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SOCIOLOGIA DE LA
La difusión de la ideología masónica por la provincia de Albacete, en el último tercio del siglo
XIX,fue, como hemos visto en las páginas anteriores, relativamente rápida y afectó a once localidades de la misma, incluyendo la capital.
Las precisiones de carácter cuantitativo, a fin de deducir algunos aspectos sociológicos globales tropiezan, sin embargo, con la precaria documentación conservada de los diversos organismos de ese tipo. Hubo, en total, desde 1870 a 1900, diecisiete organismos masónicos albaceteños, de los cuales quince fue- ron logias, uno fue un Capítulo de Caballeros Rosa Cruz y otro fue una Gran Logia. De sólamente la mitad de ellos —nueve exactamente— se conserva alguna documentación, que en ocasiones se reduce a uno o dos documentos;
para el resto ha habido que recurrir a otras fuentes.
La ciudad de Albacete fue la que concentró el mayor número de estos organismos —seis en total, un tercio de todos ellos—, convirtiéndose en el cen- tro más importante de propagación de la masonería. Otro núcleo importante, con más de una logia durante el período, fue Hellín, debido quizás a su mode- rado auge económico, derivado de la minería. En general, el fenómeno masó- nico tiene un carácter fundamentalmente urbano más que rural, aunque sus líneas de difusión ofrecen, a veces, algunas sorpresas. Ello tiene que ver con los grupos sociales proclives a seguir este tipo de ideología, de los que habla- remos después; pero, en ocasiones, la semilla masónica puede fructificar en los más insospechados lugares, simplemente debido al empeño o al entu- siasmo de una persona del lugar, o, lo que no es infrecuente, a la llegada al lugar de un forastero que la difunda.
No hay que perder de vista, por otro lado, que aunque las logias eran gru-
pos relativamente autónomos, se encontraban conectadas —bajo la obediencia o los auspicios— a los Grandes Orientes Nacionales, cuyos proyectos en aque- llos aspectos también hay que tener en cuenta. En ese sentido, cabe destacar el predominio que tuvo en la provincia el Grande Oriente de España, con 11, al menos inicialmente, de los 17 organismos que se constituyeron, aunque des- pués cuatro de ellos pasaron a la obediencia del Grande Oriente Nacional de Ros-Rispá y uno se adhirió al Grande Oriente Español. Tres logias estuvieron auspiciadas por el Grande Oriente Nacional, de las cuales una se adhirió des- pués también a la Gran Logia Simbólica Española del Rito de Memphis y Mizraim. Esta última potencia masónica tuvo el monopolio, casi en solitario, en la provincia en la última década del siglo, con tres logias y una Gran Logia provincial, poco antes de la gran crisis finisecular que acabaría por afectar a toda la masonería peninsular.
La década de máxima vitalidad de la masonería albacetense fue, sin embargo, la de los años ochenta, en la que estuvieron en activo, que sepamos, al menos diez de los organismos considerados.
Un dato de interés relacionado con esto es el de la vigencia que tuvo cada una de las logias, en su etapa de actividad. Desgraciadamente, la fragmentaria documentación existente no permite trazar un cuadro general al respecto, ya que a veces se desconoce la fecha de fundación de las mismas y otras la de extinción. Alguna, más documentada, como
La Juventudde Villalgordo del Júcar, solo estuvo en activo dos años; otra, como la
Rosade Almansa, el doble, cuatro años; entre este último período y los diez años como máximo creemos que transcurrió la vida de la mayor parte de estas asociaciones.
Más importante aún que el tiempo material de vigencia de las logias sería detectar el impacto ideológico que causaron en las localidades donde estuvie- ron radicadas, es decir la renovación de ideas —laicismo, progresismo, etcé- tera—, que se produjo como consecuencia de la propaganda de estos grupos.
Podría decirse que, sociológicamente, este sería el objetivo principal de este estudio, que si algo intenta dilucidar es la difusión de las ideas por una región, o por el país. Ocurre, sin embargo, que no es tan fácil detectar estos extremos porque las ideas no son mercancías que llegan a un lugar y se consumen. Sin duda, algún impacto debió causar el masonismo en una provincia tan conser - vadora y tradicional como era Albacete a finales del xix, pero su apreciación exacta es poco menos que imposible, aunque algunas observaciones se han hecho, en los capítulos correspondientes, sobre la labor de propaganda de determinada logia o el fermento que debió suponer, por ejemplo, la filantro- pía masónica o la creación de una escuela laica.
Los nombres mismos de algunas de las logias apuntan incluso a este
intento de renovación ideológica: Regeneración, Porvenir, Propaganda, La
Verdad, Melchor de Macanaz...
En principio, si es posible calcular, con las limitaciones que después dire- mos, la cantidad aproximada de masones que hubo en la provincia de Albace- te, a falta de ese análisis cualitativo al que aludíamos antes. La cifra del número de miembros
localizadosen las logias más o menos documentadas es la siguiente:
Log. Géminis, de Férez
...9 miembros Log. Ilunum, de Hellín
...47
Log. Rosa, de Almansa
...43 Log. Tiro, de Tobarra
...26 Log. Humanidad, de Albacete
...109 Log. Regeneración, de Higueruela
...34 Log. Juventud, de Villalgordo del Júcar
...20 Log. Porvenir, de Mahora
...24 Log. Propaganda, de Albacete
...36 Log. Constancia, de Bonete
...9
TOTAL
... 357miembros Dicha cifra de
357masones en Albacete, es, sin embargo, harto insatis- factoria. De momento, son datos de sólo diez organismos masónicos frente a los diecisiete que hubo; por otro lado, incluso de esos diez, la documentación conservada es, según dijimos, escasísima en la mayoría de los casos. Quizás por ello no sea aventurado deducir que ese número de masones localizados en la provincia en el último tercio del siglo sólo representa un porcentaje del total real que no debe sobrepasar demasiado el 30 por 100 de los masones que hubo. Es decir, los afiliados a la masonería en Albacete en el perforo conside- rado pudieron muy bien acercarse al millar de personas. Un colectivo como se ve no muy numeroso —inferior al de otras provincias por la misma época—, pero que sin duda constituía una minoría activa y disciplinada, más nutrida incluso que alguna otra institución política o religiosa del momento.
En la cifra inicial calculada, el número de miembros de las dos logias de la ciudad de Albacete representan el 40 por 100 del total, lo cual corrobora una vez más el carácter eminentemente urbano de la asociación masónica, y quizás no sea un porcentaje muy alejado —a modo de muestreo— del que, con el número real de miembros, debió tener. Le siguen en importancia, por el número de miembros de sus logias, las localidades de Hellín y Almansa, des- tacadas por su población e importancia económica dentro del contexto provin- cial.
Ello enlaza con otro posible dato a calcular, el referente a la adscripción
social de los masones. Se trata en este caso de averiguar el peso cuantitativo
de los diversos grupos socioprofesionales que formaron parte de las logias,
como medio de calibrar no solo la importancia social y económica que pudie- ron tener estos organismos sino también, más sutilmente quizás, los sectores sociales que más se sentían atraídos por la ideología masónica.
Aquí, de nuevo, tropezamos con carencias o deficiencias de la documen- tación. De los
357masones de Albacete localizados, sólo de 263, es decir un 73'7 por 100, se hace constar este dato de la profesión. Considerando sin embargo, ese pequeño universo numérico como igualado a 100 a efectos de porcentajes, este sería el cuadro de la adscripción profesional de los masones albacetenses, de acuerdo con el modelo clasificatorio que hemos empleado en páginas anteriores:
Tipos ocupacionales N absoluto % sobre 263
Propietarios 32 1216
Comerciantes e industriales 60 22'81
Profesiones liberales 51 19'39
Militares 17 6'46
Empleados
yfuncionarios 49 18'63
Artesanos
yautónomos 46 17'49
Obreros 8 3'04
TOTALES 263 99'97
Antes de valorar estas cifras, es necesario hacer algunas aclaraciones de cómo se ha confeccionado este cuadro y de los equívocos que pueda llevar implícitos. Se ha recogido en él, por supuesto, las denominaciones profesiona- les que constaban en los cuadros lógicos de los talleres masónicos; pero, algu- nas de estas denominaciones se prestan, sin duda, a confusión: así, por ejem- plo, es frecuente que alguien ponga como profesión, "del comercio" o "co- merciante"; ¿qué quiere decir esto?, ¿que es propietario de un estableci- miento comercial? ¿que se dedica a los intercambios o compra-venta de mer - cancías?, ¿que es empleado en estos establecimientos?. Lo mismo ocurre con los industriales; a finales del siglo
XIXno cabe hablar de grandes industrias en España, y menos en Albacete; muchas, pues, de esas denominaciones corres- ponderán, sin duda, aunque se han respetado, a artesanos más o menos desta- cados, o autónomos, entendiendo por tales a los que son propietarios de su negocio, por pequeño que este sea.
Los propietarios deben entenderse en la mayoría de las ocasiones,
durante el siglo, como propietarios agrícolas, pero en ocasiones aparece la
denominación de "labrador" que, al menos en algunas regiones, cabe asimilar
al del pequeño propietario agrícola más o menos acomodado y no a la de
obrero del campo.
Un caso especial es el de los maestros de instrucción primaria, relativa- mente numerosos en ciertas logias —algunas los excluían de pagar cuotas pen- sando en la labor educativa que podía llevar a cabo fuera de ellas—. Hoy día esta profesión es fácilmente clasificable dentro del grupo de los funcionarios públicos; en el XIX no lo era, ni mucho menos, y, pese a su relevancia educa- tiva, su estatus económico era deficientísimo, como tantas veces nos describen los novelistas de la época, hasta el punto que la frase "pasar más hambre que un maestro de escuela" se hizo proverbial casi hasta nuestros días. ¿Dónde situar, pues, a estos profesionales? ¿Entre las profesiones liberales? ¿Entre los obreros (su situación era a veces peor)? Hemos optado, ante esta disyunti- va, y dada su relevancia social, si no económica, en situar dicha profesión, como, lo haríamos hoy, en el grupo de "empleados y funcionarios". Por con- tra, un exiguo número de estudiantes, han sido excluidos del cómputo, al no considerarse su actividad como profesión, e incluidos en el apartado de los que no la hacen constar.
Volviendo, pues, tras estas salvedades, a las cifras del cuadro, el grupo de profesionales más numeroso entre los afiliados a las logias es el de comercian- tes e industriales. Si asimiláramos este grupo con el de artesanos y autónomos, en virtud del razonamiento que hemos hecho, ambos representarían el 40 por 100 del total, una proporción ciertamente considerable, que en su estadio más bajo significaría el dominio de las logias por la pequeña burguesía, y en el más alto de la burguesía media ciudadana.
Tras estos dos grupos, superando el porcentaje del segundo, se sitúa el de las profesiones liberales, con casi la cuarta parte del total. Médicos, abogados, farmacéuticos, etcétera, engrosaron las logias masónicas a finales del xix como reducto para la explanación de sus ideas sociales avanzadas, que difícil- mente podían consumarse en el contexto más amplio de una sociedad espa- ñola en la que el triunfo de la burguesía no se había realizado en la misma medida que en otros países europeos más desarrollados. Económicamente, este grupo constituía una auténtica clase media, en la que generalmente recaían los principales cargos políticos, y que frecuentemente accedía a la pro- piedad o se entroncaba, en todo caso, con la clase propietaria. Si sumáramos al porcentaje de este grupo el de los propietarios, entre ambos representarían cerca del tercio del total de los grupos.
El tercer lugar en la escala lo ocupaban funcionarios y empleados, cuyo elevado porcentaje es indicio del peso de la capital en el conjunto de la maso- nería provincial albacetense. Esta clase media urbana, mas bien clase media- baja si matizáramos debidamente, está constituida por la burocracia oficial y de servicios, y aunque se sentía diferente a artesanos u otros oficios, su nivel económico estaba en ocasiones a la par o por debajo de aquéllos. También como funcionarios estatales pueden ser considerados los militares —con poco
más del 6 por 100 del total—, pero por sus características especiales en la España de la época —todos los contabilizados eran jefes u oficiales— no son fácilmente asimilables a los demás grupos.
El porcentaje más bajo está representado por los obreros, con solo un 3 por 100, lo cual está en consonancia con el carácter mesocrático tantas veces enunciado de la masonería que exigía a sus miembros un cierto desahogo eco- nómico, porque para mejorar la sociedad ayudando con obras filantrópicas se necesitaba del mismo, pero, sobre todo, porque las cuotas que se pagaban en las logias, o las limosnas que casi obligatoriamente debían entregar sus miem- bros, no podían satisfacerse a menos que a estos les sobrase algún dinero una vez cubiertas sus necesidades.
Otro extremo sobre los componentes de las logias que no ha podido ser comprobado satisfactoriamente en la provincia, aunque se ha hecho para otras regiones, es el de la procedencia geográfica de los masones de Albacete, a quienes de hecho cabe considerar más que como masones de Albacete, como masones en Albacete. A diferencia de algunos cuadros de miembros en diver- sas provincias, en los que aparece con la suficiente reiteración este dato, en la de Albacete solo consta en menos de un tercio del total de expedientes perso- nales. Exactamente de 100 expedientes o listas de miembros en los que consta el lugar de nacimiento, 77 son nacidos en la provincia y 23 son forasteros pro- cedentes de otras provincias. Ambas cifras son, sin embargo, poco significati- vas e incluso pueden ser distorsionantes de la realidad. En principio, nuestra impresión es que los elementos forasteros no fueron en Albacete tan decisivos para la propagación de la ideología masónica como en otras provincias, en parte porque por su misma situación económica a lo largo del xix, Albacete no fue tierra de inmigrantes y solo algunas localidades donde por algún motivo se produjo un relativo auge económico —Hellín, Almansa— atrajeron, en determinados momentos, a pequeños grupos de otras provincias.
En suma, pues, los datos significativos, que nos aporten criterios válidos para establecer una cierta tipología de la masonería albacetense no son muy abundantes, pero los que existen algo nos aclaran sobre ese movimiento ideo- lógico que se expandió con una relativa intensidad a lo largo de tres décadas, y del que nada se había escrito hasta ahora.
Se puede pensar lo que se quiera sobre la masonería —como toda ideolo- gía está abierta a crítica, a favor o en contra—, pero lo que no se puede es ignorar su existencia, y a ello tiende este estudio histórico.
En las fuentes de primera mano consultadas queda, pese a su escasez, meridianamente clara la ideología de dicha asociación, pero no existe el menor vestigio de confabulación contra la sociedad circundante ni referencia a un especial control por las logias de la vida de un pueblo, fuera del que algún individuo, a título personal por su cargo o por su riqueza, pudiera
tener... El taller masónico aparece enquistado, a veces de forma un tanto irreal, en la sociedad que le rodea, como aislado, sin que exista, aparentemen- te, un gran flujo sociedad-logia. Se discute acaloradamente en las logias, se critica algún acontecimiento del exterior o una idea —sobre todo, las clerica- les—, pero todo exceso, silo hubo, fue meramente verbal. La acción exterior sólo se manifiesta, como mucho, en unas hojas de propaganda, en unas obras de caridad (que no siempre les fueron aceptadas), en la constitución de una escuela laica, en la construcción frustrada de un cementerio civil ... ... Las resistencias sociales a estos proyectos se ha visto, en ocasiones, que eran bas- tante fuertes. En definitiva, el supuesto "poder masónico" no fue, al parecer, en la provincia de Albacete, a finales del XIX, demasiado eficiente, aunque no quepa menospreciar el posible fermento de las ideas masónicas, entonces, y aún después.