CAPÍTULO IV. La Plaza de Santa Clara
4.6 Otras actividades
4.6.2 Tenderetes
En los días de Navidad la plaza y sus alrededores se llenaban de puestos de venta de zambombas, panderetas, figuras de Belén, juguetes y todo tipo de gorros, matasuegras y sombreros para el cotillón de Año Nuevo.
Danzas típicas aragonesas.
Puesto de turrones.
Venta de flores.
Puestos de venta.
CAPITULO V. Calles adyacentes
El conjunto formado por la Iglesia y el convento de Santa Clara estaba delimitado en su fachada principal por la calle Mayor y en los
laterales por las de Barracas, callejón del horno de la barraca y calle de las Monjas Claras.
5.1 Calle Barracas
Lo que hoy queda de aquella calle es algo menos de la mitad de su longitud primitiva. La construcción de la plaza y la posterior ampliación ha traído consigo la reducción de la calle Barraca Su nombre posiblemente sea debido a la existencia de una barraca en la misma calle y en los últimos cinco siglos no ha cambiado el nombre. Sin embargo se sabe que en el siglo XV se la conocía también como carrer del forn de Forés. Este horno pasó en el siglo XVI a la familia Agramunt, luego a la familia Sisternes y se comunicaba su parte trasera con la calle Enchin, hoy calle Vera. Hay que tener en cuenta que en aquella época un horno era uno de los edificios más singulares de la ciudad, era un servicio y además un punto de encuentro, lugar en donde las mujeres comentaban todos los acontecimientos que día a día se vivían.
Forn de Sisternes.
Muchas calles eran conocidas haciendo referencia a dicho establecimiento, así el horno de esta calle también sirvió para designar al callejón situado al sur del convento y que desde la calle Mayor llegaba a enlazar con la calle Barraca precisamente donde estaba el horno y por este motivo según consta en el libro de actas del Ayuntamiento del 18 de junio de 1864 se acordó designar con el nombre de Callejón del horno de la Barraca el que se halla entre el instituto provincial y casa de los herederos de D. José Catalá. Posteriormente y ya en el siglo XX se la conocía con el nombre de Pintor Vergara, como hemos citado anteriormente.
Calle Barracas.
El Libro de Valúes de la Peyta, de 1785 conservado en el Archivo Histórico Municipal nos habla de la composición del vecindario. Su gente pertenecía a profesiones variadas y se caracterizaba por estar en el “centro”
de la Vila. Era una calle estrecha que servía de paso para ir al mercado y a la Iglesia de Santa María. Diez vecinos se dedicaban a la agricultura, bien como propietarios, cultivadores o jornaleros, nueve se dedicaban a labores manufactureras o pertenecían al sector secundario, dos eran comerciantes y el tercero figuraba únicamente como propietario de una casa. Como dato curioso cabe destacar que sólo nueve vecinos habitaban en casa propia, siendo el resto arrendatarios. La mayoría de las casas tenían una navada de
dimensión, medida habitual en esta época que equivale a unos cuatro metros. Algunos apellidos de los vecinos pueden llamarse “de soca”, otros denotan la procedencia de otras localidades como: Rubio, Estellés, Tomás, Guinot, Ariño, Hernández, León, Mercé, Esteve, Gómez, Polo, Fauró;
Causanilles, Aniento, Martí, Prades, Armengol, Fabregat y Camañes.
5.2 Carreró de les monges
La otra calle adyacente al convento era la que desde la calle Enchin junto a la plaza de la Pescadería descendía hasta la calle Mayor; no tenemos referencias de cual podía ser su nombre con anterioridad a la llegada de las monjas clarisas al convento pero lo cierto es que unos años después de iniciarse la construcción del edificio religioso se la conoció como carreró de les monges. Con este nombre se la designó durante muchos años hasta que en el siglo XIX cambió de nombre y pasó a llamarse Coloro como prolongación de dicha calle que es la actualmente conocida por el de Obispo Climent, hasta que por acuerdo del consejo municipal y según consta en el acta de 8 de febrero de 1.859 fue modificado de nuevo el nombre y en el que literalmente se indica: La Calle de las monjas claras antes parte de la de Coloro comprende desde la calle Mayor hasta la plaza de la Pescadería. Posteriormente y según acuerdo del 18 de enero de 1.922 vuelve a cambiar de nombre y pasa a llamarse Balbás, en recuerdo del que fue archivero, bibliotecario y cronista de la ciudad, fallecido el 17 de noviembre de 1.903, y que escribió interesantes libros sobre temas locales entre los que cabe destacar El libro de la provincia de Castellón, Casos y cosas de Castellón y Castellonenses ilustres. Años más tarde la calle desaparece con la creación de la actual plaza de Santa Clara.
Pocos vecinos habitaban en el Carreró de les Monges, ya que por una fachada estaba el convento y la otra fachada estaba formada per les portes falses de les cases que daban a la plaza de la villa, entre las que cabe destacar el hostal de la plaza que con más de cinco siglos de existencia llegó hasta nuestros días y que al derribarse pasó a formar parte del solar donde se construyó el actual mercado. Junto a dicho hostal estaba el celler del bisbe o almacén del diezmo, del que ya se tiene referencia desde el siglo XIV cuando Miguel Eximeno tenie unes cases franques atinent del celler del bisbe. Recordando esta calle cabe destacar que la casa de la esquina con la calle Mayor, donde en la actualidad existe una entidad bancaria, fue habitada por la familia Viciana, gobernadores del territorio delimitado entre el río Uxó y Cataluña.
Si bien esta calle no era importante por los pocos vecinos que la habitaban sí lo era por su importancia estratégica en el centro de la ciudad.
Era vía concurrida como paso al mercado y tránsito hacia la Colonia Educativa situada en la Casa d’orfens. En la actualidad esta calle ha desaparecido y forma parte de la plaza de Santa Clara.
CAPITULO VI. Piedra de la Historia de Castellón
Entre las obras municipales más ambiciosas realizadas a lo largo de los últimos años destacan las incluídas en lo que se ha venido denominando
“Solución Centro” y entre ellas la remodelación de la Plaza Santa Clara.
En lo que respeta a esta plaza, se han construído aparcamientos en el subsuelo y la superficie ha sido objeto de una profunda reestructuración incluyendo la peatonalización de la zona más céntrica de la ciudad. En todas estas realizaciones no faltaron claro está, las polémicas.
Puesto que la plaza ocupaba el solar del primitivo emplazamiento de la villa, el Ayuntamiento creyó conveniente remodelar el espacio con algún monumento que por su simbolismo recordara este pasado histórico a todos los ciudadanos.
La idea fue recogida por el escultor villarrealense Vicente Llorens Poy quien la concibió como un gran bloque de piedra labrada y en los relieves de las caras principales se va relatando el tema de la historia de la ciudad. En el verano de 1.985 en su estudio, el escultor modeló el boceto de la obra a escala 1/6 de su tamaño. El día 18 de octubre el Ayuntamiento en pleno acordó la adjudicación del monumento a Llorens Poy tras el correspondiente concurso y el día 5 de noviembre se firmó el contrato.
A partir de este momento comienza la elaboración del modelo a mitad del tamaño definitivo. Para esta obra fueron necesarias once toneladas de barro y el escultor tuvo que ampliar el estudio para dar cabida a la obra y al necesario andamiaje.
Empieza a trabajar a marchas forzadas y el día 8 de abril concluye el modelado de la primera cara que es presentada a las autoridades y a la prensa. Seguidamente inicia la segunda que es concluída el día 29 de julio.
La “Piedra histórica de Castellón”, como así la llama su creador, es un gran bloque de caliza blanca, en forma de tronco que pirámide de base rectangular, de tres por cuatro metros y con una altura de siete metros.
Descansa sobre un basamento de piedra de Borriol, similar a la utilizada en los pilares de la plaza, de once metros de lado, que de forma escalonada asciende hasta el pedestal propiamente dicho. Todo el conjunto, con su base, tiene una altura de ocho metros, sesenta centímetros y un peso de seiscientas toneladas.
Llorens Poy autor del monumento.
Monolito.
En la parte iconográfica se ha seguido el mayor rigor histórico. Se han representado, por consiguiente, los personajes y hechos más significativos en la fundación y posterior trayectoria histórica castellonense.
El mismo rigor de documentación se ha tenido en la representación de los atuendos, tanto de las figuras históricas, como de la parte etnográfica, aunque simplificando los detalles. De acuerdo con el concepto escultórico, el desnudo se ha preferido para las figuras alegóricas, dándoles de esta forma un carácter atemporal.
La cara del monumento recayente a la calle Mayor representa la parte histórica relacionada con la fundación de la ciudad y su posterior desarrollo institucional. Todo el conjunto está centrado por el escudo de la villa con las armas de Aragón, tal como se ha conservado procedente de edificios medievales. Debajo de él la fecha fundacional de 1.251.
Cara Este vista desde la calle Mayor.
En el ángulo superior izquierdo se representan las tierras castellonenses en los siglos inmediatamente anteriores a la fundación de la ciudad. Destacan las almenas del Castell Vell y debajo la figura del rey Pedro I de Aragón, a quien en el documento del año 1.095 se le nombra señor de Castellón y, junto a él, al obispo de Tortosa, que recibió el señorío de Castellón, junto con otras tierras, de manos del rey Alfonso II.
Entre ambas figuras, en segundo plano, aparece un moro, alusivo al carácter todavía musulmán del poblamiento en estas fechas anteriores a la reconquista. Este hecho de la reconquista está representado de forma alegórica en el ángulo superior derecho dode aparecen dos figuras que sostienen una cruz en cuyos brazos flamea la senyera, mientras un jinete moro es perseguido por un cruzado. En el centro de la parte superior, sobre el escudo, se sitúa el grupo alusivo al momento fundacional: el rey Jaime I flanqueado por dos caballeros, el de la izquierda es D. Nuño Sancho, infante hijo de D. Sancho y Dª Sancha, condes de Provenza y nieto de Ramón Berenguer IV y de Dª Petronila. Su señorío sobre Castellón se sitúa, en opinión de los historiadores, entre 1.234 y 1.242. El caballero de la derecha es Ximén Pérez de Arenós, lugarteniente del rey en Valencia, que lleva en sus manos el pergamino fechado el 8 de septiembre de 1.251, otorgando el permiso real para el traslado de la población al llano. Las demás figuras históricas de la composición ocupan el lado derecho. Están situadas en tres pisos y representan personajes reales y eclesiásticos relacionados con el desarrollo institucional de la ciudad. En lo alto está Pedro III El Grande, junto al Consejo de la villa, establecido por dicho monarca en diciembre de 1.283. En la parte inferior de este grupo hay tres figuras, los dos clérigos son San Vicente de Roquetas, señor de Castellón que en 1288 confirmó las donaciones hechas a Castellón por sus anteriores señores y el de Poblet, a quien prestaron fidelidad los jurados y pueblo de Castellón en 1.289. La tercera figura es la reina Dª Leonor, esposa de Alfonso IV y señora de Castellón, señorío recibido por dote matrimonial.
Esta reina, que más tarde tuvo un trágico final, mandó redactar las ordenanzas para el buen gobierno de la villa en 1.339. En el piso inferior, Pedro IV, bajo cuyo reinado se produce el fin de los señoríos castellonenses, estableciéndose la capital de la gobernación del río Uxó al Cenia.
El resto de la parte inferior, la forman un grupo alegórico representando a los hombres que en torno a 1.251 poblaron el llano, procedentes de la montaña próxima. Se ha evocado también a todos los pobladores que en los siglos sucesivos hicieron lo propio, contribuyendo decisivamente al desarrollo de la ciudad.
El tratamiento de las figuras en desnudo ofrece mayores posibilidades plásticas y evita referencias a la leyenda tradicional. Dentro del grupo se distingue a los pobladores que siguen a la joven familia en actitud de mirar hacia el futuro. Junto a este grupo, dos figuras, una cortando la maleza para los nuevos cultivos y otra construyendo la ciudad.
Cara Oeste vista desde la calle Vera.
La cara opuesta, recayente a la calle Vera está concebida, desde el punto de vista compositivo, como una réplica de la anterior. En este caso preside el conjunto el escudo actual de la ciudad, bajo el que figura la fecha
de l.986 año de la realización de la obra. A su alrededor figuras alegóricas de la vida espiritual, cultural y económica de la ciudad.
En lo alto centra la composición la figura entrañable de la patrona de la ciudad, la nostra Lledonera, sostenida por un robusto labrador,
“Perot de Granyana” y a su derecha los copatronos, San Cristóbal y San Blas. A la izquierda, un grupo alegórico representa con los correspondientes símbolos, a las artes y las ciencias, evoca a las personalidades castellonenses que, a lo largo de los siglos, han destacado en el campo de la literatura, pintura, arquitectura, música y también en el de la ciencia e investigación. En el ángulo opuesto se repite el tema de las almenas, como en la otra cara y debajo de ellas vemos a los primeros pobladores de la Plana, pastores y cazadores.
A la izquierda, bajo el grupo de las artes y las ciencias, se rinde homenaje a los castellonenses ilustres que dedicaron su esfuerzo en la creación de instituciones de tipo benéfico y asistencial. De derecha a izquierda aparecen: Guillem de Trullols, que otorgó testamento en 1.391 para la creación del hospital; junto a él, el notario Mas, creador de la fundación de su nombre en 1.617. Las otras dos figuras, corresponden al obispo Fray Antonio Salinas y al gobernador don Antonio Bermúdez de Castro, aunque nacieron fuera de esta tierra, vivieron y murieron en ella y durante las últimas décadas del siglo XVIII, le dedicaron todo su esfuerzo.
En la parte inferior de este grupo, otros castellonenses que se distinguieron por su obra benéfica: el obispo don José Climent y Avinent, quizás el más ilustre entre los hijos de Castellón. Fundó dos escuelas, restauró Las Aulas de la Latinidad y creó con sus cuantiosos bienes una casa de huérfanos. A su lado figura Isabel Ferrer, creadora en su casa solariega de una escuela gratuita para niñas en 1.814 y don Juan Cardona Vives que fue arcipreste de Castellón, fundó el asilo de la calle Gobernador, restauró a su costa la iglesia Arciprestal y con su legado se construyeron las parroquias de la Trinidad, Sagrada Familia y el Colegio de las Escuelas Pías.
En la parte inferior del monumento aparecen representados: el río Mijares, siguiendo el modelo clásico, se ha representado en la figura de un dios portador de las aguas, así como una ninfa que representa las fuentes de Borrasota y de la Reina. Otras figuras como el portador del capazo de naranjas, representa el comercio; la industria está representada por la elaboración tradicional del cáñamo y la agricultura por el labrador portando la azada. A la marinería hace referencia el joven portando una red y un remo y a su lado una niña con una gaviota nos habla de Les Columbretes, lugar más alejado del término municipal. Por último, la pareja de jóvenes romeros de la Magdalena completa este rico cuadro de costumbres populares.