Este tipo de prácticas globales ayuda indudablemente a desarrollar la comprensión, pero difieren bastante de las características del proceso de comprensión oral expuestas anteriormente. Utilizan exclusivamente un lenguaje formal, con un importante apoyo escrito, no existe feedback durante el discurso, y el alumno se enfrenta a estas prácticas sin poder usar las estrategias de anticipación o inferencia; no se le ha planteado ningún objetivo ni ninguna expectativa de comprensión, y, por lo tanto, tampoco estará motivado para interpretar retener y almacenar información.
El alumno acaba desarrollando su capacidad de comprensión oral de una manera demasiado espontánea y descontrolada. Por el contrario, los ejercicios de comprensión oral deben ser específicos y calculados, preparados para practicar las estrategias variadas del proceso y para incidir en los aspectos que resulten más difíciles para el alumno.
Consideraciones generales
En primer lugar, el alumno necesita mucha práctica para desarrollar la habilidad de escuchar. Los ejercicios deberían ser frecuentes, breves e intensivos. Son más útiles las actividades cortas, variadas y activas (juegos. dictados breves, diálogos, etc.) de solo minutos como máxima, que las largas y aburridas exposiciones para tomar apuntes (sin que esto quiera decir que no puedan hacerse de vez en cuando y de forma preparada). Estas prácticas se pueden combinar con el trabajo de las demás habilidades y del sistema de la lengua. Antes de estudiar un punto de gramática se puede escuchar un texto que ejemplifique dicho aspecto, o se puede analizar una exposición antes de practicarla.
Otro aspecto importante es que resulta necesario porter énfasis en la comprensión y no en el resultado del ejercicio. No es tan importante que los alumnos resuelvan correctamente una tarea como que se den cuenta de sus errores y los corrijan. El