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El problema generacional en la novela española de hoy

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EN LA NOVELA ESPAÑOLA HOY

La teoría literaria atraviesa una zona de confusionismo o, por lo menos, de gran diversidad de criterios. Esta desorientación llega no solamente a los valores sociales o literarios, sino a las mismas palabras que vienen a representar estos valores. No se trata de matices, sino a veces de signi- ficaciones opuestas.

Robbe-Grillet afirma en su obra, Pour un nouveau román:

«Los diferentes niveles de significación del lenguaje que acabamos de señalar tienen entre si múltiples interferencias. Y es probable que el nuevo realismo destruya algunas de esas oposiciones. La vida de hoy día, la ciencia actual, están realizando la superación de muchas antinomias categóricas, establecidas por el racionalismo de los siglos pasados. Es normal, por lo tanto, que la novela que como toda mani- festación artística pretende ir por delante y no por detrás de los sistemas de pensa- miento, esté actualmente empeñada en un proceso de unificación de términos con- siderados hasta hace poco como opuestos: fondo-forma; objetividad-subjetividad;

significado-absurdo: construcción-destrucción; memoria-presente: imaginación- rea- lidad, etc.»1

Igualmente nos damos cuenta de que existe un desajuste entre la so- ciedad y los valores usados para juzgarla y, como consecuencia, entre la obra de arte, como reflejo de dicha sociedad, y la crítica artística.

Por otra parte, hasta hace poco, el conocimiento del hombre era la medida para toda creación artística, como lo ha formulado felizmente Alex. Comfort, en The novel and our time, norma ya grecolatina. El éxito de una obra dependía de la comunicación de una realidad humana autén- tica. Incluso en las descripciones se veían los objetos físicos, impregnados de cualidades humanas, es decir, personificábamos las cosas.

Ahora, en vez de ser el hombre el que personifica a los objetos, son los objetos los que invaden el terreno del hombre, transformándole en un objeto más. Es el proceso que Goldmann ha calificado con el nombre de reificación.

Sin embargo, una buena parte de la novela escrita en España, en estos últimos años, pertenece a la categoría que podríamos llamar social, en el sentido más amplio de la palabra. El autor siente más interés por el hombre

1 ALAIN ROBBE-GRILLET, Por una novela nueva, Edit. Seix Barral, Barcelona, 1965, pp. 186-87.

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social que por el hombre individual y, menos por el proceso de reificación.

Aunque, como ha advertido Ramón Buckley, algunas de estas novelas están inscriptas en el movimiento neorrealista y el neorrealismo parti- cipa ya de las características de la reificación. Lo mismo afirma Guillermo de Torre en Historia de las literaturas de vanguardia.

Michel Butor, el gran crítico del nouveau román francés, en su estudio, Le román comme recherche nos habla de

«la recherche de nouvelles formes romanesques dont le pouvoir d'intégration soit plus grand joue done un triple role par rapport á la conscience que nous avons du réel, d'exploration, de dénonciation et d'adaptation»2.

En la misma época declara a Madeleine Chapsal:

«Je considere le román comme un instrument de prise de consciense absolument extraordinaire»'.

Y añade que el papel del novelista es:

«d'amener une clarification, de permettre une príse de conscience des problemes qui nous préoecupent».4

Pero esta concepción de la novela va unida a una concepción de la li- teratura. Por eso en Le román comme recherche, insiste sobre este punto y concluye su ensayo con estas palabras:

«il resulte de tout ceci que toute véritable transformation de la forma romanesque, toute féconde recherche dans ce domaine, ne peut que se situer... á l'intérieur d'une transformation de la notion méme de la littérature qui se met á apparaitre non plus comme simple délassement ou luxe mais dans son role essential á l'intérieur du fonc- tionnement social et comme expérience méthodique»?.

Es interesante preguntarse por las posibilidades del instrumento- novela. Estas posibilidades las resume Van Rossum-Guyon, en su ponencia, Michel Butor. Le román comme instrument de connaissance, en El Coloquio de Strasbourg, 25 abril 1970, Positions et Oppositions sur le román con- temporain6. Un poder de integración y por él, el de unificación; un poder de proyección y por él, el de liberación; un poder de transformación que se ejerce sobre la representación que hacemos de lo real; y finalmente

2 MICHEL BUTOR, «Le román comme recherche», en Réperloire, Edic. Minuit, París, 1962, p. 9.

3 MADELEINE CHAPSAL, Les écrivains en personne, Edic. Julliard, París, 1968, p. 57.

* Ibidem, p. 67.

5 Répertoire. I. p. 11.

» 4ctes du Colloque de Strasbourg, Edit. Klincksieck, París, 1971.

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un poder de reflexión. Estos poderes responden a cuatro características de la novela: su realismo (o función mimética); su carácter fictivo (no referencial); su estructura necesariamente temporal, y finalmente, su for- malismo.

Vemos, pues, la importancia que concede Butor a la novela como ins- trumento de conocimiento y a su función social. Por eso nos dirá que sus novelas Passage de Milán (1954), Uemploi du temps (1956), Degrés (1960), son una reflexión sobre las posibilidades y la función social de la novela.

Passage de Milán nace de un deseo de tener una representación de París;

L\'inploi du temps, de la necesidad de estudiar lo que puede ser un pueblo industrial inglés en relación con la cultural occidental; Degrés quiere ser la yuxtaposición sistemática de fragmentos de conocimientos propuestos por los manuales escolares para poner en evidencia a la vez la inmensidad de nuestra cultura occidental y su incoherencia y descubrir la inadecuación total de la enseñanza secundaria al mundo de hoy y sobre todo al de ma- ñana. Estamos ya dentro de la sociología de la novela.

Jacques Demorgon et Henri Zamalamansky, en el primer número de la revista Le discours social (Cahier de i'instituí de littérature et de techni- ques artistiques de masse, ILTAM, de Burdeos) nos hablan del lento pro- greso de la sociología de la literatura contemporánea. Modelo de estudio sociológico es el del recientemente fallecido Lucien Goldmann, publica- do en 1970 en la revista Sociologie de la Littérature, del instituí de Socio- logie, Université libre de Bruxelles, Le théatre de Geneí. Essai delude sociologique. Es un intento de sociología estructuralista genética hecho a base de la relación de la vida social y la creación literaria, pero solamente a través de las estructuras mentales o categorías que organizan la con- ciencia empírica de un cierto grupo social y el universo imaginario, creado

por el autor.

En España son muy pocos los estudios de sociología literaria. Aparte del libro de Maravall, El mundo social de la Celestina (Madrid, 1968, 2.a ed.) es un buen estudio, aunque breve, el de Jean Bécarud, «La Regenta», de Clarín y la Restauración (Madrid, 1964) donde estudia las diversas clases sociales, a través de la novela.

En Zaragoza se tuvo, en abril de 1971, un Encuentro de dos días, en el que se presentaron algunos estudios interesantes de sociología literaria.

He intentado hacer un estudio sociológico, dentro de la novela actual española, sobre un problema concreto de la juventud, reflejados en la literatura. Un libro interesante bajo el aspecto informativo podría ser el de Leopoldo Rodríguez Alcalde, La juventud en la literatura contem- poránea (Edic. Uriarte, Madrid, 1967). Otros libros orientadores, en

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España, sobre literatura social: Novela social en España (Barcelona, 1970), de Pablo Gil Casado; Teatro social en España (Madrid, 1961), de García Pavón; Drama y sociedad (Madrid, 1967), de Alfonso Sastre; Teatro y sociedad en Esupña (1780-1820) (Madrid, 1969), de Jorge Campos; El teatro y la sociología (Buenos Aires, 1969), de José María de Quinto;

Notas para una sociología del teatro isabelino (Santander, 1967), de Cán- dido Pérez Gallego.

El problema generacional lo encontramos en numerosas novelas; por ejemplo, en varias de Martín Vigil. Naturalmente me he visto obligado a una selección:

El horizonte y la esperanza, de J. M. Pemán, Edit. Prometeo, Valen- cia, 1970. Es la novela de la juventud actual universitaria, con sus inquie- tudes y rebeldías, que a pesar de todo avanza hacia un futuro.

Cinco horas con Mario, de Miguel Delibes, Edic. Destino, Barcelona, 1967. A través de un alma femenina, su autor llega al fondo de la juventud y de la sociedad española.

Un siglo llama a la puerta, de Ramón Solís, Edit. Bullón, Madrid, 1967.

Trata del enfrentamiento de dos mundos: el de la incomprensión de los mayores y el de la inquietud de los jóvenes; el de un siglo que pasa y otro que llega.

La trampa, de Ana María Matute, Edic. Destino, Barcelona, 1966.

Contiene personajes que se debaten entre unos concretos intereses fami- liares y la afirmación de su propia personalidad, sobre todo en los jóvenes.

Juegos de manos, (Edic. Destino, Barcelona, 1965, 3.a edic.) y Señas de identidad (Edit. Mortiz, México, 1966), de Juan Goytisolo. La primera es un retablo de la juventud terrible de nuestro tiempo, degradada y viciosa.

La segunda gira en torno a una persona y analiza por segmentos sus señas de identidad: personales, familiares y sociales.

¿afiebre, de Ramón Nieto, Edic. Cid, Madrid, 1959. Pone en pie un centenar de personajes y aborda los problemas profesionales y socio- políticos de la juventud con una penetración nada común.

Encerrados con un solo juguete, de Juan Marsé, Edit. Seix Barral, Barcelona, 1970. Atmósfera enrarecida y mezquina en que se debaten, poseídos por la pereza y sexualidad, varios jóvenes de la pequeña clase media, de familias descalabradas por la guerra.

Oficio de muchachos, de Manuel Arce, Edit. Seix Barral, Barcelona, 1963. Una pandilla de muchachos, de diferentes condiciones sociales, unidos circunstancialmente por el veraneo en El Sardinero.

Me he fijado en cinco actitudes de los jóvenes en conflicto con las de los mayores. Primera, actitud de rechazo de todo lo que les viene dado

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o impuesto; actitud socio-política; actitud ante el amor, ante el trabajo y profesión, ante la religión.

Hasta ahora las transformaciones espirituales y sociales se producían con lentitud, y cada generación conservaba rasgos de la que le precedió.

Hoy estas transformaciones son muy rápidas; se produce una total des- conexión entre las generaciones, y se crean situaciones conflictivas.

A este problema generacional se le pueden aplicar las categorías hege- lianas de tesis, antítesis, encarnadas en la generación de los mayores y en la de los jóvenes, y de síntesis, en la juventud cuando haya adquirido con la edad el estado de madurez.

José Luis L. Aranguren ha hecho una caracterización generacional en su estudio. La juventud europea cíe hoy. Sigue los términos de Laín Entralgo: lo impuesto a la juventud, el hecho bruto de la guerra con sus consecuencias; lo depuesto por ella, el idealismo anterior; lo puesto por ella, el atenimiento positivo a la realidad; y por último, lo propuesto, la propuesta generacional, propia de una minoría.

RECHAZO DE LO QUE LES VIENE DADO O IMPUESTO

Nunca el rechazo ha sido tan violento ni tan fuerte como en la actua- lidad, porque se sienten los jóvenes clase social. El catalizador que ha hecho posible a la juventud aglutinarse como una clase es su autoconciencia de construir estado, que lleva el fermento de toda renovación vital. Aran- guren nos dice que es un fenómeno nuevo en nuestra historia. La juventud ha llegado a ser la edad social y culturalmente de moda. Pero el hecho de que sea la edad de moda no significa que sea la edad de la razón. Lo que tiene la juventud es su razón histórica y, por tanto su parte de razón.

Veamos esta actitud de no aceptación en algunas novelas.

En El horizonte y la esperanza:

La protagonista Tana afirma:

«Hay como un mundo organizado, duro, bien trabado, que a cada momento lo encontramos a nuestras espaldas, incluso protegiéndonos sin habérselo pedido no- sotros. Yo creo que con el propósito tenaz de tirar de nosotros para meternos en él...»

(p. 268)

El Curita, amigo de la protagonista:

«Lo más que puedo concederte, Nisia, es que Jacinto haya sufrido un ataque de es- crúpulos, de colaboración con los que se escandalizan de toda violencia y nos con- sideran traidores, porque nos hemos evadido del sopor y la comodidad del que.

en el fondo, es nuestro mundo; por lo menos el mundo de nuestros padres.» (pp. 272-3)

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En Juegos de manos:

«Muchas veces he creído que el dinero que nuestros padres almacenan para no- sotros no hace sino aumentar nuestra debilidad..., creo que entre mi generación y la suya media alguna diferencia; que nosotros no estamos como ellos convencidos de nuestros derechos y que si llegase la hora de defenderlos, lo haríamos tal vez por egoísmo, pero no por la certeza de nuestro fundamento.» (p. 175)

En Encerrados con un solo juguete:

Andrés advierte su situación y la de toda su generación y cree que su abulia y escepticismo son consecuencia de ese mundo que se les ha dado:

«No le esperaba nadie ni nada; pertenecía a esta generación a la cual se le ha dado ya, dicen, todo hecho —símbolos, victorias, héroes que veneran, mármoles que be- sar—, dejándola sin posibilidad de nueva senda, siquiera sin derecho a buscarla entre una marea de días prefabricados, dictados.» (p. 12)

La madre de Andrés se empeña en considerarlo como la continuación de su padre, pero, él, como toda su generación, rechaza esta idea y en contrapartida reafirma su individualidad, desasiéndose de todo lo anterior:

—«No, mamá, no soy yo como él, ni quiero serlo... Tampoco podría, aunque qui- siera... Mis problemas son otros... (p. 104)

En La trampa:

El protagonist¿t, Bear, piensa lo mismo que el personaje de la novela anterior. Se muestra disconforme con el mundo de los mayores y lo re- chaza.

«los que perdemos el tiempo, los que no agradecemos lo regalado por nuestros ma- yores..., no agradecemos todo lo que recibimos... Tampoco agradecemos la herencia más valiosa: los sistemas y engranajes, ni las palabras (raza, valores seculares, he- roísmos, nobles ideales).

¿Acaso los que perdemos el tiempo, los hoscos, los desagradecidos, los hijos privilegiados y descontentos; los que perdemos cursos, años, y lo hemos recibido todo de hombres, como tú, queremos ser hombres como tú?» (pp. 67-68)

En Cinco horas con Mario:

El hijo de Mario sostiene una discusión con su madre y toma esta misma postura. Critica las ideas anteriores y defiende las suyas.

«—El mundo cambia, mamá, es natural.

A peor. hijo, siempre a peor.

—¿Por qué a peor? Sencillamente nos hemos dado cuenta de que lo que uno viene pensando, desde hace siglos, las ideas heredadas, no son necesariamente las mejores.

Es más, a veces, no son ni siquiera buenas, mamá... ¿No te parece significativo, por ejemplo, que el concepto de lo justo coincidiera siempre sospechosamente con nuestros intereses?» (pp. 287-8)

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En La fiebre:

El protagonista, Daniel Herrera, adopta la mismas actitud respecto al pasado.

«¿Quieres decir —preguntó papá— que nuestro mundo está podrido por dentro y brillante por fuera?

—Algo asi. Me parece una cascara de nuez vacía, en la que se enredan las palabras como un eco.» (p. 380)

—No podía estar conforme —dijo Daniel—. (p. 412)

En Señas de identidad:

«Quisiste romper con todo lo que recibiste de prestado, con todo cuanto, sin pedirlo tú, te dieron ellos: dios, religión, moral, leyes, fortuna.» (p. 354)

«Tu salvación debías de buscarla allí, en ellos y su universo oscuro, desprendién- dote poco a poco de cuanto prestado recibieras...» (p. 369)

A veces este rechazar el pasado, lo recibido, está expresado por las personas mayores, como en La trampa, por la madre de Bear.

ACTITUD SOCIO-POLÍTICA

El joven rechaza los ideales anteriores, porque ha comprobado de- cepcionadamente que hay una gran fisura que separa la pureza de los grandes ideales de la impureza real. Esta reacción conduce al tipo de ética nueva, de una moral elemental de virtudes sencillas, aplicadas a la vida ordinaria: el sentido de justicia, la honradez fundamental, la igualdad social, los derechos humanos, el no a la hipocresía, no a la guerra, la libertad...

Las novelas que hemos estudiado dan testimonio de estas ideas.

En El horizonte y la esperanza:

«Somos universitarios que juzgamos un mundo, una era... La tiranía no es nunca una gacetilla local, sino un agravio a la humanidad. Todos estamos manchados por la barbarie del Vietnam. Todo tiene que cambiar radicalmente.» (p. 124)

En La fiebre:

Vemos las normas de conducta que dicta la ética de estos jóvenes.

«La educación que me dieron —decía Daniel— no me ha servido de nada. Nunca me enseñaron unos principios que yo pudiera recordar y poner en práctica..., ni tan siquiera me dijeron esas cuatro ideas, estas cuatro frases que pueden impulsar una conducta y que yo empiezo a descubrir por mí mismo: la dignidad del hombre, por encima de su clase, la salvación a través del dolor y la limpieza de corazón; la moral de la honradez, de la sinceridad y del trabajo...» (p. 410)

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Hay, además, constantes denuncias contra el mundo de la burguesía, pues representa la forma de vida, que ellos huyen y quieren abolir.

En Juegos de manos:

«Los burgueses como vosotros tendrían que quedarse en casa y esperar que los degollaran. El mundo saldría ganando.» (p. 106)

Raúl tiene razón, dice «El proletario».

«Guarner era una figura decorativa..., pero a los ojos de los burgueses —el mundo cerrado de los padres del que todos se sentían desvinculados— encarnaba el antiguo estilo... Matarlo equivaldría a dar un golpe de muerte a la concepción de vida que representa.» (p. 91)

Se observa en los jóvenes estudiantes un acercamiento a los otros hombres, especialmente a los obreros, para conocer su vida.

En El horizonte y la esperanza:

Aparece uno de los casos de colaboración:

«Iban llegando libremente por las calles contiguos grupos, en los que se adivi- naba cierta coherencia estudiantil o laboral. Los de un mismo sindicato o los de una misma facultad se coagulaban en tertulias varias.» (p. 247)

Con frecuencia sale en estas novelas la actitud de los jóvenes contra la guerra, a la que consideran causa de su actual situación.

En Encerrados con un solo juguete:

«Y pensar que todo fue por culpa de papá y la asquerosa, la mil veces maldita guerra.» (p. 254)

Repiten el juicio Tina y Andrés.

En Señas de identidad:

«Y mis tíos, repitiendo como loros las mentiras de los diarios... La eterna guerra civil... A nosotros ¿qué nos importa?» (p. 230)

ACTITUD ANTE EL AMOR

Hoy el joven se considera con derecho a elegir su cónyuge y se rebela contra cualquier oposición. Existe un concepto más sincero, más pro- fundo sobre el amor, no mancillado contra otros motivos. El amor debe existir antes del matrimonio.

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En La fiebre:

Dice el padre:

«—Marcial, el hijo de don Bernabé Mezquida, me ha dicho que se casaría con- tigo, si tú le hicieras un poco de caso.

—No quiero saberlo. No quiero oír lo que me dice.

* —Ven aquí. ¿Estás loca? No saldrás de aquí mientras yo no quiera...» (pp. 35-6)

En Un siglo llama a la puerta:

Más insistentemente:

«—¿Es que no te gusta la muchacha?, le había preguntado su padre.

—Si.

—Entonces... Ese matrimonio va a ser muy conveniente para tí.

—No lo dudo. Pero deberías haberme consultado...

—Toda la vida han sido los padres los que han concertado los matrimonios de los hijos...» (p. 184)

—Una muchacha decente no debe andar como una cualquiera, eligiendo por si misma a su marido... Me asustas, Isabel...

—¿Qué sabes tú lo que es querer? El amor nace con la intimidad. No existe el amor antes del matrimonio. Esas son cosas de los jóvenes de ahora (p. 184)

Los mayores exigían que los cónyuges fueran de la misma esfera social, de la misma educación, influían extraordinariamente las razones sociales y apenas existían los llamados matrimonios mixtos. Ahora para el joven importa más la confianza, la fidelidad, la comprensión y el respeto mutuo.

En La fiebre:

Conversación entre madre e hija:

«—Voy a casarme.

—¿Es católico?

—No.

Era difícil mantener la tregua. Para la hija universitaria, aquello era una dife- rencia de poca monta. Lo importante era que estuvieran enamorados. Pero la madre no pensaba igual. Había imaginado cosas horribles, pero ninguna tan horrible como el reconocimiento de la herejía.» (p. 160)

El amor es el sentimiento que más valoran. Su descubrimiento va acompañado de una sensación de gozo, de deslumbramiento.

En la novela de Marsé, el amor juega un papel importante y salvador en la vida de Andrés y Tina, los dos protagonistas.

ACTITUD ANTE EL TRABAJO

La juventud abúlica, ociosa, es tópico en muchas novelas. A veces, porque es una juventud inventada, irreal, como la de Goytisolo, en Juegos

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de manos. Sus personajes se debaten en una atmósfera de vacío y desorien- tación. Respecto al trabajo y el negocio que requiera esfuerzo no quieren saber nada.

En Oficio de muchachos :

«—No me hables ahora de negocios —rechazó—. Ni te acuerdes. Hasta esta tarde a las cuatro no quiero saber nada. —Y agregó que si le gustaba estar con no- sotros era precisamente, porque vivíamos al margen de los negocios y de las preocu- paciones económicas—. ¡Tú sí que has sabido entender la vida! Te envidio. Has sa- bido rodearte de amigos con dinero y no necesitas otra cosa.» (p. 151)

En Encerrados con un solo juguete:

«Siempre tenía disgustos en el taller... Estaba todo el día como distraído, ausente, masticando una rabia y una impotencia...» (p. 111)

En Juegos de manos:

«No tenía porvenir, no estudiaba. El auxiliar de Anatomía le había suspendido en seis convocatorias...» (p. 29)

De ordinario los hijos no quieren seguir la profesión de sus padres.

En La fiebre:

«Los Ederra, una familia gaditana de comerciantes; todos habían continuado el negocio hasta que llega Chano, joven a quien no le preocupa lo más mínimo el comercio. Hay una larga discusión entre el padre y el hijo.» (pp. 19-20)

En Señas de identidad:

—¿Qué hace tu padre?

—Exporta e importa naranjas y cosas así... El muy imbécil cree que más tarde voy a continuar con el negocio. Que duerma tranquilo... El día menos pensado le voy a despertar del susto, (p. 74)

La promoción de la mujer es otro de los puntos conflictivos. La mujer actual estudia, trabaja. Las jóvenes tienen acceso a la Universidad y pueden estudiar cualquier carrera.

En Cinco horas con Mario:

Carmen es el reflejo de cómo pensaba la madre hace unos años.

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«Mario. ¡Hay que ver! Se te metió entre ceja y ceja que las niñas estudiaran..., y no te hagas el tonto que sabes de sobra que las niñas que estudian, a la larga, se vuelven marimachos.» (p. 147)

En El horizonte y la esperanza:

Encontramos opiniones parecidas.

«—Siempre me habrás oído decir que eso de estudiar las niñas en la universidad no me ha entrado nunca..., tu vas a decirme: los tiempos han cambiado, ahora todo el mundo tiene que valerse por sí mismo; será verdad, pero eso de las carreras es cosa de varones.» (p. 65)

ACTITUD ANTE LA RELIGIÓN

Tal vez sea en la actitud religiosa, en donde se ha experimentado un cambio mayor. Hoy no es la apologética, ni los argumentos lo que in- teresa al joven, sino el testimonio. Desconfían del aspecto dogmático, pues aspiran a encontrar el cristianismo «verificado» en una eficaz reli- giosidad de acción. Se busca un catolicismo comprometido que resuelva los problemas actuales y sea capaz de construir un mundo mejor hecho.

La novela de Delibes, Cinco horas con Mario es la que trata el tema con más extensión. Piedra fundamental del libro es la contraposición de las dos mentalidades religiosas: la de los jóvenes, encarnada en Mario:

y la tradicional, en Carmen.

Mario que aspira a un acercamiento de todos a Cristo y a una igualdad social, se ve recriminado por su esposa. Es interesante contrastar el con- cepto que ambos esposos poseen de la caridad.

La juventud experimenta crisis de fe, como aparece en algunas de estas novelas, principalmente en las de Goytisolo, con un escepticismo radical. Pero a veces hay un replanteamiento de la fe basada, más que en los principios aprendidos, en unas bases más fuertes por ser más perso- nales.

A veces los problemas religiosos se plantean con relación a los sacra- mentos de la confesión y comunión.

Otras veces aparece la figura del cura tradicional y del cura postcon- ciliar.

También en La fiebre aparece con frecuencia el problema religioso en los jóvenes, pero siempre con una gran sinceridad y un sentimiento de justicia.

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Estos son a grandes rasgos, imposibles"de resumir en breves líneas, algunas notas del problema estudiado en esas novelas.

Son muchos los estudios que se pueden hacer sobre diversos proble- mas sociales a través de la literatura. Sería una fuente importante de cono- cimiento de la sociedad y de la literatura de las distintas épocas. La novela se convertiría en instrumento de conocimiento del que nos hablaba Butor, y le daríamos una tónica más humana, de la que está necesitada en la actualidad.

IGNACIO ELIZALDE Universidad de Deuslo

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