Capítulo 2. Región experiencial: dimensiones espacio-temporales de los
2.3. Región plan: salud desde el sur
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contradicción y tensión esquemas de feminidad y masculinidad, se reconfiguran relaciones familiares y se da la pauta a nuevas prácticas del cuidado del otro y del cuidado de sí.
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Con base en la regionalización que tiene la Dirección General de Instituciones de Salud (DGIS) se formaron tres regiones: región centro, con 14 estados y Ciudad de México que concentra 55 % de la población del país; norte, con 9 estados y 22 % de la población y, finalmente, el sur, con 8 estados y 23 % de la población (Instituto Nacional de Salud, 2014, p.
25).
La zona sur del país se compone por los estados de Campeche, Chiapas, Guerrero, Oaxaca, Quintana Roo, Tabasco, Veracruz y Yucatán.
A diferencia de la zona norte o centro es un 36 % más elevado el riesgo de morir por enfermedades transmisibles, de la nutrición y de la reproducción; enfermedades directamente relacionadas con las condiciones socioeconómicas, pues se observa que estos estados concentran la mayoría de los municipios considerados con un muy alto y alto grado de marginalidad desde hace décadas según el INEGI y la CONAPO.
Estas regiones plan que operan según ciertos elementos funcionales regulados por el gobierno han ponderado históricamente la región sur como la más precaria y necesitada de recursos. Sin embargo, las instituciones públicas de salud permanecen en condiciones críticas y los servicios particulares carecen de regulación en cuanto a los costos y la calidad de los servicios. Con ello ha incrementado la intervención de organizaciones no gubernamentales en la vida pública ante una tendencia de desestructuración de las instituciones que pone en evidencia las
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condiciones de crisis gubernamental en materia de derechos humanos, así como de la vulnerabilidad a la que las mujeres se enfrentan. Entendiendo esta vulnerabilidad social en términos de Valenzuela (2009):
Incremento de la pobreza, el desempleo, subempleo, informalidad, precarización laboral, los embates contra los sistemas de pensiones y jubilaciones, la afectación a los derechos y conquistas iniciales, la disminución de la cobertura y acceso a los servicios de salud, crecimiento de la violencia y la inseguridad (p. 46).
Esta condición de vulnerabilidad se refiere a ese desdibujamiento de las estructuras e instituciones que forman parte de las certezas de vida de las personas mediante el acceso a la educación, salud, empleo y a la vida.
Cuando alguna de estas certezas vacila no sólo se devela una crisis estructural a nivel nacional e internacional, sino también las vidas de mujeres y hombres que, en situaciones de precariedad, deben arreglárselas con lo que tengan.
Las instituciones no gubernamentales, las fundaciones, asociaciones civiles u otras organizaciones según las razones fiscales bajo las que operen, por lo general funcionan sin fines de lucro y se dedican a ayudar o asistir a una determinada población en situación de vulnerabilidad o peligro. Se separan administrativa y organizacionalmente de las instituciones gubernamentales, pero en algunos casos funcionan en conjunto. Un ejemplo es la Fundación de Cáncer de Mama (FUCAM A.C.), institución médica nacional con sede en la Ciudad de México y que opera por divisiones estatales tanto en infraestructura como en recursos
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asignados para atender a la población femenina que necesita servicios de atención a un tipo de cáncer y que no cuenta con recursos necesarios.
La historia de FUCAM como fundación y asociación civil está ligada a una coyuntura nacional que cuestionaba las prácticas médicas orientadas a la ganancia y la medicina utilizada con fines instrumentales, situación que contrastaba con unas condiciones históricas y contextuales de extrema pobreza y marginalización urbana, a la par de un aumento de población diagnosticada con cáncer y pocas posibilidades de atenderse. La fundación atiende a nivel nacional por medio del seguro popular y por servicios privados a población femenina con cáncer de mama, en especial a mujeres de escasos recursos, de ahí la figura fiscal de Fundación y de Asociación Civil.
La entrevista realizada al doctor que funge como presidente y fundador de esta fundación ilustra las demandas y modelos globales del que hacer de la medicina y de las condiciones institucionales de los servicios de salud, inmersos en las llamadas reformas estructurales. Esta entrevista surge ante una necesidad de situar la mirada médica masculina, desde el centro y desde una institución de salud mixta (al funcionar con recurso público y clínica privada al mismo tiempo) a nivel nacional sobre la situación de las mujeres del sur que se atienden en esta institución, tal como Eugenia.
Comprendimos que era un grave problema a nivel internacional y un grave, pero muy grave problema en nuestra república mexicana, porque somos un país tercermundista que es un país que no le daba importancia al cáncer de
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mama. Ahí nació la idea de hacer una institución, una fundación para tratar de atender a tantísimas mujeres de escasos recursos y que viven en zonas marginadas del país, todo el mundo me decía que era una utopía (Fernando, 2018).
En 1999 dejó el Hospital de México por considerar que había sido comprado por un grupo de empresarios más que médicos, implementando políticas encaminadas a la ganancia; situación que coincide con un contexto neoliberal de privatización y donde prima el poder económico en las decisiones de carácter político y social.
El señor Vásquez raña [sic] a prostituido, ha sido la jerga de la prostitución médica, porque lo único que le interesa es ganar, ganar y ganar, aunque la paciente no necesite ni cirugía, ni tratamientos largos y costosos. Me tocó presenciar que un médico muy famoso le decía al radiólogo “pon tal clasificación” y el radiólogo le decía “maestro, pero no tiene nada”, “tú ponlo porque yo te pago”. Entonces el médico tenía que operar a la paciente, porque la paciente llegaba corriendo diciéndole “doctor aquí dice que me hagan una biopsia” (Fernando, 2018).
Las condiciones que el personal de FUCAM, al igual que otras fundaciones, señala es la precariedad familiar de las mujeres a las que atienden y de las instituciones de salud de sus localidades, además de las prácticas médicas inadecuadas a las que son sometidas con frecuencia.
Con base en este panorama, desde la experiencia de atender a mujeres foráneas del sur engarzado con las cifras y estadísticas que se arrojan según la regionalización operativa del sector salud, esta fundación inicia su trabajo desde el año 2000 y a partir del 2006 establece acuerdos para contar con apoyo del gobierno de la Ciudad de México, en su momento.
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Después, abrió una unidad de atención y detección en Oaxaca (2016) y actualmente está en proceso la construcción de otra unidad en San Cristóbal de las Casas, Chiapas:
Expuse la problemática que hay en el cáncer de mama, él me dijo “¿puede hacerme mastografías?”, “Sí”, “¿En la zona más pobre? ¿En la zona Santa Catarina?”, “Sí”.
La problemática que existe es que el principal factor de cáncer de mama es uno: el ser mujer. Todas las mujeres del mundo, sin excepción de color, raza, religión, partido político o cualquier cosa, nacen con un gen cancerígeno.
Nuestro pueblo no tiene la cultura médica que tienen otros países, sino que la única forma de detectar oportunamente es la mastografía de pesquisa o screaming, para detectar oportunamente una lesión. Desgraciadamente, en nuestro país no hay cultura médica, no hay esa cultura que hay en otros países que año con año se hacen su estudio porque es la única forma de abatir el cáncer de mama, porque el cáncer de mama es curable cuando lo detectamos a tiempo, no cuando nos llega en etapas avanzadas. Porque la mujer, en primer lugar, dice “a mí no me va a pasar nada”. En segundo lugar, la mujer teme decirle algo al marido; tercer lugar, la mujer es muy sacrificada, no quiere preocupar al esposo, a los hijos, a los padres o a la madre; es abnegada, ese es el principal factor por lo cual nosotros no estamos trabajando (Fernando, 2018).
Para él, los factores de riesgo de un cáncer de mama particularmente son: ser mujer, que va de la mano con una escasa cultura médica de prevención y se liga a una cultura de género que crea a mujeres abnegadas frente a sus familias y pareja. Estas prácticas las asocia a contextos indígenas, particularmente indisociables al hablar de Chiapas o Oaxaca.
La falta de cultura médica y la existencia de determinada cultura de género son consideradas como factores decisivos de riesgo para las
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mujeres con cáncer. Esta apreciación es compartida con lo que expresaban los relatos anteriores de Karla, la trabajadora social, y con algunas ginecólogas obstetras de la Clínica de la Mujer en Tuxtla Gutiérrez.
Cuando Fernando habla de las mujeres chiapanecas valora su “ser abnegadas” con ser “bellas mujeres”. Este doble filo, cuando se habla de lo que es ser mujeres del sur, chiapanecas, indígenas y enfermas, en este caso, no escapa a las reificaciones ligadas al género, etnia, clase y lugar de origen que da cuenta no sólo sobre los delineados de un tipo de sujeto enfermo femenino al sur de México, sino de la omisión de interconexiones de elementos económicos, culturales, políticos y biológicos, así como de los capitales y su propia posición en un espacio médico, político global y en la propia región experiencial.
A fin de romper la lógica monocausal de que la atención al cáncer en etapas avanzadas es por ser mujeres pobres e indígenas se verá a través de los relatos que mujeres mestizas, con altos capitales económicos y de conocimiento viven en una región salud precarizada y bajo estructuras institucionales de salud altamente violentas:
A veces no acudían porque no tenían para el transporte. Aparte del transporte era alimentación, quizás una renta de un cuartito porque tenían las citas de una semana a diez días quizás, o en lo que eran atendidas, pero generalmente no llegaban, no seguían o si iban, era un poquito difícil porque tenían nuevamente una cita o traían estudios de laboratorio, que, pues en lo general en lo que podíamos ayudarlas se hacía, pero pues son gastos muy fuertes.
Existe un laboratorio en el que ellos apoyaban en cierto tipo de estudios, no en todos, pero ya era un apoyo para las pacientes, más que nada para que llevaran su control.
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A veces si era difícil el transporte porque no era solo una. Por ejemplo, en el libro que yo llevaba, estamos hablando que eran de ¿qué será?, 20 a 35 mujeres de diferentes tipos de cáncer, ya sea cáncer de mama o cérvico- uterino de las personas que sólo pasaban por la clínica. Ahora te imaginarás de las que no llegaban. Hubo una vez que en una semana salieron cuatro y ya era un cáncer más avanzado, que llegaban por programas que se los piden y resultaba que salían afectadas (Karla, 2018).
Por último, la falta de trabajo interinstitucional y de seguridad social para las mujeres genera un vacío institucional municipal, estatal y nacional que no asegura servicios médicos adecuados a esta población.
Este vacío es subsanado por organismos diversos que reconfiguran una región sur tanto administrativa como simbólicamente, cuando el doctor, es decir, las y los agentes la reproducen, la dinamizan y, en ocasiones, la desbordan. La exposición de una región plan ya constituida muestra la constante reproducción y reelaboración, en este caso la región sur operativa del Instituto de Salud se traslapa en dos niveles. Primero, con una región sur en el plano global; y, segundo, con la experiencia personal desde quien ofrece un servicio y trata con mujeres con cáncer procedentes de Chiapas y otros estados del sur del país. En esta medida se configura desde una región plan sur-sur la región experiencial de la salud y la enfermedad.