SIEMPRE SE EQUIVAA 100
Fio.
¿Como interpretar esa periodicidad? Lo más probable es que se trate de un accidente casual, pero ¿y si se tra
tase de que cada tres años el “reservorio” desaguase en una mayor cantidad?; es decir: ¿podría tratarse de una indicación sobre el tiempo de viabilidad, de duración de una determinada categoría de enfermo tuberculoso, p. e.,
los primo-infectados que padecen procesos pulmonares de carácter tisico? Podría ser, sí. Pero no es posible tomar partido en pro o en contra; no sólo por ser muy peque
ño el tiempo de observación sino, particularmente, por no poder encontrar apoyo o contradicción en los datos refe
ro
rentes a la tuberculosis extrapulmonar. Quede, pues, cual sugerencia a investigar su verdad y supongamos hasta en
tonces que el aparente ritmo es casual producción.
Decíamos antes que, mientras no se ha alcan
zado el periódo de equilibrio epidemiológico corres
pondiente a cada pueblo tatendidas una serie de características a él inherentes) esas variaciones os
cilatorias de la curva de mortalidad específica di
fícilmente podían atribuirse a causas concretas.
494 PRIMERA SECCIÓN 'l'ai es nuestro caso pues el análisis, una por una,
de las diferentes circunstancias influyentes, na
da ha aclarado. Ahorramos demostraciones, limi
tándonos a exponer una sola, la expuesta en la Fig. N9 21 que relaciona la evolución del coefi
ciente que nos ocupa, con la carestía de la vida (expresada en el índice del coste medio de vida).
En el gráfico, no es muy demostrable el in flujo. Lo cual es —¡ni mucho menos!— negar
le. Es Unicamente convencerse, una vez más, de cuan difícil resulta demostrar un influjo sobre cuya potencilidad no hay duda.
¡Cómo vamos n negar que la rirrunstanrin económica es una de las causas determinativas del estadio epidemioló
gico, de la estabilización —más o menos oscilatoria— del coeficiente de mortalidad por tuberculosis! Por lo pronto, ya conceptualmente es innegable. Y, a seguido damos unos cuantos datos demostrativos del considerable peso que debe tener la situación económica. Más untes advertimos la ne
cesidad do recordar que estamos analizando las cosas desde un punto de vista estrictamente sanitario; puede suceder, y sucede, que factores de momento perniciosamente influyen
tes sobre la capacidad de resistencia individual a las en
fermedades, particularmente a las que hemos dado en lla
mar sociales (¡cual si, en realidad no lo fuesen todas!), sean sin embargo, positivos, incluso altamente positivos,
para el desarrollo ulterior del país y, en consecuencia, del pueblo y de cada uno de sus individualidades constituti
vas. Pero esto ocurre ulteriormente.
Decimos esto, por ser indudable que desde «930 y, muy particularmente, desde 1939-40, los Estados Unidos Mexi
canos vienen evolucionando progresivamente en sentido económico; basta decir, p. e., que la cantidad total de in
gresos nacionales (expresión de la riqueza pública) com
parada con la de 1929 tomada cual unidad equivalente a 100,
—en 1939, era cercana al 230%, y para
—1946, se estima en más de 450% de la cifra corres
pondiente a 1929.
Si. el progreso de la nación mexicana es bien claro.
Pero, a su pesar, contamos con los datos siguientes, entre
sacados de distintas publicaciones, tanto de la Dirección General de Estadística como de otros departamentos ofi
ciales.
A.—La población económicamente activa, o sea la que trabaja remuneradamente, viene disminuyendo desde 1930.
En esta fecha era superior al 31% de la población total;
en 1940, sobrepasaba ligeramente el 29% y en 1946 se es
tima romo el 27,8% del total de habitantes de la nación.
Quizás la indudable mejoría de los equipos de trabajo, de la técnica (implicando un aumento de la productividad total y aislada de cada trabajo) esté determinando la dis
minución que citamos; pero no es nuestra misión aclarar la causa y si, señalar el recho.
Completando este dato, debemos añadir la transmi
gración de la fuerza de trabajo, circunstancia .de gran va-
60 40
¿o 300 80 60 40
40
400 80 60 40 40 100
?0 80 70 60
...,
INDICE DEL COSTE / / MEDIO DELA VIDA /
INDICE MEDIO DE SALARIO HORARIO EN ¿4 INDUSTRIAS
//
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Fio. at
495
lor epidemiológico. La población dedicada a la agricul
tura, con relación al total de las masas económicamente activas, era:
—en 1930, el 70,20 %
—en 1940, el 65,39 %
—en 1946, ha sido el 62 %
Por tanto, en los últimos quince años está ocurriendo o, una migración del campo a la ciudad o, por lo menos
—y esto ezidentemente— un desplazamiento de trabaja
dores agrícolas hacia labores de otro tipo.
Con una particularidad: buen número de los nuevos trabajadores no agrícolas, pertenecen —desde 1939-1941—
al sexo femenino, cual lo demuestran las siguientes cifras que indican el porcentaje de mujeres en diversas ocupa
ciones.
Año 1940 Año 1945
Industrias en general 11,2 12,9
Administración Pública 22,3 26,8
Comunicaciones y Transportes 1,8 10,2 Por desgracia, sabemos todo lo que estos hechos:
—desplazamientos de masas campesinas hacia traba
jos no agrícolas,
—aflujo de contingentes femeninos a la producción, significan, tanto desde un punto de vista estrictamente tu
berculoso —llegada de material humano en gran parte no infectado— como desde el ángulo económico —deprecia
ción de salarios, etc.,— para que no consideremos —de momento al menos, pero es el momento que estudiamos—
que las circunstancial descritas son, en fuerte proporción, las causas más claras del estado epidemiológico tuberculoso que venimos analizando.
Y he aquí cómo, de nuevo nos encontramos ante un apoyo de la tesis sustentada desde las primeras páginas del presente trabajo: la nación mexicana, ya ha sufrido tiem
po atras su fase epidemiológica de tuberculización. En efecto, si no hubiera sucedido asi.. . asistiríamos ahora un desarrollo brutalmente epidémico con cifras de mortali
dad específica muchísimo más elevadas. Pues, aparte de los factores ya señalados, debemos añadir, uno cuya sig
nificación no puede ocultarse ni al mayor profano en epi
demiologia tuberculosa: el factor nutritivo.
Las estadísticas existentes a tal respecto, pretendiendo fijar la cuantía y calidad de la ración alimenticia media del ciudadano mexicano, son tan parciales, tan reducidas a zonas muy concretas de población que preferimos no con
siderarlas. Pero, e* cambio, hay dos estimativas, de fuen
tes diversas y conseguidas a base de cálculos en su origen diferente, llegando a conclusiones bastantes paralelas. Pa
ra la primera:
—las TRES CUARTAS PARTES de la población me
xicana, viven con un ingreso medio de 390 anuales;
lo que significa que poseen, para todos sus gastos, la cantidad diaria de UN PESO OCHO CENTAVOS.
Ateniéndose al segundo cálculo:
—una familia de 5 personas, en 1946, dispone por tér
mino medio, para todo el año de 2.950 pesos; o sea que, por día y persona, cuenta con UN PESO Y SE
SENTA CENTAVOS.
Por mucha desconfianza hacia las estadísticas oficiales
—las dos poseen tal calidad— sería demasiado cerrar los ojos no considerar el gran valor de la coincidencia. Y, aun doblando las cifras medias resultantes, no hay ya ne
cesidad de otras demostraciones para convenir en que gran parte de la población mexicana cuenta con posibilidades nutritivas insuficientes. Recuérdese el papel epidemioló
gico tuberculoso de tal circunstancia; súmese a cuanto he
mos consignado en lineas anteriores, y habrá de conclu
irse que si las actuales cifras de mortalidad específica co
rrespondiesen a un periodo inicial de tuberculización ma
siva, esta habría adquirido ya su desarrollo máximo.
Estos perfiles económicos de lo que hemos lla
mado “coeficiente ambiental” son los más llama
tivos y los que se prestan a más fácil identifica
ción. Pero también podemos fijar —no completa
mente— algunos otros, por desgracia, tampoco favorables.
En primer lugar (no por ser el más importan
te y sí por aclarar algunos de los otros aspectos), debe valorarse la propia estructura de la pobla
ción, desde el punto de vista que llamaremos ra
cial, a condición de no prestarle a este calificati
vo un contenido absoluto. La heterogeneidad ét
nica de los Estados Unidos Mexicanos no puede negarse. Prescindiendo de clasificaciones más complejas, tres son los grupos esenciales: blancos, mestizos e indígenas. Los últimos —en mayor o menor pureza sanguínea, pero sin grandes in
fluencias culturales extrañas— constituyen el 50% de la población sin que se hayan perdido to
talmente las diferenciales íntimas entre los cua
renta y cinco subgrupos admitidos por el Insti
tuto de Investigaciones Sociales de la U. N. A.
Atendiendo al criterio más accesible puede dividirse la República Mexicana en dos grandes partes:
Una, en la que predomina, de manera casi absoluta la población blanca y mestiza, de cultura moderna, tipo europeo. Otra, en donde la población indígena se en
cuentra en mayoría aplastante. Así sucede en los Es- todos y Territorios de
Campeche, Nayarit,
Colima, Oaxaca,
Chiapas, Puebla,
Guerrero, Quintana Roo,
Hidalgo, San Luis Potosi,
México, Tlaxcala,
Michoacán, Veracruz, y
Morelos, Yucatan,
que, en total, comprenden más del 50% de la suma de habitantes de la Nación Mexicana, pero de los cuales hay que descontar la parte viviendo en las Capitales de las Entidades Federativas, que en su mayoría, no debe con
siderarse indígena: particularmente por sus rasgos cultu
rales, por sus normas de vida.
El mapa de la Fig. N9 22, donde se marcan los E. F. cuya población es predominantemente indí
gena y en el que se repiten los coeficientes de mor
talidad específica y rural y urbana (estos encerra
dos en un círculo dentro de cada E. F.) permite señalar cómo, no habiendo diferencias a trazar en
tre las E. F. —dentro de la mortalidad por tuber
culosis, claro— hay sí, diferencias regionales. No es casual que todo el Sur del Pacifico albergue la menor mortalidad por tuberculosis; es que hay allí une menor desarrollo de todo lo comprendido en la frase: cultura moderna (auge industrial y co-
496 PRIMERA SECCIÓN
+ f +
ENTIDADES FEDERATIVAS DONDE PREDOMINA LA POBLACION INDIGENA
nwrcial intercolar, vida de relación socioeconómi
ca, etc.).
Ahora bien, el segundo elemento a conside
rar hállase intimamente relacionado con este; se trata del nivel alcanzado por todos los puntos fa
vorables de una moderna civilización. Desde nuestro punto de vista, es claro que con ello abar
camos todo lo referente a higienización, empezan
do en sus aspectos más elementales de canaliza
ción y alcantarillado y terminando por la existen
cia de conceptos preventivohigiénicos individua
les con sus prácticas respectivas y sus exigencias de organización sociosanitaria adecuada.
“Mucho se ha hecho en tal sentido, más no podemos desconocer que la actual situación no puede, aun, considerarse satisfactoria”. No son nuestras las palabras, pues pertenecen a un in
forme oficial, y ahí quedan para que se valore su contenido desde el punto de vista de la epidemio
logía tuberculosa.
La Sanidad de un pueblo es indivisible y la Higiene su piedra básica. Sin esta, aquella sólo realiza esfuerzos condenados a éxitos parciales y engañosos. Y el mejoramiento que se obtiene en
la lucha —organizada o nó— contra cualquier enfermedad no es definitiva, sino reflejo esencial del estado sanitario total, en conjunto. Más con
cretamente. . . “el descenso de la mortalidad tu
berculosa, no es sino una parte del fenómeno de la disminución de la mayoría dq las enfermeda
des infecciosas de mayor importancia y extensión, a la par, en el mismo tiempo”.
Pues bien, el diagrama de la Fig. N9 23 ex
presa la marcha de varios coeficientes de morta
lidad (todos referidos a 100.00 habitantes, excep
to el de mortinatalidad que se refiere a 1.000 na
cidos vivos) durante los quince últimos años, adoptando las cifras medias bienales para dar una mayor impresión global.
Indiscutiblemente; hay un mejoramiento ge
neral de todas las enfermedades representadas.
Pero, indiscutiblemente también, se observa —a partir de 1934-1938, según los casos— (salvo pa
ra el paludismo) una menor tendencia descen
dente de la exhibida hasta entonces. En algunos casos, igual que ya hemos visto para la tubercu
losis, los coeficientes respectivos, incluso han es
tado mas elevados que en la época anterior.