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El uso de agroquímicos en México

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Capítulo III. MARCO TEÓRICO - CONCEPTUAL: ESTADO DEL ARTE

3.3 El uso de agroquímicos en México

57 de conocimiento propiamente dicha, se concreta con posterioridad, cuando la técnica, históricamente empírica, comienza a vincularse con la ciencia y se empieza a sistematizar los métodos de producción; según Morín, desde el punto de vista epistemológico es imposible aislar la noción de tecnología, pues bien sabemos que hay un vínculo que va de la ciencia a la técnica, dela técnica a la industria, de la industria a la sociedad, y de la sociedad a la ciencia (Morín, 1984).

Como dicen y reconocen numerosos sociólogos, la sociedad es un fenómeno de autoproducción y desarrollo de conocimiento permanente.

La agrohomeopatía de enfocar determinados problemas técnico-sociales con una concepción científica y dentro de un cierto marco económico y sociocultural, está íntimamente vinculada con la ciencia y la complementariedad entre ambas se acrecienta cada vez más, pero sobre todo el tomar en cuenta que la tecnología debe ser a escala humana, promoviendo el desarrollo humano y acorde con la dimensión y objetivo del problema que se presenta, debe ser además social y ecológicamente sustentable y equitativa, reconociendo los valores en el entorno.

58 En México existen 2 mil 300 sustancias de agroquímicos registradas y utilizadas en el campo, de los cuales el 90% son sintéticos y el 10% son Bio-plaguicidas. El 20% de éstos tiene alguna prohibición en el mercado de destino porque afectan a los alimentos.

El excesivo uso de agroquímicos no sólo afecta la fertilidad del suelo en ocasiones, de acuerdo al tipo de químico que se maneja, puede afectarla salud de los humanos, tanto de aquéllos que aplican los agroquímicos como de los consumidores finales.

Lo anterior afecta directamente al derecho de todas las personas a consumir alimentos inocuos. En los países en vías de desarrollo por ejemplo, el “70% de las 1500 millones de episodios de diarrea por año son causados por alimentos biológicamente contaminados. Esto causa cada año más de 2 millones de muertes en niños menores de 5 años” (Perea, 2011).

Los efectos de los plaguicidas sobre la salud pueden dividirse en aquellos de rápida manifestación (agudos) y otros de manifestación lenta, aún muchos años después del contacto. Entre los primeros encontramos alteraciones al sistema nervioso, vómitos y diarrea. Los segundos son más severos y corresponden al cáncer, la esterilidad y el Mal de Parkinson. Las partículas de agrotóxicos adheridas al suelo, hierbas, leña y envases, pueden convertirse en una fuente secundaria y persistente de intoxicaciones (FAO, 2006).

No obstante el creciente uso de productos tóxicos en la producción agrícola, también se ha incrementado la investigación relacionada con los efectos colaterales de dichos productos, especialmente los relativos a la salud y al ambiente. A partir de 1960, se iniciaron las investigaciones en estos campos; en 1962 se publicó “la primavera silenciosa”, obra en la que se pone al descubierto los efectos nocivos de los plaguicidas por contacto, exposición frecuente, y por la ingesta de residuos contenidos en alimentos (Loera, 1990).

59 3.3.1 El Manejo Ecológico de los Patosistemas.

El Manejo Ecológico de Patosistemas (MEP) o Manejo Integrado de Plagas (MIP);

según Romero (2010), aún no acaba de nacer ya que, se han enfrentado dificultades para su desarrollo, pues el MIP se ha enfrentado a la oposición de intereses muy poderosos y esos intereses se representan, en todo el mundo, por:

1) Los fabricantes, quienes al sinterizar los modernos insecticidas, acapararon el dominio de una actividad, el combate de insectos plaga, que antes fue agroecológica y que ellos simplificaron con sus productos, convirtiéndola en solo química. Esto, en sí, no es malo, pero sí lo es su propaganda tendenciosa. 2) Las compañías vendedoras de insecticidas y los técnicos a su servicio, que no van a permitir la caída de su negocio y fuente de ingresos. 3) Las asociaciones y los productores agrícolas individuales que al estar manipulados en forma permanente por la propaganda de la industria y el comercio de insecticidas, se convierten en fervientes creyentes de que únicamente con “sus” venenos y “su” libertad de usarlos, pueden producir lo que se exige de ellos.

Fueron las instancias gubernamentales de la fitosanidad que, dejándose corromper por la industria y el comercio de plaguicidas, registraban productos a partir de estudios evidentemente amañados-cuando llegaban a hacerse-; o disimulaban ante los abusos cometidos con insecticidas, por personas físicas o morales; o inventaban campañas para envenenar, por su cuenta, grandes áreas

“azotadas” por “implacables plagas” –cuando llegaban a aplicar los insecticidas, porque con mucha frecuencia los comerciaban ilegalmente, o los dejaban decaer en los almacenes

En manos de ellos el manejo ecológico es un engaño. La mayor de los técnicos de iniciativa privada desconocen el MEP, pero aun cuando fueran los mejores expertos en él, no lo aplicarían científicamente porque va en contra de los intereses actuales de sus empresas; y, que quede claro que este autor no cree en una industria agrícola libre de insecticidas; no. Los plaguicidas deben utilizarse, pero como último recurso, no como el primero, y menos como el único.

El MIP Utiliza un enfoque de sistemas para abatir el daño por plagas a niveles tolerables, mediante una variedad de técnicas, incluyendo a los parasitoides y

60 depredadores, a los hospedantes genéticamente resistentes, a las modificaciones ambientales y, cuando es necesario y apropiado, a los plaguicidas químicos. La estrategia de MIP generalmente descansa primero en las defensas biológicas contra las plagas, antes de alterar químicamente el ambiente.

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