“LA ENTREVISTA ACTIVA” James A.Holstein. Marquette University Jaber F.Gubrium. University of Florida.
Traducción:, Patricia Lucilli, Lara Maksimovic y Lorena Fuentes
1. INTRODUCCIÓN
Piensen en cuánto aprendemos sobre la vida contemporánea por medio de las entrevistas.
Larry King nos presenta a los presidentes y los traficantes de influencias. Barbara Walters dilucida las profundidades emocionales de las estrellas y las celebridades. Oprah, Geraldo y Donahue invitan a la gente común, atormentada y extraña a “vaciar sus corazones” a millones de televidentes, y los amigos íntimos y los expertos cuentan la historia de
“O.J.Simpson” para TV y los tablóides.
Vivimos en lo que se llama “la sociedad de la entrevista” (Silverman,1993). No sólo los medios, sino los investigadores sociales cada vez más reciben la información a través de las entrevistas. Se estima que un 90% de todas las investigaciones de ciencias sociales aprovechan los datos de las entrevistas (Briggs, 1986).La entrevista parece ser el modo universal de indagación sistemática (Imán, Cobb, Fedman, Hart & Stember, 1975), por eso los sociólogos, psicólogos, antropólogos, psiquiatras, médicos clínicos, administradores, políticos, encuestadores y expertos tratan a las entrevistas como sus “ventanas hacia el mundo”.
Como de costumbre, los que tienen curiosidad sobre los sentimientos, pensamientos o experiencias de otra persona, creen que tan sólo tienen que hacer la pregunta correcta y la
“realidad” del otro será suya. Studs Terkel, un periodista y sociólogo destacado, dice que él simplemente prende su grabadora y pide a la gente que hable. De su brillante estudio sobre las entrevistas de actitudes y sentimientos acerca de trabajo, escribe:
Había preguntas, naturalmente. Pero eran informales en su esencia...del tipo que puedes o te pueden hacer, mientras estás tomando un café...En breve era una conversación. Con el tiempo las compuertas de los corazones y los sueños reprimidos estaban abiertos. (p. Xxv).
Así como tan sin pretensiones es la imagen de Terkel sobre la entrevista, es evidente en las ciencias sociales:”La búsqueda” de los hechos y sentimientos reales que se encuentran en el interior. Desde luego que existe una tecnología altamente sofisticada que dice a los investigadores como hacer las preguntas, qué tipo de preguntas no hacer, el orden en el cual hay que hacerlas y las maneras de evitar a decir las cosas equivocadas que podrían arruinar los datos (Fowler&Mangione, 1990; Imán et al., 1975).Pero el modelo básico es similar al que Terkel usa tan hábilmente.
La imagen del investigador de ciencias sociales muestra la entrevista como una misión de “buscar-y-encontrar”, con el entrevistador propuesto en encontrar lo que ya está dentro de los encuestados variablemente cooperativos. El desafío es extraer la información tan directamente como sea posible. Las tecnologías de entrevistas, altamente refinadas, hacen más eficiente el proceso, lo estandardizan y “hacen potable”, pero a pesar de su sofisticación metodológica, continuamente ignoran las más fundamentales preguntas epistemológicas: ¿De dónde viene este conocimiento y cómo se obtiene?
Los investigadores sociales generan datos masivos pidiendo a la gente que hable de sus vidas; los resultados, conclusiones o conocimientos provienen de las conversaciones.
Aunque esas conversaciones pueden ser configuradas de maneras diversas, como informes sumamente estructurados, estandardizados orientados cuantitativamente, o como una entrevista guiada de manera semi-estructurada, o como los intercambios fluidos, todas las entrevistas son los eventos interactivos. Sus narraciones pueden ser tan truncadas como las respuestas de elección múltiple o tan elaboradas como las historias de la vida, pero en todo caso, son construidas in situ, y son el producto de la conversación entre los participantes de la entrevista.
La mayoría de los investigadores admite que las entrevistas son interacciones sociales, pero la literatura sobre la estrategia y la técnica de la entrevista, se preocupa en primer lugar por maximizar el flujo de la información válida y confiable y, mientras tanto, minimizar las distorsiones de lo que el entrevistado sabe (Gorden,1987).La entrevista es formulada de esta manera como una fuente potencial de la parcialidad, error, malentendido o malversación, una serie de problemas que hay que minimizar. La rectificación es simple:
si el entrevistador simplemente hace las preguntas debidamente el entrevistado dará la información deseada.
Este enfoque, sin embargo, sigue tratando a la conversación de entrevista como un conducto de transmisión del conocimiento. El “giro lingüístico” reciente en la investigación social -un interés compartido por las perspectivas postestructuralistas, postmodernistas, construccionistas y ethnometodologistas- ha aumentado el número de preguntas sobre la posibilidad de reunir conocimientos en la manera que ese enfoque presupone. De diferentes modos, estas perspectivas sostienen que ese significado es socialmente constituido; todo conocimiento es creado por la acción que se escoge para obtenerlo.
Esto además sugiere que, lo que pasa por conocimiento es el producto mismo de la interacción (Cicourel,1964,1974; Garfinkel,1967).Tratar la entrevista como un encuentro social nos lleva bastante rápido a la posibilidad de que la entrevista no es simplemente un conducto neutro o una fuente de distorsión, sino un punto productivo del conocimiento mismo.
Charles Briggs (1986) sociolingüista dice que las circunstancias sociales de las entrevistas son más que obstáculos para la articulación de verdades particulares de los encuestados. Briggs nota que, como otros modos del habla, las entrevistas fundamentalmente, no incidentalmente, dan forma y contenido a lo que está dicho.
Aarón Cicourel(1974) va más lejos, sosteniendo que las entrevistas prácticamente imponen ciertas maneras de entender la realidad según las respuestas del sujeto. La lectura que se revela es que los entrevistados son profunda e inevitablemente involucrados en la creación de los significados, los cuales aparentemente, están en el interior de los entrevistados (ver Manning, 1976).
Cicourel (1964,1974) continúa ofreciendo sugerencias perspicaces y matizadas para hacer que las interacciones típicas de la entrevista tengan sentido. Briggs (1986) se concentra más en como plantear las preguntas de manera que sean más apropiadas y coherentes para los entrevistados, reconociendo que los intercambios de tipo pregunta- respuesta proporcionan el contexto y pasan las suposiciones culturales y prácticas lingüísticas locales. Eliot Mishler (1986,1991) presenta las complejidades contextuales y narrativas de la entrevista, sugiriendo que la narración misma es cultural. Todos estos autores señalan la necesidad de desarrollar el entendimiento de los significados que son puestos en práctica por el entrevistador y el entrevistado, o para evitar malentendidos y
errores de la interpretación o para mostrar la interpretación como una construcción social en su propio derecho.
Esto apunta a un descuido importante del enfoque típico: las dos partes en la entrevista son inevitablemente activas. Cada uno está involucrado en el proceso de construcción del significado (meaning-making work).El significado no es tan sólo obtenido por las preguntas, ni tampoco sencillamente transmitido a través de las respuestas del entrevistado;
está armado activa y comunicativamente en el encuentro de la entrevista. Los entrevistados no son los depósitos del conocimiento-tesoros de la información que esperan ser excavados- sino que son los constructores del conocimiento en colaboración con los entrevistadores.
Este texto expone que todas las entrevistas son interpretativamente activas, implicando a las prácticas que “hacen los significados” de ambos lados, entrevistadores y entrevistados.
Estamos de acuerdo que si los datos de la entrevista son inevitablemente colaborativos (Alasuuri, 1995; Holstein & Staples, 1992), tratar de despojar las entrevistas de sus ingredientes interaccionales sería inútil. En vez de agregar a la larga lista de las limitaciones metodológicas, debajo de la cual las entrevistas deberían ser conducidas, tomamos un enfoque más positivo, proponiendo una orientación por medio de la cual los investigadores admiten las contribuciones constitutivas del entrevistador y el entrevistado, y las incorporan, a propósito y a conciencia, en la producción y el análisis de los datos de la entrevista.
El libro ofrece-una teoría implícita de la entrevista- más que un inventario de métodos.
No estamos sugiriendo que la entrevista “activa” es una herramienta distintiva de la investigación; en vez de eso, usamos el término para hacer hincapié en todas las entrevistas como constructoras de la realidad, ocasiones para “hacer significados”, sean reconocidas o no. Ofrecemos el enfoque social constructivista (cf. Berger & Luckmann, 1967; Blumer, 1964; Garfinkel, 1967) que considera que el proceso de la producción de significado es tan importante para la investigación social como el significado de lo producido. En otras palabras, pensamos que entender “cómo” el proceso de hacer significado se extiende a la entrevista es tan crítico como darse cuenta de lo “qué” es preguntado y expresado, fundamentalmente. Los “como”, naturalmente, se refieren a los procedimientos interaccionales, narrativos, de la producción del conocimiento, no tan sólo a las técnicas de la entrevista. Los “que” se extienden a los asuntos que guían la entrevista, el contenido de las preguntas y la información fundamental comunicada por el entrevistado. Volvemos a ese interés dual de los “como” y los “que” de la producción significativa todo el tiempo en el libro.
Nuestra perspectiva está claramente influenciada por los enfoques ethnometodológicos y otros relacionados (ver Garfinkel, 1967;Heritage,1984;Pollner,1987;Silverma,1994).De muchas maneras, también resuena con las críticas metodológicas y las reformulaciones ofrecidas por una serie de especialistas feministas (ver De Vault, 1990; Harding, 1987;
Reinharz, 1992; Smith, 1987).En su manera inconfundible, la ethnometodología, el construccionismo, el postestructuralismo, el postmodernismo y algunas versiones del feminismo son todos interesados en temas relacionados con la subjetividad, complejidad, perspectiva y construcción significativa. Tan valiosos y perspicaces como son esos enfoques tienden a enfatizar los “como” del proceso social, a expensas de los “que” de las experiencias vividas (cf. Williams, 1958/1993).Queremos dar con el justo medio entre esos
“como” y los “que” como la manera de reapropiarse de la relevancia de lo esencial y el contenido de los estudios de los procesos de la construcción social. Auque el énfasis en el
proceso agudizó su interés y debatió sobre el estatus epistemológico de los datos de la entrevista, es importante no perder la pista de lo que se está preguntando en las entrevistas y a su vez, lo que está transmitido por los entrevistados. Demasiado estrecho el foco en
“como” tiende a desplazar los significativos “que”-los significados y el material cultural- que sirve como motivo relevante para lo que crítico de estudios culturales Paul Willis(1990) llamaría “el trabajo simbólico” de hacer u responder las preguntas.
El libro da algunas observaciones bastante inconvencionales para la mayoría de los estándares de las ciencias sociales. Como una explicación de los apuntalamientos teóricos y epistemológicos de las prácticas de la entrevista en general, el libro es más un recurso de la concientización conceptual que una formula de conducir cierto tipo de las entrevista. Por consiguiente, el libro podía ser de interés especial a los investigadores que buscan a entender mejor como se producen e interpretan los datos de la entrevista. Sus implicancias de procedimiento podrían mostrarse especialmente útiles en el diseño, ejecución interpretación de los estudios sobre las entrevistas que se concentran en producir sentido – tanto el proceso como el producto.
Tomando la actividad de toda la entrevista como nuestro punto de partida, el libro discute como la entrevista cultiva los significados, tanto como “busca” la información. En los capítulos posteriores localizamos este punto de vista activo en relación con los conceptos más tradicionales (cap.2) y examinamos las imágenes alternas del sujeto detrás del entrevistado (cap 3). Luego hablamos de cuerpos complejos de la experimentación que provee a los participantes con recursos de los cuales ellos formulan respuestas (Cáp.4) mostrando como entrevistadores crean los parámetros interpretativos para los próximos cambios y determinan la manera en la cual los temas se tratan y las respuestas se reúnen (Cáp.5).
Proseguimos a ilustrar como los participantes conectan las observaciones, experiencias y los conceptos para producir los horizontes del entendimiento de lo que está dicho (Cáp.6) y explorar las bifurcaciones de reconocimientos de las voces múltiples que pueden constituir la entrevista (Cáp.7). Por último, concluimos con el replanteamiento de los intereses metodológicos estándar en relación con la entrevista activa. Nuestra discusión empieza ubicando la entrevista activa en relación con las creencias más convencionales.
2. LA ENTREVISTA ACTIVA EN PERSPECTIVA
Las entrevistas varían de manera importante en distintos tipos. C.A.Moser (1958), por ejemplo, los distingue a través del continuo funcional. De un lado, él pone las entrevistas cuyo propósito es interrogar, ayudar, educar o evaluar a los entrevistados-como en las entrevistas de trabajo o investigaciones policiales. Tales indagaciones son conducidas pensando en objetivos decididamente prácticos. Las entrevistas con las metas más abstractas o académicas, como informes sociales de gran escala, ocupan el lado opuesto del continuo. Eleanor y Nathan Maccoby (1954) clasifican las entrevistas según que tan
“estandardizadas“son pensando en parte si la entrevista es guiada por las preguntas estructuradas y si está orientada a la medición o es organizada más flexiblemente y apunta a sacar a luz los significados subjetivos.
John Madge (1965) contrasta, lo que él llama, las “entrevistas estructuradas” con las
“masivas”, clasificándolas según “si al entrevistado se le da alguna libertad a elegir los
temas que se van a discutir y la manera en la cual serán discutidos”. (p.165).Los formatos incluyen las entrevistas no dirigidas que el método rogeriano favorece. (Ver Rogers, 1945) entrevistas informales e historias de vida. La mayoría de las investigaciones de gran escala caen en la categoría de la entrevista masiva. Por lo general la clasificación se centra en las características y objetivos del proceso de la entrevista, con poca atención puesta en cómo difieren las entrevistas en la producción de conocimiento.
EL SUJETO IMAGINADO DETRÁS DEL ENTREVISTADO
Hay siempre, al menos tácitamente, en el modelo de investigación un “merodeo” del sujeto detrás de las personas que tienen el papel del entrevistador. Considerando la actividad epistemológica de la entrevista se nos exige preguntarnos cómo se relacionan los entrevistadores con los entrevistados, como son los sujetos imaginados en las conversaciones que tienen con esos sujetos. Igualmente importantes desde luego, son las consideraciones sobre el sujeto detrás del entrevistador, a los cuales vamos a volver más tarde en el libro. Proyectar el sujeto detrás del entrevistado le concede un sentido a la acción epistemológica sobre el entrevistado, que influye nuestro entendimiento de la validez relativa de la información presentada.
En los enfoques convencionales, los sujetos son básicamente concebidos como los
“recipientes de respuestas” (vessel of answer) pasivas por los entrevistadores, quienes hacen preguntas sobre la experiencia a los entrevistados. Ellos son los depositarios de los datos y los detalles relacionados con la experiencia. Ocasionalmente, como puede pasar frente a un tema especialmente sensible de la entrevista o con entrevistados recalcitrantes, los investigadores admiten que puede ser difícil obtener la información experimental exacta.
Sin embargo en principio la información es considerada y mantenida no contaminada por el recipiente de respuestas del sujeto. El truco es formular preguntas y proveer una atmósfera propicia para empezar una comunicación no distorsionada entre los participantes de la entrevista.
Mucha, si no la mayoría de la literatura metodológica sobre las entrevistas, tiene que ver con los matices de esos problemas delicados. El punto de vista “el recipiente-de- respuestas”, advierte a los entrevistadores a ser cautelosos sobre cómo hacer las preguntas, no sea que su manera de indagar afecte lo que esta dentro del sujeto, de otra manera sería fácil lograr una comunicación sincera y precisa. Ofrece millares de procedimientos para obtener los hechos y detalles no adulterados, la mayoría de los cuales se basan en la neutralidad del entrevistador y la pregunta. Por ejemplo, se supone que el entrevistador que plantea preguntas que admiten los lados alternos de una cuestión es más neutral que él que no lo hace, aconsejando a los investigadores a tomar esto en cuenta cuando formulen las preguntas de la entrevista. La aplicación exitosa de estos procedimientos suscita verdades contenidas en el recipiente de las respuestas detrás del entrevistado. La validez de una aplicación exitosa de los procedimientos.
En éste enfoque el”recipiente-de–respuestas”, es epistemológicamente pasivo, no está involucrado en la producción del conocimiento. Si el proceso de la entrevista se ciñe a las normas y no es direccional, ni parcial, los entrevistados emitirán con legitimidad los sujetos que se supone que tienen adentro-los hechos no adulterados y los detalles de experiencia en consideración. La contaminación proviene del entorno de la entrevista, sus participantes y
sus interacciones, no del sujeto, que en condiciones ideales ofrece informes auténticos cuando se le hacen señas para que así lo haga.
¿Qué sucede, no obstante, si damos vida a la imagen del sujeto que hay detrás del entrevistado? Interpretado como activo, el sujeto detrás del entrevistado no solo tiene los hechos y los detalles de experiencia sino que en el mismo proceso de ofrecerlos como una respuesta, constructivamente agrega, quita y transforma los hechos y los detalles. El entrevistado no puede “arruinar” lo que él o ella, de hecho están subjetivamente creando.
Este sujeto activado reconstruye las experiencias antes, durante y después de tomar papel de entrevistado. Como un miembro de la sociedad, él transmite y modifica el conocimiento que el entrevistado expresa al entrevistador; es “siempre ya” un creador activo de significado. Porque las respuestas del entrevistado son continuamente armadas y modificadas, el valor verdadero de las respuestas no puede ser juzgado simplemente en cuanto corresponde con lo que yace en un recipiente de las respuestas objetivas.
Desde un punto de vista científico más tradicional, la objetividad o la verdad de las respuestas de la entrevista podrían ser evaluadas en cuanto a la confiabilidad, hasta cierto punto hacer preguntas produce las mismas respuestas, cuando sea y donde sea que se realicen, y a la validez hasta el punto en que la indagación produce las respuestas
“correctas” (Kira & Miller, 1986).Cuando la entrevista es considerada como una ocasión dinámica para hacer significados, se aplican sin embargo otros criterios, centrados en como se construye el significado, las circunstancias de la construcción y las conexiones significativas que son armadas para la ocasión. Aunque continúa el interés por el contenido de las respuestas, toma en cuenta más que nada a cómo y qué el sujeto/entrevistado produce y transmite en colaboración con un entrevistador igualmente activo, sobre la experiencia del sujeto/entrevistado en circunstancias interpretativas. Uno no puede esperar que las respuestas de una ocasión se reproduzcan en la otra, Porque ellas surgen de circunstancias diferentes de la producción. De manera parecida, la validez de las respuestas no viene de su correspondencia con los significados en la entrevista sino de su habilidad de transmitir realidades experimentales ubicándolas en condiciones que sean localmente comprensibles.
El enfoque activo de la entrevista se pone en perspectiva mejor contrastándolo con los enfoques más convencionales. Ofrecemos dos ejemplos que se difieren en gran medida en sus orientaciones hacia las verdades experimentales que tienen los sujetos pasivos. Un enfoque que expone David Silverman (1985, 1989,1983) refleja las sensibilidades de
“aclaración” que se orienta hacia el valor racional de lo que se comunicó. Se enfoca en declaraciones fundamentales explicaciones y razones con los cuales el entrevistado articula la experiencia. Usamos el libro “Conversaciones al azar” inusualmente sincero, de Jean Converse y Howard Schuman (1974) como el texto ejemplo. El otro enfoque, cual, en palabras de Silverman, refleja sensibilidades “romanticistas”, se orienta hacia valores más auténticos, supuestamente más profundos de los sentimientos del sujeto.El énfasis aqui está en sentimiento y emoción- el núcleo no adulterado de la experiencia humana-.Usamos el libro “La entrevista creativa” de Jack Douglas (1985) como el ejemplo.
LA ENTREVISTA CON FINES DE ENCUESTA
El libro de Converse y Schuman considera la entrevista CON FINES DE ENCUESTA
“como los entrevistadores lo ven”.El libro está basado parcialmente en las respuestas del proceso de entrevistar a 150 estudiantes recibidos, entrenados en métodos de indagación a través de la Área de Estudios de Detroit de La Universidad de Michigan. Los
entrevistadores profesionales del Centro de la investigación CON FINES DE ENCUESTA también contribuyeron con sus observaciones, generalmente con “pequeñas reseñas”
escritas en las última página del cuestionario.
La sinceridad del libro lleva involuntariamente a la yuxtaposición de dos imágenes perfectamente diferentes del sujeto detrás del participante de la investigación. De un lado, se nos presenta la imagen preferente de “recipiente-de-respuestas” del sujeto.
Sin embargo, la imagen contrastante también se filtra por el libro, insinuada desde el principio cuando los autores escriben: “No hacemos una apología de la naturaleza subjetiva de ese material-es la razón de ser del libro-pero hacemos hincapié en que no es la intención estar en oposición con la investigación más objetiva del proceso de la entrevista”. (p. Vii).
El libro ilustra de un modo muy rico como un entrevistado puede ser simpático y también difícil y exasperante. Describe las personalidades interesantes y complejas y los significados con los que los entrevistadores se encuentran mientras están entrevistando, representándolos como “el placer de las personas” y los “entendidos de lo particular”.Pero los autores advierten al lector que aunque será evidente desde el principio hasta el fin, que el entrevistado puede ser bastante activo interpretativamente, eso no está en contra de la información objetiva. Esta información, que el lector finalmente conoce, proviene del reservorio de conocimiento que yace detrás del entrevistado pasivo. Los autores no creen que la conducta del entrevistado implica a su sujeto en la construcción del significado. Tan animado, desinhibido, entretenido y difícil como puede ser a veces el entrevistado, su sujeto pasivo en última instancia contiene las respuestas buscadas en la investigación.
Converse y Schuman presentan a los entrevistadores que pensaron considerablemente en la posibilidad de que los entrevistados representan los sujetos interpretativamente activos y no pasivos. Un estudiante recibido como el entrevistador, preguntándose si el responderte puede ser un sujeto de una clase diferente a la presumida por los científicos sociales dice:
Uno se pregunta-puede ser que estas conceptualizaciones alternativas de la realidad (ofrecidas por el entrevistado) tengan un grano de verdad? Puede ser que esos valores, diferentes de los míos, sean tan legítimos como los míos? estando en la universidad, uno puede ver las limitaciones inherentes en las locaciones sociales de otra gente y sus percepciones de la realidad social. Pero uno se pregunta también si las percepciones de los objetivos científicos sociales no son limitadas por su propias pero similares limitaciones (Converse&Schuman, 1974, p.
8)
Los autores reconocen la perspicacia de este novato entrevistador, pero,¡ay! es la sabiduría inexperta. Esto no es un comentario del entrevistado profesional sino de un principiante que trae”el entusiasmo por nuevas experiencias mientras aprende (o reaprende) algo sobre el mundo más vasto más allá de la universidad” (p. 8).El asombro del joven entrevistador es su propio, interpretado como referencia a que tan asombradamente reveladora puede ser la experiencia del entrevistador sobre el mundo social más allá de la academia.
Aunque Converse y Schuman admiten que la entrevista CON FINES DE ENCUESTA involucra la experiencia del placer de las personas, los autores esperan que los entrevistadores usen sus roles para acceder con eficacia al recipiente de las respuestas detrás del entrevistado. Su libro está repleto de anécdotas de las cuales los entrevistadores tienen que aprender para tener el recipiente de las respuestas a la vista y el entrevistado en
el blanco .En parte, es cuestión de controlarse uno mismo como entrevistador, así es que uno no interfiere en lo que el sujeto pasivo esta dispuesto a dar. El entrevistador debe deshacerse de la conciencia, de la propia identidad, ocultar la opinión personal y evitar estereotipar al entrevistado. Aprender el papel del entrevistador es también una cuestión para controlar la situación de la entrevista para facilitar la expresión sincera de opiniones y sentimientos. Lo ideal sería que la entrevista sea conducida en privado.
Esto ayuda a asegurar que los entrevistados hablarán directamente de sus recipientes de respuestas, no como consecuencia de la presencia de otros. El entrevistador experto aprende que el así llamado “arranque da la conversación” que podría tener un a fuerza motriz interpretativa por si sola, avivada por la subjetividad activa del entrevistado y el entrevistador, tiene que ser dirigido de tal manera que “el empuje de la investigación” (p.
26) sea mantenido en foco.
En condiciones ideales, las presiones de la entrevista sobre la conducta que van a producir “los datos buenos y concretos” son dirigidas por medio de una conversación
“liviana”(p. 22).
El libro de Converse y Schuman, desde el principio hasta el fin, provee puntos de vista de cuán problemática es la imagen del sujeto pasivo en la práctica. Las ilustraciones generosas nos dicen repetidamente que las entrevistas son conversaciones donde los significados no sólo son transmitidos sino cooperativamente acumulados, recibidos, interpretados y anotados por el entrevistador. El entrevistador veterano aprende a manejar las presiones de la conversación para que los propósitos de la entrevista y la orientación hacia una ocasión activa que construya los significados parezca ser un simple paso epistemológico.
LA ENTREVISTA CREATIVA
Comparen el enfoque de Converse y Schuman (1974) con el punto de vista
“Romanticista” en el libro “La Entrevista creativa” de Douglas (1985).La palabra creativa en el título se refiere principalmente al entrevistador no al entrevistado, y según Douglas, proviene de las dificultades que él encontró intentando investigar “la profunda experiencia”
del entrevistado. Douglas escribe que en muchos de sus estudios empíricos especialmente en sus investigaciones sobre las experiencias sobre una mujer bella, él una y otra vez descubría lo superficial que eran las recomendaciones estándar para conducir entrevistas.
Los cánones de la neutralidad razonable, como los que Converse y Schuman defendieron no lograron capturar lo que Douglas llama”las fuentes emocionales” de sus entrevistados y le exigieron una metodología de revelación profunda.
Las dificultades de Douglas se relacionan tanto con su imagen “Romanticista” del sujeto pasivo, como con los defectos de la técnica de la entrevista estándar. Como la imagen del sujeto detrás del entrevistado, Douglas también imagina sus sujetos como depositarios de respuestas, pero en su caso ellos son recipientes de emociones bien vigilados. El entrevistado se comunica fielmente con la fuente emocional a instancia de un entrevistador que sabe que simples palabras no pueden sacar o transmitir lo que la experiencia es al final.
Douglas apunta a llegar a conocer más profundamente y de una manera creativa, el sujeto real detrás del entrevistado.
La entrevista creativa es un conjunto de técnicas para moverse más allá de las palabras simples y oraciones intercambiadas en el proceso de la entrevista. Para lograr eso, el
entrevistador debe establecer un clima para la revelación mutua. La entrevista debería ser una ocasión que demuestra la buena voluntad del entrevistador para compartir sus sentimientos y los pensamientos más profundos. Esto se hace para convencer a los entrevistados que ellos pueden, a su vez, compartir sus propios pensamientos y sentimientos. La profunda revelación del entrevistador da lugar y legitimiza las revelaciones recíprocas del entrevistado. Douglas sugiere que esto es reprimido rigurosamente por la neutralidad cultivada de la entrevista CON FINES DE ENCUESTA estándar. Como para plantear la regla fundamental, Douglas (1985) escribe:
La entrevista activa ,como veremos, implica el uso de muchas estrategias y tácticas de interacción , basadas en gran parte en la compresión de los sentimientos amistosos y la intimidad, para optimizar la revelación cooperativa y mutua y la búsqueda creativa de las compresiones mutuas.(p.25 énfasis en el original).
Douglas ofrece un conjunto de pautas bastante explícito para la entrevista creativa .Una es que “el genio de una entrevista creativa implica un 99 % de transpiración” (p. 27); hacer que el entrevistado se revele profundamente requiere mucho más trabajo que obtener sólo opiniones. La segunda máxima para “dedicarse a las investigaciones profundas del alma humana” es “investigador, conócete a tu mismo” (p.51).Es necesario el autoanálisis continuo de parte del entrevistador, quien claro está también es el investigador, no sea que los mecanismos de defensa propia del entrevistador trabajen en contra de la revelación y la compresión mutua. La tercera pauta es mostrar obligadamente la revelación mutua, expresando un interés duradero de los sentimientos. Refiriéndose al entrevistador creativo neófito quien “ha hecho algunos estudios sobre la vida maravillosamente reveladoras”, Douglas escribe que el entrevistador creativo es “conducido por...los sentimientos amistosos, comprensivos y adorables, pero agrega una simpática capacidad de asombrarse ante los misterios que se descubren. (p.29).
Las fuentes aprovechadas por la entrevista activa que son consideradas emocionales, entran en contraste claro con la imagen racional preferida que se filtra en el libro de Converse y Schuman. En el estilo inimitable de Douglas , él escribe que el conocimiento y la sabiduría son parcialmente producto de las interacciones creativas –de búsquedas mutuas de la comprensión, “la comunión de las almas” (p. 55, énfasis en el original).Mientras que el sujeto imaginado de Douglas es básicamente emotivo, este sujeto , en el papel del entrevistado colabora activamente con el entrevistador para crear los significados mutuamente reconocibles, haciendo analogía con lo que sugiere el entrevistador en el libro de Converse y Schuman. En este aspecto, lo mutual de la revelación-el carácter “creativo”
de la entrevista creativa-transmite, agrega y da forma a lo que se dijo, por derecho propio.
Lo que Douglas no reconoce, sin embargo hay que admitirlo, es que este sujeto activo pueda constituir las fuentes de la experiencia en términos racionales u otros, no necesariamente emocionales. Así el sujeto entrevistado de Douglas permanece esencialmente pasivo, aunque creativamente emotivo, una fuente de experiencia, probablemente no como el entrevistado que “se abre” mientras está tomando unos tragos con Studs Terkel.
EL PUNTO DE VISTA ACTIVO
Hace casi cuatro décadas, Ithiel de Sola Pool (1957), el crítico prominente de la investigación de la opinión pública, escribió para el vigésimo aniversario de la fundación de la publicación trimestral Opinión Pública:
El entorno social en el cual la comunicación ocurre (durante las entrevistas) modifica no sólo lo que uno se atreve a decir, sino incluso lo uno piensa que elige a decir. Y estas variaciones en la expresión no pueden ser vistas como simples desviaciones de una opinión
“verdadera” subyacente, porque no existe una situación neutral, no- social, no-influida para proveer esa línea de fondo. (p.192).
Pool prosiguió describiendo como las contingencias dinámicas y comunicativas y los constructos de la entrevista literalmente activaron la opinión así que, como él lo dice “cada entrevista” (aparte de ser una ocasión para reunir la información) es un drama interpersonal con el argumento en desarrollo. (193).
La metáfora de Pool expresa un sentido de la entrevista mucho más activo de lo que es concebido tradicionalmente. Su sentido de la entrevista ayuda a situar nuestra propia visión de eso en relación con los enfoques cuyos ejemplos están en los textos de Converse y Schuman y Douglas. Resaltando la actividad de toda entrevista, el sujeto detrás del entrevistado no está capturado ni por “Aclaración” ni sensibilidades “romaniticistas”.El sujeto no es ni almacén de opiniones y la razón, ni esencialmente la fuente de emociones.
El o ella no están predefinidos sino construidos en relación con las contingencias comunicativas en curso del proceso de la entrevista. Desde el momento en que uno identifica el tema de la investigación para la selección, preguntas y respuestas del entrevistado, hasta la interpretación de las respuestas. La entrevista es un proceso para producir significados. Aunque el sujeto imaginado detrás del entrevistado es al final conceptualizado, a lo mejor como un agente racional o emocional, la imagen emerge como parte del proyecto, no antes. Dentro de la misma entrevista, el sujeto detrás del entrevistado está desarrollado –racionalmente, emocionalmente en combinación, o si no –en relación con dar-y-tomar del proceso de la entrevista y los propósitos más amplios de la investigación. Como Pool insinúa, la entrevista y sus participantes se desarrollan constantemente.
Dos tipos de la contingencia comunicativa influyen a la construcción del sujeto activo detrás del entrevistado que afecta a la interpretación de las respuestas. Un tipo fundamental –los “que” de la empresa .El enfoque y los datos que aparecen del proyecto en investigación proveen la orientación y los recursos elaborados para el desarrollo tanto del sujeto como de sus respuestas. Por ejemplo, el proyecto podía centrarse en la calidad del cuidado y la calidad de vida de los residentes de los hogares de ancianos (ver Gubrium, 1993).Esto podía ser parte de un proyecto más grande que tiene que ver con el debate nacional sobre los propósitos generales y la organización de hogar y el cuidado en instituciones. Si las entrevistas son requeridas, los participantes agregan la importancia a esos temas por su propio derecho, conectando los temas con los detalles biográficos en el proceso de la entrevista, de este modo producen el sujeto que responde sobre los asuntos que se están estudiando. Por ejemplo, una residente de un hogar de ancianos podía, en una entrevista, hablar con ánimo sobre la calidad del cuidado en su centro,”para una mujer, a la larga, llega a los sentimientos”, haciendo eco del sujeto emocional de Douglas, expresando
una conexión del sexo (genero) reconocible, si no universalmente aceptada. Otra residente podía enumerar las calidades del cuidado de su centro, fría y metódicamente, sin mencionar sus sentimientos. Ofreciendo su propio punto de vista del asunto, la entrevistada podía decir que “ponerse emotivo” sobre “esas cosas” nubla el criterio claro, implicando un tipo diferente del sujeto, que se parece más al entrevistado racional descrito en el texto de Converse y Schuman. Los recursos especiales –como es el nexo cultural común entre las mujeres y los sentimientos, o la tradición cultural entre el pensamiento claro y la emotividad-son usados para formar el sujeto.
Esto nos trae otro tipo de la contingencia comunicativa los como de la empresa de la entrevista. El punto de vista del cual la información se ofrece es continuamente desarrollado en relación con la interacción del cuidado, por ejemplo, los residentes de hogar de ancianos como los entrevistados, no solo ofrecen los pensamientos fundamentales y los sentimientos pertinentes al tema que se está estudiando, sino controlan quienes son en relación con las personas que les están interrogando. Por ejemplo prologando sus comentarios sobre la calidad de la vida en su centro de hogar de ancianos informa al entrevistador que ella quiere ser escuchada como una mujer, no como otra persona-no simplemente una residente, una paciente de cáncer o madre abandonada. Si ella y cuando ella comenta posteriormente,”si yo fuera un hombre en este lugar”, la residente formula sus pensamientos y sentimientos sobre la calidad de la vida de manera diferente, produciendo un sujeto alternativo. La entrevistada está esforzándose claramente mientras se desarrolla la entrevista.
Los “como” de la entrevista no son arbitrarios, ni parciales. El sujeto es constituido interactivamente en relación con los contextos que se desarrollan de la entrevista. El sujeto activado como racional en última instancia, por ejemplo, llega a ser el recurso narrativo para el entrevistador y el entrevistado, una señal para hacer y responder las siguientes preguntas. En este contexto, el entrevistador tiene confianza a preguntar sobre las razones de no tener sentimientos sobre el tema, las evaluaciones del entrevistado sobre el hogar de ancianos y el entrevistado se vuelve a su “sujeto” de razonamiento lógico para obtener respuestas apropiadas.
LA ENTREVISTA ACTIVA COMO PRACTICA INTERPRETATIVA
Decir que la entrevista es un drama interpersonal con el argumento que se desarrolla forma parte de una afirmación más amplia que dice que la realidad es un logro interpretativo en curso-una cuestión de práctica. Las sensibilidades etnometodológicas que sostienen esta posición, atraen nuestra atención hacia los métodos interactivos hábiles-los
“como”-a través de los cuales se produce y se hace visible, el significado (Garfinkel, 1967;
Heritage, 1984). Desde esta perspectiva, los participantes de la entrevista pueden estar conectados con los profesionales de la vida cotidiana, trabajando constantemente para distinguir y designar los parámetros de la experiencia reconocibles y metódicos. Pero construir significaciones no requiere sólo habilidad, como si los involucrados construyesen significados “desde cero” en cada ocasión interpretativa. La interpretación es orientada y condicionadas por las contingencias subjetivas de la interacción-los “que” de la vida cotidiana.
En nuestro enfoque, la realidad se constituye en el nexo de los “como”, y los “que” de la experiencia a través de la práctica interpretativa-los procedimientos y recursos usados para percibir, organizar y representar la realidad (Holstein, 1993; Holstein & Gubruim, 1994).
La entrevista activa es la forma de la práctica interpretativa que afecta al entrevistado y al entrevistador mientras se articulan las estructuras interpretativas, recursos y orientaciones que se llevan a cabo con lo que Garfinkel (1967) llama “razonamiento práctico”.Conectar habilidad con las contingencias fundamentales da a entender que mientras la realidad está constantemente “en construcción”, se arma usando los recursos interpretativos a mano. El significado no se formula constantemente de nuevo, pero refleja las condiciones locales relativamente perdurables, como son los temas de la investigación del entrevistador, detalles biográficos, y las maneras locales de orientación hacia estos temas (Gubrium, 1988; 1989; Holstein & Gubruim, 1994).Estos recursos son sagaz y hábilmente trabajados para las demandas de la ocasión siendo así que el significado no es ni predeterminado ni absolutamente único.
Pero las entrevistas no tienen monopolio sobre la práctica interpretativa. ¿Por qué es entonces la entrevista un modo especialmente útil de investigación social sistemática? La respuesta está en la habilidad de la entrevista para incitar la producción de los significados que se dirigen a los asuntos que tienen que ver con las preocupaciones particulares de la investigación. Desde el punto de vista convencional de la entrevista el sujeto pasivo se dedica a la versión “minimalista”de la práctica interpretativa, percibiendo, guardando y transmitiendo la experiencia cuando es apropiadamente preguntado. Nuestra concepción activa de la entrevista, sin embargo, otorga al sujeto el repertorio fundamental de los métodos interpretativos y la reserva de los materiales de la experiencia. El punto de vista activo evita la imagen del recipiente esperando que le den golpecitos a favor de la noción que la capacidad interpretativa del sujeto tiene que ser activada, estimulada y cultivada. La entrevista es la ocasión comúnmente reconocida para hacerlo formal y sistemáticamente.
Esto no quiere decir que los entrevistadores activos simplemente convencen a sus entrevistados de las respuestas que prefieren para sus preguntas. Antes que eso, ellos conversan con los entrevistados de tal manera que otras consideraciones entran en el juego.
Ellos pueden sugerir orientaciones y conexiones entre los aspectos diferentes de la experiencia del entrevistado, anunciando-incluso invitando-las interpretaciones que utilizan los recursos, nexos, perspectivas particulares. Los entrevistadores pueden explorar los aspectos articulados con su experiencia, alentando a los entrevistados a desarrollar temas relevantes a su propia experiencia (De Vault, 1990).El objetivo no es establecer la interpretación sino obtener un entorno favorable para la producción de la variedad y complejidad de significados que se dirigen a los asuntos relevantes, y limitarse a agendas predeterminadas. La metáfora dramatúrgica de Pool es acertada porque expresa las condiciones estructurantes y la habilidad de la entrevista. Como un drama de personajes, su narrativa está pautada, en tanto tiene uno o más temas, un papel distinguible y un formato para la conversación. Pero también tiene un argumento a desarrollar, en el cual temas, papel y formato son actualizados en el dar-y-tomar de la entrevista. Esta entrevista activa es un tipo de “improvisacional performance” limitada//mach de improvisación limitada. La producción es espontánea, menos organizada que la entrevista, esto es cierto solo en el sentido en el cual tales interacciones son organizadas por otras personas que no son el entrevistador. Las conversaciones resultantes no son necesariamente más “realistas” o
“autenticas”.Ellas simplemente toman lugar en donde son reconocidas como una posición autóctona. Con el desarrollo de la sociedad de la entrevista, y la desprivatización cada vez
mayor de la experiencia personal (ver Gubrium & Holstein, 1995; Gubruim, Holstein &
Buskholdt, 1994) encontramos que la entrevista se vuelve cada vez más un lugar común;
entrevistar se vuelve cada vez más una ocasión que se produce naturalmente para la transmisión de la experiencia-una experiencia que ocurre a todo el mundo todo el tiempo.
Sin embargo, hablar sobre algunos temas, aunque sean profundamente importantes, puede ser relativamente raro en el curso normal de la vida cotidiana, incluso en la sociedad de la entrevista. Por ejemplo, tan ubicuo como parece hablar sobre la familia y la vida hogareña, encontramos útil estudiar el discurso familiar en escenarios relativamente limitados, en la mayoría de los cuales se provoca intencionalmente charla sobre la familia como parte integral de la rutina, como en una terapia familiar, por ejemplo (ver Gubrium, 1992;
Gubrium & Holstein, 1990). Las entrevistas activas se pueden usar para adquirir práctica interpretativa relacionada con asuntos que pueden no ser casualmente tópicos. Incitando la producción narrativa, el entrevistador puede provocar desarrollos interpretativos que podrían revelarse demasiado pocas veces para ser efectivamente capturados en su hábitat natural, por decirlo de algún modo
Desde la perspectiva convencional podría parecer que el enfoque activo de la entrevista busca formas no aceptables de tendencias.
El criticismo vale, no obstante, si uno supone una lista infinitamente limitada de la práctica interpretativa. La parcialidad es un concepto con sentido, sólo si el sujeto posee la comodidad preformada informacional que el proceso de la entrevista puede contaminar de alguna manera. Pero si las respuestas de la entrevista son vistas como los productos de la práctica interpretativa, no son productos preformados, ni siquiera puros. Son productos prácticos. Cualquier situación de la entrevista-no importa que tan estructurada, restringida o estandardizada es- se basa en la interacción entre los participantes. Debido a que el significado socialmente construido es inevitablemente colaborativo (Garfinkel, 1967;
Sacks, Schegloff, &Jefferson, 1974) es prácticamente imposible liberar cualquier interacción de esos factores que podían ser interpretados como contaminantes. Todos los participantes en una entrevista son inevitablemente involucrados para producir significados.
3. ASIGNACION DE COMPETENCIA Y SELECCIÓN DEL RESPONDENTE.
Dónde comienza el proceso de creación del sentido (meanning-making) Parecería empezar con nosotros, con el cómo, en nuestro rol de investigadores, elegimos orientar el proceso de la entrevista. Si tomamos alguna de las aproximaciones convencionales, los temas detrás de los participantes de la entrevista (entrevistador y entrevistado) son tratados como
“interpretively passive” (interpretativamente pasivos). Ellos no son tomados como constructores de sentido. De todas formas, si imaginamos sujetos más activos, estamos tomando en cuenta su competencia no solo como “askers” (interrogadores) y “tellers”
(dicentes) sino también como organizadores de los significados que ellos acuerdan.
Extendiendo este argumento, podríamos preguntar a quién, entre todos los potenciales hacedores de sentido, seleccionamos para ser entrevistado activamente y ser escuchado como una voz interpretativa competente para las experiencias del grupo? Esto implica nuevamente al investigador. Desde un punto de vista convencional, la competencia es entendida como una cualidad personal o capacidad que los individuos poseen o no.
La aproximación activa, en cambio, reenmarca este concepto, considerándolo como una categoría que es aplicada a las personas en la interacción. (Gubrium et Al, 1994).
Típicamente, en la interacción diaria competencias o atribuciones pueden ser ofrecidas responsablemente cuando se puede argumentar que un individuo es capaz de lograr las metas comunicativas de un acto social. Pero tales atribuciones generalmente se usan sin ser examinadas, sin considerar sus mecanismos sociales en que funcionan o en su basamento en categorías que tomamos por seguras, pese a que los usamos todo el tiempo.
Palabras de referencia pueden implícitamente asignar o contener competencia. Estas clasificaciones afectan la forma en que escuchamos a los otros, llevándonos a tratar muy seriamente a algunos y desechar otros como incapaces de decirnos algo válido.
Alguien dijo que “allways talk gibberish” por ejemplo no es probable que sea tratado como una fuente de información útil y probablemente será ignorada/o.
Cuando las recolecciones de información formal, como interrogatorios policiales o acerca del pasado personal, personas asignadas a categorías particulares, ex convictos, amigos personales, o parientes por ejemplo- son considerados fuentes no confiables de información y hasta pueden no ser consultadas. Ideas y decisiones acerca de la utilidad de las comunicaciones son, de este modo, mediadas por definiciones de competencia personal, que les confieren utilidad subjetiva, por decirlo de algún modo.
La palabra niño comúnmente opera de esta forma afectando como uno reacciona ante la opinión del otro. Por ejemplo, una madre que participa en una clase sobre la efectividad de los padres, reporto el siguiente incidente: describiendo como ella “lo manejó”.
La madre, ocupada en otros asuntos una tarde, escucho a su hijo de 5 años decir a su hermana mayor que ella tenía enormes granos y que era fea. La hermana respondió furiosa, gritando a su hermano y empujándolo con rudeza hacia un costado al tiempo que salía de su cuarto dando un portazo. El niño rompió a llorar preguntando qué había dicho. Una fuerte discusión tuvo lugar a través del pasillo, ya que ambos hermanos se gritaban desde diferentes habitaciones. La madre entró al cuarto del hijo y lo reprendió por molestar a su hermana. *****
Dirigiéndose a su hija, la madre le preguntó qué había sucedido mientras la consolaba.
Entre lágrimas y con voz entrecortada la joven repitió lo que su hermano había dicho y agregó amargamente “ El siempre dice cosas como esas y lo odio!” La mujer entonces trató de explicarle:
“Cariño, él es solamente un niño y no sabe lo que dice. Trata de recordar eso, sí? Los niños pequeños dicen cosas como esas y si nosotros los escuchásemos seriamente, herirían nuestros sentimientos siempre. El no sabe lo que dice, si lo supiera no lo diría. Tú eres una chica grande y las chicas grandes saben más, o no?
En efecto, la madre estaba diciendo a su hija que no tome en cuenta las palabras de su hijo;
como es un niño “el no sabe en realidad lo que dice”. Por ende, él debe ser ignorado. Al mismo tiempo, la madre menciona que si el chico fuese más grande y presumiblemente no un niño, el hablaría diferente y podría garantizar que sus dichos sean atendidos seriamente.
Aquí se realizó una distinción importante entre lo que se dijo por una parte y quién lo dijo por otra. La madre pidió a la joven que le diese un sentido particular a las palabras del hijo debido a la clase de persona de que se trataba, un niño.
Esta es un modo bastante común de utilizar la categoría “niño”. Otras etiquetas son usadas en forma similar para significar competencia e incompetencia. El otro extremo del curso de la vida, por ejemplo, provee palabras y definiciones de uso como anciano y senil, que pueden sugerir que aquellos a quienes se aplican no pueden expresar competentemente lo que piensan o cómo sienten y por implicación, no pueden ser respondentes útiles.
COMPETENCIAS ASIGNADAS EN INVESTIGACIÓN SOCIAL.
Cómo los investigadores sociales seleccionan a aquellos a quienes ellos eventualmente escuchan está relacionado similarmente a la asignación de competencia. Consideremos la competencia como un asunto de la narración – la habilidad para contar la historia de uno-en relación con la selección del respondente a la entrevista. Cabe preguntarse, las concepciones acerca de la competencia del respondente generan una restricción involuntaria en la interrogación por los como y especialmente los qué del proceso de la entrevista?
En la investigación por encuesta, la selección del respondente esta principalmente dirigida en términos de representatividad, esto es que tan bien las características de los seleccionados representan las características de la población de interés.
Podrías esperarse que lo que es dicho por una muestra representativa de respondentes en entrevistas reflejaría lo que la población en general diría si todos sus miembros fuesen entrevistados. El proceso real de selección, por supuesto, es complejo y se debate entre diversas contingencias prácticas desde consideraciones relativas a los costos a la ubicación física de los respondentes. Pero el concepto de representatividad es central.
Los investigadores típicamente no analizan de cerca loa supuestos relacionados con la competencia que rodean las palabras que ellos usan para definir la población en un primer lugar. En la literatura sobre survey research, la cuestión de la representatividad esta limitada a la relación entre elementos muestreados y el marco de la muestra. También el tema de cómo las poblaciones representan a la gente- sujetos activos- es igualmente significante y apunta directamente hacia la competencia narrativa.
Así como la madre aplica el termino “niño” para designar un hablante “incompetente” , como una forma de instruir a su hija para que desvalorice un mensaje desagradable, las palabras usadas para describir el grupo de potenciales respondentes a la entrevista puede funcionar, involuntariamente quizás, para categorizar a ciertas personas como narrativamente incompetentes.
Como resultado, sus voces y los “qué” particulares de sus vidas no serán escuchados en la información registrada por la entrevista.
El reporte de cuatro volúmenes de Henry Mayhew’s (1861-1862): El Londres del Trabajo y el Londres Pobre provee un caso histórico sobre este punto.
El estudio de Mayhew se baso en entrevistas y observaciones realizadas entre la gente pobre de Londres y tenía como objetivo documentar sus condiciones de vida desde el propio punto de vista de la gente. El prefacio al volumen I nos dice que hasta Mayhew considero la idea de que si uno escuchara las voces de los pobres como el común de la gente, la palabra pobreza señalaría incompetencia narrativa.
Para propósitos de recolección de información, los pobres eran considerados incapaces de contar su propia historia, alguien más tenía que describir su trabajo, y sus condiciones de
vida. Mayhew rompió con esta convención al descubrir que los pobres podían en realidad hablar competentemente acerca de la vida:
“Seguramente puede considerarse curioso ya que es el primer intento de publicar la historia de un grupo de gente, de boca de la propia gente – dando una descripción literal de su trabajo, sus ganancias, sus desafíos y sufrimientos en su propio lenguaje “sin barniz”, y retratar la condición de sus hogares y sus familias mediante la observación personal de lugares y la comunicación directa con los individuos”.
Madge (1965) sugiere que la idea de entrevistar a cualquier persona sobre su vida, dejando de lado los pobres, no tenía precedentes hasta esa época aun cuando los pobres y la pobreza eran tópicos de considerable debate público.
En realidad, la palabra entrevista no aparece hasta casi la época del estudio de Mayhew.
Aunque Mayhew era un periodista, la noción de entrevistar en su acepción de recolectar hechos de la experiencia en general, para no mencionar la experiencia de la pobreza urbana, sienta un precedente para la investigación social estableciendo un amplio espectro de personas como narrativamente competentes.
La perspectiva emergente era que toda clase de personas, no sólo aquellos educados o ***
eran competentes para darle una voz creíble a la experiencia.
Encontramos un ejemplo paralelo en la historia de la investigación psicológica relacionada con la palabra sujeto, Kurt Danziger (1990) compara la estructura social de experimentación en tres laboratorios del siglo 19: la de William Wundt´s en Leipizig, Alemania; la realizada por Alfred Binet en París, Francia y aquella a cargo de Francis Galton en Londres, Inglaterra. Las prácticas disciplinarias asociadas con el sujeto en la experiencia de Wundt eran distintas de aquellas que operaban en los laboratorios de Binet y Galton. Wundt privilegiaba los sujetos “profesionales” sobre los “laicos” en la experimentación.
El sujeto era pensado como alguien que sabía como responder eficientemente e informativamente en tanto que objeto de un estímulo experimental.
Existía la creencia en el laboratorio de Wundt que los investigadores sabían mejor que otros como ser sujetos. Wundt y sus estudiantes condujeron experimentos psicológicos incluyendo estudios de la experiencia psicológica de diferencias apenas notables entre objetos ubicados a diversas distancias uno del otro sobre la piel. Era común que los investigadores actuaran como sujetos en los experimentos, porque se pensaba que los investigadores podían identificar de un modo más revelador cuáles eran las diferencias.
Danziger (1990) lo explica:
Los roles de sujeto e investigador no estaban rígidamente separados, así entonces la misma persona podía ocupar ambas posiciones en diferentes oportunidades. La diferenciación era considerada como un asunto de conveniencia práctica, y la mayoría de los participantes en una situación de laboratorio podían practicar ambos roles o cualquiera de ellos igualmente bien.
Esta intercambiabilidad de los roles de laboratorio estaba ausente en las experiencias de Binet y Galton.
Esta diferencia histórica en cómo el sujeto de la experimentación fue constituida señala la importancia del rol que las palabras juegan como guías del curso de la acción.
Danziger observa que el primer uso consistente del término sujeto en psicología experimental fue en el contexto de los experimentos clínicos de Binet.
El término adquirió posterior connotación médica en Inglaterra. La intercambiabilidad de los roles en la experimentación en el laboratorio de Leipzig yacía en la creencia de que los no-investigadores no eran tan narrativamente competentes como los investigadores para informar los resultados. La experiencia de laboratorio Inglesa y Francesa, en contraste, otorgaba una voz más importante y frecuente a la experiencia “ingenua” (naive), distinguiéndola esta voz de la de los investigadores. El cómo los investigadores in sus respectivos laboratorios seleccionaban a aquellos que serían eventualmente escuchados u observados, está ligado a presunciones de competencia narrativa.
Un acontecimiento relacionado en la etnografía presenta un ejemplo más reciente. En etnografía, el término común de referencia para aquellos que brindan a los investigadores con información sobres sus culturas es informante. Tradicionalmente, los informantes eran seleccionados sobre la base de una visión restringida de competencia narrativa. Los informantes podían contar sobre aspectos de sus culturas, pero no se les solicitaba que interpretaran aquello que describían. La interpretación y la presentación pública de de los resultados por escrito, se reservaban para el etnógrafo. El término informante afirmaba una estricta distinción entre miembros de la cultura por un lado y estudiantes de esa cultura y autores de etnografía por otro. Se daba por sentado que los miembros de una cultura podían ofrecer muy poca percepción de los significados culturales, había poca o ninguna idea de que los miembros podían tener relatos acreditados de su cultura para exponer por sí mismos, en sus propias palabras y estilo. (cf Behar, 1993; Burgos-Debray, 1984),
Lo que se ha convenido en llamar “nueva etnografía”( Clifford, 1992. Clifford & Marcus, 1986; Gubrium & Holstein,1995; Marcus y Fischer,1986; Rabinow, 1977) se centra en parte en una transformación de la idea de competencia narrativa como se aplica a los informantes. La nueva etnografía toma en cuenta las representaciones activas de sus mundos que poseen los miembros de una determinada cultura, siguiendo de cerca la relación que se entabla entre representaciones de los participantes de cada cultura y las de los etnógrafos. (Atkinson, 1990;Clough, 1992; Geertz, 1988; Van Manen, 1988). La pregunta que guía este punto de vista es cómo la competencia narrativa de los miembros de una cultura se relaciona con la competencia narrativa de los etnógrafos.
Lo nuevo es el sentido de que los miembros de una cultura llegan a ser vistos como etnógrafos en su propio derecho. El término informante no conlleva una diferencia distintiva en competencia narrativa, sino que señala mas bien una diferencia de unto de vista (cf Marcus, 1986). Lo que parecía en un tiempo ser una división de trabajo entre informante y etnógrafo aparece ahora como una distinción injusta.
Los académicos feministas quizás mas que nadie han intentado explorar las ramificaciones en las atribuciones de competencia narrativa (De Vauit, 1990,Fonow &
Cook,1991;Reinharz,1992;Smith,1987;Stanley, 1983: Thorne, 1993). Aunque el movimiento feminista es teórica y metodológicamente diverso, una preocupación común ha sido como el genero en tanto grupo de categorías culturales y practicas es articulado narrativamente en la sociedad en su conjunto y en particular en el ámbito de las ciencias sociales y de la conducta.(Harting,1987;Thorne, Kramarae & Henley, 1983). Al explorar como las mujeres son convertidas en invisibles como sujetos de su propia vida y
experiencias, los estudios feministas someten las asignaciones de competencia narrativa tradicionales a un profundo examen.
Algunos académicos, como Carol Gilligan (1982), sostienen que la teoría psicológica ha enmarcado la descripción y evaluación de la experiencia moral de las mujeres en términos jerárquicos, individualizados y racionales, esto es, masculinos. Categorías relacionales, citadas para tipificar el desarrollo de las mujeres se suprimen en este marco, silenciando efectivamente las voces de las mujeres, y la sustancia particular de su experiencia. Otros, como Dorothy Smith (1987,1990) proponen que las asignaciones de competencia narrativa son condicionadas por practicas hegemónicas institucionales y textuales. Desde el punto de vista de Smith, las experiencias de las mujeres, día a día son apropiadas más o menos silenciosamente por las categorías descriptivas y demandas prácticas relacionadas de un mundo organizado en términos de trabajo y ocio en la vida masculina. Smith mantiene que si las experiencias femeninas serán representadas en términos de donde las mujeres están ubicadas en el mundo, dicha locución debe ser un punto de partida para el análisis. . Realizar acompañamiento terapèutico para la experiencia de las mujeres en términos derivados de vocabularios institucionalmente creados para otro genero efectivamente niega a las mujeres su propia experiencia vivida.
Cada uno de estos ejemplos ilustra a su modo como las asignaciones de competencia narrativa trabajan para poblaciones especificas de valiosas para atraer la atención de los investigadores. El tema de quien debería ser seleccionado para hablar en las entrevistas parece preceder la pregunta de la representatividad de la muestra, yendo al corazón de que entendemos por gente como opuesto a poblaciones. Si bien estudios sobre pobreza urbana anteriores a Mayhew fueron ostensivos sobre la población pobre, las entrevistas y observaciones de Mayhew alertaron al lector del siglo 19 acerca de la posibilidad de que los pobres habían sido escasamente escuchados como personas, como narradores de sus propias vidas Mas recientemente , los académicos feministas nos previnieron acerca del mismo problema de selección, que ha operado para excluir las voces de las mujeres como personas de la poblaciones investigadas. Las palabras por las cuales nos referimos a nosotros mismos y a los otros todavía tienen una forma de afectar nuestra elección de aquellos a quienes otorgamos voz en la investigación.
Guía para la selección de respondientes activos
La premisa de que entrevistar ayuda a incitar la producción narrativa sugiere una orientación general a la selección del respondente que precede la preocupación tradicional por la representatividad de una muestra. Resaltando el sujeto interpretativamente activo, debemos ser concientes desde el comienzo de que la selección de entrevistados representa una orientación hacia la gente tanto como lo es el muestreo de una población. (Willis, 1990p 5) El investigador, que, quizás solo con otros conducirá eventualmente entrevistas activas debe considerar la cuestión de la representación de la gente en tanto que mantiene la preocupación más tradicional por la representatividad de la muestra.
Como se hace en la practica? En primer lugar, debemos mantener en mente que la palabra gente, que usamos como un término colectivo de referencia para todos los respondentes potencialmente apropiados, diente un sabor distintivamente democrático. Extiende un
privilegio interpretativo a un amplio rango de voces, asignando competencia narrativa a todos aquellos ubicados en la categoría reconociendo su valor común como seres humanos y de allí como respondentes. Esto es algo que no concuerda con estrategias de selección de respondentes que incluyen o ignoran personas sobre las bases de su “competencia cultural”
(Jhonson, 1990). Estas estrategias buscan voces que puedan impartir conocimiento consensuado pero tienden a excluir aquellas que hablan de puntos de vista alternativos, reflejando realidades diferentes. Seleccionar gente, por oposición a seleccionar representaciones de la población, sugiere que los individuos en principio son igualmente valiosos pese a diferencias individuales y por ello tienen valiosas historias que contar.
Aunque esto podría complicar la descripción de cultura y experiencia writ large, permite y propicia representaciones de experiencia diversa y compleja.
Cuando Mayhew, por ejemplo, se referia a los pobres de Londres como gente, albergaba seriamente la idea de que ellos podian ser invitados a hablar de la pobreza, su proyecto los activaba como sujetos, incluyéndolos entre aquellos que podían ser consultados en busca de una descripción de experiencia. En contraste, los que considerados miembros de una población están por decirlo de algún modo, simplemente ahí, sin una voz individual. Esto precipito a las académicas feministas a plantear convincentemente el tema de cómo el investigador social pasa por alto la (población) “que solo esta allí” de mujeres y especialmente el “solo-estar-allí” de la labor del ama de casa. (Smith, 1987). Marjorie De Vault (1991), por ejemplo, plante a la pregunta de cómo las mujeres en tanto que trabajadoras amas de casa constituyen la familia y la llevan adelante como empresa en marcha. De Vault activamente “individualiza” el trabajo de ama de casa y el trabajo hogareño de tal forma que en su investigación, podemos escuchar aquellas voces femeninas que son constituyentes del sustento y el orden domestico.
En forma similar, Emily Abel (1991) individualiza el mundo de los cuidadores de personas mayores en estado de salud delicado., haciendo visible las categorías por género y la lógica interpersonal de las actividades de asistencia. Al describir la experiencia de cuidado desde la perspectiva de hijas adultas, Abel relata como los asistentes por si mismos entienden sus esfuerzos, los cuales en las experiencias femeninas, explica, inevitablemente se entrelazan el preocuparse por y dedicarse. Estos territorios son separados regularmente en estudios sobre asistencia. Analizando la data de las entrevista, Anne Opie (1994) implica el sentido de que personas quienes mujeres (y hombres) son en tanto que cuidadores a través de ilustrar como las diferencias en la practica asistencia entre géneros no pueden ser representadas en categorías fijas. Una orientación para ambos mujeres y hombres, como asistentes, no sólo como asistentas mujeres o asistentes hombres, revela categorías de género constituidas a través de procesos sociales complejos, que atraviesan lazos específicos intersexo. Usar categorías narrativamente fijas como hombre y mujer como criterio para la selección de respondentes puede propiciar que los investigadores pasen por alto la posibilidad de que ambos hombres y mujeres, como gente que brinda asistencia pueden posicionarse a si mismos en las maneras en que describen la tarea de asistir.
La pregunta clave para la selección de respondentes es entonces que voces deberán ser escuchadas y cuales silenciadas si consideramos la los individuos de maneras particulares Aunque metodológica, la pregunta esta estrechamente ligada a la teoría en la que se requiere un análisis critico de las categorías y vocabulario usado para identificar potenciales respondentes. Podemos imaginar a Mayhew, por ejemplo, luchando con estos temas al planificar su estudio de la pobreza. El extracto del prefacio, que hemos citado mas arriba lo