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Antes de abordar el tema en sí de la empleabilidad de los profesionales uni- versitarios en América Latina y el Caribe, es oportuno que establezcamos los elementos de la fundamentación teórica que sustenta nuestros puntos de vis- ta. La empleabilidad se refiere a la relación entre la Universidad y el mercado laboral de los profesionales. Es un territorio, el de América Latina y el Caribe, variado y diverso, que a menudo elude análisis superficiales, como aquellos de índole doctrinaria que buscan explicar el apoyo de falsas dicotomías. Por ejemplo, la Región tiene la proporción más elevada del mundo en el volumen del sector privado de la matricula, 48 por ciento del total, la misma más ele- vada que el promedio internacional, que es de 32.6 por ciento. Los Estados Unidos de América tienen al 27.5 por ciento en el sector privado y en Rusia, un antiguo país comunista, el volumen es del 15 por ciento y antiguos países que operaban bajo el esquema estricto del control estatal aceptan la presencia del sector privado. Japón y Corea del Sur tienen las proporciones más eleva- das del mundo en ese mismo sector, alrededor del 80 por ciento del total, y Brasil se aproxima a esa proporción.2 La emergencia del capital privado en la universidad europea es motivo de rigurosos análisis, porque la gratuidad en el pago de matrícula es ya insostenible, aun en países íconos de este favori- tismo de clase social como es la gratuidad, visible en Gran Bretaña, un fenó- meno estudiado en los años recientes.3 Debo acotar que la empleabilidad no es un fenómeno exclusivo de las sociedades abiertas que conciben la creden- cial universitaria profesional como parte del discurso liberal, sino que opera por igual en todo tipo de proyecto socio-económico, capitalismo o socialis- mo, excepto que los criterios varían, la competencia y competitividad en la
2 Agradezco la colaboración recibida para la elaboración de este documento por parte del personal de la biblioteca de la Organización Internacional del Trabajo/International Labour Organization, ILO, y del ISCO, ambos parte de la OIT/ILO sita en Ginebra, Suiza. El ISCO produce el vademécum en la materia:
International Standard Classi cation of Occupations. La ILO es una institución hermana de la UNESCO que, como aquella, presta un servicio invalorable a la comunidad académica internacional.
3 Vease el libro editado por Snejana Slantcheva y Daniel C. Levy (2007) Private higher education in post-communist Europe. In search of legitimacy. Hace años el propio Levy hablo del reto del capital priva- do al monopolio del estado, en su libro publicado en el idioma original en 1986 y en castellano en 1995:
La educación superior y el Estado en Latinoamérica. Desafíos privados al predominio púbico. Los datos de 2018 podrían reportar un fracaso indiscutido del Estado, excepto en el área de la producción de conoci- miento, en donde el sector privado es marginal. En la Región, solamente Cuba promueve el monopolio del Estado; el resto, incluyendo a Venezuela, patrocinan el sistema mixto, con el Estado en visible retro- ceso. Un libro de excepción sobre el tema es el de Susan Strange (1996) The retreat of the state. The diffu- sion of power in the world economy. Strange (1923-1998), por cierto es quien divulgo la dicotomía de bi y multipolaridad, hoy en día parte de la jerga de los grupos ‘revolucionarios’ de la región, incluyendo el chavismo en Venezuela. Op Cit: 85-90.
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sociedades capitalistas, la solidaridad y la lealtad, político-ideológica, en los sistemas socialistas.4
El tratamiento del trabajo y del empleo per se es un tema que hallamos en la raíz de la propia existencia humana, si bien para los efectos de este docu- mento nos estamos refiriendo a un mercado laboral especifico, el profesio- nal, entendiendo por ello el formado por individuos que acceden el mercado laboral en función de credenciales profesionales adquiridas, según ciertas normas y procedimientos en instituciones que llamamos universidades.
Concluiremos en este documento, vale anticiparlo, que las universida- des están en la obligación de establecer conexiones realistas y objetivas con el mercado laboral, a fin de contribuir a que los egresados obtengan la inserción debida en el mercado laboral profesional, pero debemos enfatizar que la uni- versidad no es una maquila cuyo único objetivo es entrenar para el mercado, sino que su responsabilidad esencial es formar al hombre y a la mujer que acu- de a sus aulas, más allá del ejercicio en inmediatez que es el empleo profesional.
Como hemos repetido muchas veces, la universidad es un diseño de las élites y la expansión ha contribuido a fortalecer las clases medias emergentes, pero la universidad sigue siendo un territorio de la oligarquía y de la burguesía.5
4 Es de interés observar que las literaturas rusas o alemanas sobre el tema, examinadas en la biblioteca de la ILO, revelan escaso volumen, siendo la mayoría enfoques acerca de la empleabilidad según la noción de mercado abierto. Véase por ejemplo los artículos por Ronald W. Mcquaid y Colin Lindsay.
The concept of employability. Urban Studies, vol. 42, no. 2, special issue: employability and labour market policy (February 2005), pp. 197-219 y por Janette Wittekind, Sabine Raeder y Gudela Grote:
A longitudinal study of determinants of perceived employability. Journal of Organizational Behavior, Vol. 31, no. 4 (may 2010), pp. 566-586. El origen y destino de los egresados con títulos y credencia- les universitarias es bien conocido en Europa: todos saben en Gran Bretaña, por ejemplo, adonde van los egresados de Eton (King's College of Our Lady of Eton) o del binomio Oxcam (Oxford y Cambridge). Las críticas acerca del funcionamiento asumen un rasgo de severidad en el caso del pensamiento de Noam Chomsky. Véase Una crítica de interés, que desde una visión ‘endógena’ del capitalismo puede verse en una declaraciones de Noam Chomsky publicadas en Babelia, El Pais, de España, el 10 de marzo de 2018: «En Réquiem por el sueño americano vuelca a la letra impresa las tesis expuestas en el documental del mismo título y denuncia la obscena concentración de riqueza y poder que exhiben las democracias occidentales. El resultado son 168 páginas de Chomsky en estado puro. Vibrante y claro. Hace ya 40 años que el neoliberalismo, de la mano de Ronald Reagan y Margaret Thatcher, asaltó el mundo. Y eso ha tenido un efecto. La concentración aguda de riqueza en manos privadas ha venido acompañada de una pérdida del poder de la población general. La gente se percibe menos representada y lleva una vida precaria con trabajos cada vez peores. El resultado es una mezcla de enfado, miedo y escapismo. Ya no se confía ni en los mismos hechos. Hay quien le llama populismo, pero en realidad es descrédito de las instituciones. Es fascinante observar como Chomsky no ofrece alternativas a la situación de su país. Para muchos la alternativa al capitalismo, por cierto, tristemente, desapareció el 9 de noviembre de 1989 en Berlín».
5 Un libro sobre el tema es por Fernando Henrique Cardozo (1971) Ideologías de la burguesía industrial en sociedades dependientes (Argentina y Brasil). Sobre el tema de las élites puede verse el libro editado por Seymour Martin Lipset y Aldo Solari (1967) Élites in Latin America, que, entre otros incluye un capítulo escrito por Darcy Ribeiro «Universities and social development». Contiene una versión resumida del libro
134 Un empleo en sí que, a pesar de toda la retorica del caso, es flexible y de hecho a lo largo de los años se observan emigraciones forzadas, de egresa- dos profesionales, por causas políticas e ideológicas, como económicas.6 Es el caso de la emigración de los países del Cono Sur (Chile, Argentina, Uruguay), que entonces huían de la dictaduras que gobernaban esos países, como ocurre ahora en el caso venezolano, en donde opera una diáspora de recursos huma- nos que debilita la eficiencia de la sociedad. En efecto, según informaciones certificadas, por ejemplo, es el caso de los médicos y médicas. En los prime- ros años de la revolución bolivariana se incorporaron miles de profesiones de la medicina de Cuba –sin certificación local de sus competencias – despla- zando a los profesionales venezolanos, pero ahora ocurre que el contingen- te cubano disminuye su efectividad y los profesionales venezolanos huyen al exterior, sobre todo a Chile, Colombia y España.7 Como se sabe, el mecanis- mo de la emigración es el mismo: un país es polo de desarrollo mientras abre oportunidades para quienes no las tienen en sus países de origen, como lo fue Venezuela una sociedad abierta y absorbente de recursos humanos, que ahora exporta talento a países que pueden aprovecharlos de manera inme-
ya citado de Fernando Henrique Cardozo. Los datos nacionales nos revelan, por cierto, el tamaño del mercado laboral. Colombia es un buen ejemplo, véase: «Para el año 2016, la proporción de personas de la población económicamente activa (PEA) que habían completado la educación media fue 32,9 %. La distribución de los demás niveles educativos en la PEA fue la siguiente: el 23,3 % había completado la edu- cación básica primaria, el 6,0 % la educación básica secundaria, 10,9 % la educación técnica profesional o tecnológica, 7,7 % la educación universitaria y el 3,3 % postgrado». Estamos hablando de un mercado que acoge al 11.1 por ciento del total de la fuerza laboral.
6 La empleabilidad es proclive de operar, por supuesto, bajo la propia racionalidad del sistema social dado. Eso ocurre, al parecer, en sociedades altamente organizadas, como Alemania o los países escan- dinavos. Véase la literatura en alemán, sobre el tema, señalando que en alemán el término apropiado es Beschäftigungsfähigkeit. La biblioteca de la OIT tiene cerca de mil entradas, en ingles, contra 12 en ruso y 47 en alemán. Una fuente importante para el estudio sobre el tema son la Taxonomía y el Tesauro organizados por la biblioteca de la OIT.
7 Véase un reportaje en el diario El Nacional sobre «Médicos con las manos atadas», por María Laura Gil, 4 de marzo de 2018. Se lee en el citado trabajo que «La precariedad de hospitales y ambulatorios, donde falta más de 75% de los insumos, la deficiente remuneración y el recargo de las jornadas de trabajo forman parte de la cotidianidad de quienes ejercen la medicina en Venezuela, a quienes les toca dar la cara a los pacientes por un sistema de salud colapsado. Un residente de posgrado gana aproximadamente 800.000 bolíva- res, monto insuficiente para cubrir las necesidades más básicas, incluyendo la comida. La difícil realidad laboral induce las renuncias en los centros de salud y ha disparado la diáspora en este sector: se calcula que más de 22.000 médicos han emigrado». Las universidades públicas están sufriendo en el años 2017-2018 el efecto devastador de la fuga de talento, daños estos difícilmente recuperables. El caso venezolano es interesante en tanto en algún momento la fuga de talento fue patrocinada por el Estado, bajo la presunción de que el sistema era incompetente como para enfrentar necesidades endógenas, de modo que hay en Venezuela una vocación hacia afuera, como en sentido histórico ha explicado Humberto Ruiz Calderón en sus libros Plan de Becas Ayacucho: Mito y Realidad (1980) y Tras el fuego de Prometeo: Becas y modernización en Venezuela: 1900-1996 (1997).
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diata. Personas provenientes de los sectores populares están también emi- grando, a donde pueden ir a pie, como son los países vecinos de Colombia y Brasil.
La pregunta básica acerca del tema es la siguiente: ¿Trabajar para qué?,
¿para ser una ficha en la ‘explotación’ propia de una empresa capitalista o ser entrenado como un obediente cuadro del sistema socialista? ¿Trabajar para ser un esclavo a largo plazo en la metáfora del hombre organización o para satisfacer el sueño del desempeño liberal de una profesión que nos permite una ubicación social que nos libera de la esclavitud tradicional?
La noción el trabajo ha sido una constante en la historia de la humani- dad. Un griego, Hesiodo, escribió Los Trabajos y los días, un poema de unos 828 versos escritos en torno al 700 a. C. Luego en la Biblia, en el propio Génesis 3:19 rescata el sentido del griego: «Te ganarás el pan con el sudor de tu frente/hasta que vuelvas a la misma tierra de la cual fuiste sacado/Porque polvo eres y al polvo volverás». En ese sentido es que cabe la reflexión de Lafargue, como veremos más adelante, pues propone exorcizar al trabajo.
Cabe aclarar que la sociedad industrial es una categoría organizativa de la producción de bienes y servicios que va más allá de las configuraciones socioeconómicas, de modo que una y otra operan según los términos de la sociedad industrial, que es una categoría económica más que política. La organización de la sociedad de los empleos es, en efecto, una deriva de la sociedad industrial, tal como hallamos en la obra de un clásico de la socio- logía, el francés Emile Durkeim (1858-1917), en su libro publicado en 1893, que lleva el ilustrativo titulo De la division du travail social: Etude sur l´organisation des societies supérieures, publicado en castellano bajo el título simplificado de La división social del trabajo (Madrid. 1987). En términos prácticos existe una extensa literatura que aborda el tema enfocado según la perspectiva sociológica de Lawrence G. Thomas (1956) The occupational structure and education. En ese libro se analizan los eventuales mitos de la empleabilidad, entre ellos el que a mayor escolaridad mayor ingreso, una hipótesis objetiva cuando se trata de lo saltos cualitativos de la básica a la secundaria, o de la secundaria a la superior, pero no cuando se refieren al mercado laboral de las profesiones. Estas son cada vez más numerosas y tie- nen a duración menor, ante la rapidez con la cual las innovaciones generan nuevas ocupaciones.
Al abordar el tema de la empleabilidad, cabe referirnos al concepto del trabajo; en este documento el trabajo alude al trabajo profesional, esto es, el formato del trabajo en la sociedad contemporánea. Antes que nada debemos examinar el contenido del epígrafe empleado en este documento, tomado
136 del marxista original Paul Lafargue (1880). Marx y sus seguidores aludían a cómo el trabajo debía ser rehumanizado y que ello podría lograrse solamen- te en la superación del capitalismo. No ha resultado así, puesto que los pro- cedimientos propios de la sociedad industrial son la esencia de los procesos de producción y del trabajo mismo, en uno u otro sistema socio económico, capitalismo y socialismo. Lafargue decía que:
Una extraña locura se ha apoderado de las clases obreras de las naciones donde domina la civilización capitalista. Esta locura trae como resultado las miserias individuales y sociales que, desde hace siglos, torturan a la triste humanidad.
Esta locura es el amor al trabajo, la pasión moribunda por el trabajo, llevada hasta el agotamiento de las fuerzas vitales del individuo y de sus hijos.
Tanto es así que uno de los elementos de la estima social es la de atribuir a alguien que es una persona trabajadora, peor desde el punto de vista del enfoque de la izquierda marxista el trabajo-el empleo, mas bien, tiene «espan- tosas consecuencias» en la sociedad capitalista, porque, según esa lógica, bajo el control del Estado está cerca del espíritu de la solidaridad, que no de la explotación. Destaco ese segundo párrafo de Lafargue: «Yo, que no me decla- ro ni cristiano, ni economista ni moralista, planteo frente a su juicio, el de su Dios; frente a las predicaciones de su moral religiosa, económica y libre pen- sadora, las espantosas consecuencias del trabajo en la sociedad capitalista».
Justamente, Zaghloul Morsy, antiguo editor de la revista de educa- ción de la UNESCO, Perspectives, editó para la organización un libro básico para comprender el tema del trabajo en sí mismo: 1980, Aprender y trabajar.
Expertos cubanos han introducido una visión del trabajo que invade el con- cepto de la escuela y la instrumentaliza, al extremo de convertir a la misma en un apéndice de la noción del trabajo, en la sociedad socialista. En efecto señalan Prieto Morales y Figueroa Araújo (1980) una visión de la escuela, que ahora se reproduce en Venezuela, según la cual el ideal de la escuela es la
«Combinación de estudio y trabajo en el sistema educativo en Cuba». (falta número de página)8 Escribían que «La combinación del estudio y el trabajo constituye una variante fundamental del principio de vincular la teoría con la práctica, la escuela con la vida y la enseñanza con la producción» (ídem).
La esclavitud del trabajo, del empleo en verdad, se cierne sobre el proceso de formación de la persona, pues la ecuación que tendría que ser escuela y
8 Véase la obra citada, pp. 228-246. De interés, en la misma obra, véase por Nikolai Semykine su trabajo «La iniciación y la preparación para el trabajo en las escuelas soviéticas», pp. 247-257.
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vida se torna implacable escuela y trabajo; esto es, el trabajo-empleo de por vida. Por ello, justamente, Lafargue hablaba del elogio al ocio: «El derecho a la pereza. (Refutación del derecho al trabajo de 1848)»9 y Walter Ruegg del ocio creativo.10 En general el discurso hacia el trabajo es el siguiente: «La construc- ción de una nueva sociedad en nuestra patria requiere una nueva actitud ante la vida que se evidencia en el amor al trabajo y a los trabajadores. Este amor no surge de manera espontanea, sino como resultado de un proceso, y es la escuela el elemento esencial que debe contribuir a la formación de una nueva moral socialista, a la formación del hombre nuevo, para quien el trabajo ha de constituir una condición eterna y natural de la vida humana».11
Los así llamados problemas de las universidades pueden y deben orde- narse con una apropiada contextualización que, apoyada en la lógica del caso, coloque cada uno de estos problemas –acceso, calidad, medición de los pro- cesos propios de cada carrera universitaria, egreso y su escenario cualitativo según la carrera y la institución– en un contexto que abarque las conexiones entre los así llamados problemas y el funcionamiento de la sociedad como tal. En efecto, cuestiones tales como el acceso, la permanencia, la calidad aca- démica, el apoyo social, la producción de conocimiento, la inserción en el mercado laboral y específicamente la empleabilidad, han de tratarse desde la perspectiva de la universidad de la sociedad, en el momento dado, en este caso cuando por razones cronológicas se festeja un siglo desde aquel movi- miento político académico que cimbró las bases de la universidad colonial
9 Escribía Lafargue: «Nuestro siglo –dicen– es el siglo del trabajo». En efecto, es el siglo del dolor, de la miseria y de la corrupción. Y, sin embargo, los filósofos y economistas burgueses, desde el penosamente confuso Augusto Comte hasta el ridículamente claro LeroyBeaulieu, los literatos burgueses, desde el char- latanamente romántico Víctor Hugo hasta el ingenuamente grotesco Paul de Kock, todos han entonado cánticos nauseabundos en honor del dios Progreso, el hijo primogénito del Trabajo. Escuchándolos, se podría creer que la felicidad empezaba a reinar en la tierra, que ya se sentía su llegada. Han ido a los siglos pasados a revolver el polvo y las miserias feudales para ahuyentar las delicias de los tiempos presentes.
¡Cómo nos han hastiado esos saciados, recién salidos de la servidumbre de los grandes señores y conver- tidos hoy en siervos de la pluma de la burguesía, abundantemente estipendiados; cómo nos han hastiado con el típico agricultor del retórico La Bruyère!». Es de ocasión mencionar que el cubano-francés fue un líder estudiantil: «En 1865, tras participar en el Congreso Internacional de Estudiantes que tuvo lugar en la ciudad belga de Lieja, las universidades francesas prohibieron que Lafargue pudiera tener ninguna rela- ción con las mismas, por lo que tuvo que marcharse a Londres para empezar allí de nuevo su carrera». Para los interesados es oportuno citar que Lafargue colaboro en Madrid –durante un año– para que Pablo Iglesias Posse fundara el Partido Socialista Obrero Español, antecesor del actual líder del partido Podemos, Pablo Iglesias.
10 Véase por el suizo-alemán Walter Ruega, antiguo rector de la Universidad de Frankfurt, Alemania, su ensayo «The Academic Ethos» en Minerva, 24, 4, 1986, pp. 393-412.
11 Prieto Morales y Figueroa Araújo, Op. Cit. p. 229. En 1964 se propuso en Cuba, formalmente, la noción del hombre, en el trabajo sobre «The Combination of study and work in the Cuban educational system», citado.