una pensión y por recomendación de su maestro Talucchi viajó a Roma para proseguir con sus estudios de arquitectura. Una vez allí, empezó a trabajar para la nueva edición de Itinerario de Mariano Vasi (Roma, 1744-1820) y de esta manera colaboró activamente también con Anto- nio Nibby (Amatrice, 1792-Roma, 1839), editor del trabajo de Vasi. Su primera aproximación a la Accademia di San Luca fue mediante su obra Anfiteatro Flavio, descritto, misurato e restaurato que gozó del interés de los académicos en 1822. Fue entonces cuando Canina empezó a traba- jar con Giuseppe Valadier quien en aquel momento se ocupaba de la restauración del Coliseo, lo que podría haber influido en su manera de concebir la arquitectura. También mantuvo una estrecha relación con la familia Borghese. Ésta había adquirido algo antes de 1822 una parte del terreno que se extendía hacia la Valle Giulia y la Flaminia y comisionó a Canina para que embelleciese la zona y decorase el interior de su casa en 1828 inspirándose en la villa Adriana de Tívoli.
Además de las obras que realizó, muchas de ellas para los Borghese quienes fueron sus principales comitentes, Canina manifestó un pro- fundo interés por la arqueología clásica, tanto griega como romana,
Luigi Canina, Propileos delante de la Villa Borghese, 1827, Roma
que cristalizó en diversas publicaciones de las que cabría destacar Architettura antica. Para la realización de la misma se fundamentó en el importante número de textos precedentes sobre los edificios grecorromanos de Sicilia, Asia Menor y Grecia. Incluso, podemos con- siderarlo un historiador que siguió el camino trazado por Winckelmann y por Jean Baptiste Seroux d’Agincourt (Beauveais, 1730-Roma, 1814). Es posible que hubiese sido él quien estableció algunas de las pautas e indicacio- nes para que Jareño estudiase la arquitectura pompeyana o incluso para que se aproximase a los edificios clásicos de Sicilia.
Ya hemos hablado de la proximidad de Ca- nina a la Accademia di San Luca, de la que era académico de mérito desde 1833, pero tam- bién fue miembro de la Accademia dei Vir- tuosi al Panteón y comisario de antigüedades a partir de la muerte de Antonio Nibby en 1839. En este ámbito consi- guió importantes éxitos como el hallazgo del Apoxymenos de Lisipo que restauró Pietro Tenerani (Torano, Carrara, 1789-Roma, 1869), dirigió las excavaciones de la vía Appia en el área de la tumba de Cecilia Metella, en 1852 excavó Veio y en 1855 fue nombrado director de los Musei Ca- pitolini.
Canina tenía una importante y frecuente relación con España, espe- cialmente con la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, así como con el tutor de los pensionados en Roma, Antonio Solà. De hecho, tal y como se informa en la junta general de la institución madrileña de diciembre de 1853, Canina, por petición de San Fernando, fue quien gestionó la realización de una serie de yesos de esculturas y fragmentos arquitectónicos, posiblemente clásicos, aunque esto no se precisa, que habrían de servir para la formación de los estudiantes108. No sería ex- traño que tras este encargo se encontrasen Jareño y De la Gándara que acababan de concluir su formación en Italia y se hallaban ya de vuelta en España. La información relativa a la comisión de los yesos se reitera con mayor concreción en una sesión particular de la academia madrileña
108 ARABASF, 3-91, junta general, 4 de diciembre de 1853.
en la que se señala que el italiano había mandado, tanto a San Fernan- do como a la Escuela Especial de Arquitectura, «vaciados de yeso de Grecia». Más tarde, la documentación académica retoma el tema de las piezas enviadas por Canina hablando de manera más explícita de una de ellas, concretamente de un frontón que109, por la manera en que se indica en esta fuente, parecía tener un gran interés y que, a diferencia del resto de las piezas, no se compró sino que fue un regalo del Estado Pon- tificio110. Dichas piezas viajaron a Madrid desde el puerto de Barcelona según se recoge en la sesión de San Fernando de 4 de febrero de 1854 y de nuevo en la del 9 de ese mismo mes111. En junio de 1854 ya estaban en la capital española en donde fueron recibidas con enorme satisfacción, especialmente el frontón112:
(...) e igualmente al Sr. Caballero Canina por el celo e interés que había manifestado á la adquisición de objetos artísticos que había proporcionado á este Real Cuerpo a precios ventajosos y que como muestra de aprecio a dicho Sr se invitase por la Academia a las demás del Reyno para que com- prasen sus obras á algunos de ellos que habían sido remitidas por dicho Sr. indicándoles el lugar y la persona o personas en cuyo poder estuviera depositadas al efecto.
Las fuentes de las que nos hemos hecho eco dejan claro que Canina realizaba este tipo de yesos de obras importantes como una labor profe- sional de la que obtenía un beneficio económico. En cualquier caso, San Fernando estaba tan satisfecha de las piezas que les había mandado que invitaban al resto de las académicas del país a que adquiriesen calcos al italiano.
Todos estos datos concernientes a la realización de calcos de piezas griegas por parte de Canina presentan importantes vínculos con la in- formación que analizaremos rigurosamente cuando abordemos el viaje de Jareño a Sicilia, durante el que el albacetense mandó piezas de algunos templos clásicos sicilianos, en este caso fragmentos originales y no cal- cos, a la Escuela Especial de Arquitectura. Estas informaciones nos dan licencia para pensar que la Escuela Especial había comenzado a conside- rar una prioridad el estudio del arte griego.
109 ARABASF, 3-128, actas de sesiones particulares y de gobierno, 4 de diciembre de 1853.
110 ARABASF, 3-128, actas de sesiones particulares y de gobierno, 11 de junio de 1854.
111 ARABASF, 3-128, actas de sesiones particulares y de gobierno, 7 de mayo de 1854.
112 ARABASF, 3-128, actas de sesiones particulares y de gobierno, 11 de junio de 1854.
4.3 Principales arquitectos de Roma en los años centrales del siglo