1.3. Teorías
1.3.1. Teoría de la desorganización social
Estos antecedentes inspiraron las subsecuentes investigaciones de Shaw y McKay (1942) quienes argumentaban que la desorganización social es el resultado de características estructurales del área: Estatus socioeconómico bajo: alta movilidad residencial y heterogeneidad étnica (Shaw y McKay, 1942). Con su trabajo “Delincuencia Juvenil y áreas urbanas, estos autores se convirtieron en los principales exponentes de este cuerpo teórico al analizar la distribución geográfica de la delincuencia en Chicago y otras ciudades. (Bruinsma et al, 2013).
Shaw y Mckay (1942) parten del fundamento de que la carrera criminal comienza a una temprana edad por lo que realizan un trabajo sobre la delincuencia juvenil. De igual forma estudian en los barrios de la ciudad de Chicago la interrelación entre 1) las zonas donde viven los delincuentes juveniles, 2) el porcentaje total de la población juvenil y los datos de quienes se han relacionado con la justicia criminal y 3) la distribución de la delincuencia a lo largo de las distintas zonas de la ciudad. Los hallazgos generales que encontraron fueron los siguientes:
1) encontraron que la delincuencia seguían patrones uniformes muy marcados, siendo más alta en las áreas adyacentes al área central de negocios y disminuía conforme como se iba alejando del centro de la ciudad. 2) Las altas tasas delictivas fueron encontradas en las mismas áreas por largos periodos de tiempo independientemente de que cambiara la población residente. 3) Definieron los procesos sociales que operaban en esas áreas con el concepto de desorganización social, lo que implicaba una confusión de normas morales en las que la familia y la comunidad se volvieron ineficaces como agentes socializadores. 4) Finalmente la distribución de la delincuencia y otros desordenes sociales fueron interpretados en términos de las condiciones sociales existentes en algunas comunidades (Baldwin, 1979). Con esto, la conclusión a la que llegaron fue que en los barrios desorganizados socialmente es más probable que se presenten los delitos, los que a su vez atraerán otros problemas además de que la forma de asociación también es determinante ya que se aprenden las conductas de los grupos (Vázquez, 2003). Desde esta perspectiva ellos observaban que el control de la criminalidad no residía en tratamientos individuales si no que era necesario el “control social”
en los barrios desorganizados (Shaw y McKay, 1942).
Aunque en la década de los 50s y los 60s este cuerpo teórico sufrió grandes críticas y vio
teorías comenzaron a resurgir en la década de los ochentas y noventas con los trabajos de Lisnky y Strauss (1986), Sampson y Groves (1989), y Stark (1996), estos trabajos iniciaron con la premisa de que el crimen solo puede ser entendido de una manera significativa a través de los aspectos económicos, demográficos y sociales donde cada uno de estos aspectos tiene su propia geografía (Andersen, 2006).
La teoría de la desorganización social en sus trabajos empíricos relaciona 5 factores con los actos delictivos. 1) Demográficos: densidad de población o composición étnica; 2) Económicos: pobreza, niveles de ingreso, tasas de desempleo; 3) Social: educación; 4) Desintegración familiar: porcentajes de padres solteros; y 5) Urbanización (Shaw y McKay, 1942). Los resultados confirman la correlación de estas variables con una notable excepción en lo que respecta a la densidad de población (Andersen, 2006). A partir de este trabajo diferentes autores han utilizado la teoría para demostrar que los patrones delictivos son constantes en tiempo y espacio.
Entre los estudios empíricos que utilizan esta teoría se encuentran los trabajos de Bursik, y Webb (1982), quienes utilizan las variables estabilidad residencial, porcentaje de personas nacidas fuera de la entidad, porcentaje de madres solteras, y densidad de hogares. En su estudio, encontraron que el cambio en los delitos estaba asociado positivamente a estas variables en tres periodos de tiempo. Sampson y Groves (1989) prueban la teoría a nivel comunidad e incorporan además de las variables conocidas, un indicador relacionado con la urbanización; para tales efectos, utilizan densidad de población y densidad estructural. Para medir la desorganización social incorporan tres indicadores: redes locales de amistad, participación en la comunidad, y supervisión de jóvenes en las esquinas. En su estudio realizado en 238 localidades de Gran Bretaña, encuentra relación positiva con urbanización, estatus económicos bajo, heterogeneidad étnica, disfunción familiar y estabilidad residencial.
En concreto, en su análisis empírico, encontraron que las comunidades que se caracterizan por escasas redes de amistad, grupos de adolescentes sin supervisión, y baja participación en la comunidad, tenían tasas desproporcionadamente altas de delincuencia. Morenoff y Sampson (1997) toman como punto de partida la teoría y aunque hacen algunas observaciones a los fundamentos teóricos, la retoman como base de partida para su estudio. En éste, relacionan las
estabilidad residencial. En su estudio concluyeron que el delito se encuentra correlacionado positivamente con el estatus socioecómico bajo, porcentaje de desempleados, porcentajes de familias con madres solteras. Walsh y Taylor (2007b), identificaron que los cambios estructurales traen consigo un aumento en la tasa de robo de vehículos. Para ello utilizaron como predictores variables sociodemográficos con lo cual construyeron un indicador que medía el estatus socioeconómico compuesto por el promedio de ingresos, promedio de personas que viven bajo la línea de pobreza. Y un indicador de inestabilidad compuesto por el porcentaje de personas que rentan vivienda, porcentaje de viviendas ocupadas por una personas y el porcentaje de personas con 5 o mas años que no reside en la mismas casa, en todos los casos se encontró una relación positiva con las tasas de robo de vehículo.