Desigualdad y poder desde hace más de 8,000 años en el
1. Tres regiones, dos rutas de desarrollo de jefaturas
Empezamos en el valle de Oaxaca, ubicado en la Sierra Madre del Sur de México, donde las primeras aldeas agrícolas se establecieron hace 3,500 años. Como nueva forma de comunidad local, las aldeas com- pactas ubicaron a muchos vecinos en un espacio pequeño. A escala regional, como se ve en la imagen 1, se formó una agrupación de apro- ximadamente 30 aldeas y caseríos unificados en una unidad política, cuya centralización se enfocó en la aldea grande de San José Mogo- te, donde se llevaron a cabo unas actividades que no ocurrieron en las otras aldeas. La arquitectura de San José Mogote (imagen 2) creó varios espacios ceremoniales asociados a una residencia grande y elabo- rada, que marca cierta acumulación de riqueza en manos de una familia de importancia. Las diferencias de las actividades productivas entre las
familias de las aldeas de Oaxaca se representan en una configuración de escalamiento multidimensional (imagen 3) en la cual cada punto representa el conjunto de artefactos de una sola unidad doméstica.
Se ve un grupo de unidades domésticas “ordinarias” en negro y una separación de algunas otras con actividades especializadas. Se indica claramente la presencia de la diferenciación productiva y la interde- pendencia económica. En la misma clase de análisis se ven también diferencias entre familias en cuanto a nivel de vida. En los términos que aplicamos a las sociedades contemporáneas describiríamos medio milenio de desarrollo fuerte que se inició en el contexto del crecimien- to de población, relacionado con las aldeas agrícolas iniciales, y que no paró, sino se aceleró, durante otros 500 años de estabilidad demo- gráfica. El ritmo de desarrollo fue rápido –dentro de 500 años la po- blación del valle de Oaxaca pasó desde bandas pequeñas de cazadores y recolectores hasta una unidad política regional integrada, que alcan- zó una extensión de 400 km2 con unos 1,500 habitantes–. Al final de la secuencia de desarrollo político descrito, una piedra labrada con la figura de un cuerpo muerto (imagen 2) conmemora en público la ca- pacidad de fuerza coercitiva que quedó en manos poderosas de San José Mogote.
Una variante de la misma historia se desarrolló en el Alto Magdale- na en los Andes de Colombia. El inicio de la vida sedentaria, con base en la agricultura, es un poco más reciente –hace unos 3,000 años– y los pobladores de la región no organizaron sus residencias en aldeas compactas como las de Oaxaca. Pero aumentó la densidad demográfica regional y se inició un patrón de asentamiento que persiste hasta hoy:
cada familia vivía donde cultivaba, en su propia finca. La dispersión de viviendas no facilitó la interacción intensa con gran número de vecinos y dificultó el intercambio de productos de uso diario en la economía local. Los conjuntos de artefactos domésticos son más homogéneos que en el caso de Oaxaca. La falta de conjuntos muy diferentes ocasiona una mayor dispersión en este resultado de escalamiento multidimen- sional (imagen 3).
Es posible identificar una agrupación de los más homogéneos en negro, pero no se ve ninguna separación clara entre unas unidades ordinarias y otras especializadas como se vio en el análisis de artefactos de Oaxaca. El índice de diferenciación productiva tiene un valor me- nor. Cada familia realizaba actividades productivas muy semejantes en este contexto de poco desarrollo económico. El desarrollo vigoroso de la integración política, sin embargo, es evidente. Agrupaciones a escala regional de alquerías o caseríos sugieren patrones de interacción centralizada desde inicios de la vida sedentaria (imagen 1), patrones que unos 700 años después se ven enfocados en centros funerarios mo- numentales (imagen 4). Las tumbas y la estatuaria demuestran la presencia en esta sociedad de personajes de muy alto rango, pero la ho- mogeneidad de artefactos de diferentes unidades domésticas señala la ausencia de familias ricas que gozaban de un nivel de vida más alto que el de las otras familias.
La monumentalidad y permanencia de las tumbas, la iconogra- fía de la estatuaria y la escasez de ofrendas costosas adentro sugieren
Imagen 4. Tumba monumental en el Alto Magdalena.
personajes muy prestigiosos –respetados por su asociación con lo sobrenatural, pero que no habían acumulado mucha riqueza–. Se ve en el Alto Magdalena, entonces, una jerarquización más fuerte que la de Oaxaca pero que no tenía carácter económico, sino que se deri- vó de prestigio con base ritual. No obstante, la debilidad del desarrollo económico y la ausencia de comunidades nucleadas surgió no una sino aproximadamente 20 unidades políticas más pequeñas que la de Oaxaca en términos espaciales (100–150 km2 cada una), pero mucho más grandes en términos demográficos (hasta unos 5,000 habitantes).
Prestigio, respeto y los sistemas de creencias de los cuales se derivan juegan roles importantes en las sociedades contemporáneas también, y la trayectoria de desarrollo en el Alto Magdalena nos hace recordar que su capacidad de estructurar la interacción interpersonal es alta, y ha sido así desde hace miles de años.
Tercera variante del proceso de “jefaturización” se presentó en el valle occidental del río Liao en el noreste de China. Empieza en tiem- pos aún más remotos, con el establecimiento de las aldeas agrícolas hace 8,500 años, pero el cambio social fue muy paulatino. En Oaxaca y en el Alto Magdalena hemos atestiguado los cambios sociales del primer milenio o milenio y medio de la vida sedentaria. En el valle del Liao no cambió casi nada durante los primeros dos milenios.
Fue después cuando aparecieron las sociedades hongshan en condi- ciones de un crecimiento demográfico muy fuerte. Como en Oaxaca, la mayoría de la población vivía en aldeas, pero aldeas mucho más
Imagen 5. Plataforma ceremonial en Tianjiagou, Valle del Liao
dispersas que las de Oaxaca, y asociadas con cierto número de habitan- tes adicionales en caseríos separados. Dicha dispersión de viviendas no facilitó la interacción como ocurrió en los asentamientos compactos de Oaxaca. Tampoco lo dificultó tanto como la dispersión mayor de las viviendas en el Alto Magdalena. Los conjuntos de artefactos de las unidades domésticas hongshan indican más diferenciación produc- tiva e interdependencia económica que en el Alto Magdalena, pero menos que en Oaxaca (imagen 3), como lo demuestran los índices.
Las diferencias entre familias en cuanto a nivel de vida eran mínimas, pero no se puede hablar de una sociedad igualitaria. Entierros ubica- dos en plataformas ceremoniales (imagen 5) y dotados con artefactos finos de carácter simbólico manifiestan la presencia de personajes cuya importancia se debía principalmente al prestigio derivado de sus roles rituales. Estos personajes parecen haber sido los líderes de unida- des políticas independientes y numerosas pero muy pequeñas, con poblaciones generalmente de menos de 1,000 habitantes dentro de unos 25 km2 (imagen 1). Había tal vez hasta 200 de dichas unidades en un territorio vasto caracterizado por una homogeneidad cultural im- presionante, mantenida por la interacción facilitada por un gran centro de peregrinación en Niuheliang.
2. Desigualdad, liderazgo y diferenciación de riqueza