R E S I S T E D HIDROSRÍFICO DE AMBAS AMÉRICAS,
PUR L A S UOSTAH JJK L O á DOS .MAK-EK W K T E V SUR
espués que aquel famoso cosmógrafo y pritnef 1 Almirante de las Indias, D . CristótjaLÇoíójl, pr«- 1 pujío en las Cortes deiPortugal é l a g l a t ^ r a .ei imaginatfo problema de que cruzando la linea Equinoccial con otra del Norte al Sur quedaban al Oriente las tres par- tes del mundo antiguo; que siguiendo al: sol en el curso de su carrera al Occidente, no podía dejar de haber tierras en la'otra mitad del globo terráqueo, y que no habiéndolas era preciso rodearle dando la vuelta al Oriente; y contra ía ttpinión m á s c o m ú n de los filósofos antiguos, de que cuando las hubiese serían desiertas c inhabitables, por tener per- pendiculares entre ios dos trópicos el calor y la mayor fuerza de los rayos del sol; reclarguyendo con la rotun-
P i r a t e r í a s n i ia América Española
iliitad del globo, y con las diferencias de la luz, y del liemp:) en d «iro an¡iaí qui: lleva por la. iiclípíica, que igualmente debía influir climas y temperamciiLos, como eçtá cu la ijha mitad; se tuvo en las cortes de Lisboa y Londres por una vana quimera dt la fantasia de aquel cos- mógrafo, con desprecio suyo y de su problema, y con itstai repulsLis vino á Espafl.'i. Repitió la mibina proposición en b corte dz ios Re ves Cattilico^, D . Femando V y Ei.J fsa bel, que la hicieron examinar de sujetos inteligentes en la Geografía y la Astronomía; y habiendo visto y o í d o á Cu- lón, le aprobaron, y con cstoi dictámenes le aceptaron los Reyes Católico1!, y para su ejecución le ministraron á KUS expensas todos los auxilios que pedía, en que fnú necesario que la Reina empeñase las joyas del adorno y uso de MI
pcjsona (I).
Contando con aquellos pobres auxilios, hizo en el puerto de Pal o-i de Mogucr el arrnjmer.to de las tres naves con que partió di; ese puc-rto e¡ día 3 de agosto del a ñ o 1492.
y habiendo hecho escala en las Caii.ii-ias, para proveerse de t o d o lo que consideró necesauo á tan dudosa y contin gente empresa, en una uavegacró.i de un mar incógnito que debía considerar incicrlo, dilaudo y sin término, desde Go- mera, la penúltima isla de las Afortunadas, zarpó las anclas y largó las velas al vieuLo día i . " de septiembre; empren- diendo una acción tan grande y tan heroica, que no admite comparación con ninguna Je cuantas refieren las historias de los héroes y de loç cunqnistadores. Siguiendo al <¡ol con la oíwe<-v-<dói! de su ide.ida derrota por el canítno de su
( l ) L o cual es'-á dumentiijo. V [.',<-, itjYAS !>E ISflBF.r. T.rt CATÓLICA, L\ 3 üJAVrcs n i í CORTE1; y KÍ. SAI TO TIK AI.V^RAUO, cpfslola dirigida al l i m o . S r . D . Juan Ae Dios de la H a i a y Deludo, p o r Ct-sárco Kcrnándei D u r o ; 03 piisinaí 1 " — M a d r i d , imprenta de M a n u e l C. Hernàmici, 1882.
Registro hidrográfico ni
Ocaso, d día 12 de octubre, á los treinta y nueve de nave- gación, dev.ubiiú ¡iquclla cuarta [Jnrte de la Tierra que rjciipa la mitad del {¡lobo Norte Sur, más yraiide que las tres que coutieni-. I» otra antigun mitad del Este Oeste; ac- tuando .solemne y auténtica posesión de ella por lo". Reyes Católicos, que el] premio de acción tan grande le hicieron Virrey, Gobernador y Lugarteniente general de la nueva tierra de.srubirrtii y de las d e m á s que en adelante desru- briese, por Real titulo despachada primero en Oanaijst á 30 de abril di: T4g3, y sobrecartado después en Barce- lona á 28 de mayo del siguiente de 1593. Causó el suceso tanta admiración á la Europa, cuanta cabe en los términos de la explicación; concediéndole los Reyes, en premio de la gloriosa liazafia, ^ 1 ; d escudo de sus armas el blasón del globo, con el lema que permanece en la excelentísima fa- milia de su desecudeneia, y dice:
A Castilla y á León, Nuevo Mundo did Colón.
Con nuevo* y m á s poderosos auxilios repitió otros tres viajes en los anos de 1,595, Míí^ y 'S02: descubriendo y registrando todas las islas de aquel cordón que forma el archipiélago de las Antillas ó de Barlovento, y I;is costas de las tierras firmes por espacio de 760 leguas, desde el Lago de Paria hasta el Cabo de Gracias á Dios, y poniendo toda !a alcneióii r n el cuidado de establece)" el gobierno y régimen de la, cuatro principales idas, Cuba, Santo D o - mingo, Puerto Rico y Jamaica. Esta última, que descubrió por la banda del Sur en el segundo viaje de sus descubri- mientos, quedó después con título de Marquesado en sus descendientes. Sin pasar á emprender reducciones, pobla- ciones, ni conquistas; admirado y contenido de la vasta
Piraterias éti la Amrka Es fatiota
extensión tie tan. givindes y dilatadas tierras, y de tail !!!•
mimerables muchedumbres de naturales como ocurría á la novedad de los navios, ocupando las playas de las costas y los altos de los montes que las rodeaban, comprendiendo que eran m ó n s t r u o s del mar, y con mayor admiración cuando veían que abortaban gentes con barbas, que j a m á s liabían visto; esto, y la poca fuerza que llevaba para in- tentar mayores empresas, te redujo á no procurar otras que las de seguir sus descubrimientos y la que había, ofre- cido á los ííeyes Católicos de encontrar pasaje que abriese camino á la navegación de los mares de Asia y puertos del comercio de la Especería, con m á s facilidad y brevedad que el que hacían los portugueses por las costas de África y Cabo de Buena Esperanza.
Su empeño en estos tres viajes no fué otro que el de continuar las descubrimientos y poblar las islas, llevando á ellas gentes de todas clases para la reducción á civilidad y policía en los establecimientos de .su régimen y gobierno, y operarios de enseñanza cristiana y predicación evangé- lica; y que unos y otros emprendiesen desde allí las conquis- tas de los reinos y provincias que demostraban las costas descubiertas y reconocidas. Con esto volvió cuarta vez á Es- p a ñ a el año 1505, y al siguiente acabó su peregrina y glo- riosa vida en Valladolid (1), de donde se trasladó el cadá- ver de su cuerpo al Monasterio de Cartujos de las Cuevas, y desde allí á Sevilla en la capilla que está detrás del coro de su Metropolitana y Patriarcal Iglesia.
( 1 ) M u r i ó C o l f t n el 2 0 de m a y o dp 1 5 0 6 , á U e d a d de .wspnta y ¡ i e t *
Registro hidrográfico
D I V I S I Ó N D E L A S C O S T A S D E A M H A l A M É R I C A S S l í l ' - J l i K T U I O I x A J , V M E R I D I O N A L .
Dividieron loó geógrafos antiguos aquella cuarta y ma- yor parte del intmJu en dos, por el Istmo de Panamá; la una con el nombre de A m é r i c a Septentriunai y otra con el de Meridional, teniendo ambas por advaccnles varios Rei- nos, que fueron independientes con los respectivos Empe- radores en el tiempo de su gentilidad. En la primera el de Guatemala, con las provincias anejas de Comayagua, N i - caragua y Costa Rica, con diferentes puertos por las costas
<íe los dos mares del Norte y del Sur, y lo mismo la Meri- dional con los del Nuevo Ruino de Granada, el de Tierra- Firme, Perú, Cliilc y provincias adyacentes de! R í o de la Plata.
De los países, conquistas y hechos de los españoles hay muchas y varias historias, y particularmente en la Sep- tentrional, la de la Nueva E s p a ñ a , que compuso y dio á la estampa la inimitable elegancia y estilo del aplaudido inge- nio del siglo pasado, y cronista de las Indias D . Antonio de Solís: del I'erú la que hizo como fidedigno natural autor y testigo de vLita el Inca Garcilaso de la Vega; del Nuevo Reino y provincias de su distrito, la que también ilustró las prensas con la elocuencia y erudición de aquel sabio y ejemplar prelado de las dos iglesias de Santa Marta y Pa- namá, D . Lúeas F e r n á n d e z de Piedrahita, de Chile y sus provincias confinantes la que escribió la religiosa delicada
P i r a t e r í a s ctt la .•¡wérica E s p a ñ o l a
pIutn.T del P, Oballe áa la Compañfn de jesús, y última- tnente Ja de ios dos ci^ncificn.s españoles del preseute si- glo, d F.xcmo, Sr. D . Jorge Juan, y el s e ñ o r j e f e de escua- dra de la Real Armada U . Antonio de Ulloa, en la suya do! viaje con la compañía francesa de la Academia de las ('iencias á medir el Kcuador y los grados paralelos de lon- gitud y latitud, para averiguar la verdadera figura de la Tien a.
TOCIOÍ esos escntiirci unirormemente han apurado tanto los preceptos de la Historia, LM observaciones y cálculos del curso astronómico, y las dimensiones de la Geografía, rpie no nos han dejado donde hacer pie con !<i pinina en el caso presente. E n esta coiistitucióti no nos ha quedado olrci arbitrio que apelar á la Hidrostática, y echar la vista y el discurso al agua en este Registro hidrográfico; tra- yendo ,i la memoria los descubrimientos, progresos y pose- siones de i'js españoJcs en ambíis /imencas, por las costas de los dos mares del Norte y dei Sur, y los proyectos de la emulación, envidia, odio y ambición de las naciones ex- tranjeras y particularmente de la inglesa, sin dífcrencb ni distinción en ios tiempos de la guerra y de la paz.
Conla mejor facilidad y mayor diferencia que tienen las acciones grandes, entre emprenderlas ó imitarlas, siguieron
¡nuclics el nunca bastantemente admirado ejemplo de Co- lón en los aplaudidos prugrcsos de sus descubrimientos, en que, corriendo el orden del discurso por la serie de los tiem- pos y los nombres de sus autores, fueron:
ASO DE 1512.-—Juan Ponce de L e ó n fué el primero que con tres naves que armó en Puerto Rico, descubrió y registró la primera tierra firme de la Nueva E s p a ñ a , el día de la Pascua de Resurrección, que por caer en la pri- mavera la llaman Florida, dividida en dos, uiia Meridional desde la Carolina (que después poblaron los ingleses en el
R e n h i r a hidrográfico V i l
tiempo de su "Ray Carlos I I ) hasta las montañas y r í o de Apalaclie; y !a otra 'íiqjlentrionnl, desde estas montañas y rio, confíii du la Mtíridiona', [-^'^L cl de U Paliíi.-idA ó M U i i saipí, que tambicn poblaron después los francesei, con el nombre di; la Luisisna. Por eite motivo no se tríitó de sc- gnii' esta empresa por espacio de veinttsrctc años, lia.ita el de 1539 que Hernando di; Soto obtuvo el nombramiento de adelantado por el señor Emperador Carlos V", y merced de título tic Castilla con l . i denominación de Marqués, en un estado de cuarenta, leguas de largo y quince de ancho en la parte que eligiese de las tierras que conquistase; con cuyas facnltjdes hizo el grande apresto de once naves con 050 hombres, sin la gente de nvir de las tripulad u n « , y 300 caballos, con que repitió e¡ segundo empeño, en que no hizo máa progreso que descubrir y conocer la vasta exten sión de trescientas cuarenta leguas de costa Leste y Oeste, desde e'. puerto de San A g u s t í n hasta el río de la Palizada, y m i l del Sur al Norte, desde la bahía del Espíritu Santo hasta ia pro'/iucia de Gnachoya, detide faíleciú, y q u e d ó interminable e¡ descubrimiento de este ilustre Adelantado en aqudla vasta extensión.
De sus ra''os MICCSOS, y de lo mucho que padeció en t a i l . dilatada y trabajosa peregrinación, escribió puntual y ver- dadera historia el Inca Garoilaso de la Vega, en que indivi- dualmente refiere las tierras y provincias que anduvieron, las batallas que tuvieron con los indioa, las acciones parti- culares de los unos y de los otros, y en conclusión describe la longitud y magnitud del R í o Grande, sin darle otro nom- bre, que sin duda debió de ser d de Apalacfic, í¡uc divide las dos Floridas. Dice que este rio tiene por partes quince leguas de ancho, y que los 300 españoles que quedaron, de los ( . 0 0 0 que entraron al descubrimiento, cuando ihlieció el Adelantado en Guaclioya, experimentaron una creciente
P i r a t e r í a s en la A m é r i c a E s p a ñ o l a
Eau formidable, que inundó las campañas de ambas riberas por espacio d e seis leguas, y que, Tiabiendo resuelto, CQÍ; !a falla del Adelantado, salir de aquella tierra donde tantos trabajos habían padecido, fabricaron n bergantines ó ca- rabelones, con los cuales navegaron diez y nueve días y una noche para llegar á la mar, sin hacer c ó m p u t o ni regu- lación de la distancia, y que siguiendo la costa hasta la Vera-Cruz llegaron á Mexico. Ya allí, el Virrey D . Antonio de ivlcudoza, después de haberíos oído, quiso hacer una prudente regulación estimativa d e las leguas que habían navegado por el río, vía recta Norte Sur, sin tornos n i vuel- Las, con los tres impulsos de la. corriente, t i e ?''s velas y de los remos, y habiendo hecho ¡unta de prácticos peritos en la navegación de los mares y de los ríos, asentaron que en los diez y nueve días y noche del viaje habían navega- do setecientas leguas, á razón de treinta y cinco leguas cada día.
Con tal estimativa, sin embargo, no nos conformamos, porque tenemos la experiencia en los ríos de Chagre y de la Magdalena por la banda del Norte, y del Bayano y Guayaquil, por la del Sur; en que cogiendo de bajada por ' medio fredo, donde es la mayor fuerza de la corriente, con poco auxilio d e vela ó de reme» se navegan dos leguas por hora, y una por tierra con cualquier caballería de paso re- gular. Por esta cuenta hacemos el cómputo, de que navega- ron cada día cuarenta y ocho leguas, que en los diez y nue- ve y la noche hacen novecientas treinta y seis; y es lo m á s verosímil, porque se acerca y proporciona m á s con las m i l que habían caminado por tierra con el Adelantado Hernan- do de Soto.
AÑO D E 1517.—Francisco Hernández de C ó r d o b a con una compañía de tres, el mismo Córdoba, Cristóbal Mo- rante y Lope de Ochoa, y tres navios que armaron en
R í g i s t r ú hidrográfico
Saitiago de Cuba, con crecíJo número de gente y copiosa [jrovisióú de armas y pertrechos de guerra, navegando a!
Oeste, loa llevaron los viento? y ias corrientes que siguen su curso, por distancia de cuarenta leguas, entre los dos cabos de Cotoche de esta provincia, y el de San Antonio de la isla de Cuba, en 22 grados de latitud, y sSü" y ¡ u minutos de longitud Sur de la pmvi 11 cia de Yucatán. Descu- brieron la isla de Coaumel, el Golfo de Honduras y [as dos islas de los Guanajos, cu las cuales Íes hicieron los indios á los tres c o m p a ñ e r o s dése abridores tan esforzada oposición, que habiendo tomado tierra cun vina gruesa partida de su
¡íente, perdieron la mayor parte al ímpetu y al estrago de
•us hondas y sus flechas. E n precipitada fuga volvieron en- tonces á embarcarse, y doblando el Cabo de Cotoche, que demora en 21 grados de latitud, 283" y 6 minutos de longi- tud, haciendo navegación al Oeste por la banda del Morte, rcgistiarifn y reconocieron el explayado placer de su ad- mirable sonda p o r espacio de cientu veinte leguas, del Leste Oeste y otras tantas del Norte Sur, la extensión de otras, ciento de la tierra y de las costas contiguas eon las de tie- rra firme, y tan pobladas de indios como las islas de Id banda del Sur, donde les hicieron mejor acogida, les sumi- nistraron víveres y admitieron trato con oro y plata por bagatelas de fnfima estimación, que en aquel primitivo tiempo NC llamaban rescates. Francisco Hernández de Cór- doba fundó ¡a ciudad de San Francisco, que después ha sido y es presidio y puerto de la provincia por la banda del Norte, y con estos mejorados progresos se vulvió con su expedición á Santiago de Cuba.
A Ñ O TIV, I 518.—Con las noticias que llevaron Francisco Hernández de Córdoba y sus c o m p a ñ e r o s de las poblacio- nes y riquexas de la provincia de Y u c a t á n , Francisco Mon- tejo, acomodado y rico en la isla de Cuba, solicitó y obtu