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La restauración del siglo XVIII y los primeros planos de la torre

Página 53 de 93 con este motivo el fraile podría dar al Concejo una llave de la Torre, con lo que quedaría como posesor de hecho. El nombramiento de un encargado de los faroles haría que se decretase el cobro del impuesto por parte municipal.

El Ayuntamiento de entonces no muestra interés en el asunto y se limita a agradecer a Negreiros los servicios prestados.

El establecimiento del nuevo “impuesto del fanal” a los navíos que entraban en los puertos gallegos, creado para subvencionar los gastos de construcción y mantenimiento de los faroles de la Torre de Hércules, provocó pronto protestas, en algún caso airadas.

La población de Ribadeo se queja ante las Juntas del Reino en 1689, e insiste en 1701;

por su parte, el Ayuntamiento de la Coruña señala en 1702 la gran diferencia existente entre el corto gasto de mantenimiento del faro y los importantes beneficios derivados del impuesto. Las quejas no parecen haber tenido mayor éxito.

Con esta intervención el faro recuperó, al menos por un tiempo, su papel y volvió a iluminar con su luz las tinieblas del Golfo Ártabro. Sin embargo fue una intervención modesta que no consiguió solventar los graves problemas de base que tenía la Torre, debido a la pérdida de la estructura exterior y de la rampa helicoidal de acceso.

En 1733 se continúa cobrando el “impuesto del fanal”, si bien el receptor es ahora el Gobernador a través de los Sargentos Mayores.

Como recibo se entregaba al capitán del buque un cartoncillo, al que se llamaba 'Fanal', en el que figuraban los datos del pagador y un dibujo esquemático de la Torre Los referidos Derechos se pagan, por lo perteneciente a Galicia, desde del Puerto de Baiona hasta el de Ribadeo.

Página 54 de 93 Con motivo de este intento de reparación se desplaza a La Coruña el Ingeniero Ordinario y Teniente de Navío Carlos Boysin, levantando planos. En los planos de Boysin se observa el estado de la Torre en 1733, con la escalera de Uceda y los balcones de Negreiros, todo ello en madera, así como las torrecillas costeadas por los Cónsules. Al estado actual se superpone el nuevo farol central que se proyecta y que no se llega a ejecutar

EI fracaso del intento parece derivarse de la falta de entendimiento entre Marina, interesada en la reparación de la Torre, y Guerra, que percibía el impuesto del Fanal, sin estar dispuesta a costear la obra ni pasar el cobro del impuesto a Marina

Desde 1733 se suceden los informes y los proyectos de los ingenieros militares que estudian la mejor forma de intervenir en la obra, de ellos conservamos una valiosísima colección de planos y alzados que nos permiten conocer el estado que presentaba el monumento y las propuestas de mejoras. Entre otros presentaron sus conclusiones:

Juan de La Ferriére, Carlos Boysin, Manuel de Navacerrada, Baltasar Ricaud y Eustaquio Giannini. También el coruñés José Cornide nos ha dejado en el dibujo manuscrito de 1762, una de las representaciones más conocidas de cómo se encontraba la Torre de Hércules antes de que se procediese a efectuar la reforma de 1788, y es la que, en 1765, reprodujo el padre Flórez en el tomo XIX de su famosa

“España Sagrada”

Un nuevo intento de reparación tiene lugar en 1761 que, al igual que el de 1733, fracasa por la falta de entendimiento entre las distintas administraciones.

En este caso se interesan por la reparación de la Torre tanto el Intendente Ibañez como el Capitán General Marques de Croix. EI primero, a instancias de capitanes de navíos extranjeros, solicita la reparación al Ministro de Marina Arriaga; la respuesta de éste, considerando que Marina hace suficiente con pagar los gastos del farol y del personal que lo atiende, remite a que el Marqués de Croix reclame del Ministerio de la Guerra la restauración de la Torre.

En estos momentos se encargaba de la vigilancia del mar y del encendido de las tres luces del farol de la Torre (una de las dos torrecillas estaba ya fuera de uso) un marinero jubilado

El 5 de agosto de 1769 un rayo incendia y destruye el único farol que sobrevivía de los dos instalados en 1685.

El Comisario de Marina Martín Vegue se dirige al Intendente de Marina Hordeñana solicitando la pronta reparación del farol, adjuntando el correspondiente presupuesto.

Hordeñana pasa la petición al Ministro de Marina Arriaga, y este responde, una vez más, que el Capitán General haga la solicitud al Ministerio de la Guerra, que es el que cobra los derechos del impuesto para la Torre.

El Capitán General Marqués de Casatremañes toma, por fin, interés en el asunto, pues consta que en 1772 reclama al Ayuntamiento la documentación existente acerca de la composición de la Torre de Hércules, y sabemos por documentación posterior que el farol fue reparado en ese mismo año de 1772.

Página 55 de 93 De estos momentos es el plano firmado por Balthasar Ricaud, Ingeniero Militar destinado en la plaza. El plano de Ricaud es el primer dibujo de la Torre firmado por su autor, y es también el primero que representa correctamente las ventanas del monumento. Sorprende, sin embargo, la desproporción entre la altura y la anchura del monumento, que aparece demasiado bajo. Probablemente la base del dibujo fue copiada de la sección del plano de 1733, que presenta el mismo defecto.

En 1785 el rey Carlos III procede al establecimiento del Real Consulado Marítimo de Galicia, quien acordó impetrar del Rey licencia para acometer nuevas obras y en sus primeras actuaciones se dirige a la Junta de Marina del Departamento del Ferrol para solicitar la reconstrucción de la Torre.

Estas circunstancias propiciaron que el Ministerio de la Marina decidiera en 1785 restaurar la Torre de Hércules como parte del plan general de mejora y de modernización del puerto de A Coruña. El Capitán General de Galicia, Pedro Martín Cermeño, máxima autoridad del reino, respaldó abiertamente el proyecto y en 1787, le encargó al ingeniero militar Manuel de Navacerrada un informe exhaustivo del estado en que se encontraba la Torre. En ese documento, Navacerrada aboga por que se conserve la estructura del faro romano y se adapte a los avances técnicos de la señalización marítima, en lugar de derribarlo y construir otro nuevo. Esta opción era la más económica, argumento nada desdeñable, pero además permitía consolidar un monumento que era el símbolo de la ciudad, aspecto que defendía el académico José Cornide Saavedra. El 4 de enero de 1788, el rey Carlos III autorizó la restauración de la Torre que iba a financiar el Consulado del Mar.

Es entonces cuando fue nombrado ingeniero de la obra el Teniente de Navío D.

Eustaquio Giannini. Entre los meses de marzo y junio de 1788, el ingeniero militar Eustaquio Giannini, elaboró el proyecto, durante ese tiempo, en colaboración con Giannini trabajó el académico José Cornide que tuvo un papel que hoy podríamos definir como de asesor científico, supervisando el contenido del proyecto. Este trabajo de colaboración es posiblemente el ejemplo de uno de los primeros equipos interdisciplinares de la historia de la restauración arquitectónica que además nos ha dejado una memoria histórico-artística del monumento que es la obra Investigaciones sobre la fundación y fábrica de la Torre llamada de Hércules, situada a la entrada del puerto de La Coruña, que fue publicada en 1792, y un cuaderno de intervención conocido como Cuaderno copilador de las relaciones mensuales de la obra ejecutada en la reparación de la Torre de Hércules desde su principio hasta su conclusión, que se conserva en el Archivo del Real Consulado del Mar de A Coruña.

Giannini inicia las obras en junio de 1788. La obra se ejecutó con esmero, se ocultó la roza exterior por una banda, se elevó algo más el faro. Se colocó allí un farol de reverbero, en lugar del fanal encendido y alimentado con carbón que se había proyectado inicialmente.

Desde Giannini la Torre de Hércules quedó en el estado que hoy presenta. Es el signo más claro de la romanización de la ciudad de La Coruña y su indiscutible símbolo.

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