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Ficciones y Realidades Económicas

A. E. DE LOS MONTEROS, M. A.

l.

La economía se ha puesto de moda en México. co~

mo en todas partes. Para la generación actual. proba- blemente no hay nada más interesante que las cuestio- nes económicas de la época. Todo el mundo se ocupa de ellas y considera su deber emitir opiniones si no es que hasta intervenir directamente para dizque resol- verlas. De la noche a la mañana surgen nuevos eco- nomistas que. con tono doctoral o frases incendiarias.

según el temperamento de cada quien. tratan de con- vencernos de las incongruencias e iniquidades de tal o cual régimen y de las insuperables virtudes del último

"ismo" que nos llega de ultramar.

La situación. en efecto. se asemeja mucho a la que existía en Europa. pero sobre todo en Inglaterra. des- pués y como resultado de las guerras napoleónicas y de la revolución industrial. Se recordará que entonces •.

como ahora. había una inconformidad casi universal.

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N adie, ni siquiera los llamados Hintereses creados", se mostraba satisfecho con el estado de cosas, y todos se ufanaban en proponer remedios, unos caseros y otros utópicos, a las graves dificultades económico-sociales de la época. Como sucede hoy, abundaban los aficio- nados y los "espontáneos". algunos de ellos con bri··

llantísimos planes e ideas para "cortar por lo sano"

y para construir un mundo perfecto sobre bases justas y equitativas; pues en aquellos años, como en los que corren, la preocupación central. el tema obligado de las conversaciones, de los libros y panfletos, eran las flagrantes injusticias del régimen existente. así como las posibilidades de implantar un reparto más equita- tivo de la riqueza.

Muy lejos estamos de pensar que la actual eferves- cencia sea inconveniente desde cualquier punto de vista.

Creemos. por el contrario. que la inconformidad y la rebeldía son la clave del progreso humano; pero preci··

samente por eso. porque nunca nos hemos resignado a aceptar ningún dogma, nos molesta la gritería de quie- nes se empeñan en recetar fórmulas más o menos des- prestigiadas para todos los males de nuestros tiempos.

y sobre todo tratándose de nuestro· país. Porque. si bien es cierto que aún México está sujeto a los vaivenes de la economía mundial, ¿cuál es exactamente la seme- janza que existe entre la miseria en que vive la pobla- ción rural mexicana desde hace siglos. y el ultramo- derno problema, no sólo de los millones de obreros americanos sin trabajo. sino de los "capitales desocu- pados" que entorpecen el funcionamiento de la econo- mía yanqui? Y si los síntomas y las causas son distin- tos, como nadie que esté cuerdo se atrevería a negarlo.

la qué ese empeño de aplicar un mismo criterio. un mismo cartabón a problemas tan diversos?

Somos. pues. los primeros en declararnos incon- formes con la situación actual. Somos, asimismo. par-

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tidarios entusiastas e incondicionales de todo esfuerzo que tienda a elevar el nivel económico de los mexica- nos, y particularmente de las clases sociales más nece- sitadas. Pero sostenemos, en contra de la inmensa ma··

yoría de nuestros improvisados "médicos sociales", que los males del país no se curarán con medicinas de pa- tente ni con recetas de formularios anticuados. Nues- tros fracasos, incluso nuestra miseria actual, se debe en gran parte a esa tendencia, tan arraigada en nosotros, de imitar 10 extraño, lo exótico; a esa resistencia, qui- zás inconsciente, a forjar nuestro. propio destino. Que nos sirva de algo la experiencia de cien años con leyes e instituciones que nunca han encajado en nuestro me- dio. Los más graves problemas del país son netamente mexicanos. Po.co o. nada tienen en común con los de otros pueblos. Por tanto, hay que convencerse de que nunca lograríamos curar nuestros males si siguiéramos con el afán de copiar, como nos aconsejan los "espon- táneos", tal vez sin darse cuenta de su error. Mejor será, aunque nos cueste mayor esfuerzo, construir nues··

tro propio edificio, basar todas nuestras aspiraciones y nuestros esfuerzos, sobre la roca misma de la reali- dad económica del país.

y ¿cuál es esa realidad?

II

Trasmitir al lector, en un artículo como éste, una noción cabal de la realidad económica nacional, cons- tituye una tarea punto menos que imposible. Lo más que puede hacerse es un bosquejo que contenga los as··

pectos esenciales de ese enorme y confuso conglomt- rado de fenómenos que constituyen la economía del país.

Primeramente, refirámonos a las actividades pro- ductivas de la población mexicana. Sería superfluo to··

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do lo que se dijera a la postre si desde. el principio no tuviéramos una idea clara sobre la naturaleza y alcance de dichas actividades.

De acuerdo con el censo tomado en 1930, la pobla- ción ··económicamente activaH del país, representaba ei 3 1.2

%

de la población total de la República, es decir, cerca de cinco millones doscientos mil habitantes, de los cuales más de 95% eran del sexo masculino. El~

68.8 % restante es la población Heconómicamente in·<

activaH, o sea aquella cuyo bienestar material depende exclusivamente de la cantidad y calidad de los bienes que se obtienen mediante los esfuerzos desarrollados por las clases productoras del país. Dicho en otra for- ma, más de once millones de mexicanos, principalmen- te niños, ancianos y mujeres, no contribuyen con nada a la formación del fondo común de bienes, el cual está constituído por lo que producen los cinco millone,s restantes.

El mismo censo de 1930, también nos indica, en términos muy generales, cuáles son las ocupaciones de la población HactivaH A la agricultura se dedica el 70.2

%

o sean tres millones seiscientas mil almas; a las industrias el 14.5

%.

es decir. cerca de setecientos cincuenta mil habitantes. de los cuales unos sesen- ta mil viven de la minería; al comercio, el 5.2

%,

esto es, aproximadamente doscientos setenticinco mil per- sonás; a los transportes el 2.1% y a actividades diver- sas, el 8%.

Las estadísticas existentes son aún muy imperfec- tas en lo que respecta a los resultados que obtiene cad.l uno de los diversos grupos de la población activa. No obstante, es posible hacer algunas apreciaciones acet- ca del estado que guardan los diversos sectores de la producción.

La situación de la agricultura es poco satisfactoria.

como podrá apreciarse fácilmente por las cifras siguien-

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tes, tomadas de "México Económico" y que se refieren a los dieciocho cultivos más importantes del país. los cuales en conjunto representaron. como promedio.

más del 95% de la superficie total cultivada anualmen·- te en el trienio de 1928 a 1930:

Poblael6n Valor to- Valor de Valor de Superficie

agrícola. tal dela

la produc- laproduc_

REGIONES AGRICOLAS cultivada.

Mil". produc-

ci6npor ci6n per Milflsd"

d .. habi- ci6n.

hectárea. cápita.

hectáreas Miles de

tantes Pesos Pesos

peROS

Total para la República .... 5270 3601 399329 74.5 110

Zona del Centro ... 2955 1647 157411 53.4 95

Zona del Norte ... 1059 665 70207 66.5 106

Zona del Golfo ... _ ... 496 457 80864 162.5 177

Zona del Pacífico Norte .... 345 219 56392 163.3 257

Zona del Pacifico Sur ... 415 613 34 455 83.0 56

Vemos claramente que la mayor parte de la tierra explotada es la menos productiva. Asimismo. se ob·

serva que la población campesina se ha concentrado en las zonas menos fértiles: el centro y el norte. Como la extensión del país es considerable. y como la parte cultivada es insignificante. la única explicación que admiten ambos fenómenos. es que las regiones fértiles de las costas. han sido hasta ahora inaccesibles e inha- bitables. a causa de la falta de vías de comunicación y de la insalubridad de los trópicos.

Otro aspecto interesante de la agricultura es el de la naturaleza y rendimientos de los diversos cultivos.

El cuadro que sigue. formado con datos de la misma fuente. da una idea bastante precisa de cuál es la si- tuación a este respecto:

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Poreiento de Porciento del

PRODUCTOS 1" Buperficie valor total de KilograIDo8 Pesos par total culti- lo producido por hectárea hectárea

vada (1) (2)

Alfalfa ...•. .9 6.5 37802 $ 550.76

Algodón ...•...•... 3.5 5.6 272 119.85

Arroz ...•... .7 3.5 1 921 360.17 Caté ...•....•... 1.7 5.4 444 245.40

Caña de azúcar ...•. 1.6 10.2 45024 464.48

Cebada ...•... 3.1 .1 412 25.65

Chile ... .3 .2 1075 323.90 Frijol ... 14.8 4.2 152 21.38

Haba ..••...•••...•... .9 326 32.32

Henequén ... 1.9 6.6 1 171 260.60 Marz ... 57.5 31.9 554 42.24

¡itomate ... .5 3.2 3290 474.24

Garbanzo ... 2.0 2.1 572 79.31

Patata ... .2 1.2 3291 359.27

Tabaco ... .3 1.2 7íO 307.65

Trigo ... 9.7 8.9 600 6/.89

Naranja ... l.9 23732 1 776.62

Plátano ... .3 4.1 21 576 1 157.25

(1).-5.270;450 hectáreas fué la extensión media empleada actual- mente, durante el trienio 1928-150 para el cultivo de los 18 productos.

(2).-8,599.528,628 representa el valor medio de los productos de los 18 cultivos durante el trienio 1928-1950.

Estas cifras revelan que son bajísimos los rendi- mientos de los principales cultivos, como maíz, frijol.

trigo, cebada, etc. De no ser por los aranceles vigen- tes que impiden en forma absoluta la importación de estos productos, lo más probable es que los agriculto- res no podrían resistir la competencia de los cereales y semillas extranjeras que se producen en tierras y cli- mas más apropiados. En cambio, también se observa que la productividad es mucho mayor tratándose de los cultivos de climas cálidos, aunque es escasa toda- vía la importancia que tienen dentro del conjunto.

Aun cuando nup . ros recursos forestales-aproxj··

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madamente ellO

%

del territorio es boscoso-no sean tan respetables como los de otros países, no por ello deja de tener importancia su explotación actual, y menos, su aprovechamiento futuro. En años recientes.

se ha estado explotando tan sólo 8 % ó 10% de la superficie total arbolada. El valor anual de los pro- ductos forestales se ha calculado en más de 50 millo-·

nes de pesos, de los cuales 25 corresponden a la leña y

el carbón que tantos usos tienen en el país, 20 a made- ras de todas clases y el resto a las resinas, chicle y de- más esquilmos.

Los problemas que presenta en la actualidad la explotación de los bosques, provienen todos de los pro-- cedimientos tan rudimentarios que se emplean y de la violación de las leyes en materia de conservación. Se' observa una desforestación rápida en las zonas cerca- nas a los centros urbanos, a causa del gran consumo que éstos hacen del carbón y de la leña para combusti- ble. La ausencia de una industria química adelantada origina que no existan plantas para la destilación ni para el tratamiento técnico de la mádera, 10 cual se tra- duce en un aprovechamiento defectuoso de la riqueza forestal.

Por 10 que respecta a la cría de ganado, en seguida podrá apreciarse la importancia que tiene en el país.

según el Censo Agropecuario de 1930:

NUMERO DE CABEZAS

REGIONES

Bovino Porcino Ovino Caprino

República ... 10096746 3698233 3673887 6544129 Centro ... 3665519 1 415650 1 816021 1 699050 Norte ... 2735838 674829 1 389767 4105382 Golfo ... 1 038747 591 694 130113 966456 Pacífico-Norte ... 1 442479 340095 64 228 101 846 Pacífico-Sur ... 1 214 163 675965 283758 471 395

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En el quinquenio de 1928~1932 el valor del gana~

do sacrificado para satisfac~r las necesidades de la po- blación fué de 100 millones de pesos anuales, como pro·

medio. Las exportaciones ascendían de 7 u 8 millones anuales antes de que los Estados Unidos elevaran, en 1930, los aranceles en contra de nuestro ganado; ahora han quedado reducidas a la cuarta o quinta parte de lo que fueron. La crisis reciente ha afectado adversa~

mente tanto el sacrificio como la exportación del ga- nado.

No obstante. las perspectivas para la ganadería son excelentes. Esta opinión descansa principalmente en que los pastos son abundantes y de buena calidad, y el clima de la altiplanicie es muy apropiado para la cría de ganado. Además. existe la circunstancia de que la ganadería estadounidense se está desplazando hacia el territorio mexicano, como consecuencia del encare~

cimiento progresivo de las tierras en el sur de los Es- tados Unidos. Pero para que la ganadería se convierta en una verdadera fuente de riqueza para México, será necesario, primero. que se consiga la reducción de lo~

aranceles americanos; luego, que se fomente la inver- sión en la cría de ganado rodeándola de garantías; y, finalmente. que se intensifique el consumo interior de carnes mediante su abaratamiento, por la adopción de procedimientos modernos de producción, abasto y

distribución.

El valor de los metales que México ha producido en los últimos cuatro siglos es incalculable. como lo es también el valor de los que seguramente producirá en el futuro. Los datos que siguen dan una idea apro- ximada del estado de la minería en el último quinque··

nio:

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Valor de la Monte de

NÚDlerode Valor de la

I

Salario

AÑOS producci6n sueldos

hom.bres producción anual per de metales y salarios

ocupados per cápita

I

eápita

$ 000 3' 000

1928 335742 81 157 78729 4265 1031

1929 373342 77853 747M 4996 1042

1930 291 432 65460 68605 4248 957

1931 215127 45574 50424 4266 904

1932 161 667 36096 41 958 3853 860

En cuanto a la relativa importancia que. en el conjunto tiene la producción de cada metal. la siguien- te estimación es suficientemente representativa:

METALES

Oro ______________________________________ . _______________________________________________________ _

::::~-:~~::::::::_~~-_~~_-_~-_-~-:_~~~-~:_~~~~~~~~-_~~~-_~~~-_-_~:-_~~-_::::::::::::::::::::::::::::::::::::

1

Cobre. _______ .. __________________________ . ____________ . __________________ . _______________________ _ Zinc ____________ . ___________________________________________ . ______________________________________ _ Carbón mineral. ___________________________________________________________________________ _ Otros minerales. _________________________________ . __________________________________________ .

Porciento del valor total de lo

producido anualmente (1)

10.04 33.23 21.23 15.57 13_19 2.53 4.21

(1).-100=valor medio anual (1928-52) de la producción total.

Si el valor anual de la producción minera es infe- rior al de la agrícola. los rendimientos de la minería son muy superiores a los de la agricultura. Por desgr,l- cia. esta situación tan especial de las minas. favorece bien poco a las masas trabajadoras. pues. mientras que de cada 100 habitantes setenta dependen de la agricu!-·

tura. apenas tres viven de la minería. No obstante. la minería por atavismo. sigue siendo la actividad más favorecida. a pesar de que está casi totalmente en ma-

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nos de extranjeros y de que todos sus productos se exportan.

En cuanto al petróleo. el cuadro que sigue revela cuál ha sido su importancia económica en los últimos años:

PRODUCCION DE PETROLEO CRUDO A~OS

Miles de D'letro8 cúbicos Miles de pesos

~929 7105 92025

1930 6205 80932

1931 5253 77 530

1932 5216 75687

1933 5406 90 636

Aunque no se tienen datos precisos. sí se sabe que en este caso la productividad por hombre es todavía más elevada que en la minería: aproximadamente siete mil pesos anuales por persona empleada en la in-- dustria. Pero. como én el caso de la minería. es muy pequeña la parte de la población que se dedica a la ex- tracción y refinación del petróleo-· unos doce mil obre- ros- y. por ende. son igualmente pequeños los bene··

ficios que el país deriva de dicha productividad. máxi- me si se piensa que también esta industria es de extran- jeros. Sin embargo. la predilección o protección que se da al petróleo no es ni tan notoria ni tan amplia como la que hace mucho tiempo tiene la minería.

La protección de que han gozado las empresas mi- neras y petroleras. y la circunstancia de que en su ma- yor parte estén en manos de intereses extranjeros. son motivo de que las fabulosas riquezas extraídas por ellas no puedan considerarse como un factor de impor-- tancia en el bienestar y el progreso de México. En efecto. podría pensarse que. en vez de que el país haya

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vivido de estas industrias. éstas han vivido. en cierto sentido. a expensas del país.

Los datos siguientes que arrojó el Censo Indus-- trial de 1930. nos dan una idea de la situación e im~

portanda de las industrias de transformación:

Valor total Valor total

Valor neto Monto de de la pro-menos va ...

de la pro-

GRUPOS lar d61a Personal 108 sueldos

DE INDUSTRIAS ducción. m.ateria oeupado ducción y salarios Miles de

prima. Mi- per cápita. per cápita.

pesos

lesdepeso8 Pesos PeBos

Totales __________________ 902467 590095 315993 1867 - - - - 562

Textiles __________________________ . ___

194940 129269 77 1í44 1667 614

Metalurgia y productos me- tálicos manufactura-

dos. ___________ . ______________ .... _ 67049 50651 29126 1739

885 Fabricación de materiales

oe construcción ... __ •..••. 15152 12178 7879 1546 507

Construcción de vehículos. 927 692 112 973 365

Indumentaria y tocador._ ... 51152 25567 25699 980 456

Productos alimenticios .. _ •.. 295848 174 056 99222 1754 333 Madera y muebles .... _. __ ... _ 28786 20502 16135 1272 526 Cerámica ... _ ... ___ ...•..•. 2585 1999 4103 487 198 Cuero y pieles ... _ ..•.. : .... _. 15579 5938 6235 953 456

Luz, Fuerza y Calefacción 6798" 13361 5088 1 119

eléctrica ... _._ .•.... _ .... _ ... 68033 20831 8235 2530 730 Química ._ ... _ .•. 4816" 9699 3737 2582 905 Papel ...• _._ ... _ ...•. __ .. _ .. _. 17330

Artes gráficas, fotografía y

cinematografía ... _ ... 27164 18666 7135 2616 1 1\0"

'I'abaco _ ... __ ... _ ... _ ... 35 il96 23771 4689 5070 908 Vidrio ...•....•... _ ... _ ..•.. 3525 2523 1 401 1 801 855 Joyas, objetos de arte, ins-

trumenlos musicales y

de precisión._ ... _ ... _. __ . __ .. _ 1737 1242 1 481 839 299

Otras industrias ... _ ... 29101 24082 9277 2596 319

En el cuadro anterior se ve que el valor que pro~

dujo cada obrero fué. aproximadamente. de dos mil pesos en el año. y que el salario per cápita ascendió. en

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números redondos. a quinientos cincuenta pesos. En consecuencia. la productividad de la industria. en tér··

minos generales. ni es tan pequeña como la de la agri- cultura ni tan grande como la del petróleo y de la mi- nería. Sin embargo. si se compararan las industrias mexicanas con las de los países verdaderamente indus- trializados. se observaría que los rendimientos de aqué- llas son en realidad sumamente reducidos.

La causa inmediata de esta situación radica fun- damentalmente en un atraso técnico de las fábricas.

en muchos casos de varias décadas. Pero. a su vez. di- cho atraso está determinado tanto por la falta de un mercado interior lo suficientemente amplio para per··

mitir la renovación constante de los equipos. como por la protección arancelaria tan decidida de que han go- zado por tanto tiempo casi todas las ramas de la in- dustria. Por supuesto. la víctima de este estado de co- sas es el consumidor. quien en muchos casos. paga por las manufacturas nacionales un precio muchas veces mayor que el que pagaría por las importadas.

Un excesivo celo nacionalista ha provocado que se abuse de las barreras arancelarias. Esto ha determi- nado. com() se acaba de decir. el estancamiento de la técnica productiva y también ha dado lugar a que unel gran mayoría de las industrias hayan conseguido la protección oficial. sin merecerla. En cambio ha sido difícil que germinen en suelo mexicano las industrias que se adaptan mejor a las condiciones naturales y so- ciales. y más todavía. que se establezcan plantas be- neficiadoras de las materias primas que siempre se han exportado del país en grandes cantidades. sin pasar siquiera por las más rudimentarias etapas de la trans·

formación industrial.

Ya se dijo arriba que cerca de trescientas mil almas se dedican al comercio. Desde un punto de. vistapu- ramente demográfico, este sector de la economía me-

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xicana es menos importante que el agrícola o el indus- trial. La función del comerciante es en México, como en cualquier otro país, de gran utilidad para la colec- tividad; mas como no extrae ni transforma la materia sino tan sólo la transporta y almacena, la estadística todavía no se ha interesado suficientemente en esta fa- se del proceso económico y, por consiguiente, resultl difícil hablar de la productividad del comerciante, rs decir, del valor de los servicios que éste presta a la so- ciedad.

Con respecto al comercio internacional de México, a continuación damos las cifras correspondientes a cuatro años recientes:

1930

I

1931 \ 1932 1933

CONCEPTOS

MILES DE PESOS

EXPORTAClON ... · ... 458 674 399711 304697 364967 Materias animales ... 16741 7 OS;) 5678 7620 Materias vegetales ... 114212 87533 73364 SO 750 Materias minerales ... 325206 255879 190540 234 999

Productos manufacturados ... 4512 4226 5531 8866

Monedas, acciones, billetes, etc ... 3 44990 29784 52732

lMPORTACION ... 350178 216585 180912 244475 Materias animales ... 58557 18857 16079 182S0 - Materias vegetales ... 44896 22065 14525 24010 Materias minerales ... 64659

I

46877 57846 50021

Hilados y tejidos y manufacturados. 45215 18427 17908 25722 Productos químicos ... 2J 529 21688 25658 51455

Productos de diversas industrias .... 25413 15884 16217 19565

Maquinaria agrícola, industrial y

minera ... 65 242 38462 29939 45364 Maquinaria para otros usos y ve'

hículos ... 45816 24277 25191 27509

Monedas, acciones, bílletes, etc ... 71 10070 1549 4551

BALANZA COMERCIAL, SALDO

FAVORABLB ... lOS 496 183129 125785 120 492

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Como se ve, México es un país que exporta fun- damentalmente minerales y materias primas vegetales.

y que importa productos elaborados o semi-elabora- dos: esto es, un país de economía colonial. El hecho de que el valor de la exportación sea mayor que el de la importación no es sino una comprobación de que el . país continúa siendo una colonia. El llamado "saldo favorable' no es otra cosa que el pago de intereses, di- videndos, seguros, ete., que bay necesidad de hacer a países extranjeros. Los porcientos siguientes dan una idea clara sobre la importancia de las relaciones comer- ciales de México con el reSto del mundo:

PAISES

I

Porciento del valor total de Porciento del valor total de y CONTINENTES la Exportaci6n en cada año la IDlportad/ln eJl cada año

_ _ AñOS _ _

11930

1931 1932 11933 1930 1931 1932 1933

Estados Uniaos del

Norte- América____ 38.32 61.15 55.31 47.92 68.27 66.76 65.80 59.94 Europa____________________ 31.57 50.28 18.61 41.72 29.57 50.60 54.52 37_21 América Latina y

Canadá.. ______________ 0.28 7.55 14.19 8.55 0.80 1.49 1.06 1.18

AS~~~_~~~~~:_~_~_~_~:~

I 1.05 1.04 1.80 1.83 1.56 1.15 0.62 1.67

-

En las últimas fechas se ha notado cierta tenden- cia a exportar más a Europa y menos a Estados Uni- dos, y a importar más de Estados Unidos y menos de Europa. Esto ha obedecido exclusivamente a la esta- bilidad de la moneda mexicana con respecto al dólar, y a su depreciación progresiva frente a algunas divisas europeas. Esta última circunstancia también ha sido culpable de que ahora sean menores los beneficios que el país deriva de su comercio exterior.

Probablemente una de las causas del lento desen- volvimiento de nuestra economía, ha sido la dificul- tad para comunicar las diversas regiones del país entre

(15)

sí y con los mercados del exterior. Las serranías que cruzan nuestro territorio y la enorme diferencia entre la altura de las mesas centrales y de las costas, ha he- cho sumamente difícil y costosísima la construcción de vías férreas y carreteras, lo cual ha dificultado la di- visión territorial del trabajo.

Sin embargo, la industria del transporte es muy importante. Ya se apuntó que más de cien mil perso- nas se ocupan en esta actividad. La' extensión de las vías férreas era mayor de 25,000 kilómetros en 1930.

Más de la mitad pertenecían a los Ferrocarriles Nacio- nales de México. En conjunto, había en uso más de 1.600 locomotoras, cerca de 2,000 coches de pasajeros y aproximadamente 25,000 vagones de carga. El si- guiente cuadro demuestra el movimiento habido en el sistema de los Ferrocarriles Nacionales, según datos proporcionados por la oficina del Contador General:

I

A~OS Tonelaje to- Ingre.os por Ingresos por Ingresos Pasajeros tal :movido carga pasajeros totales transportados - - -

1930 9,356,504 72,345,880 22.274,888 106.989,094 10.162,327 1931 7.565,176 61.044,322 17,789,424

I

87.994,766 8.169,372 1932 6.592,929 50.684,293 14.418,364 715.460,461 7.128,220

I 1933 7.324,987 57.737,565 15,341,948 81.815,366 8.412,416

Con el impulso que se ha dado desde 1925 a la construcción de carreteras para automóviles, el trans- porte en esta clase de vehículos ha venido creciendo no~

tablemente. Mientras en 1928 el número de vehículos de motor en la República no llegaba a 50,000, cuatro años después pasaba de 70,000. Otro tanto ha suc~­

dido en el mismo período con la navegación aérea, la cual encuentra en México un terreno propicio para sus actividades debido a la insuficiencia de los demás me- dios de transporte. La navegación marítima y fluvial, en cambio, a pesar de la enorme extensión de las cos·-

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tas mexicanas, parece estar estancada, no obstante to- dos los esfuerzos que se hacen por fomentar tanto el tráfico de cabotaje como el internacional.

La circulación monetaria asciende aproximada··

mente a trescientos millones de pesos, doscientos de los cuales son monedas de plata del cuño legal y cien son billetes del Banco de México, canjeables a la vista en pesos de plata. Los depósitos del público en los Ban- cos pasan de doscientos millones, garantizados con más de noventa millones de moneda acuñada y cerca de quince millones de billetes. Con motivo de la expan- sión monetaria que se inició en 1932 Y de las innova··

ciones que en ese mismo año se introdujeron en la ley para hacer que el Banco de México funcionara como verdadero Banco Central de redes cuento, las condicio- nes para el crédito comercial mejoraron tanto que el año pasado, por primera vez en la historia, los bancos no encontraban qué hacer con el dinero de que dispó·.

nÍan, por estar completamente saturado el mercado de capitales a corto plazo. En cambio, a causa de nuestros perennes trastornos políticos, el mercado de capitales de largo plazo ha languidecido, al grado de que resul- ta muy díficil encontrar apoyo financiero para nego- cios que no son estrictamente comerciales.

En cuanto a las finanzas públicas, durante el últi- mo quinquenio, las rentas de la Federación ascendie- ron aproximadamente a doscientos cincuenta millones anuales, la mayor parte de los cuales provinieron de impuestos indirectos, que pagan nuestros consumido- res. La crisis redujo considerablemente el rendimiento de los impuestos, pero en 1933 y 1934 se notó una tendencia franca de recuperación.

Desde 1927, con la excepción de uno o dos años el presupuesto de los gastos públicos ha sido cubierto ex- clusivamente con lOs ingresos ordinarios. Como de~·

pués de la suspensión del servicio de la deuda pública,

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el Gobierno ha tenido cerradas las puertas del crédito.

cuando los gastos han excedido a las rentas. se ha he- cho necesario recurrir a la acuñación u obtener Hade~

lantosH de impuestos de causantes de relativa impor··

tancia. Tan precaria situación no ha impedido que se emprendan obras públicas de cierta importancia. con cargo al presupuesto ordinario. pero sí ha hecho impo-·

sible la realización de un plan de inversiones para mo~

dificar la estructura económis:a nacional.

III

Hemos procurado consignar arriba las caracterís~

ticas más salientes. los rasgos más notables. de nuestr,l vida económica. Claro que los datos e informes de que se dispone son todavía demasiado incompletos pa- ra proporcionarnos un concepto preciso de la econo- mía nacional y de sus múltiples fallas. No obstante.

algo puede sacarse en limpio. sobre todo si se desea, como deseamos nosotros. no buscar argumentos en fa- vor de tal o cual fantasía político~económica. sino modestamente ver cuáles son los verdaderos problem:ls nacionales. así sea tan sólo para saber hacia dónde de . be enderezarse nuestra política económica.

De los datos anteriores. salta a la vista que el pro- blema fundamental. el problema que reclama la aten ..

ción inmediata de nuestros gobernantes. porque afec- ta a más de las dos terceras partes de la población y porque repercute desfavorablemente en todos los de~

más sectores de la economía. es la bajísima producti- vidad del campo. asÍÍ como el Ínfimo nivel de consu~

mo de los campesinos.

Sería injusto y falso suponer que este problema . no ha preocupado honda.mente a los directores de b

cosa pública en los últimos tiempos. Por el contrario;

parecerla que a partir del Gobierno del General Obre~

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gón. se han hecho todos los esfuerzos posibles por re- solverlo. El afán de repartir las tierras de los hacen- dados. ¿no es. en realidad. la mejor prueba de que nuestros gobernantes han entendido cuál es el problema fundamental de nuestra economía. y han puesto todo su empeño en resolverlo a la mayor brevedad?

Pero no por un exceso de respeto y cariño para 10 que hemos dicho y hecho hasta ahora. debemos callar nuestras dudas. ¿Hasta qué punto exactamente hemos comprendido la naturaleza y la extensión del proble- ma? Según nuestras cifras. el problema radica en los cortos rendimientos del trabajo agrícola a causa de la improductividad alarmante de nuestras tierras. Podría pensarse desde luego. y de hecho así se ha sostenido por muchos años. que todos los problemas rurales. y sobre todo los económicos. tienen su origen en el in- justo reparto de la propiedad territorial. en el latifun- dio yen todas sus flagrantes deficiencias. No obstante.

y sin dejar de reconocer la verdad irrefutable que en··

cierra la tesis en contra del odioso latifundismo ¿acaso es absurdo pensar que la falla principal de nuestra agricultura está. no tanto en el régimen de la propiedad cuanto en la pobreza y esterilidad de las tierras que se cultivan. y en la pésima selección de cultivos que nues- tros antepasados nos legaron? Por 10 menos. esa es la conclusión que se impone cuando se comparan los ren- dimientos económicos de las empresas agrícolas de la Mesa Central. con los resultados de las explotaciones en las vertientes. Y ¿qué otra cosa puede pensarse cuando comparamos los rendimientos de nuestro fa- moso Bajío con los de las pampas argentinas y de las ricas llanuras del Canadá?

Por hechos y razones como los anteriores. que sólo podrían negar los ciegos. se llega irremediablemente a la conclusión de que poco aliviaríamos nuestros ma- les económicos si nos limitáramos a repartir latifun-

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dios. Aun cuando ésta sea la fórmula revolucionaria por excelencia; aunque nadie dude que está inspirada en los más elevados principios de la justicia distributi- va y a pesar de que consideremos necesario, por infini- dad de razones, suprimir en definitiva el latifundio y los

males que éste engendra; la aplicación de los preceptos agrarios no puede aumentar en nada la fecundidad de Las tierras agotadas, ni tampoco puede, en conse- cuencia, elevar el nivel medio de vida en los campesi- nos, tanto como todos desearíamos.

De ahí que consideremos que una verdadera política económica debe enderezarse, en primer término. a po- ner al campesino mexicano en condiciones de poder producir tanto como el europeo o el norteamericano.

Probablemente se puede lograr algo en este sentido.

por medio del crédito, la organización y la orieritacióil técnica, y mucho más todavía mediante la irrigación.

Pero si realmente se quiere que los once millones de al- mas que viven de la agricultura pasen, en un plazo re- lativamente corto, de la miseria actual a un estado de bienestar que ni siquiera han soñado, no bastan ni parches ni remiendos. Hay que mirar el problema tal como es en la realidad, y no como la imaginación de muchos desearía que fuese. ni tampoco como la tradi·

ción nos ha enseñado a vedo. Y si el mal está. según todas las indicaciones. en el agotamiento progresivo y en el mal uso de las tierras de la Mesa Central. en don- de la naturaleza ha tenido embotellada a nuestra agri·- cultura por largos siglos; no nos queda otro camino que resignarnos a abandonar las tierras gastadas. de- dicándolas a todo menos a los cultivos tradicionales.

para lanzarnos resueltamente a la conquista y coloni- zación de las fértiles y vírgenes vertientes. A nuestro juicio, mientras no se logre esta transformación radi··

cal de la agricultura, el país no podrá curar de su cró- nica y desesperante anemia. Valdría la pena, por tan·

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to. olvidarse. así fuera momentáneamente. de las uto~

pías y de los rígidos decálogos que a diario nos impor- tan los modernos profetas. para intentar algo quizá menos ambicioso pero mil veces más efectivo.

IV

Junto a la cuestión de la agricultura que acabamos de plantear. todos los demás problemas de la econo- mía carecen de importancia. Hasta podría afirmarse.

sin temor de exagerar. que en el fondo de todas nues·- tras tribulaciones y penalidades está la ruina de' la agricultura nacional. Y si no fuera porque conocemos las falacias de la fisiocracia. emplearíamos el viejo afo- rismo que dice "pauvre paysan. pauvre royaumeH pa- ra explicar todos nuestros males; pues en verdad. Mé- xico, como probablemente ningún otro país del mun- do, presenta en el siglo actual un "cuadro económico"

muy semejante al que constituía la preocupación cen- tral del doctor Quesnay y de sus distinguidos discí- pulos.

Pero bien vale la pena que nos ocupemos un poco de otros aspectos de la realidad económica que revela el bosquejo que hicimos antes. Ahí se ve que las acti- vidades más productivas del país. esto es. las que tie- nen el mayor rendimiento per cápita. sOn la industria minera y la petrolera. También es interesante obser- var que el salario medio en ambas está muy por enci- ma de los que privan en casi todas las demás activida- des. Con todo. los beneficios que el país recibe de di- chas industrias. aun tomando en cuenta los impuestos que pagan. son más bien reducidos. Las razones son obvias. En primer lugar. el número de trabajadores que se ocupan en la explotación de nuestro subsuelo.

es relativamente pequeño. En segundo. aun cuando los salarios son altos en relación con los de otras indus-

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trias. y fabulosos si se les compara con el jornal del campesino. de ninguna manera corresponden a la enor- me productividad per cápita. probablemente debido a la influencia deprimente que sobre ellos ejerce la exce·

siva oferta de trabajo barato. Por último, como los dueños de ambas industrias son extranjeros que no re- siden en México. las utilidades. los fondos de reserva.

etc .• ete., jamás se invierten en México.

Una política económica inteligente no podría pa··

sar por alto tan lamentable situación. El primer ob- jetivo tendría que ser el aumento del número de traba·

jadores en ambas industrias. para lo cual habría que fomentar. por todos los medios, el establecimiento de un mayor número de plantas que beneficien y elabo- ren. los productos de nuestro subsuelo que aún se ex- portan en estado bruto. Luego. habría que hacer que los salarios que se pagan guarden una relación equita··

tiva con la productividad del trabajador. lo cual po- drá lograrse. no por la violencia como ahora se estila.

sino por la expedición de leyes y reglamentos que se inspiren en un conocimiento profundo de la economía minera y petrolera. Finalmente. para conseguir que las cuantiosas utilidades se inviertan en el país. el Estado tendría que ingeniarse para evitar la exportación de fondos que no sean estrictamente para el pago de inte- reses sobre los capitales extranjeros invertidos en los sectores a que aludimos. haciendo que los impuestos ac- tuales se conviertan poco a poco en una participación progresiva en las utilidades que excedan de algún límite razonable.

Pasemos ahora al caso de las industrias de transo formación. Su situación es. en la mayoría de los ca- sos. simplemente desastrosa. Como la productividad por hombre es extremadamente baja a causa de los pésimos equipos y de la técnica tan anticuada. casi to~

das las fábricas viven a expensas del trabajo mal re-

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tribuído y a la sombra de una exagerada protecClon arancelaria que merma en forma gravísima los misera- bles recursos de la población rural. Y lo peores que se trata, en nuestro concepto, de un verdadero círculo vicioso: los costos son altos porque la técnica es atrasa~

da; esto obedece a que el mercado es muy limitado y no permite que los capitales se amo,rticen rápidamente:

la reducida demanda se debe en gran parte a los precios tan altos de los productos; y, en último, análisis, di~

chos precios tienen que ser elevados a causa de los cos- tos igualmente elevados.

Sin embargo, no es posible cruzarnos de brazos ante el desolador espectáculo. Como en el caso de la agricultura, es preciso romper los viejos moldes. Si hemos cometido el gravísimo error de proteger a todas las industrias indistintamente porque creíamos que toda actividad industrial es buena per se, conviene que cuanto antes nos retractemos. Valientemente debemos acabar con las industrias exóticas que ni ahora ni nun~

ca podrán prosperar en nuestro medio, y que no ha- cen otra cosa que chupar, como los vampiros de la le-- yenda, la poca sangre de que dispone nuestro anémi ..

co cuerpo económico. Tan sólo hay que respetar aque~

Has que podrán resistir la competencia internacional y desenvolverse con éxito, una vez que logremos inten~

sificar la demanda de sus productos, inyectando nue- va vida a la agricultura nacional. Perol sobre todo, ur- ge poner todo el empeño y la diligencia de que seamos capaces, para establecer aquellas industrias que se ocu- pan de preparar, así sea en forma rudimentaria, las ma- terias primas que ahora exportamos en bruto.

Por último, hablemos de lo que nosotros llama- mos el problema financiero, aunque esto no sea, en el fondo, sino un reflejo de las cuestiones a que nos he- mos referido. Escuetamente expuesto, este problema no es más que la desesperante escasez de capitales pa-

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ra inversiones a largo plazo. Para el vulgo la escase'Z obedece exclusivamente a lo que ha dado en llamarse

«falta de garantías", frase en la que resumen todos sus temores y aprensiones. Pero la verdadera explica- ción es otra. Por un lado, nuestra econQmía es tan ra·- quítica, nuestra existencia tan miserable, que no po- demos acumular los capitales que nos hacen falta; por el otro, la demanda de capitales a largo plazo, rara vez procede de empresas serias que deseen y estén ca-- pacitadas para hacer inversiones prudentes, 10 que im- pide, como es natural, que afluyan al país los capita- les extranjeros. Incluso hemos llegado a dudar de que en las condiciones actuales sea posible que el capita- lista sensato finque su dinero en empresas de recupe- ración lenta que no sean la adquisición de terrenos ur- banos, la construcción de casas, ni la explotación de fundos mineros; pues, en el fondo ¿ qué perspectivas presentan la agricultura y la industria al hombre de empresa? Aunque parezca paradój ico, un país virgen y con grandes recursos naturales como es el nuestro, es, por el momento, un campo poco propicio para lao¡

inversiones.

Pero todo esto es aparente. Lo que pasa es que México presenta dos aspectos, tiene, por decirlo así, dos economías distintas: la tradicional y la potencial.

Dentro de la órbita en que nos movemos desde hace tanto tiempo, dentro de la miseria a que estamos acos- tumbrados, la producción y el consumo han llegado a un equilibrio, razón por la cual resulta difícil encon- trar en qué invertir capitales provechosamente. En- tonces ¿por qué los capitalistas no invaden el terreno todavía virgen de la economía potencial? De seguro por la misma razón que tuvieron las primeras empre- sas ferrocarrileras del país para exigir un subsidio al Gobierno, así como su apoyo financiero decidido; es decir, porque normalmente el capital privado es tími-

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do como los individuos a quienes pertenece. y porque.

después de todo, es al Estado a quien corresponden los riesgos inherentes a empresas tan vastas como serían el saneamiento de las costas, el acondicionamiento de los puertos, la construcción de nUevas vías de comuni- cación y, en general. todas aquellas obras que consti- tuyen el marco dentro del cual podría desarrollarse un l\1éxico nuevo y vigoroso.

En nuestro concepto, pues, el problema financie- ro no es de carácter privado, sino público. Poco o na- da hay que hacer, desde un punto de vista puramente financiero, dentro del carcomido régimen económico fn que vivimos. En cambio, para la cimentación del

~1Uevo orden de cosas que todos anhelamos, es absolu-

~amente indispensable reconstruir nuestras finanzas públicas. y si las potencias hoy por hoy, se dispu- tan entre sí el privilegio de sanear, por medio de fuer- tés empréstitos, las finanzas de un pueblo como el chi- no tanto o más debilitado que el nuestro, ¿por qué no ha de poder nuestro Gobierno reconquistar la confian- za de los capitalistas extranjeros? Seguro es que, con motivo de la última crisis, el mundo financiero ha aprendido muy bien la lección de que un puebloem- pobrecido no puede cumplir con sus compromisos, si previamente no se le facilitan los créditos indispensa- bles para reconstruir su economía.

v

De cuanto llevamos dicho se despr~nde por lo me- nos una cosa: la necesidad de revisar cuidadosamente,

no

las finalidades mismas de nuestra política econ9- mica, sino los derroteros que venimos siguiendo. Sólo los espíritus retardatarios pueden estar satisfechos con las condiciones que privan, pero por fortuna dichos espíritus están muy lejos de constituir un grupo res-

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petable. Las mayorías piden a gritos. y con sobrada razón. un mayor número de comodidades materiales y de satisfacciones morales.

Pero si el acuerdo es casi unánime por lo que toca a los fines que debemos perseguir. reina una absoluta desorientación en cuanto a los métodos que han de emplearse. Por un lado nos encontramos con los tra- dicionalistas que no desean cambio alguno en los pro- cedimientos que se han venido usando desde el triun·' fo de la Revolución. lo cual equivale. a nuestro juicio.

a subordinar los fines a los medios. es decir. a hacer que los instrumentos se conviertan en finalidades.

Luego. hay quienes sin llegar a deificar la tradición. la respetan. sin que esto les impida comprender que 103 medios deben adaptarse a los fines y también a lo~

tiempos. y. por último. existe un grupo de entusias- tas que reniega del tradicionalismo. sosteniendo que nada se podrá obtener por los métodos qué se han em- pleado hasta ahora. y que es necesario archivar el vie- jo y. según ellos. enmohecido instrumental. para subs- tituirlo por otro que esté en consonancia con las teo- rías económicas más avanzadas. '

Por desgracia. mientras se discute acaloradamente si la estrategia de Mussolini es más efectiva que la de Lenín. o si la de éste supera a la de nuestros prohom- bres. nos olvidamos de que el pueblo espera impacien,·

temente la Htierra prometidaH de que le venimos ha- blando desde hace años. A él poco le interesa si. para sacarlo de su insoportable miseria. los gobernantes se deciden por talo cual Hismo". Lo único que realmen- te le importa. lo único que espera con ansias. es que la elevación progresiva de su standard de vida pase del terreno de la teoría al de los hechos.

De ahí la conveniencia de refrenar cuanto antes nuestra natural inclinación por las abstracciones. No debemos permitir que el justo deseo de superar 10 que

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hasta ahora se ha conseguido nos haga perder de vista la meta que buscamos. Si creemos necesario rectificar los trazos originales de nuestra ruta, no hay para qué recurrir a las elucubraciones más o menos brillantes de los sabios y de los sempiternos soñadores. Debe bas- tarnos nuestra propia experiencia. Ella nos dice, en primer término, que poco avanzaremos mientras siga- mos aferrados a la idea de que el mal radica en la in- justa distribución de lo que, sólo por ironía, podría llamarse riqueza nacional; y nos asegura, además, que el origen de todas nuestras penalidades está en que lo que producimos, aún incluyendo el botín de los ricos.

apenas si basta para cubrir nuestras necesidades más apremiantes. Siendo así, urge que nos dejemos de li- rismos y pongamos mano a una obra que nada tiene de sencilla: echar por tierra el carcomido e inservible edificio económico que nos legó la colonia. para le- vantar en s\llugar una estructura moderna que descanse sobre la sólida base de nuestros recursos naturales. y que nos garantice, lo mismo a nosotros que a nuestros nietos. una vida mucho mejor que la actual.

México, D. F. marzo de 1935.

Referencias

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