V. Crisis social, desocupación y resistencia
Durante los dos primeros años de la dictadura de Onganía se fue produciendo la sangría de la clase obrera azucarera de Tucumán. La pérdida de las fuentes de trabajo fue una de las consecuencias más visibles de los cierres de los ingenios azucareros. Así Tucumán se convirtió en una de las provincias con mayor índice de desocupación en el país, contrastando con el crecimiento general del empleo en el período.
La pérdida de empleos profundizó la crisis que atravesaba Tucumán con repercusiones en todos los ámbitos de la vida cotidiana de los trabajadores, desde el éxodo de una parte de los integrantes de sus familias hasta el agravamiento de sus condiciones de vida. Ante esta situación de crisis generalizada, una de las respuestas del gobierno dictatorial fue el llamado “Operativo Tucumán”, cuyo propósito consistió en generar una suerte de paliativo a las funestas consecuencias de su política azucarera sobre la población, que obtuvo magros resultados. De los más de 200.000 que tuvieron que emigrar en búsqueda de nuevas fuentes de trabajo, uno de cada tres había estado anteriormente vinculado en forma directa a la agro-industria azucarera.
Este fue el escenario social en el que se desarrolló la resistencia por parte del movimiento obrero azucarero, a través de la FOTIA, sus sindicatos de base y los cuerpos de delegados.
V.2 Repercusiones del cierre de ingenios en la situación social
Los datos de la cantidad de población afectada por la política de la dictadura ponen de manifiesto el ahondamiento de la crisis económica y social en la provincia. La situación de desempleo trajo aparejado la propagación de ollas populares en las localidades afectadas por los cierres. El asesor legal de la FUNTA, Luis Cerrutti Costa, luego de uno de sus viajes a Tucumán a principios de enero de 1967, subrayaba “…el hambre comenzó a golpear sus hogares. Ya no se trataba de un problema de convenios o de salarios, se trataba así simple y crudamente de HAMBRE.” (…) “Yo he estado presente en Santa Lucía a la hora del mediodía, en medio de un sol abrasador, y he visto con mis propios ojos como el sindicato distribuía la comida.”1
Doña Francisca Ponce, integrante del personal de limpieza del chalet del ingenio Santa Ana, y luego trabajadora de la fábrica Alpargatas, rememora sus vivencias cuando
1 Luis B. Cerrutti Costa, Tucumán. Argentina. Latinoamérica, Buenos Aires, Ed. Estuario, 1968, pg. 12.
Sobre las consecuencias sociales de la crisis en los contextos de desocupación consultar Ana P. de Quiroga, Crisis, procesos sociales, sujeto y grupo, Buenos Aires, ediciones Cinco, 1998.
cerró el ingenio, como así también las iniciativas de ollas populares que organizaban los obreros junto a sus familiares para paliar el hambre:
“…cuando estaban adentro del ingenio tenían para hacer fuego y ahí mandaban las mujeres mercadería y preparaban para todos… Hacían esa ollita para mantenerse…”
“…peleábamos al hambre con mate cocido al medio día y había algunos que sí tenían porque venían familiares y les traían de afuera y así convivía la gente hasta que se solucionó un poco y ya nos pagaron.”2
Por su parte, Oscar Rafael Zurita, en esos momentos obrero del surco, describe las consecuencias del cierre definitivo del ingenio Santa Ana:
“…prácticamente todo ha sido miseria, no había nada que hacer en Santa Ana, no había nada. Se ha ido toda la gente, han quedado unos pocos. Con el tiempo ha venido la fábrica de Alpargatas que está ubicada en Aguilares pero eso no cubría el déficit que había en el empleo de mano de obra.
Pero Santa Ana ha seguido… nadie se acuerda de ese pueblo, está ahí prácticamente abandonado, ¡Estamos hablando de un ingenio que era 2 en uno y no lo han sabido administrar!…”.3
En abril de 1967 el diario Noticias de Tucumán describía las condiciones de vida que padecían las familias campesinas del Noroeste argentino. “En las paupérrimas localidades campesinas de Tucumán, al igual que en sus similares del resto de la región noroeste de la República Argentina, un animal productor de carne o de energía siempre fue más estimado que un ser humano. Tanto por lo que significa como valor económico como por lo que representa como elemento de trabajo…”. Cuando en el NOA nace un niño “…no son pocas las veces en que se lamenta que venga al mundo. Los padres, por lo general, carecen de medios para alimentarlo y para vestirlo. El Estado, a su vez, tampoco se encuentra muy dispuesto a realizar las inversiones necesarias para que se críe fuerte y saludable”. Subrayaba Noticias “La culpa la tienen las autoridades que en distintas épocas midieron la prosperidad general del país por el número de cabezas
2 Ponce, Francisca del Carmen, ex cocinera del Chalet del ingenio Santa Ana y ex trabajadora de la fábrica Alpargatas, realizada por Silvia Nassif, Flavia Bazzano y Enrique Sanmillán, Santa Ana - Tucumán, 22 de noviembre de 2013.
3 Oscar Rafael Zurita, ex obrero del surco, adherente al peronismo, realizada por Silvia Nassif, San Miguel de Tucumán, 26 de junio de 2013. Sobre el cierre del ingenio de Santa Ana consultar: María José Nuñez, “Aproximaciones al estudio de la clausura militar de Ingenio Santa Ana en 1966: un pueblo tucumano enfrenta a la dictadura de Onganía”, presentado en X Encuentro Nacional y IV Congreso Internacional de Historia Oral, San Luis, 2011.
ganados que se mueven (…) y no por las condiciones de vida de los grupos humanos que padecen el inhóspitos y aislados críales del interior.” Así “Poco es lo que se ha hecho para limitar el índice de mortalidad. La desnutrición y la diarrea estival, aparte de la tuberculosis y de otras enfermedades más o menos semejantes (…) ¡De cada mil niños que nacen, mueren 300!”4
El descalabro social generado por el cierre de los ingenios azucareros profundizó la crisis tucumana, con múltiples manifestaciones en las condiciones de vida de la población. Las enfermedades producidas por la mala alimentación y las deficientes condiciones de salubridad se expandieron por aquellas localidades.5
Sucede que el cierre de la principal fuente de trabajo repercutió en todos los ámbitos de la vida cotidiana de los tucumanos. Si anteriormente la vida de muchos de los trabajadores del azúcar era por demás sacrificada ahora no tenían una ocupación que les proveyera un mínimo salario para reproducir su vida y su fuerza de trabajo y para brindarle alimentos y vestimenta a la prole.
Un viajante de la zona de Berisso de Buenos Aires escribió una ilustrativa nota al en La Gaceta titulada “Desamparo”. Puntualizaba: “…Por razones de trabajo vengo recorriendo pueblos del sur de Tucumán, y he podido comprobar así el estado de lamentable abandono médico asistencial en que se encuentran poblaciones que, sin ser ciudades, tienen su importancia: Taco Ralo, La Madrid, Monteagudo y Atahona. Allí no se ha operado ningún adelanto. Los viejos pobladores señalan que antes contaban con médico permanente y hoy, solamente concurre uno durante 3 horas los días hábiles (...) En La Madrid me tocó ver cómo se debatía un vecino en un ataque cerebral, sin posibilidad de auxilio médico alguno. Y casos como el que cito son frecuentes (...) Un hospital con servicio médico es necesario (...) Así terminará el doloroso peregrinaje de los familiares del enfermo o accidentado, en búsqueda de alguien que quiera trasladarlo a los hospitales más cercanos, a los que siempre se llega –cuando se llega- demasiado tarde”.6 Ocurre que como consecuencia inmediata de los cierres, además de la desocupación y la clausura de servicios de luz y agua, provistos generalmente por el
4 La nota completa puede consultarse en Noticias, 19 de abril de 1967.
5 Según datos proporcionados por la Dirección de Maternidad e Infancia del Ministerio de Asistencia Social y Salud Pública, a fines de 1966, la mortalidad infantil era elevada: “En Tucumán, las cifras de los últimos seis años, indican que la mortalidad infantil es, infelizmente, Alta. En 1960 la tasa respectiva fue de 92,8, en 1961, 83,1, en 1962 de 80,1, en 1963 de 71.6, en 1964 77, y en 1965 de 76,18 por mil.”
Ultima Línea, noviembre de 1966.
6 La Gaceta, 18 de octubre de 1967.
ingenio, también quedaban clausurados servicios médicos asistenciales; los hospitales eran reemplazados por simples dispensarios a cargo de un médico y de una enfermera.7
El grado de miseria que cundía entre los habitantes sin trabajo, hacia fines del año 1967 y principios de 1968, fue reflejado en una considerable cantidad de notas publicadas en los diarios locales. Una de ellas mencionaba el asentamiento levantado a orillas del Río Salí, integrado fundamentalmente por personas desocupadas.8 La villa de emergencia, en los aledaños de la Capital, había comenzado con la instalación de ranchos en los mismos basurales pero hacia 1967 “…se fue poblando con familias muy pobres venidas de otros barrios y de zonas azucareras que quedaron inactivas.” Con asombro describía La Gaceta, “Parece increíble que a escasas 20 cuadras de la plaza independencia se desarrolle un drama y nuestra ciudad cobije en su jurisdicción un núcleo humano que se halla envuelto en tan grave situación social y de abandono.”9
Allí Eduvija Ceballos, de 68 años de edad, testimoniaba que su nieta sufría de tuberculosis, como el resto de la familia; además tenía parásitos y un avanzado estado de desnutrición. El diario subrayaba: “Extraoficialmente supimos que el 25% de los niños revisados están tuberculosos o propensos, de los cuales hay 100 tuberculosos sin tratamiento. Más del 30% tienen síntomas de desnutrición, anemia y escorbuto.”
Eduvija explicaba que “… Hace tres días que estamos a mate cocido” y que la mayoría de los habitantes del lugar trabajaban en el basural. Denunciaba que un hombre les cobraba por el alquiler de los ranchos, habían registrado variados casos de violencia hacia las mujeres y se propagaban casos de extremo alcoholismo.10
Un estudio realizado por jóvenes católicos cordobeses en 1968 señalaba: “El nivel de vida más bajo corresponde a la zona marginal de la ciudad (aproximadamente 35 villas miserias) donde se concentra la mayor parte de la población migrante del campo, aumentada en los últimos dos años por los despidos y cierres de los ingenios.”11
En otra nota se llamaba la atención sobre nuevas formas de sustento diario a las que quedaba confinada una parte de los obreros desocupados, popularmente
7 Consultar La Gaceta, 10 de octubre de 1967.
8 Consultar el corto-documental elaborado por la Agencia de Prensa Alternativa (APA), Costanera.
Comunicación de la esperanza, 2014; en el que a partir de las condiciones sociales y económicas del presente del caso de la Costanera en la Banda del Río Salí se menciona la estrecha relación entre la creación de esas zonas de emergencia con el cierre de los ingenios en la década de 1960. Otro importante registro audiovisual lo constituye la serie documental El hombre de Tukma, dirigido por Mariano Pariz (2010 – 2012) en que se señala el impacto social y económico que significó el cierre de ingenios en Tucumán, entre otras cuestiones.
9 La Gaceta, 7 de diciembre de 1967.
10 La Gaceta, 7 de diciembre de 1967.
11 Informe de la Agrupación de Estudios Sociales de Córdoba, agosto de 1968. Citado en Cristianismo y Revolución, octubre de 1968.
denominadas “changas”, ocupación transitoria en tareas menores que se convertía en una “institución en las áreas fabriles extinguidas”. “Se vive al día porque cada día se consume todo: el trabajo encontrado y la retribución obtenida.” Uno de los pobladores entrevistados de la zona de Cevil Redondo, Juan Carlos Díaz de 30 años, electricista y chofer, resumía: “…‘Por aquí no hay trabajo. Hay que ir a trabajar a afuera (…) Pero el problema es más amplio. En las changas que se consigue se trabaja por la nada: sin leyes ni beneficios sociales. (…) Por eso es preferible morirse de hambre descansando que morirse de hambre trabajando sin cobrar’.” Asimismo señalaba: “…‘Los problemas de Tucumán sólo tendrán solución con grandes fábricas’.” Por su parte Francisco Amonio Rodríguez de 48 años, 7 hijos, 38 años de trabajo en el ingenio, preguntaba a los periodistas “…‘Nosotros (…) no somos acaso argentinos. No tenemos derecho a trabajar’. (…) ‘En mi casa vivimos de lo que gana mi hijo de 17 años, yo hasta ahora no he conseguido un trabajo que valga la pena. Un pariente me llevó a trabajar en una obra.
Acepté. Cuando le pregunté cuánto iba a ganar me respondió: Trabaja no más que a fines de mes vamos a saber cuánto vamos a ganar. Y esto no puede ser. Yo no acepté’.”12 Cabe destacar que muchas mujeres partieron en búsqueda de trabajo hacia San Miguel de Tucumán, donde se empleaban en general como empleadas domésticas;
algunas de ellas se quedaban durante los días de semana laboral en las casas donde trabajaban y regresaban a sus pueblos los fines de semanas.
Aquellos pobladores implementaron prácticas de solidaridad recíprocas y apoyo mutuo. Así Héctor René Magallanes de 48 años, de los cuales 31 había trabajado en el ingenio de la zona, relataba que “…‘Cuando el Ingenio cerró constituimos un centro vecinal para afrontar algunos problemas comunes. (…) Nos preocupamos de la provisión de agua, del estado del camino, y sobre todo de la asistencia sanitaria. Y ello porque había cerrado el hospital del ingenio’.” A través del centro vecinal habilitaron un dispensario. Desde el que pudieron registrar que el 65% de los niños presentaba síntomas de desnutrición. Por otra parte, Magallanes señalaba: “El gobernador nos dijo que nos quitáramos de la cabeza la idea de que aquí volvería a haber alguna fábrica”.13
En algunos ingenios se había retrocedido a los tiempos del pago de vales. Por ejemplo el dirigente Odilón Díaz denunciaba: “…se ha vuelto a la época de las clásicas proveedurías, en las que el trabajador del surco estaba obligado a realizar sus compras…”, subrayando que “…se ha vuelto otra vez al sistema de vales y a los
12 La Gaceta, 17 de marzo de 1968.
13 La Gaceta, 17 de marzo de 1968.
capataces conchabadores. (…) ‘Están en auge (…) los contratistas que con la ayuda de pistoleros, ‘capangas’ y guarda espaldas reclutan peladores de caña’.”14
La situación no era mucho mejor para los pequeños y medianos productores cañeros, afectados por la ausencia de cupos. En Simoca, zona cañera por excelencia, Juan Andrés Medina, cañero con más de 70 años de experiencia, poseedor de un campo de 10 hectáreas, exclamaba “…‘Si nos han quitado la caña, cómo vamos a vivir’...”, evocaba los años en que con hijos y su mujer conducían 500 surcos cuya extinción presenció. Medina refería al periodista: “…‘En la actualidad, criando algunas gallinas y algunos chanchos, apenas tenemos para comer. (…) ‘Hay casas en donde no tienen nada para comer’. (…) ‘Con lo poco que tenemos, no podemos dar trabajo a nadie’.”
Otro campesino, Andrés Paz, quien desde 1937 estaba afincado en Campo Volante, protestaba “…‘Antes estábamos mejor; lo que es ahora andamos embromados.
Planté batata, arroz y maíz, pero primero me dañó la sequía y después me perjudicó el exceso de agua. Mal anda la agricultura de hoy’.” Aseveraba: “…‘Yo me quedo aquí ¿A dónde voy a ir con mi edad? A mi edad nadie me va a dar ocupación. Además soy casado y tengo 10 hijos’.” Por su parte, Lídoro Rodríguez de 66 años, casado, con 7 hijos, preguntaba al periodista: “…‘¿Qué voy a hacer sin la caña? (…) Siembre lo que siembre, no se cosecha nada’ (…) ‘Aquí la semilla de todo es la caña. Con las inundaciones he perdido las plantaciones de maíz. En cambio la caña sigue creciendo en medio del agua. Todo lo demás se ha perdido. La caña soporta todo. (…) ‘El clima de aquí (…) es para la caña. Si nos quitan la caña nos morimos de hambre. Con la caña siquiera se puede pucherear; con el maíz, únicamente hay comida para las gallinas’.”
Ángel Rivero de 64 años subrayaba “…‘Nos expropian los cupos y no nos hacen pagar lo que nos deben los ingenios’.” “… ‘El gobierno no nos puede echar a la calle.
(…) Todos debemos ser sus hijos. Tiene que ser como un padre bueno: debe darle al chico algo para que pueda vivir, no puede ser que sólo vivan los grandes’. (...) Uno de mis hijos hace tres meses que se ha ido a Buenos Aires. El gobierno tiene que saber que sin trabajo no hay vida. Tiene que preocuparse para que no nos falte qué comer...’.”
Una de las actividades principales y características de Simoca era la feria que se realizaba los sábados por la mañana. Allí se reunían productores, puesteros y comerciantes. Manuel Guillermo Cárdenas, farmacéutico, señalaba que ya no era la feria de antaño, pues antes “…no se podía atravesar la calle taponada por los sulkies.”
14 Noticias, 7 de septiembre de 1969. También obreros del ingenio Santa Lucía habían cobrado anticipos con vales que solo podían canjearse en determinados lugares. Última Línea, enero de 1968.
“…‘Antes se vendía y se compraba. Ahora, casi siempre se cambia, algo por algo’. (…)
‘La feria de Simoca (…) ha disminuido en un 70 por ciento fácil’. ‘En la farmacia, un sábado a la mañana (…) vendíamos 20.000 pesos. En la actualidad sólo estamos entre 2 o 3 mil pesos.”15
A mediados de agosto de 1968, un grupo de estudiantes de distintas facultades de la Universidad Católica de Córdoba viajó a Tucumán con el propósito de conocer in situ la crisis que atravesaba la provincia. Los estudiantes intentaron establecer contactos personales con los pobladores tucumanos y para ello realizaron entrevistas a obreros y también a distintas instituciones. Ese viaje fue respaldado por la Comisión de solidaridad con Tucumán promovida por la CGT de los Argentinos (ver capítulo IV).16
En aquella investigación los estudiantes registraron características de la constitución de las familias, elementos de la vida cotidiana y los efectos de las migraciones, entre otras cuestiones. Destacaban que muchos hijos de trabajadores del surco habían tenido que marcharse de la provincia por la falta de perspectivas en su medio social. Los jóvenes señalaban que debido al “…profundo embate de la miseria…” habían aumentado considerablemente la prostitución y el consumo excesivo de alcohol.
En cuanto a los movimientos migratorios interprovinciales y al éxodo poblacional, los estudiantes cordobeses señalaban que eran oscilantes. La investigación señalaba en la migración tres etapas: Primero, a comienzos del invierno, se generaba un desplazamiento de trabajadores desde el este tucumano y el campo santiagueño hacia la zona cañera para ocuparse como braceros en la zafra. Al comenzar el verano y terminar la cosecha se producía el retorno masivo a la zona de origen. Segundo y luego de varias migraciones anuales, algunos zafreros se asentaban en aquella zona cañera. Una vez asentados, iniciaban movimientos de verano hacia las zonas de rutas urbanizadas o a la ciudad de Tucumán y sus alrededores. Tercero y después de varias oscilaciones, se producía la incorporación definitiva del migrante a las ciudades. Los jóvenes registraban
15 La Gaceta, 25 de marzo de 1968.
16 Informe de la Agrupación de Estudios Sociales de Córdoba, agosto de 1968. Citado en Cristianismo y Revolución, octubre de 1968. Los estudiantes se dividieron en equipos de trabajo y recorrieron las localidades de San Pablo, Lules, Amalia, San Ramón, Providencia, Corona, Bella Vista, entre otras. Se entrevistaron especialmente con: la FOTIA, la CGT Regional, UCIT, CACTU, la Federación Económica de Tucumán, ATEP, el Instituto de Sociología de la Universidad Nacional de Tucumán, el Instituto de Planeamiento. También con agrupaciones estudiantiles (Humanismo y el Centro de Estudiantes de Derecho) y con diferentes sectores de la Iglesia católica como el R. P. Dip y el Obispo de Concepción, Monseñor Ferro. Asimismo se entrevistaron con el ex gobernador de la provincia, el Prof. Lázaro Barbieri. Por otra parte también visitaron las oficinas del Operativo Tucumán, el INTA, la Cooperativa de ex-obreros del ingenio Bella Vista y los sindicatos de cada ingenio, además de administradores de ingenios, entre otros.
que en el último tiempo se había producido una entrada masiva en San Miguel de Tucumán, especialmente de mujeres. Finalmente y como culminación de estas migraciones se producía una migración extraprovincial, especialmente hacia el gran Buenos Aires.”17
Como se mencionó más arriba, la situación de crisis que atravesaba Tucumán constituyó un punto de referencia para muchos jóvenes argentinos. Otro grupo, integrado por artistas de Rosario y Buenos Aires se sintieron, también atraídos por la realidad de la provincia, comprometidos con la denuncia de la crisis social y con la lucha antidictatorial. Crearon la obra colectiva “Tucumán Arde”, contando con el apoyo de la CGT de los Argentinos. Según Ana Longoni y Mariano Mestman, las denuncias sobre la crisis tucumana que realizaba la CGTA a través de sus documentos y su semanario fueron determinantes en la opción de los artistas. Los investigadores destacan que fue “…una iniciativa de los artistas coincidentes con el plan de lucha de la CGTA.18 Uno de los objetivos fue evidenciar “…la contradicción de los contenidos de la información oficial y de la realidad de hecho...”.19
La elaboración de “Tucumán Arde” incluyó visitas a la provincia, en las que registraron también las condiciones de vida de los pobladores. Parte de ello quedó asentado en un informe que utilizaron para dar a conocer los objetivos de la obra. La propaganda exponía: “Tucumán: pobre, hambrienta, enferma, analfabeta, azotada por la desocupación, castigada por la represión policial, poblada de rostros tristes, no es sino la representación agudizada de la situación general que vive la Argentina...”.20
Sobre las condiciones de salubridad de los trabajadores azucareros y sus familias, informaban que la mortalidad infantil era del 75/000 y se registraba un 30% de tuberculosis. Con preocupación señalaba el doctor Enrique David a los jóvenes visitantes que en algunos casos la necesaria internación estaba vedada por la inexistencia de hospitales “…e incluso, en algunos casos, por la negativa del mismo
17 Informe de la Agrupación de Estudios Sociales de Córdoba, agosto de 1968. Citado en Cristianismo y Revolución, octubre de 1968.
18 “Desde la perspectiva de los artistas, el régimen acompañaba el ‘Operativo Tucumán’ como una campaña pública que por un lado intentaba ocultar o matizar los efectos sociales de la crisis, y por otro – ante su evidencia- difundía las medidas tomadas y los supuestos logros obtenidos, con lo que se pretendía convencer a la opinión pública de que la apertura de industrias y diversificación agraria constituían un paliativo para la situación desatada por el cierre de los ingenios…”. Así “…Frente a ese operativo silencio (…) los plásticos de vanguardia respondían con su obra. ‘Tucumán Arde buscaba erigirse, entonces, en un contradiscurso ante esa campaña…”. Ana Longoni y Mariano Mestman, Del Di Tella a ‘Tucumán Arde’.
Vanguardia artística y política en el ’68 argentino, Buenos Aires, Eudeba, 2008, pp. 180-181.
19 Grupo de Artistas de Vanguardia, Informe: viaje a Tucumán de los artistas, 1968. Mimeographed copy. Personal archive of Graciela Carnevale, Rosario.
20 Grupo de Artistas de Vanguardia, Informe: viaje a Tucumán de los artistas, 1968. Mimeographed copy. Personal archive of Graciela Carnevale, Rosario.
obrero desesperado por perder sus jornadas de trabajo…”. Además el informe denunciaba que en ocasiones “…se ha comprobado que los médicos de la patronal utilizan la internación como un medio represivo para neutralizar la actividad gremial.
También se descubrió que algunos establecimientos que debieran funcionar como salas Hospitalarias ocultan bajo su aspecto de magras y deshabitadas salas de primeros auxilios, depósitos de armas usadas para reprimir la agitación obrera de protesta.”21
En cuanto al nivel educativo de la población, el índice de analfabetismo de la población mayor a 14 años era del 13,2% mientras que en el resto del país era del 7,2%.
Los datos suministrados por ATEP indicaban que el índice de deserción escolar de los menores de 15 años llegaba al 75% en toda la provincia y en algunas zonas rurales al 90%. Los salarios docentes eran mal retribuidos, debiendo trasladarse en transportes deficientes y trabajar con medios pedagógicos inadecuados en locales escolares ruinosos.22 A mediados de 1968, de los alumnos inscriptos en primer grado, 39.373 abandonaban antes de terminar el ciclo primario: 29.034.23
Resulta sugerente la evaluación de la situación educativa tucumana realizada en ese momento por Isauro Arancibia, presidente de ATEP, quien diagnosticaba que “…el analfabetismo es en Tucumán una realidad escandalosa; 20% de analfabetos, excluyendo los que sólo saben firmar. La deserción escolar es una plaga sin posibilidades de erradicación; 70% en la provincia que aumenta al 90% en las zonas rurales. (…) Arancibia subrayaba que las causas de ese estado de cosas eran la desnutrición y sus secuelas en la salud infantil, a saber, disminución del rendimiento escolar como consecuencia de la enfermedad latente, la desnutrición, la inseguridad social, desintegración de los núcleos familiares por el éxodo de trabajadores
21 Informe realizado a través de informes estadísticos y entrevistas con profesionales médicos de la F.O.T.I.A, por ejemplo con el Dr. Enrique D. David. Grupo de Artistas de Vanguardia, Informe: viaje a Tucumán de los artistas, 1968. Mimeographed copy. Personal archive of Graciela Carnevale, Rosario.
22 Informe de la Agrupación de Estudios Sociales de Córdoba, agosto de 1968. Citado en Cristianismo y Revolución, octubre de 1968. Tiempo más tarde, un diario de la provincia daba a conocer que “Según consta en el Nº15 de una publicación editada por el Centro de Documentación e Información Educativa, en el nivel primario, durante el período comprendido entre 1964-1970, se anota en primer grado la matriculación de 16.908 niños y en 7º grado de sólo 6.336. Es decir una retención de alumnos del 37,5 por ciento y una deserción del 62,5 por ciento. Claro, que como en esto de las estadísticas, tenemos un atraso de casi dos años, los números aportados por los organismos encargados de proporcionarlos distan mucho de la realidad. Eso permite asegurar que en este año, en lo que a Tucumán le concierne en la materia, se debe haber incrementado enormemente el abandono de las escuelas, si partimos del índice de desocupación en el medio, uno de los más altos del país.” Noticias, 8 de septiembre de 1972.
23 Datos aportados por la Secretaría de Cultura y Educación de la Nación, citado en “La realidad tucumana en números,” 1968. Typed manuscript. Personal archive of Graciela Carnevale, Rosario.
Asimismo, Ramón Medina en su trabajo publicado en 1977, pg. 42, señalaba que “…Tucumán tiene una tasa (11,2 % en 1970) muy superior a la del País y duplica a la de Buenos Aires (…), con la característica preocupante que la tasa del grupo de edad de 14 a 29 años triplica a la de Buenos Aires (7,8 % en Tucumán, 2,1% en Buenos Aires).”
desocupados, depresión moral y sus funestas consecuencias a raíz de las penurias económicas.”24
En suma, las consecuencias de los cierres de ingenios azucareros y la pérdida del empleo fueron múltiples y profundas en la provincia. Una parte de la población se vio forzada a emigrar en búsqueda de mejores condiciones de vida, sufriendo muchas veces el desmembramiento de sus familias que se desperdigaban por distintos puntos de la provincia y del país, y el fuerte desarraigo padecido junto con el costo de adaptación a las nuevas condiciones de vida. Tiempo después muchos de ellos regresarían a sus hogares por no haber podido adaptarse a las grandes ciudades. Un poblador de Santa Ana, Mario Manuel “Coco” Nina –después de años de trabajo como soldador en el ingenio-, luego del cierre fue a probar suerte a Buenos Aires con su mujer. Primero llegó a Burzaco, provincia de Buenos Aires; luego fue a Ramos Mejía, “haciendo changuitas”, hasta que consiguió entrar a trabajar en una fábrica metalúrgica. Sin embargo, “Coco” no se pudo acostumbrar:
“…no lo quería a Buenos Aires, no me gustaba y todavía vivía mi madre, yo todos los años venía a verla en vacaciones y ella me decía ‘venite, venite, ya está lindo Santa Ana’. Allá no querían que me venga los muchachos, me decían ‘aguanta más, aquí te vas a jubilar mejor, la metalúrgica paga bien’…
No sé porque pero no lo he querido, mire, me acuerdo cuando he llegado a Retiro y he empezado a mirar esos edificios, íbamos con mi señora. No, no lo querido…”.25
Finalmente Coco Nina regresaría a Tucumán en enero de 1975 en donde consiguiría ocuparse en la comuna hasta el año 1996.26
Como se señaló las condiciones de penuria para la población desocupada que se quedó en la provincia se fueron agravando, ello se reflejó en todos los ámbitos de la vida cotidiana, con el aumentó de enfermedades como la tuberculosis o la desnutrición;
también el incremento de la violencia en las familias y el alcoholismo; el abandono y la
24 Grupo de Artistas de Vanguardia, Informe: viaje a Tucumán de los artistas, 1968. Mimeographed copy. Personal archive of Graciela Carnevale, Rosario.
25 Mario Manuel Nina, ex obrero de fábrica del ingenio Santa Ana, realizada por Silvia Nassif, Juan David Cabrera, Guillermo Caporaletti y Enrique Sanmillán, Santa Ana- Tucumán, 14 de agosto de 2013.
26 Sobre los procesos psico-sociales de la migración y el impacto en la subjetividad de los pobladores que optaron por emigrar de la provincia consultar: Josefina Racedo, “Vida cotidiana en comunidades del Norte argentino (IV), en Ana Quiroga y Josefina Racedo, Crítica de la vida cotidiana, Buenos Aires, ediciones Cinco, 2010, pp. 65-85.
deserción en los ámbitos escolares, entre otros estragos. Cabe tener en cuenta que todas aquellas carencias y la situación de crisis social impactaban fuertemente en la subjetividad de aquellos “ex obreros azucareros” y de sus familias.
No es entonces casual que en este contexto Enrique Pichón Riviere junto a Ana Quiroga, hayan sido solicitados por profesionales, jóvenes trabajadores de la salud mental y estudiantes tucumanos necesitados de instrumentos para afrontar la emergencia que se manifestaba con impactos profundos en el psiquismo. Fue en ese escenario en el que experimentó un salto cualitativo la elaboración de los presupuestos teóricos y operativos de su psicología social. En ruptura con los fundamentos del psicoanálisis, es en este contexto que avanzaron en definir el papel de las relaciones sociales en la subjetividad y un criterio de salud mental vinculado al aprendizaje y la adaptación activa a la realidad sobre la base de una acción básica transformadora.27
En definitiva, durante los años de la dictadura autodenominada “Revolución Argentina”, la pérdida de mano de obra no fue de ninguna manera compensada por la radicación de nuevas industrias y/o la diversificación de la producción prometida por Jorge Néstor Salimei y Juan Carlos Onganía en agosto de 1966. La tan anunciada
“transformación” de la provincia realizada a través de las políticas dictatoriales dieron como resultado el cierre de 11 ingenios azucareros, la pérdida de entre 40.000 a 50.000 puestos de trabajo solamente en la agro-industria azucarera, dependiendo de las distintas fuentes consultadas, altos niveles de desocupación –oscilantes entre el 10% y el 13%-, la emigración de más de 200.000 tucumanos y el dramático impacto social que todo ello implicaba en la población de la provincia.
De obreros azucareros a “trabajadores transitorios”. ¿Una nueva categoría?
A partir de la aplicación de las políticas “racionalizadoras” en la economía de la provincia unidas al accionar represivo de la “Revolución Argentina”, una parte considerable de los sectores populares fue descubriendo las verdaderas intenciones de la dictadura y se fue poniendo primer plano de un modo dramático la progresiva pérdida del empleo de miles de habitantes.
El drama tucumano así planteado y sus consecuencias económicas y sociales, con la afectación de amplias mayorías en sus condiciones de supervivencia y en su propia identidad, obliga a recordar la importancia primordial del trabajo para la humanidad. No sólo como fuente de subsistencia que al eliminarse arroja a miles de
27 Consultar el articulo de Josefina Racedo, “Vida cotidiana en comunidades del Norte argentino”, 2010, pp. 65-88.
trabajadores al borde del hambre y la penuria sino también como condición básica e integral de toda la vida humana. Si el trabajo transformador de la naturaleza caracterizó al hombre en su propio quehacer, motorizado por la necesidad de sobrevivir, el propio proceso social del trabajo y también su negación en la crisis capitalista y el desempleo hace visible, en ambos casos, que es el sistema social el que determina la satisfacción o frustración de las necesidades que motorizan la acción del hombre.28
Durante los inicios de la zafra de 1967, cuando comenzaba a sentirse la falta de trabajo, el Poder Ejecutivo provincial encargó a la Subsecretaría de Trabajo la apertura, por una sola vez y por el término de 15 días, de un registro de desocupados que tuvieran entre 18 y 55 años de edad para todo el territorio de la provincia, con el propósito de encontrarles alguna ocupación. Según el gobernador interino Lacaze, se trataba de un censo y una bolsa de trabajo, sin carácter obligatorio, advirtiendo que el gobierno no asumía con él ningún compromiso de asegurar empleo.29 Es de notar que la recepción de las inscripciones se realizaba a través de las comisarías de policía. Tratando de evitar todo tipo de comparación con la función de la policía en el siglo XIX con las leyes de conchabos (ver capítulo II), en distintas oportunidades el gobierno se vio en la obligación de aclarar que ello se hacía solamente para economizar tiempos y medios.30
Por su parte, la comisión provisoria a cargo de la dirección de la FOTIA desde 1967 denunciaba que a los trabajadores que eran empleados a través de ese medio no se les abonaban los salarios de acuerdo a los convenios y subrayaba que “…a los trabajadores de los ingenios cerrados se los está explotando, aún en obras del Estado, en un grado inaceptable. Esta es la razón por la cual los trabajadores desocupados hacen caso omiso de los llamados de la denominada Bolsa de Trabajo de la Provincia, desde la cual se reclutan obreros que se dedican a trabajos no remunerados de acuerdo a las leyes y convenios.”31
Luego del fracaso de esa iniciativa, a inicios del año 1968 se creó una “bolsa de trabajo” dependiente de la Dirección de Trabajo de la provincia.32 Ante ello la FOTIA denunció que ese fondo de desempleo daba la impresión “…‘del montaje de un gran
28 Ver Federico Engels, [1876], El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre, Buenos Aires, Editorial Polémica, 1975, pg. 120. También Ana Quiroga y Josefina Racedo, 2010.
29 Noticias, 2 de junio de 1967. Ver también Última Línea, junio de 1967.
30 Ver La Gaceta, 16 de junio de 1966.
31 Noticias, 21 de mayo de 1968.
32 Dicha Bolsa de Trabajo era creada por el Decreto-Acuerdo Nº 38/14, teniendo por objeto poner en relación la oferta y demanda de trabajo, ver La Gaceta, 2 de febrero de 1968 y también Ana María Ostengo de Ahumada, La legislación laboral en Tucumán. Recopilación ordenada de leyes, decretos y resoluciones sobre Derecho del Trabajo y Seguridad Social 1839-1969, tomo 2º, Tucumán, Universidad Nacional de Tucumán, 1969, pg. 11.
aparato burocrático para fines puramente políticos y electorales’ y que “...no servirá sino para mitigar en mínima medida la realidad de miseria, hambre y abandono en que la política oficial azucarera ha sumido a Tucumán.”33
La bolsa de trabajo tampoco dio resultado, como fue denunciado reiteradamente por los trabajadores. Por ejemplo, los obreros que habían trabajado en la recolección de maní en la ex colonia de Agua Dulce, afirmaban que cobraron un jornal de 300 pesos, cuando en la Bolsa de Trabajo les habían prometido que iban a recibir diariamente 715 pesos. Ante los incumplimientos y los reclamos de los obreros se ordenó no ofertar más empleo en zonas que no se supiera fehacientemente cuáles eran las condiciones salariales.34
Así, después de más de cinco años de dictadura hacia 1971, casi un tercio de la población había tenido que migrar en busca de nuevas fuentes de trabajo, la mayoría engrosando las villas miserias de las grandes ciudades. Los obreros de ingenios cerrados que se habían quedado en la provincia pasaron a ser denominados por la población y por la prensa local como “ex obreros”.
Quizás la preposición “ex” constituía una forma de resistencia, ya que esos trabajadores, muchos de ellos obreros industriales anteriormente, se rehusaban a la condición de “desocupados” y, enarbolando con esa fórmula su pasada identidad de obreros ocupados, seguían luchando por la reapertura de los ingenios cerrados o reclamando la instalación de plantas industriales, prometidas por la dictadura.
Silvia Sigal advierte que inicialmente la situación de los obreros de ingenios intervenidos era compleja “…y no permite tratarlos como desocupados puros, desligados totalmente de una relación de trabajo y privados de remuneración.” Elabora para ese período una clasificación de los obreros respecto a su situación laboral entre: a) quienes no estaban totalmente desvinculados de sus ingenios, ya que a una gran parte se le debía el sueldo; b) aquellos que no sabían con certeza que suerte correría su empresa y c) quienes por el decreto recibían su salario por un año. Por eso aunque a veces se les dijera desocupados, para Sigal “…la expresión más ajustada en muchos casos sería la de
‘amenazados más directamente por la desocupación’.”35
Posteriormente, y tras los recambios de funcionarios, con Roberto Avellaneda como nuevo interventor de la provincia, las condiciones de pauperización de una parte
33 La Gaceta, 11 de febrero de 1968.
34 La Gaceta, 11 de abril de 1968.
35 Silvia Sigal, “Crisis y conciencia obrera: la industria azucarera tucumana”, en Revista Latinoamericana de Sociología, Nº 2, Buenos Aires, julio 1969, pp. 67-68.
considerable de la clase obrera se mantenían. También proseguían los intentos de convalidar discursivamente y con el COT aquellas políticas. A mediados de abril de 1968, Avellaneda en un reportaje en una radio porteña declaraba: “…la participación del Comité ‘contribuye eficazmente a la concreción de los programas de trabajo para absorber la mano de obra desocupada en las zonas afectadas por el cierre de fábricas azucareras, y creo también (…) que este Comité cumple con los objetivos de su creación en los planes de diversificación agrícola y transformación industrial’.” Por otra parte, señaló que se daría “… ‘particular consideración a la solución de los problemas provocados por la escasez de fuentes de trabajo’, y señaló que está en marcha el programa de ocupación transitoria que durará hasta 8 meses de este año. Destacó asimismo que los aludidos trabajos transitorios, que consisten principalmente en limpieza de canales y otros tipos de obras públicas necesarias, crean la infraestructura útil para la transformación de la provincia y contribuyen a la solución del problema social de la desocupación.”36
Los trabajadores empleados por el Operativo Tucumán recibían un jornal diario de 636 pesos, aunque en realidad deberían percibir 886 pesos. Además, no tenían aportes jubilatorios y tampoco se les abonaba el salario familiar ni se les reconocían licencias enfermedades o accidentes de trabajo. Asimismo los obreros azucareros denunciaban:
“…como si el salario menguado que se paga no fuera una vergüenza, el obrero debe afrontar con sus propios medios los gastos de traslado desde su domicilio hasta el lugar donde trabaja”. La FOTIA manifestaba que “…‘Según sus sostenedores (…) el Operativo Tucumán fue creado para contrarrestar los graves problemas originados por el cierre de los ingenios y la desocupación que esta medida trajo aparejada. Pero es evidente, sin embargo, que para los trabajadores no es ninguna solución (…) El real objetivo del Operativo Tucumán fue el de producir el desplazamiento, hacia distintos puntos de la provincia, de los trabajadores desocupados, de manera de impedir que éstos sintieran más intensamente los efectos de la falta de realización de las nuevas fuentes de trabajo a que se había comprometido el gobierno. Es por ello, (…) que FOTIA se dirige a los trabajadores azucareros afectados por el Operativo Tucumán, exhortándolos a reforzar sus sindicatos de base, para emprender una acción conjunta con la que cumple FOTIA, en defensa de sus intereses’.”37
36 La Gaceta, 17 de abril de 1968.
37 Noticias, 31 de mayo de 1968.
Ramón Francisco “Cuqui” Romano, ex empleado de CONASA y hermano de Benito Romano, describe como afectaba negativamente en la subjetividad de los obreros el cambio en el tipo de tarea impuesto por el COT. De obreros especializados pasaban a cumplir múltiples tareas no calificadas en el Operativo Tucumán. Los obreros exigían el respeto por la tarea para la que se había preparado y se oponían a la multifuncionalidad.
“Cuqui” Romano describe, en particular, cómo fue ese proceso en el ingenio Esperanza que, como se recordara, en el momento del cierre era una cooperativa de trabajo:
“Porque desde que el gobierno cierra el ingenio se ponen 2 candados: uno lo cierra y otro para que no lo desarmen, porque los chatarreros estaban ahí esperando para llevarse y desarmar el ingenio. Entonces se crean las ollas populares y la gente comía ahí y luego se logra que el Estado les dé un trabajo a los obreros de cada ingenio y los llevaban a limpiar los canales, por supuesto que eso era totalmente denigrante ¡Imagínate un maestro azucarero!
Ese era el Operativo Tucumán. Era denigrante que un maestro de azúcar, un obrero calificado, tuviese que ir a limpiar los canales. Iban y los buscaban en camiones, los llevaban y los traían. A algunos los llevaban a las municipalidades y a otros a la irrigación (que era la parte del gobierno que manejan los canales de riego). A otros se los llevaban a los municipios para que hagan la limpieza del cordón, cuneta, vereda, o que colabore con la escuela.
La cosa era sacarlos de ahí y que no sigan generando problemas y por supuesto también porque que no tenían que comer…
La mayoría se fue. Ese fue en gran éxodo de tucumanos a formar parte del cordón en Buenos Aires. Y los que nos quedamos… Yo todavía era joven pero mis hermanos eran soldadores y tenían que ir a palear o a machetear, no había otra…”.38
Como sugiere “Cuqui” Romano tras el plan del Operativo Tucumán se traslucía también la intención de dispersar geográficamente a los obreros desocupados para dificultar su organización y su protesta.
38 Ramón Francisco Romano, ex empleado de CONASA, hermano del dirigente Benito Romano, realizada por Silvia Nassif, Guillermo Caporaletti y Juan Díaz, Banda del Río Salí – Tucumán, 13 de agosto de 2013.
Los artistas de “Tucumán Arde” informaban que los obreros entrevistados que habían obtenido trabajo en el Operativo Tucumán se ocupaban en los desagües de la ciudad: “…cavan zanjas que la opinión pública tucumana considera innecesarias e ineficaces puesto que no responden a un real planeamiento u urbano…”, trabajaban alternativamente una quincena por mes y que además se los obligaba a llevar sus propias herramientas de trabajo (compradas a plazo) y a pagar $60 diarios por el transporte hasta el lugar de la realización de las obras.39
En septiembre de 1969, el gobierno provincial aprobó un régimen de “trabajos transitorios” de emergencia y excepción, destinado exclusivamente para obreros y empleados de ingenios cerrados.40 Se denominó oficialmente “Régimen de Trabajos Transitorios para el Personal de Ingenios Cerrados”, creado por el decreto provincial 3947/14 del 2/10/69. La FOTIA calificó al mismo como “…‘discriminante y violatorio de los derechos laborales y sociales…”.41 Los dirigentes de los ex obreros azucareros, Benito Romano y Leandro Fote, denunciaban que un obrero transitorio ganaba 840 pesos viejos por día, advirtiendo que cuando llueve pierden el jornal casi entero, ya que sólo cobraban $150 de los cuales $100 eran gastados en el pago del pasaje de traslado a los lugares donde trabajaban.42
En el año 1972, los “obreros transitorios” fueron incorporados en forma permanente a la planta de la administración pública. De esa incorporación quedó excluida la mitad de los trabajadores de los ingenios cerrados que no habían sido incorporados al régimen antes descripto.43
39 Grupo de Artistas de Vanguardia, Informe: viaje a Tucumán de los artistas, 1968. Mimeographed copy. Personal archive of Graciela Carnevale, Rosario.
40 Dicho régimen reconocía 10 días anuales de vacaciones pagas, siempre que se haya trabajador un número mínimo de jornadas. El jornal era de $106 la hora o de $848 la jornada de 8 horas o 48 semanales.
También se les abonaría una asignación familiar de $2.000 por cónyuge a cargo o hijo menor de 18 años, y 1.000 pesos por escolaridad primaria. La Gaceta, 19 de septiembre de 1969. De todos modos cabe destacar que la figura del “trabajador transitorio” ya había sido utilizada bajo el gobierno de Roberto Avellaneda. Así en abril de 1968 señaló en una entrevista que estaba en marcha un programa de ocupación transitoria que duraría sólo 8 meses, destacando que estos consistían principalmente en la limpieza de canales y otros tipos de obras públicas. Ver La Gaceta, 17 de abril de 1968.
41 La Gaceta, 4 de abril de 1970. Por su parte, Roberto Pucci, Roberto Pucci, Historia de la destrucción de una provincia, Tucumán 1966-1976, Buenos Aires, Ediciones del pagochico, 2007, pg. 148, destaca que “…cuando el PEN se desentendió por completo del destino de aquellos que, según declarara en 1966, habrían de ser reabsorbidos por la ‘transformación agroindustrial de Tucumán’.”
42 La Gaceta, 31 de diciembre de 1970. Por su parte, el periodista José Ricardo Rocha señalaba “Lo que falta en Tucumán –y se cree que nadie duda al respecto- es trabajo.” Subrayando que “Una de las formas de crear ocupación está constituida por los renombrados ‘Programas de Trabajo Transitorios’. Pero como pesan sobre las arcas fiscales, y las arcas fiscales, según quienes pueden mirar en su interior, están exhaustas, la solución es limitada.” “Tucumán Provincia desplazada (IX)”, La Gaceta, 25 de enero de 1971.
43 Roberto Pucci, 2007, pg. 148.
V.4 Formas de la resistencia obrera al cierre de ingenios
Los medios periodísticos nacionales, que entre fines de 1965 y la primera mitad del año 1966 informaba a diario sobre el “caos” tucumano, anticipando incluso una inminente intervención Federal de la provincia, luego del decreto de intervención de los ingenios azucareros poco decían ya sobre los conflictos obreros y populares en la provincia. De todas maneras resultaba imposible acallar las protestas y ocultar las penurias que vivían a diario los tucumanos, sobre todo en los pueblos del interior de la provincia. Así a fines de 1966, una publicación subrayaba que en Tucumán el estado de permanente conflicto que se vivía desde 1965 “…se mantuvo, casi sin interrupciones durante los seis meses del nuevo gobierno. La aplicación del plan de reordenamiento de la economía tucumana agravó las manifestaciones conflictivas de los trabajadores azucareros.” También destacaba que los conflictos aparecían en forma de eclosiones parciales y que los ingenios azucareros, en su gran mayoría, tuvieron por lo menos una huelga en lo que iba del año.44
Hacia fines de 1966 también se informaba que “Centenares de hectáreas cañeras tucumanas están ardiendo desde que la confianza del sufrido pueblo en la posible solución por parte del golpe militar se ha convertido en una sorda desesperación. Ese fuego de los cañaverales está dando la intensidad de la protesta, la ciega y obstinada rebelión de miles de familias sometidas desde siempre a la explotación de la porción más negra de nuestra oligarquía y acorraladas desde ahora por un supuesto plan cuyos efectos ya están pagando los obreros arrancados de sus pueblos y llevados en auténtico
‘trabajo forzado’ a justificar el sueldo que por ahora se les paga, pero que pronto no recibirán más. Este fuego del Tucumán es el signo que señala al gobierno militar cómo una comunidad de oprimidos y hambreados tiene todavía unas fuerzas y unos métodos que ni siquiera los policías o los ejércitos pueden controlar y destruir.”45 Cabe destacar que la quema de cañaverales era una histórica práctica de lucha que empleaban los obreros del surco como forma de presión, pues una vez que la caña se quemaba había que cosecharla inmediatamente para no perder su rendimiento. Por otra parte, la práctica de la quema de cañaverales aparecía frecuentemente en los diarios tucumanos de la época: al tratarse de una metodología de la que nadie se hacía responsable aparecía en general como un evento de la naturaleza y no como una medida de sabotaje.
44 Se trata de un informe especial de la revista dirigida por Roberto Carri, Estudios Sindicales. Informe Especial, Nº 1, diciembre de 1966.
45 Cristianismo y Revolución, octubre-noviembre de 1966.
Luego de las intervenciones vinieron los cierres de los ingenios. Algunos de los ingenios intervenidos, después de un proceso de luchas y también de negociaciones entre las patronales y el Estado, pudieron seguir moliendo. Estos fueron los casos de los ingenios Bella Vista, La Florida y La Trinidad. Distinto fue el caso de los ingenios Esperanza, Nueva Baviera, Lastenia y Santa Ana que no molieron nunca más. Por otra parte, ingenios que en una primera instancia no habían sido intervenidos luego cerraron, como Mercedes, Los Ralos, San José, Santa Lucía, Amalia y San Ramón; otros continuaron constantemente amenazados de cierre.
Los testimonios orales de los protagonistas cobran vital importancia a la hora de reconstruir cómo fue aquella resistencia a las políticas de la dictadura. En ese sentido, el ex obrero y dirigente del ingenio La Providencia –fábrica no intervenida-, Juan “Lucho”
Medina, opina sobre las intenciones de aquella política hacia la industria azucarera tucumana, las causas de esas medidas y cómo actuó frente a ellas una parte considerable del movimiento obrero azucarero:
“Onganía tenía instrucciones de los Estados Unidos, de los grandes terratenientes de este país y de los grandes industriales de esta provincia.
Lo que querían era hacer era un cierre masivo de ingenios. ¿Por qué?
Porque en Tucumán se había empezado a despertar la conciencia del trabajo. Empezó a solicitarse la dignidad del trabajo...”
“Lo que querían también era trasladar la industria azucarera de Tucumán más al Norte. Hay una sencilla razón que es económica, porque cuando más al norte te vas, vas a encontrar más ignorancia, más explotación, más mano de obra más barata. (…)
Estoy diciendo la intención del sistema capitalista, un poco era eso. Y otro poco era el despertar del movimiento obrero en la provincia de Tucumán (…) En ese golpe, también genocida de Juan Carlos Onganía, se cerraron 11 fábricas, desde el ‘66 hasta el ‘69. El ministro Salimei obedecía a ese sistema capitalista que yo estoy diciendo.
Las sociedades anónimas (…) no se las conoce, viven en el anonimato. (…) Poco les importa cómo funciona, si el obrero trabaja con dignidad. Ellos suponen que el obrero no es explotado, y es explotado, ellos suponen que el obrero tiene vivienda digna, y no tiene vivienda digna, ellos suponen que el obrero tiene asistencia médica y no la tiene, ellos suponen que el obrero tiene educación y no la tiene.
Entonces todo eso determinó lo que se llamó la “Lucha Obrera Azucarera”, a partir de su federación madre que es la FOTIA, cuando era secretario general Atilio Santillán…”
“Ante esa situación hubo una terrible represión en Villa Quinteros, León Rouges, Monteros, Santa Bárbara, La Corona, Santa Bárbara, Marapa...
Consiguieron su cometido. Mataron, destruyeron, encarcelaron.”46
Hugo Santillán, ex obrero del ingenio Bella Vista, relata cómo se convirtió en obrero industrial, recibiéndose de mecánico tornero, becado en el colegio Salesiano Tulio García Fernández, construido con fondos donados por Manuel García Fernández, propietario del ingenio Bella Vista en la década de 1920. Santillán pudo finalizar allí sus estudios y entró a trabajar como obrero industrial, al igual que su hermano Atilio, en el ingenio Bella Vista. Hugo describe cómo vivió la intervención militar de su fábrica:
“En el ’66, cuando se firma el decreto de Onganía, viene la Federal a Bella Vista. Yo estaba de turno ese día porque era época de molienda. Yo atendía una máquina del trapiche –que era la que mueve los cilindros y tritura la caña-.
Entraron armados hasta los dientes un grupo numeroso y nos apuntaron con las armas a los efectos de que paráramos las máquinas en seco, y era una locura pararla en seco, por la presión del vapor que tenía toda la maquinaria en general del ingenio, en especial la del trapiche…
Después de algunas discusiones en las que participaron los técnicos, lograron convencerlos a los policías que eso era gradual, que no se podía parar así como así.
Pero ahí hubo una reacción de algunos obreros que desde una altura determinada, donde funcionaban los tachos de cocimiento, tiraron agua hervida a los policías, tuercas, tornillos, lo que encontraban… No salimos y ahí empezó la gran lucha de Bella Vista…
La policía se retiró, habló con los que estaban a cargo del ingenio en ese momento y bueno de ahí se apaciguó la cosa, paramos la fábrica, limpiamos todo, se hizo el proceso normal y de ahí nos sacaron a todos y por un tiempo no trabajamos…”.47
46 Juan Antonio Medina, ex obrero de fábrica del ingenio La Providencia y dirigente del sindicato, realizada por Silvia Nassif y Guillermo Caporaletti, Río Seco - Tucumán, 11 de agosto de 2012.
47 Hugo Aldo Santillán, ex obrero de fábrica del ingenio Bella Vista, hermano de Atilio Santillán, realizada por Silvia Nassif, San Miguel de Tucumán, 19 de marzo de 2013.
El ingenio Bella Vista pudo ser rescatado de la clausura definitiva principalmente gracias a la lucha obrera y popular. En ellas tuvo especial relevancia la unidad de diferentes sectores sociales en la concreción del Comité Pro-Defensa de Bella Vista, cuya historia se cuenta en el próximo capítulo.
Cada uno de los ingenios tuvo su historia particular de resistencia. Ramón Francisco “Cuqui” Romano, ex empleado de la Compañía Nacional Azucarera (CONASA), hermano además del dirigente Benito Romano, explica que el ingenio Esperanza, intervenido por el Decreto de Salimei, anteriormente había sido propiedad de la familia Posse. La firma se había declarado en quiebra, por lo que la fábrica pasó a manos del Estado y luego se transformó en la Cooperativa Esperanza, formada por los obreros. “Cuqui” relata que hacia 1966:
“La cooperativa hizo funcionar al ingenio, lo prepara, incluso consigue la financiación que normalmente se da previo al inicio de toda zafra. Hay una inyección financiera del Estado…”.48
Luego del decreto de intervención, en septiembre de 1966 directivos de la Cooperativa, entre los que se encontraba el secretario del sindicato Benito Romano, se entrevistaron con el interventor Aliaga García para plantearle la situación del ex ingenio y la de los 600 trabajadores que se quedaban sin trabajo.49 Sobre el funcionamiento de dicha entidad obrera, tiempo después Benito Romano explicaba que era “…una cooperativa obrera, cooperativa de trabajo única en su tipo por lo menos en esta parte del mundo, y a pesar de las promesas de algunos funcionarios del gobierno militar también fue cerrada compulsivamente. Eso era lógico y coherente dada la conformación del gobierno militar. Es decir: a nadie, ni al monopolio ni a ningún industrial azucarero, le interesaba el funcionamiento de una cooperativa de trabajo porque les iba a demostrar palpablemente que todo ese tabú que se había creado alrededor de la industria azucarera se iba a poner en descubierto. Jamás a pesar de las investigaciones de distinto tipo que
48 Ramón Francisco Romano, ex empleado de CONASA, hermano del dirigente Benito Romano, realizada por Silvia Nassif, Guillermo Caporaletti y Juan Díaz, Banda del Río Salí – Tucumán, 13 de agosto de 2013. Según explicaba el diario La Gaceta, el establecimiento Esperanza después de la autodenominada “Revolución Libertadora” pasó a estar en manos de la Caja Popular de Ahorros para su administración. Ello se mantuvo hasta abril de 1966 en el que por problemas de imposibilidad económica cesó la explotación. Tal circunstancia movilizó a los trabajadores y a los pobladores del lugar quienes consiguieron el arriendo del ingenio a la Cooperativa Esperanza, constituida por obreros, empleados y técnicos, para realizar la zafra ese año, mientras se realizaban estudios para ejecutar una posterior transformación. El 1º de julio la cooperativa realizó las tareas de reparación y alistamiento de la fábrica, empezando la producción azucarera el 14 de agosto, pero el 22 de ese mes fue intervenido por el Decreto Nº16.926. La Gaceta, 20 de agosto de 1967.
49 La Gaceta, 4 de septiembre de 1966.
se hicieron se ha llegado a precisar el costo de producción de un kilo de azúcar y una experiencia de este tipo no le convenía a ninguno de estos sectores.”50
“Cuqui” Romano señala que le solicitaron al gobierno que se priorizara al Esperanza en el plan de reconversión pero no tuvieron ningún eco. El hermano de Benito, relata el derrotero final de la cooperativa:
“…no logró funcionar ni un mes en plena cosecha ya que vino la orden del cierre de los ingenios por el golpe de Estado. Como ocurre siempre que hay un golpe de Estado se interviene todo y se cierra el ingenio.
Entonces lo que se pretendía era que se reabriera el ingenio Esperanza, porque era propiedad de los obreros y era más fácil ya que se necesitaba menos plata para acondicionarlo porque era un ingenio que estaba funcionando y era chico.
Fueron una serie de luchas. Así que en el año ‘74 se logró que el gobierno de Isabel de Perón firme el decreto de la reapertura del Ingenio Esperanza, o sea después de 7 años de lucha, ¡Pero de luchas feroces!...
Porque eran luchas tremendas… Porque eran balas de verdad, no eran de goma. Los obreros salían con machetes, con cañas como para mostrar fuerza, y allá los recibían con balas de plomo… Había matanzas, había corridas, fue todo muy duro y en el ‘74 recién se logró la reapertura pero en el ‘76 se dejó sin efecto por el golpe…
Se había comenzado a trabajar… ¿Por qué? Porque esto no era una lucha específicamente por el problema del cierre del ingenio sino que era una lucha para que los obreros vivieran mejor y no los del otro lado, de los señores feudales de robarle a los obreros con bajos sueldos, con producción ficticia y con ayuda del Estado. ¿Qué es lo que hacían ellos?
Ellos se llevaban su ganancia y se iban a dar la gran vida en Europa. Toda la vida fue así; era la realidad de la industria azucarera…”.51
Otro de los ingenios intervenidos pero que no cerró fue La Florida, perteneciente a la Compañía Azucarera Tucumana (CAT). El ex obrero y dirigente, Santos Aurelio Chaparro relata una de las tantas manifestaciones de las que participó para evitar el
50 Cristianismo y Revolución, mayo de 1969.
51 Ramón Francisco Romano, ex empleado de CONASA, hermano del dirigente Benito Romano, realizada por Silvia Nassif, Guillermo Caporaletti y Juan Díaz, Banda del Río Salí – Tucumán, 13 de agosto de 2013.
cierre, en este caso una que se realizó en la capital de la provincia, en la plaza Independencia:
“…me sacaron de las escalinatas de la Casa de Gobierno con una semejante paliza…
No queríamos que cierren los ingenios. Ahí andaba Benito Romano, andaba yo, andaban otros dirigentes del sur. Fue la primera biaba que me dieron, me cargaron en una camioneta y me sacaron y sobreviví.
Pero no ha habido forma de frenarlo y cuando la gente se ha dado cuenta de lo que nosotros queríamos, que no queríamos que cierren los ingenios…
cuando la gente se dio cuenta ya era demasiado tarde porque han empezado a cerrar los ingenios y ha empezado a emigrar la gente. Pueblos enteros han quedado sin nada, sin absolutamente nada… ¡No tenían de que vivir, no tenían a donde ir, no tenían trabajo, no tenían prácticamente nada! Entonces, ¿qué pasaba? Se iban a Buenos Aires, emigraban a Buenos Aires…”.52
Otro de los ingenios amenazados de cierre pero que siguió abierto merced a la resistencia obrera y popular no cerró fue el Santa Rosa. A fines de octubre de 1967 la empresa anunciaba que el mismo cerraría por 4 meses y junto con despidos masivos.
Según la crónica del diario La Gaceta, el sindicato obrero se reunió en asamblea general y rechazó la medida, y solicitó a la FOTIA y a la CGT Regional la convocatoria a plenario para considerar el problema que durante ese fin de año se generalizaría a todos los ingenios de la provincia (ver capítulo IV).53
En el ingenio Santa Rosa trabajaba José Antonio “Pila” Veliz. Su padre había sido inspector de caña de aquel ingenio, un cargo jerárquico muy importante en ese tiempo.
El “Pila” Veliz, miembro del Partido Socialista de la Izquierda Nacional que luego se convertirá en el Frente de Izquierda Popular, había comenzado a trabajar en el ingenio a los 18 años en la parte de fabricación hasta llegar a ser maestro de azúcar, uno de los puestos clave en la producción. También fue delegado de su sección. El ex obrero del Santa Rosa relata cómo fue el proceso por el que los trabajadores, junto con los pobladores de León Rougés, impidieron el cierre:
52 Santos Aureliano Chaparro, ex obrero de fábrica del ingenio La Florida, dirigente del sindicato perteneciente al Peronismo realizada por Silvia Nassif, Juan Díaz y Verónica Ovejero, La Florida - Tucumán, 20 de abril de 2013.
53 La Gaceta, 26 de octubre de 1967.
“Ya habían cerrado algunos ingenios, con la posibilidad de un par de ingenios más. Nos movilizamos, yo tenía 26 años…
Era inminente ya el cierre de Santa Rosa. Se hace una asamblea, en esa época yo era temporario. Me acuerdo que estábamos limpiando la represa, -que implicaba sacar toda la arena que se había acumulado en la cosecha anterior volviéndola a su original profundidad. Porque sin agua el ingenio no puede trabajar nunca-.
Y un muchacho dice ‘hay una asamblea’. Se produce la asamblea y dice
‘hay que ir a cortar la ruta’. Era la primera vez en la historia del gremialismo argentino que se hacía un corte de ruta. Me acuerdo que estaba un famoso dirigente gremial que fue también de FOTIA, José Simón Campos, actualmente desaparecido, que antes había sido diputado.
¡Tremendo baluarte obrero!
Se toma la ruta, era inminente el cierre del ingenio. Entonces se hace una lucha que duró 2 ó 3 días. Ahí hubo peleas, participó el pueblo. Al otro día esto fue una carnicería, una persecución por parte de la policía. Infernal, terrible, con detenciones y nosotros seguíamos en la calle peleando y así logramos salvarlo al ingenio…
Al Santa Rosa obviamente lo salvamos por la lucha y nosotros instábamos a los otros dirigentes que hagan lo mismo para evitar así el cierre masivo de los ingenios, pero la población no ha respondido. En Santa Rosa se dio un caso particular en el que participó todo el pueblo, porque obviamente un pueblo depende de la única industria, que era el ingenio que proveía cientos de puestos de trabajo, donde vivían miles de familias… Era una realidad que si no nos íbamos a ir a crear nuevas villas miserias ahí en Buenos Aires como se dio en el ‘66 donde emigraron 200.000 tucumanos…
ahí se producen las primeras villas miserias en Buenos Aires con el éxodo de ex trabajadores azucareros…”.54
54 José Antonio Veliz, ex obrero de fábrica del ingenio La Florida, perteneciente al Frente de la Izquierda Popular, realizada por Silvia Nassif, Guillermo Caporaletti y Juan Díaz, San Miguel de Tucumán, 13 de agosto de 2013. El obrero José Simón Campos aparece en la lista de personas desaparecidas de Tucumán en el Informe de la Comisión Bicameral Investigadora de las violaciones de los Derechos Humanos en la provincia de Tucumán, España, Instituto de Estudios Políticos para América Latina y África, UNT, 1991, pg. 270.