1) El acercamiento a la literatura sobre transexualidad, fue problemática debido a que en el país aún son escasas las investigaciones que se realizan desde una perspectiva social, por lo
3.2. Un cuerpo que no es mío: hasta que supe que era trans
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de las personas transexuales al andar por la ciudad, y que, si bien tienen experiencias en común, existen diferencias estructurales, como, la posibilidad de poder cruzar a ambos lados de la frontera o el oficio. Estas se verán plasmadas en el inició de su transición tal como se muestra en el siguiente apartado.
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de virilidad y de masculinidad dentro de las relaciones de género. Esto es visible en la narración de Toña:
Pues sí, ya vez que empieza a desarrollarse tu cuerpo, empieza a aparecer el vello y esas cosas y todo eso me caía muy mal y pues allá en Guerrero, pues íbamos a la playa y pues tenerte que meter y a mí se me antojaba ponerme un traje de baño, si, completo pero había algo que estorbaba y así como que, ay no, que vergüenza, y siempre con playeras largas o shorts (Toña, mujer transexual, 38 años, entrevista, 2012).
Los sentimientos que se expresan en esta narración reflejan el castigo social a la que son sometidas las mujeres transexuales si muestran tanto sus preferencias sexuales como su malestar con su corporalidad biológica, produciendo aislamiento, culpa, pena y rechazo de otras personas y hacia ellos mismos.
Además, los roles de género que se les imponían de acuerdo a su anatomía biológica les eran desagradables porque hacerlos implicaba asumirse con un sexo/género al que no pertenecían subjetivamente. Por ejemplo, a las mujeres transexuales, de niños pequeños, se les asignaban juegos y actividades como jugar a los carritos, jugar fútbol, trabajar con el papá, entre otros. Siempre dijeron que se sentían más cómodas realizando roles que socialmente se les asignaban a las niñas, tales como, jugar a las muñecas, las barbies, hacer la comida entre otras. El hombre transexual indicó los mismos sentimientos argumentando que siempre le gustaron los deportes, los juegos rudos y las amistades con hombres. Lo anterior manifiesta que existe una tensión entre la interiorización de las normas de género y la subjetividad individual (Hall, 2003), dentro de un proceso donde las personas transexuales rechazan las imposiciones culturales de género sin salirse de los esquemas binarios hombre/mujer.
También para las mujeres transexuales las sensaciones de salir de la norma ocurrían cuando empezaron a sentir que su objeto del deseo no concordaba con lo que representaba su cuerpo de acuerdo a la normatividad cultural, como indica Toña
Y así como que me di cuenta ya a la edad como de los doce años, porque así como que se me despertó el morbo, miraba que me gustaba mirar a los muchachos mayores que yo (…) y sí como que empecé a sentir algo extraño, como que no iba con mi cuerpo, y o sea, me gustaba hacer muchas cosas que no tenían que ver con los niños, los niños me caían mal, sentía así como cierto repudio acerca de los niños “¡ay como juegan! ¿Por qué juegan así? ¿Por qué se ensucian?” todas cosas así, esos detalles (Toña, mujer transexual, 38 años, entrevista, 2012).
Como muestra esta narración, existe un cuestionamiento a la matriz heterosexual, primero, porque no siente que su cuerpo le pertenezca, segundo, porque siente atracción por
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personas del mismo sexo y, tercero, al rechazar los roles que se le imponían al tener un cuerpo de hombre. Sin embargo, para nombrar su experiencia solo lo pueden hacer dentro del sistema sexo/género que sólo ofrece dos opciones válidas para adscribirse a una identidad hombre/mujer. De ahí que estas personas realicen un proceso de reflexión21 para poder nombrarse a sí mismas y enunciarse como mujeres u hombres. Así lo expresa Adriana: “tuve conocimiento de una palabra que se le nombraba “homosexual” ah “soy homosexual” yo pensé que había otras personas y que eran igualitos que yo, entonces me di cuenta, que no todos los homosexuales eran igual” (Adriana, mujer transexual, 55 años, entrevista, 2012). Lo anterior, evidencia que estas personas, si bien se saben diferentes, no saben cómo nombrarse.
Esto se traduce en sentimientos de incomprensión por parte de los individuos que están a su alrededor, debido principalmente, a la creencia de que la anatomía biológica es algo dado por naturaleza. Por lo cual resulta difícil creer que alguien sienta que su cuerpo no le pertenece.
Por otra parte, la capacidad de generar vínculos con otras personas que comparten su sentir es de vital importancia para poder identificarse como transexuales. Sin embargo, esto es condicionado por la edad, pues en el trabajo de campo se encontró, que las mujeres transexuales mayores de cincuenta años les era más difícil nombrar su experiencia porque en años anteriores el fenómeno no era tan visible, al menos, en México. Ahora las más jóvenes tienen mayor facilidad de acceder al internet, alguna asociación civil o ver más mujeres trans en la calle. Tal como lo expresa el siguiente testimonio: “pues yo la vi caminando una vez (…) iba bien femenina pero tenía voz masculina, entonces yo dije, yo quiero verme como ella, si yo soy así. Porque yo dije (…) “ah entonces es hombre y es como yo, entonces yo quiero ser así” (Beatriz, mujer transexual, 24 años, entrevista, 2012).
Para Abelardo darse cuenta de que su cuerpo correspondía al de una niña le era completamente extraño porque para él las restricciones vinieron por parte de la sociedad, ya que siempre se concibió como niño. Cabe mencionar que la historia de Abelardo es bastante
21 Para Giddens en la modernidad las personas estamos constantemente sometiendo nuestras acciones a un proceso de reflexibilidad que se refiere al “hecho de que la mayoría de los aspectos de la actividad social y de las relaciones materiales con la naturaleza están sometidos a revisión continua a la luz de nuevas informaciones o conocimientos” (Giddens, 1995:33). Esta reflexibilidad se refleja en la identidad de las personas ya que constantemente estamos buscando como nombrarnos y enunciarnos de acuerdo a las nuevas reconfiguraciones del mundo.
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particular porque recibió apoyo económico, social y emocional de su familia para iniciar su transición. Él mismo narra las imposiciones sociales fuera del círculo familiar
No, porque yo no sabía, para empezar yo duré años pensando que era niño, no tienes manera, realmente no tienes manera de saber que eres niño o niña, porque la sociedad te dice ¿Cómo sabes que es niño o niña? O sea yo era un niño feliz y ya hasta que fui creciendo fue que empecé a recibir de la gente, “no güey que eres niña, eres niña, eres niña” y yo así: “¿por qué no?” Hasta que prácticamente me daban clases a ver te vamos a enseñar por qué y yo ah “que raro”. Pero también tiene un poco que ver que al momento que yo ya abiertamente dije:
“¿saben qué? Pasa esto” no dije: “soy transexual” porque yo no sabía (Abelardo, hombre transexual, 27 años, entrevista, 2012).
Tal como dice Abelardo asumirse como miembro de un sexo/género contrario al de la corporalidad biológica es un gran reto, puesto que las estructuras culturales de género, nos asignan un lugar socialmente. Para las personas transexuales el no poder nombrarse dentro de dichos esquemas les produce un conflicto con ellos mismos y con la sociedad porque no pueden mostrar mediante su cuerpo que son hombres o mujeres. Puesto que el cuerpo es un instrumento para expresar la cultura, para vivir en el medio natural que nos rodea tanto a nivel social como individual (Schnaith, 1991), es por medio de él que aprehendemos el mundo. Por lo tanto, si la identidad no concuerda con nuestra corporalidad somos inaprehensibles a la mirada del otro causando sentimientos de impotencia, angustia y malestar.
Lo anterior es visible en las narraciones de las mujeres que provienen de familias que pertenecen a una congragación religiosa, tal como lo dice Toña: “yo me sentía mal, porque te empiezan a trabajar como la culpa o sea yo decía “o sea esos pensamientos quítamelos” yo le pedía mucho a Dios, sentía mucha culpabilidad, tenía mucha culpa, tenía algo así como de mi autoaceptación, como algo, que era malo, que no debería de existir en mí, que yo le pedía mucho a Dios y lloraba mucho” (Toña, mujer transexual, 38 años, entrevista, 2012).
Por otra parte, la experiencia narrada por las personas transexuales sirve como un ancla para identificarse, ya sea a través de la mirada de otros o por medio de reconstruir su pasado de acuerdo con sus condiciones actuales de existencia. Pues, algunas mujeres transexuales contaron la manera en que, desde niños de meses, se les notaba que su identidad era femenina:
Mi cambio pues se notó desde siempre, incluso unos datos bien curiosos, es que mi mamá me decía: “es que cuando tú eras niña, o sea cuando eras bebita, me decían: ¡qué bonita niña!” Y mi mamá se enojaba, o sea se traumaba mi mamá porque les decía: “no es niña, es niño”, porque dice mi mamá, que yo desde bebe, tengo mis facciones así pues más finitas, mas así afeminadas o no sé (Adela, mujer transexual, 30 años, entrevista, 2012).
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Estos testimonios muestran que la presión familiar y social que les impone la normatividad de género es asumida y vivida de acuerdo a la trayectoria de cada sujeto y a su capacidad de reflexión. Donde algunas condicionantes para el inició de su transición son: el poder adquisitivo, la edad, la adscripción religiosa22 , el apoyo de la familia, la relación con amigos que las orientan y el acceso a la información principalmente el al internet. Esto se refleja en la vida de las personas transexuales pues las personas que empiezan su transición a edades tempranas suelen ser: las que sufrieron mayor violencia en el seno familiar y se vieron obligadas a dejar el hogar y las que recibieron apoyo emocional y social en la familia
En resumen, las personas transexuales construyen su identidad a través de un proceso de identificación y diferenciación con aquellos otros que los interpelan bajo discursos que intentan asignarles valores sociales a sus conductas, donde la negociación y la disputa de su individualidad es una constante. Esto lo realizan mediante los significados que adquiere la experiencia de vivirse con un cuerpo con el que no se identifican. Así construyen su identidad femenina y masculina dentro de un “proceso subjetivo (y frecuentemente autoreflexivo) por el que los sujetos definen su diferencia de otro sujetos (y de su entorno social) mediante la autoasignación de un repertorio de atributos culturales frecuentemente valorizados y relativamente estables en el tiempo” (Giménez, 2007: 61). La identidad es entonces también un campo de disputa en donde los individuos reivindican su subjetividad y la forma en cómo quieren que se les reconozca socialmente.