CAPÍTULO I. Consideraciones teóricas sobre los dispositivos de participación
1.4. Una propuesta analítica: los efectos de la participación
A partir de revisar la literatura sobre participación se han ido sugiriendo las principales dimensiones de análisis de la tesis. Recapitulando, antes que “mecanismos de acercamiento entre Estado y Sociedad Civil”, se postuló en primer lugar que los dispositivos de participación permiten trazar los contornos de uno con respecto al otro al poner en evidencia cuáles son los componentes de la política pública sobre los cuáles puede o no elegir la población destinataria. A su vez, se advirtió que dicho enfoque no implica la disolución del Estado, sino que además de poner el foco en el proceso mediante el cual se constituye, permite dar cuenta de un funcionamiento territorial ambivalente.
En segundo lugar, y a diferencia de la corriente de la democracia deliberativa, se sostuvo que el disenso y el conflicto no son lo opuesto a la política y a la participación, respectivamente. Se retomó la noción de disenso para identificar cómo los sectores que habitan los dispositivos en cuestión por momentos logran trastocar sus dinámicas y más concretamente lo que se dice y lo que se observa en ellos. Por otro lado, para comprender el porqué de la modificación de las dinámicas, se piensa la participación en relación con un conflicto más amplio donde entran en juego tácticas de negociación, mecanismos de hostigamiento y acciones colectivas de protesta. Finalmente, se señaló que los dispositivos participativos no deben verse como un mero artificio estatal. Pese a los deseos de las autoridades oficiales y a las denuncias de sus detractores, la participación
termina siendo un objeto de disputa en sí mismo y no solamente un medio para la consecución de un fin.
Se puede entrever por lo dicho hasta el momento que el análisis discursivo ocupa un lugar central en este trabajo. Sin embargo, como se señaló con anterioridad, la idea no es observar la brecha entre lo que se dice de la participación y lo que sucede “en la práctica”.
El discurso no es tratado aquí como una máscara debajo de la cual se esconde la realidad.
En tal sentido se expresaba Foucault (2013: 68) cuando advertía que “el discurso no es una delgada superficie de contacto, o de enfrentamiento entre una realidad y una lengua, la intrincación de un léxico y de una experiencia”. En línea con la propuesta de Foucault y de Laclau y Mouffe (2015), se abordan los discursos como prácticas que forman sistemáticamente los objetos a los que se refieren.
Concebir los ámbitos participativos como dispositivos implica estudiar no sólo lo que se dice en y sobre ellos, sino también lo visible y la relación entre este y aquel. En palabras de Foucault, “los dispositivos, ciertamente, son articuladores de discursos, pero también nuclean lo no-dicho” (Foucault, 1977). Deleuze, por su cuenta, continuó y profundizó esa línea teórica e identificó que las dimensiones más importantes de un dispositivo están dadas por las
curvas de visibilidad y curvas de enunciación. Los dispositivos son como [...] máquinas de hacer ver y de hacer hablar [...]. Cada dispositivo tiene su régimen de luz, la manera como la luz penetra en él, cómo se difumina y se propaga, distribuyendo lo visible y lo invisible, haciendo nacer o desaparecer un objeto que no existe sin ella (Deleuze, 2008: 306).
La tesis hace un esfuerzo por poner en relación los discursos (en tanto prácticas) con un universo más amplio de prácticas que se ponen en juego durante las sesiones participativas -todo aquello que tiene que ver con lo no-discursivo-, y por fuera del espacio físico donde transcurren las instancias en cuestión. El hecho de que en una sesión se decida hablar sobre tal o cual aspecto y se elija un curso de acción en particular y no otro, no se explica simplemente a partir del desenvolvimiento de un diálogo. Es necesario comprender el desarrollo de los dispositivos de participación en relación con otras facetas del conflicto, tales como negociaciones informales, mecanismos de presión y medidas de fuerza. A su vez, se muestra que ante determinadas experiencias lo
enunciable encuentra un límite y se opta por apelar a lo visible: con el fin de evidenciar la dramática degradación de sus condiciones de vida, los habitantes del barrio Mugica tomaban la palabra en las sesiones, llevaban evidencias (fotos, videos, restos de escombros) e insistían en que los representantes de la Secretaría “vayan a ver cómo vivimos”.
A lo largo de los próximos capítulos, se presentará el análisis de los dispositivos de participación a partir de dos focos de análisis. Un primer foco se centra en los efectos directos13 de la implementación de los dispositivos en cuestión. En este plano el interés está puesto en ver si funcionan como vehiculizadores de consensos -tal y como se lo proponen formalmente- y por ende si acaso apaciguan los conflictos y si legitiman la intervención estatal ante los habitantes del barrio. Para ello, en primer lugar, veremos que las instancias participativas son concebidas por las autoridades estatales -de forma más o menos explícita- como un mecanismo de “viabilización” de las intervenciones. Es decir, como un dispositivo a través del cual buscaban validar decisiones tomadas de antemano. Esto no quiere decir que efectivamente hayan logrado su cometido. Antes bien, como se pone de manifiesto a lo largo del capítulo III, la participación no fue un factor determinante para la materialización de las relocalizaciones. Las mismas sólo fueron posibles en la medida en que el organismo desplegó un conjunto de otros mecanismos, tales como hostigamientos, desalojos, amenazas y negociaciones individuales, los cuales trazan una continuidad con la forma en la que el Estado históricamente ha intervenido en las villas de la Ciudad. En segundo lugar, en ese mismo capítulo veremos que, así como las autoridades buscaban usar a su favor los dispositivos participativos y complementarlos con diversos mecanismos en pos de materializar el reasentamiento, los
13 Se retoma la tipología utilizada por Rodríguez Garavito (2011; Rodríguez Garavito y Rodríguez Franco, 2015) para analizar las consecuencias de la judicialización de los derechos sociales. El autor habla de efectos directos cuando se refiere a las cuestiones que aparecen explícitas en un fallo judicial y modifican las conductas de los actores del caso, sean estos litigantes, beneficiarios o destinatarios de las órdenes. Por efectos indirectos entiende al conjunto de consecuencias que, sin estar estipuladas en las órdenes judiciales, se derivan de la sentencia y afectan tanto a los actores integrantes del caso como a quienes no formaban parte del mismo. Por analogía, se hará referencia a los efectos directos de los dispositivos participativos para problematizar los alcances y limitaciones que tienen en términos de lo que formalmente se proponen:
vehiculizar consensos para la implementación de la política pública. Se hablará de efectos indirectos, como veremos unas líneas más adelante, para contemplar el impacto estructurante que tienen sobre diferentes
relocalizados se proponían crear una sinergia entre las intervenciones en las instancias participativas y un amplio repertorio de acciones colectivas de protesta. A través de movilizaciones, medidas judiciales, notas en los medios de comunicación, entre otras medidas, los vecinos presionaban para crear nuevos dispositivos participativos y moldear a su deseo los existentes.
Si bien los agentes buscan moldear los dispositivos de acuerdo a sus convicciones e incluso sacar provecho de ellas para dar cumplimiento a distintos fines, ya sean estos individuales o colectivos, es preciso insistir en que sus dinámicas exceden a la voluntad de cada uno de ellos. Como se dijo anteriormente con otras palabras, el funcionamiento de la participación, como el de cualquier otro dispositivo, se explica a partir de un “juego de poder” (Foucault: 1977: 3). Desde un ángulo inverso, Foucault (2014) también afirmaba que “la racionalidad del poder es la de las tácticas a menudo muy explícitas en el nivel en que se inscriben, que encadenándose unas con otras, dibujan finalmente dispositivos de conjunto”.
El estudio de la participación a la luz del conflicto en torno a la “integración” del barrio permite observar cómo prevalecen ciertas dinámicas de poder que le dan forma a dichos dispositivos. Es posible hablar entonces de fijaciones parciales sobre lo que puede verse y decirse en dichos ámbitos. Agamben (2011: 257) se detiene sobre la capacidad de subjetivación de los dispositivos cuando señala que tienden a “capturar, orientar, determinar, interceptar, modelar, controlar y asegurar los gestos, las conductas, las opiniones y los discursos de los seres vivos”. En efecto, veremos cómo se da cierta regularidad respecto de quiénes pueden participar de las instancias, el lenguaje que debe emplearse, el tiempo adecuado para desarrollar un discurso y en la presencia de cierta distribución del espacio. Todo esto indudablemente da cuenta de un orden, de la presencia de una dinámica policial, para volver a las categorías de Rancière. Sin embargo, también se muestra que la participación es un cuadro inacabado. A través del disenso y empleando tácticas diversas, distintos sectores aspiran a disminuir la eficacia del dispositivo, a alterar sus efectos e incluso a trastocar su funcionamiento.
El segundo foco de análisis, desarrollado a lo largo del capítulo IV, busca llamar la atención sobre los efectos indirectos de la implementación de los dispositivos
participativos, cuestión que hasta ahora ha sido poco atendida por la bibliografía del campo. Así como recientemente se ha analizado la productividad de los fallos judiciales (Rodríguez Garavito, 2015; Scharager, 2019), de los conflictos urbanos (Melé, 2016) y de los conflictos ambientales (Merlinsky, 2016; Merlinsky, 2021), aquí se abordan los dispositivos participativos como estructurantes de la realidad social y política. Al pensar la participación como un momento más del conflicto en torno a la urbanización de las villas, este trabajo se propone problematizar las transformaciones que desencadenan una vez que se ponen en marcha. En tal sentido, el análisis de los efectos indirectos se estructura a partir de cuatro dimensiones.
La primera dimensión se centra en la productividad institucional de los dispositivos participativos, es decir en las consecuencias que tienen sobre el funcionamiento de los organismos estatales que se encargan de llevar adelante la política pública.
Específicamente, se busca analizar las formas que asumen las instituciones democráticas en la actualidad y detallar la lógica reproductiva de los dispositivos de participación. La segunda dimensión hace hincapié en la productividad simbólica de los dispositivos en cuestión. Partiendo del supuesto de que los conflictos constituyen un momento de socialización (Simmel, 2010; Cosser, 1961), se busca estudiar de qué manera los dispositivos participativos abonan a dicha lógica. Concretamente, esta dimensión de análisis se orienta a observar cómo se reconfiguran las identidades de los grupos sociales -y en particular de los habitantes del barrio- a partir de intervenir en las sesiones participativas. A partir de la tercera dimensión, ligada a la productividad material de la participación, el trabajo se orienta a reflexionar acerca de cómo se transforma la dinámica de canalización de recursos estatales con la llegada de estos dispositivos. Por último, a través de la noción de productividad político-territorial, se busca estudiar cómo incidió la participación en las dinámicas de construcción de referencias barriales. Estas dos últimas dimensiones procuran establecer puntos de contacto y entrar en diálogo con la bibliografía sobre organización e identidad política de los sectores populares.
CAPÍTULO II. Las transformaciones del conflicto en torno a la urbanización de las