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Teorías cognitivas de las emociones

TEC 3) Los estados cognitivos son valoraciones, tanto conscientes como inconscientes

3.6. Objeciones a las teorías mentalistas

A lo largo del capítulo mencioné algunos de los problemas que tienen las teorías cognitivas. A continuación, presentaré un breve repaso de ellas.

Lo primero que hay que destacar es que como cualquier espacio teórico en el que convergen diversas teorías, las objeciones suelen ser más bien específicas o ‘autor- dependiente’. Y, sin embargo, las críticas que por ejemplo reciben Solomon o Lyons suelen aparecer como críticas al enfoque cognitivo en general, a pesar de que el enfoque no se identifique plenamente con el de ninguno de estos autores en particular. En segundo lugar, cabe señalar que muchas de las críticas típicas al enfoque cognitivo son las que han motivado ulteriores elaboraciones teóricas, o el perfeccionamiento de algunas ideas, como sucede con tantos otros casos de progreso científico-conceptual. Pasemos entonces a las objeciones.

3.6.1. Emociones descarnadas, un oxímoron.

Esta objeción es exclusiva de las teorías cognitivas puras, que asumen que hay emociones sin cambios corporales. Insistí en que esta tesis no es ubicua en la perspectiva cognitiva, sin embargo, en mayor o menor medida, se encuentra presente en el espíritu del enfoque, en tanto hace énfasis en el rol mediador del estado cognitivo (sea valorativo, judicativo, con contenido proposicional, etc.) y otorga poca relevancia al cuerpo (aun cuando no defienda de modo explícito que hay emociones puramente cognitivas, el foco está puesto en la mente y no en el cuerpo). La crítica no puede ser mejor presentada que a través de las palabras de James:

Si imaginamos una fuerte emoción, y luego tratamos de abstraer de nuestra conciencia de ella todos los sentires de sus síntomas corporales característicos, hallaremos que no nos quedó nada, ninguna «substancia mental» de la cual pueda ser constituida la emoción; todo lo que nos queda es un estado frío y neutro de percepción intelectual (James, 1884, p. 193).

Y se resumen en el núcleo de su propia teoría: “sin los cambios corporales que siguen a la percepción [del objeto], la última sería puramente cognitiva en forma, pálida, sosa, desprovista de la calidez emocional” (James, 1884, p. 190).

- 126 - 3.6.2. Sofisticación del componente cognitivo

He presentado diversas versiones de la perspectiva cognitiva, y entre sus diferencias se destacan los compromisos que asumen los autores (diferencias que reflejé en las diversas versiones de la tesis del elemento cognitivo: TEC 1, TEC2 y TEC3). Algunas de estas versiones asumen un grado alto de complejidad del componente cognitivo, por ejemplo, equiparándolo a creencias. Este punto es blanco de críticas debido a su alta exigencia para el sujeto, y en este sentido es una objeción que hace mella en especial en teorías como la de Solomon: si tener miedo es juzgar que algo es peligroso, tener una emoción o estar en un estado emocional estaría requiriendo un nivel de consciencia (proposicional) por parte del sujeto emocionado, un tanto elevado.

3.6.3. Delimitación del ámbito de aplicación

Esta crítica es subsidiaria de la anterior. El punto principal es que, de mantener una versión sofisticada del componente cognitivo, muchos sujetos deseables de ser alcanzados por la teoría resultarían excluidos de su ámbito de aplicación. En otras palabras, sostener que para tener miedo necesito tener la creencia (en sentido ocurrente) de que hay peligro (actitud proposicional con contenido semánticamente evaluable), excluye directamente la posibilidad de que animales no lingüísticos, así como también niños pre lingüísticos, tengan emociones. Y esto último, como mínimo, es un problema a atender. Una vía posible de resolución sugiere que existen proto-emociones, que no están atravesadas por (no dependen de) un componente cognitivo, y de las que sí son capaces los animales no humanos y los bebes humanos.

3.6.4. La impenetrabilidad cognitiva de las emociones

En términos de Goldie (2000) un sistema es cognitivamente penetrable si puede ser afectado por las creencias del sujeto. Para el caso de las emociones, desde el punto de vista de un teórico cognitivo, hemos visto que algún tipo de componente cognitivo es esencial para que ocurra una emoción en sentido pleno (ya sea como causa externa o como parte esencial). Ya sea que se tome al elemento cognitivo como condición necesaria o suficiente, lo que está claro es que, en caso de modificarse el elemento cognitivo (la creencia, por ejemplo), consecuentemente sufrirá alteraciones la emoción también. Análogamente, se espera que, en

- 127 - caso de operar una modificación en la emoción, exista un cambio sobre el cual repose el cambio emocional (por ejemplo, una revaloración de la situación, un cambio en las creencias del sujeto, etc.). Sin embargo, es un hecho indiscutido que muchas veces, muy a pesar de nuestras creencias, algunas emociones son persistentes. O, dicho de otro modo, es muy frecuente tener emociones que son contrarias a nuestras creencias (otra de las pruebas de la irracionalidad de nuestra vida emocional). Por ejemplo, teniendo plena conciencia de la inofensividad de las abejas, tan pronto una aparece, el terror me sobrecoge. Ni siquiera las múltiples experiencias que he tenido con abejas que no me hacen daño han podido quebrar el vínculo entre ‘abeja’ y ‘terror’ para mí. En el mismo sentido Jenefer Robinson se refiere a la

‘inercia emocional’ (Robinson, 1995, p. 68) para señalar cómo los juicios desapasionados que pueda tener acerca de las arañas no consiguen evitar su respuesta temerosa (su miedo) a las mismas. Esta situación se verá explicada en el próximo capítulo, cuando presentemos las dos vías del procesamiento emocional (LeDoux, 1989, 1994b, 1996). Pero aquí alcanza con notar que las emociones, lejos de estar atravesadas necesariamente por elementos cognitivos, pueden ser cognitivamente impenetrables y que esto obedecería a que el sistema que evalúa o computa el significado de los estímulos es anterior e independiente de la conciencia, razón por la cual el pensamiento racional tiene poca influencia sobre los miedos (Öhman, 1999).

3.6.5. Evidencia fenomenológica (nuestra experiencia emocional)

Esta objeción apunta a mostrar que la manera en la que habitualmente nos emocionamos no es como dicen las teorías cognitivas. El abordaje cognitivista, ya sea en sus versiones causalista o consititutivo [TM1 o TM2], como en cualquier de sus tesis acerca de la naturaleza de los estados cognitivos [TEC1, TEC2 o TEC3] no refleja como de hecho nos sentimos cuando estamos emocionados. Más bien, parece haber evidencia que muestra que las emociones pueden aparecer en ausencia de valoraciones u otros procesos cognitivos, es decir, no son su condición necesaria (Zajonc, 1980, 1984; Izard, 1984, Frijda, 1993, Robinson 1995, entre otros). Asimismo, es posible juzgar o valorar algo como peligroso, sin por ello tener miedo (esto es, contra la idea de que el componente valorativo sea condición suficiente (por ejemplo, Robinson, 1995, 2005).

- 128 - 3.6.6. Una crítica externa: la (a)modalidad de la cognición

Todas y cada una de las ‘implementaciones’ de las tesis cognitivistas, si bien plantean distintos matices, tal como puntualicé en la sección anterior, mantienen un fuerte apego por la posición cognitivista clásica. Así, asumen entre otras cosas que “la cognición es el relleno intracraneal amodal que media entre los inputs y outputs de las partes del cuerpo extracraneales y el entorno extracorporal” (Stephan, Walter, & Wilutzky, 2014, p. 65). La tarea específica de la cognición, en tanto función propia de la mente, es la manipulación sintáctica y la transformación de estructuras representacionales.

Este modo de concebir a la cognición, hegemónica desde la década del 60 con la revolución de las ciencias cognitivas, actualmente se ha puesto en tela de juicio.75

Profundizaré sobre los modos de cuestionar el modo estándar de las ciencias cognitivas ortodoxas en el capítulo 5. Aquí resulta suficiente lo antedicho para mostrar que otro flanco posible de ataque proviene del campo de las teorías heterodoxas o post-cognitivistas de la cognición.

Sin embargo, para concluir este capítulo, quiero subrayar la exquisita ‘coincidencia’ que mantienen los muy controvertidos Solomon y Noë, cada uno de ellos refiriéndose a su objeto de estudio, las emociones y la percepción: “… no es algo que nos sucede a nosotros o en nosotros” (Noë, 2004, p. 1). La motivación de ambos es la misma, remarcar el rol activo de sujeto en el fenómeno (emocional y perceptual, respectivamente): “… es algo que hacemos”.

El modo de Solomon es a una suerte de agencialidad prestada o relativa, en tanto depende del juicio, y así de la cognición. Para Noë el desafío es mayor, no hay abismo que sortear, la percepción en un sentido importante ya es actividad cognitiva. La agencialidad de la percepción vendrá de la mano de la invitación a una reconceptualización de la cognición.

75 Compárense, por ejemplo, los abordajes desde el cognitivismo de Marr (1982) y de la perspectiva corporizada de Noë (2004). Burdman (2016) ofrece una excelente reconstrucción de la cuestión.

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Capítulo 4.