D E A S T R O N O M Í A .
L a Astronomía es la ciencia de los astros 6 cuer- pos celestes , y su objeto en este sentido general hacer un exacto reconocimiento de los astros , dis*
tinguiendo los que están fixos ó inmóviles de los que son errantes : señalar las posiciones de los pri- meros , y trazar circunstanciadamente el curso de los otros en el Cielo : conocer los fenómenos que resultan de las combinaciones de los diversos movi-' mientes de los últimos : y considerar particular-"
mente cada astro , hasta observar SUR apariencias, ft*
gura , magnitud j y densidad.
Esta ciencia inmensa , que abraza todo lo que corresponde á la naturaleza de los cuerpos celestes,
hasta donde puede penetrar nuestra inteligencia , se funda en la observación , que consiste en la deter^
minacion del punto del Cielo en que oc h;\lla un as- tro al momento de observarlo. De las observacio- nes se- sacan resultados , que son las verdades ó co**
nocimientos cuya colección forma una parte piinci-
roa. i . O pa^
I o 6 T R A T A D O pal de la Astronomía. Y estos mismos princípios sirven para examinar los enlaces y recorrer la serie
de los efectos , hasta referirlos á un efecto general ley simple ó causa única. Los sistemas también se
elevan sobre el mismo fundamento ; y así estas hi- pótesis , en que ordinariamente se llega á la verdad por un camino sembrado de ficciones , dependen tanto del espíritu de invención , coma de la preci- sion de las observaciones, y legitimidad de los re- sultados derivados de ellas*
Luego que los primeros astrónomos observaron el aparente giro diario de todo el Cielo. r y ios, mo- vimientos propios del Sol Luna y planeta^ ,, buscan ron una hipótesis, sobre las posiciones, de. sus cursos,, para explicar todas las apariencias. Como estos, sis- temas , que se llaman del Mundo porque su objeto^
es mostrar el artificio de la máquina del Universo,, nacieron probablemente con las. primeta^Qbserva- clones, que solo podían dác ideas imperfectasse ve,, que al paso que su cúmulo produgese el conoció miento de los fenómenos ignorados antes, era nece- sario recurrir á la formación de un nuevo sistema á complicar las suposiciones del primero , para dar ra- zón de todos.. E l de Ptoíomeo , aunque al principio pareciese razonable , es del número de aquellos cu- ya insuficiencia debió hacerlo abandonar muy breve,
si
DE N A V E G A C I O N . T07 sí el ínfluxo de las ideas resultantes de las impresio-
nes en nuestros ojos , no hubiesen opuesto obstácu- los á los raciocinios fundados en la verosimilitud y analogía. Pero no obstante esto , y á pesar de la experiencia , que continuamente nos pone en la pre- cision de recurrir á ellos, para no engañarnos sobre las ideas del tamaño distancia y movimiento de los mismos objetos q-ue no salen de la esfera en que nos guia nuestro tacto , la preocupación sobre la inmo- vilidad de la Tierra ha sido por muchos siglos tan fuerte 7 que, partiendo de esta suposición como de un principio infalible, y atribuyendo á los astros movimientos circulares y uniformes , el sistema del Mundo resultaba siempre formado de una obscura complicación de cuerpos rodando sobre epiciclos ó círculos movibles ellos mismos en otroá círculos.
Por fin Nicolás Copérnico , á cuyo sano juicio re- pugnaban estas complicariones , se propuso buscar
un medio de simplificar la explicación de los fenó- menos celestes , y para esto , después de pesar las opiniones de varios filósofos antiguos, se resolvió á poner la Tierra en movimiento. Rotas, pues , las cadenas de la opinion , en que hasta entonces ha- bían estado sujetos los espíritus , se atrevió á atacar el venerado edificio de Ptolomeo , y á substituir en su lugar un sistema mas verosímil y conforme _á
O 2 la
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la sencillez que todos los hombres unánimes atri- buyen á la naturaleza. Su hipótesis, á la verdad, no fue adoptada desde luego , y sufrió el choque de una multitud de objeciones y argumentos , porque las preocupaciones contrarias no podían desarraigarse facilmente ; y hasta el famoso Ticho Brahe , al mis-<
mo tiempo en que principiaba á rayar la luz , se ídexó arrastrar de la común ilusión al punto de pro- üuck un nuevo siste'ma fundado sobre el reposo de ia Tierra. Pero sus mismas observaciones sirvieron
después en manos de Keplero como pruebas del sis- tema copernicano : y últimamenteeste grande as- trónomo abandonando los, círculos , demasiado res^
petados hasta entonces., y haciendo girar á los pla- netas en elipses ú óvalos con velocidades, variables, legró perfeccionar el verdadero sistema del Mundo.' y descubrir las leyes de los movimientos planetarios, que ininortaiiasaUu Ulguawcutc su nombre en la As-*
ironomía.
La sencillrz de las explicaciones en el sistema copernicano bastaba para demostrarlo en todo tiem-' po i pero de los adelantamientos hechos en la. Físi-
moderna resulta no soto que su existencia es ífectiva , sl.io q.ue debe existir en consequência de una ley simple y análoga á uro de los atributos con que conocemos la materia. L a sublime idea de te-
fe-
D E N A V E G A C I O N . I 0 9 ferir las leyes que presiden en los grandes fenóme-
nos del Universo á las que nos ha enseñado Ja ex- periencia en los átomos que tocamos parece el vue- lo mas elevado de que es capaz el entendimiento humano : y el ramo de la Astronomía á que ha dado ser esta razonable union de la naturaleza ce*
leste á terrestre, no hace menos honor á la Filosofía moderna , que al asombroso ingenio del inmortal Newton , á cuyos descubrimientos debe el sistema del Mundo este último grado de evidencia. L a atrac- ción , ó aquella virtud universal por la qual todos los cuerpos tiran recíprocamente á unirse con una fuerza proporcional á la masa y que disminuye con el aumento del quadrado de la distancia prueba f que , siendo la masa del Sol considerablemente ma- yor que la suma de la de todos los planetas situa- dos en sus proximidades , aquel luminar ha de de- terminarlos á moverse directamente acia el, si dicha fuerza es única , ó haciendo un giro á su al rededor si los efectos de la atracción se combinan con tos de una impulsion primitiva comunicada á dichos cuerpos. E l sistema copernicano es , pues , una ver- dad demostrada por las observaciones y comproba- da por la Física.
Asi j en el día no hay ya adversarios contra el movimiento de la Jicrra 7 y; el sistema de Ptolomeo
se
T I O T K A T Â D O se halla colocado en el número de las opiniones que solo son útiles moralmente , porque abaten el or- gullo con que los hombres podían contemplar los
progresos de su espíritu. Un tratado de Astronomía es, como dice Mr. de la Lande , una demostración continua del sistema copernicano. Por cuya razón, y siendo actualmente esta hipótesis una verdad fun- damental de la Astronomía , principiaremos dándola por establecida ^ , y á su consequência se encontra- rán al mismo tiempo la explicación del sistema y las ideas de los fenómenos. Si alguno , no obstante , se encontrase indeterminado á creer un movimiento que a su parecer no ve ó le quedaren escrúpulos sobre
•]£ pretendida contradicción de las Sagradas Letras, podrá satisfacer todas sus dudas en varías obras , y particularmente en el quarto libro de la Astronomía de Mr. de la Lande, segunda edición , y en un dis- curso del Excmo. Sr. D . Jorge Juan publicado al princio de las observaciones hechas en su viage al Perú.
(i) Este método , que nos parece preferible , es también el que sigue Mr, de la Caille ea sus Lecciones de Astronomía»
£>E N A V E G A C I O N . J i t
P R I M E R A P A R T E .
Q U E C O N T I E N E L A E X P L I C A C I O J V