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El maltrato animal a perros como una cultura de violencia

Capítulo 2. El maltrato animal como promotor de violencia Interpersonal

2.2 El maltrato animal a perros como una cultura de violencia

de diversos tipos- en relación con el contexto y los procesos históricamente específicos y estructurados socialmente, por medio de los cuales, se producen, transmiten y reciben tales formas simbólicas.

En resumen, la cultura no es inmóvil, sino un proceso de re- significaciones, de transformaciones sociales, en donde la sociedad es un engranaje fundamental en las edificaciones y significaciones constantes de la vida del individuo. Es por ello que la cultura tiene un papel preponderante a la hora de las formaciones sociales y estructurales de las personas.

En este sentido la cultura debe su existencia a las condiciones sociales de las que es producto, y su inteligibilidad a la coherencia y a las funciones de la estructura de significantes que la constituyen.

Es importante señalar cómo la cultura se transforma en la violencia simbólica de la que habla Pierre Bourdieu (2000) y sobre todo en el maltrato a perros, ya que no es menos importante, real y efectiva, que una violencia activa; es decir, no se trata solo de una violencia espiritual, sino que también posee un efecto real sobre la persona que ejerce la violencia sobre el otro.

La violencia simbólica puede tomar formas muy diversas e incluso extraordinariamente refinadas y, por tanto, difícilmente aprehensibles, pero tiene siempre un efecto de desvalorización y empobrecimiento de toda otra forma cultural y la sumisión de sus portadores. Por lo tanto, la violencia simbólica logra imponer significados y justificarlos como legítimos, disimulando que las relaciones de fuerza son específicamente simbólicas.

Para abordar el tema del maltrato animal a perros como un mecanismo normalizador de violencia, es de gran importancia mencionar el concepto de habitus desarrollado por Pierre Bourdieu, ya que expresa de manera muy clara cómo a través de determinados comportamientos se naturalizan ciertos actos, por ejemplo la violencia: “El habitus es el proceso a través del cual se desarrolla la reproducción cultural y la naturalización de determinados comportamientos y valores”.

Lo dicho anteriormente se ve reflejado dentro del maltrato animal a perros, en donde el habitus juega un papel importante, ya que al normalizarse e interiorizarse la violencia es cuando se dan las relaciones de poder entre el hombre y el animal.

El habitus es producido por la interiorización de los principios de una arbitrariedad cultural capaz de perpetuarse después de que se haya finalizado la autoridad académica. Sin embargo, para esta investigación solo se utiliza lo dicho anteriormente como concepto, debido a la semejanza que tiene con el autor Erving Goffman (2009) con sus ideas sobre la forma en que interactúan los individuos en su entorno social.

La información acerca del individuo ayuda a definir la situación, permitiendo a los otros saber de antemano lo que él espera de ellos y lo que ellos pueden esperar de él; es decir, al interactuar o tener contacto con otra persona se obtiene un “escaneo”

rápido en su forma de vestir, de hablar y de comportarse que puede brindar cierta información sobre él.

Por ejemplo, en ocasiones se puede identificar a un maltratador de animales por su forma de actuar, por no respetar normas de protección animal y del entorno donde se desenvuelven no traen a sus mascotas con correas, permiten que sus perros

agredan a otros animales, insultan si las demás personas dicen algo por su comportamiento, no levantan las heces de su mascota y se apoderan del espacio público.

En este sentido, como menciona Goffman (2009), “los observadores pueden recoger indicios de su conducta y aspecto que les permitirán aplicar su experiencia previa con individuos aproximadamente similares al que tienen delante o, lo que es más importante, aplicarle estereotipos que aún no han sido probados”.

Por otra parte, el individuo transmite intencionalmente información errónea por medio de ambos tipos de comunicación: el primero involucra engaño, el segundo, fingimiento. En otras palabras, las actitudes, creencias y emociones “verdaderas” o

“reales”, del individuo pueden ser descubiertas sólo de manera indirecta, a través de sus confesiones o de lo que parece ser conducta expresiva e involuntaria; en el caso de los maltratadores de animales tienden a mostrar una fachada ante las personas gentiles, que adoran a sus mascotas y les dan buen trato, pero al interactuar con ellos se puede percibir a través de sus movimientos corporales y su forma de expresarse que son totalmente distintos, es cuando él que lo observa se da cuenta que su comportamiento es falso y crea un perfil de desconfianza.

2.2.1 EL ANIMAL COMO HUMANO

Todos los hombres son dioses para su perro. Por eso hay gente que ama a sus perros más que a los hombres”.

Aldous Huxley

Como se afirmó arriba podemos ver que en el presente el ser humano le ha otorgado al perro un lugar muy especial dentro de su núcleo familiar; es decir, se le ha dado el rango de un “miembro más de la familia”; en estos casos se le asigna una serie de

cualidades humanas, por ejemplo vestirlos, llamarlos con términos como “bebé”,

“hijo”, “corazón”, “mi niño”, por mencionar algunos, y consentirlos como si se tratase de un ser humano.

El especialista Alberto Tejeda explica:

[...] en esta época existe una figura que en mis tiempos no existía “los perrijos”; este término lo utilizamos porque en el presente algunas personas le han dado un valor diferente al perro, creen que el perro es capaz de mostrar sentimientos, pensar y actuar por sí mismo como los humanos, y es por ello que empleamos la etología, para determinar lo que creemos que el animal está pensando y por qué tiene ciertas conducta (Alberto Tejeda, comunicación personal, 13 de Octubre de 2015).

Por otra parte, al tener un perro como compañía pueden surgir ciertos factores que repercuten en su desarrollo emocional y de conducta, por ejemplo el no dejar que cumplan con algunos esquemas de acción propios de su especie y el no brindarles la atención que requieren.

Desde el punto de vista del médico veterinario Alberto Tejeda “el tener un perro es casi la misma responsabilidad que tener un hijo”, esto significa no solo darle de comer, un lugar adecuado o llevarlo al veterinario, sino brindarle afecto, atención, instrucción y juego, ya que es un animal que en la vida diaria requiere de la presencia de los humanos para tener una estabilidad mental y emocional.

Un ejemplo de lo mencionado en este apartado es el caso de la señora Graciela Badillo, de 65 años, habitante de la colonia Gabriel Hernández; ella tiene un perro llamado “Rupert”; lo lleva consigo a todas partes donde va, le gusta mimarlo, besarlo, hacerle cariños, decirle “mi bebé” y dormir con él; incluso, cuando se porta mal, lo reprende como si fuera un niño. Según testimonio:

Para mí no es un perro, Rupert es mi hijo y no permito que nadie lo agreda y mucho menos que le agarren sus pertenencias. Te podría decir en pocas palabras que si le pasa algo me ando muriendo.

De modo que el perro, para la mayoría de las personas, se ha convertido en alguien importante dentro de sus vidas, con el cual pueden llegar a realizar muchas actividades propias de los seres humanos, incluso existen personas que quieren de una forma excesiva a sus mascotas, tienden hacer de lado sus relaciones sociales, por no dejar al perro mucho tiempo en casa.

El perro, en estos tiempos, ha llegado a representar amor, ternura, fidelidad, amistad, felicidad, protección, empatía y compañía, por lo cual debe ser cuidado, amado y protegido. Hoy en día el perro se ha transformado en el animal elegido por excelencia; por ello es importante entender que no es un juguete para regalarse a niños, se debe tomar una decisión responsable a la hora de adquirirlo y, sobre todo, se debe contar con las condiciones económicas, de espacio y tiempo adecuadas para satisfacer sus necesidades biológicas y emocionales, además de que la mejor opción en estos tiempos es adoptar a los animales que ya han sido abandonados a las calles por amos irresponsables y brindarles de nuevo un hogar.

2.3 EL MALTRATO ANIMAL A PERROS COMO POSIBLE PROMOTOR DE