PDF superior Adolfo Sánchez Vázquez Ética y política

Adolfo Sánchez Vázquez  Ética y política

Adolfo Sánchez Vázquez Ética y política

Daba la impresión, al principio, de que Sánchez V á z q u ez estuviera sólo interesado por los pro b l e m a s estéticos, pero al cabo de un corto tiempo advertimos que en ellos encontraba un asunto decisivo: lo que había escrito Ma rx a ese pro p ó s i t o. Sánchez V á z q u ez se c o m- placía en hallar problemas y formular preguntas, en r a s- trear en algunos textos extraños (en los que acaso se podría encontrar, de manera poco sistemática) algunas ideas a las que se encargaría de otorgarles forma. A esta tarea se dedicó Sánchez Vázquez y, de manera paralela, al estudio central de un concepto: el de praxis. Pe ro además, como si semejara una fundación, al estudio de la ética, el tema que aquí y ahora nos reúne. La ética y junto con ella el otro eje del pensamiento de Sánchez
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Adolfo Sánchez Vázquez, Ética y política. México, UNAM, Facultad de Filosofía y Letras/FCE, 2007

Adolfo Sánchez Vázquez, Ética y política. México, UNAM, Facultad de Filosofía y Letras/FCE, 2007

Adolfo Sánchez Vázquez entiende por moral “la regulación normativa de los indivi- duos consigo mismos, con los otros y con la comunidad” (p. 18), sin que dichas normas tengan un carácter coercitivo, sino que se basen en la libertad y la responsabilidad de la persona. Nuestro autor entiende por política “la actividad práctica de un conjunto de individuos que se agrupan, más o menos orgánicamente, para mantener, reformar y transformar el poder vigente con vista a conseguir determinados fines u objetivos. En política se pone de manifiesto la tendencia a conservar, reformar o cambiar las re- laciones existentes entre gobernantes y gobernados” (p. 18). Son los actores políticos, a través de las instituciones y los espacios políticos, quienes realizan principalmente esta actividad. Además del gobierno y sus instituciones, los partidos, los movimientos y las organizaciones sociales son los agentes más importantes. En la actualidad existe un creciente desprestigio de los partidos políticos y un creciente prestigio de las orga- nizaciones y movimientos sociales procedentes principalmente de la sociedad civil. El desprestigio de los partidos políticos obedece a causas morales: a la corrupción, a la incongruencia, al olvido de los fines y los valores y a la tergiversación de la búsqueda del poder como fin y no como medio.
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Adolfo Sánchez Vázquez, o de la pasión por la justicia

Adolfo Sánchez Vázquez, o de la pasión por la justicia

Intentando un acto de justicia estamos hoy, como herederos, con al- guien que vertebró su hacer y su saber, su vida entera, en torno a ella. Combatiente de la Guerra civil española, su poeta, atravesado por el hachazo del exilio. Filósofo de lo que constituimos y nos constituye como sujeto humano colectivo en la praxis y el saber de la praxis y, por eso, luchador anticapitalista y teórico marxista. E igualmente, desde ahí, crítico de muchas de las encarnaduras de esas luchas y sus teorizaciones. Forjador, en suma, de una cultura socialista, democrática y crítica, este hombre atravesó muchas muertes, personales y colectivas, con el pulso ardiendo de su pasión por la justicia. Y logró hacer palabra de esa pasión y sus trabajos del duelo, para simbolizarla, significarla, inscribirla, tras- mitirla, heredarla. Filósofo de la praxis, entonces. Y por tanto, filósofo de la justicia (axia) en cuanto tensión entre política y moral: ese lugar donde la construcción de lo humano colectivo pasa siempre por los di- fíciles enlaces entre lo producido y lo que lo desborda, constituyéndolo y llevándolo más allá de sí en cuanto historia humana.
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Teoría Estética de Adolfo Sánchez Vázquez

Teoría Estética de Adolfo Sánchez Vázquez

funciones, que auque no tan frecuentes como las otras, tienen su lugar marcado. Podemos citar tres más fuera de las intrínsecas al arte; se trata de: la función religiosa, la función antropológica y la función crítica. Comentemos pues, algo sobre ellas. Sánchez Vázquez encuentra que las primeras manifestaciones de la función religiosa del arte aparecen en los inicios de la Edad Media, aunque reconoce en este punto dichas funciones del mismo han cambiado desde lo que fueron tiempo atrás. En esta época, existe un nuevo cliente, que no es, fundamentalmente, el Estado, sino la Iglesia, como lo era en la Antigüedad. La función política del arte deja paso a su función religiosa como medio de fomento y difusión del culto. Aunque al comienzo de la Edad Media, el arte era proscrito por acentuar el culto a las imágenes que anunciaba el paganismo, con el tiempo, la Iglesia trata de promover la producción de las pinturas, de manera que lograba fortalecer así su contenido religioso. Esto lo conseguía con el objetivo que tenía, que era educar al pueblo. Algo que contribuyó a expandir este tipo de arte marcado por su función religiosa fue la presencia de iletrados que solo se acercaban a la Iglesia por las presencia de imágenes que una vez detestaron. “El arte no tiene de por sí un carácter sagrado, pero sirve como un instrumento eficaz para suplir la ignorancia de las masas a la vez que deleita a quienes tienes una sensibilidad y cultura privilegiadas.” 109 Sin embargo, el arte no está completamente expresado por lo más profundo del artista, sino por lo temas que manda la Iglesia. De esta manera el arte siempre se refiere a otra realidad, diferente a la interior, propia del artista mismo. El trabajo del artista es productivo solo en el sentido religioso del mismo, no materialmente, como obra en sí misma.
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Adolfo Sánchez Vázquez: de este tiempo, de este país

Adolfo Sánchez Vázquez: de este tiempo, de este país

tados, partido del exilio, pone en nuestras manos un instrumental que nos permite superar esa conciencia limitativa. Un ejemplo con- creto: la política de reconciliación nacional que se propuso a partir de los años cicuentas. Esa política provocó inicialmente un rechazo total en la emigración; la gente pensaba: "cómo voy a aliarme con un falangista, cómo olvidar los problemas de la República..." Sin em- bargo, hoy vemos que es la política que se sigue. Una política consis- tente en reconocer los cambios que se han operado en el país y ver los problemas en función de tales exigencias actuales. Se ha podido superar el exilio en la medida en que uno ha estado vinculado con el país, más a nivel político que cultural.
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Adolfo Sánchez Vázquez, un marxista español en México

Adolfo Sánchez Vázquez, un marxista español en México

Objetivamente, los marxistas han estado acuciados por la práctica política inmediata. Por ello, lo que más sé elaboró fue la teoría polí- tica y social. Durante cierto tiempo los planteamientos en otro or- den, la teoría del arte, de la moral o del derecho se redujeron a las afirmaciones que Marx hizo en los respectivos terrenos. Eso no ex- cluía una preocupación por el tema de la estética. Todavía después de la revolución de octubre de 1917 se desconocían las afirmacio- nes de Marx y Engels sobre cuestiones que podrían tener una inciden- cia en el campo de la estética. El teórico marxista de la estética por excelencia era Plejánov, y punto. Pero si hoy miramos el cuadro de la estética marxista en general nos hallamos con un cuadro variado, diverso, con enfoques distintos que acaso convendría articular por- que tal vez no son excluyentes.
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Adolfo Sánchez Vázquez y el marxismo francfortiano

Adolfo Sánchez Vázquez y el marxismo francfortiano

El cambio de país, impuesto por motivos políticos, (que también afectó a Sánchez Vázquez) da como resultado una presencia permanente, casi inelu- dible, de lo político (sobre todo en relación a su país de origen) en la vida cotidiana de los exiliados. Quiéranlo o no, las consecuencias de su propia praxis política desempeñan en la vida de los exiliados un papel determinante y, para el propio ajetreo de la vida cotidiana, pueden ser más imperiosas que las que surgen directamente de la praxis reproductiva. Estas últimas, por el contrario, determinan la vida cotidiana de los individuos que nunca se vieron obligados a cambiar de país por motivos políticos, más que la (propia) praxis política y sus consecuencias. Por eso no constituye un asunto de pura motiva- ción teórica interna, sino procedente de la misma praxis política, el hecho de que Sánchez Vázquez, en el análisis filosófico, se vuelva más hacia la praxis política que hacia la reproductiva. 29
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Adolfo Sánchez Vázquez. Exilio y literatura

Adolfo Sánchez Vázquez. Exilio y literatura

con lo que el autor indica de antemano que se trataría sólo de paseos, entradas y sa- lidas rápidas de un filósofo a los terrenos de la literatura. Las incursiones que confor- man el libro son sus ensayos –el núcleo duro de ese libro– donde además del estudio de la Generación del 98, se analiza con mucha agudeza la picaresca, parte de la obra de Garcilaso, Cervantes, García Lorca, sor Juana, José Revueltas, Octavio Paz, Alejandro Rossi, Jaime Labastida, Gogol, Kafka, la tragedia corneilleana, la concepción de lo trágico en Marx y Engels o la relación entre ideología, política y literatura en Lenin y Tolstoi, entre otros temas. En el resto de la compilación, se encuentran las incur- siones dedicadas a conmemorar y evocar hechos relevantes o personalidades a las que lo unió una línea de percepción y pensamiento muy cercana en el terreno literario –Emilio Prados, Antonio Machado, Miguel Hernández, Neruda, Juan Rejano y Ma- rinello–; por último, el libro incluye una serie de trabajos pequeños, conformados básicamente por una serie de crítica descriptiva que se hace con motivo de la presen- tación de libros. Ahí Sánchez Vázquez trabaja sobre libros de Valle-Inclán, Dámaso Alonso, León Felipe, Francisco Rebolledo y Óscar de la Borbolla; como se ve por la variedad de autores y sus temáticas, estas críticas no son programáticas o especializa- das en una rama de la filosofía o la literatura. Se trata, por el contrario, de presenta- ciones ocasionales, donde se practica la tradición de la literatura como conversación pública y crítica.
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Adolfo Sánchez Vázquez: convicción y praxis

Adolfo Sánchez Vázquez: convicción y praxis

En todo el esfuerzo teórico que he desplegado desde la década del 60, y que se ha puesto de manifiesto en mi actividad docente y en los cerca de veinte libros publicados, no puedo dejar de reconocer el estímulo que ha representado para mí el interés de los estudiantes de nuestra Facultad... en la forja de este interés hay que destacar el parteaguas que significó el movimiento estudiantil del 68 al que nos sumamos la mayor parte de los profesores... aunque fue aplastado, el movimiento cambió la fisonomía política del país y desde entonces la Universidad Nacional ya no fue la misma... ya en el prólogo a la edición de mi Ética en España, subrayaba yo cómo mi libro se vio estimulado en su elaboración por los objetivos, logros y sacrificios de aquel movimiento estudiantil que dio lecciones no sólo de política sino de moral. 15
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Homenaje a Adolfo Sánchez Vázquez en su 90 aniversario

Homenaje a Adolfo Sánchez Vázquez en su 90 aniversario

Adolfo Sánchez Vázquez llegó a México por el puerto de Veracruz, cuando tenía escasos veinticuatro años. Era el año de 1939 y había pasado los últimos tres años en el frente de batalla, defendiendo los ideales republicanos y resistiendo hasta el final la amenaza dictatorial del fascismo. Su decisión de tomar las armas para defender la Repú- blica Española lo había apartado de sus estudios de literatura en la Universidad Central de Madrid. Adolfo Sánchez nos cuenta que durante sus años universitarios previos a la guerra civil, la filosofía no era su vocación, sino la poesía y la política. En esos años escribió el libro de poesía El pueblo ardiendo, que fue publicado más tarde en Morelia. La vinculación entre poesía y política no era accidental pues para él “tan revolucionario es el poeta que transforma el lenguaje, como el políti- co que aspira a crear una nueva sociedad”. 1 En Madrid frecuentaba los
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Adolfo Sánchez Vázquez y la defensa de la filosofía en  tiempos de mercantilización y crisis social y política

Adolfo Sánchez Vázquez y la defensa de la filosofía en tiempos de mercantilización y crisis social y política

Sánchez, como pensador crítico y creativo a la vez, pudo y supo cuestionar las imposiciones políticas ortodoxas del llamado socialismo real, que para él no era realmente socialista, a pesar que implicó una superación del sis- tema capitalista dominante. Morales (1985), citado por Gandler (2010), sostiene que la obra filosófica de Adolfo Sánchez Vázquez es sin duda alguna, uno de los pensamientos mayores del marxismo latinoamericano: anti- dogmático, en reconsideración constante a sus preguntas iniciales, dialogando con los marxismos europeos y abiertos a los nuevos problemas de nuestra sociedad. Pero, es necesario advertir que estas observaciones y críticas formuladas por Sánchez están basadas desde un ideal socialista, aspiración histórica de los pueblos y trabajadores del mundo, a pesar de los traspiés que hayan sufrido en procura de lograr mejores condiciones materiales y espirituales de vida social.
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Adolfo Sánchez Vázquez: los trabajos y los días (semblanzas y entrevistas) (Publicación completa)

Adolfo Sánchez Vázquez: los trabajos y los días (semblanzas y entrevistas) (Publicación completa)

Tú te ocupas mucho del problema del arte desde el punto de vista marxista y has escrito muchas páginas sobre el arte y las interpreta- ciones, tanto de marxistas como de no marxistas, acerca del fenóme- no artístico. ¿Cómo ves y aprecias las investigaciones sobre el arte? Tanto por su cantidad como por su calidad las veo y aprecio favora- blemente, pero a condición de que demos a esta expresión "investi- gaciones marxistas" un significado amplio y no el estrecho y dog- mático que tuvo en los tiempos de la llamada "estética del realismo socialista". La situación en este campo ha cambiado positivamente desde la década de los sesentas. A los nombres de los adelantados de la renovación de la estética marxista —Brecht, Lukács, Fischer, Lefeb- vre— hay que agregar toda una pléyade de investigadores que hoy no sólo se ocupan de las cuestiones clásicas —condicionamiento so- cial de la obra artística, relaciones entre arte e ideología, o entre arte y política— sino de todo un complejo de problemas relativos al valor estético, a la forma, estructura o lenguaje del arte, entrando así en campos hasta ahora inexplorados por los estéticos marxistas. Perso- nalmente, yo palpo este enriquecimiento de las investigaciones es- téticas marxistas, al preparar actualmente la segunda edición de mi antología Estética y marxismo, publicada en 1970. La calidad de las in- vestigaciones aparecidas en los países occidentales y en América Latina, así como en los países socialistas en la medida en que se sus- traen al rígido marco de la estética "realista socialista", me obliga- rán a renovar el material de la edición anterior en más de un 50%. Pero ello se deberá no sólo a esta riqueza de las investigaciones estéticas en estos dos últimos decenios sino también al manejo, por mi parte, de un criterio marxista más amplio que permitirá incluir textos que no fueron incluidos en la edición anterior.
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En torno a la obra de Adolfo Sánchez Vázques (Filosofía, ética, estética y política) (Publicación completa)

En torno a la obra de Adolfo Sánchez Vázques (Filosofía, ética, estética y política) (Publicación completa)

contrario, de situar todas las "invenciones" en el contexto que las originó y/o las hizo posibles. La obra de arte es ella misma al mismo tiempo que no es ella misma. Por lo tanto, lo que interesa es respon- der por qué, en un momento dado, la respuesta artística se presenta en esta o en aquella forma. ¿A qué corresponden, en el cuadro de la decadencia burguesa, tales o cuales manifestaciones? Sin que esto signifique, obviamente, afirmar de forma antidialéctica y antimarxis- ta que toda obra producida en un periodo de decadencia es deca- dente, es importante, al mismo tiempo, abordar la cuestión del valor artístico de una obra dada. Es aquí en donde Sánchez Vázquez defi- nitivamente no penetra. Su evaluación del fenómeno artístico corre el serio riesgo de colocar en un mismo costal de gatos todas las obras. Es evidente que no pensamos aquí en oposiciones simplistas del tipo esto o aquello, comprensibles yjustificables en determinados mo- mentos, en los cuales lo que interesa sobre todo es defender un cierto conjunto de valores. Se trata de evaluar efectivamente la significa- ción de una obra dada en toda su amplitud. El realismo, como cri- terio, nos puede permitir evaluar algunos de estos problemas y, por cierto, no de los menos importantes. No el realismo comprendido como un conjunto de normas fijadas externamente y mucho me- nos como un mero método de composición entre muchos otros, sino el realismo como posibilidad plena de comprender algunos proble- mas reales y vitales del propio proceso de la vida social, y cómo ellos se manifiestan en la obra artística. Al mismo tiempo, comprender por qué predomina hoy en día la tendencia, ya mencionada por An- tónio Cándido, la cual implica una desconfianza ante la realidad` y cómo, a pesar de esto, la realidad irrumpe, en muchas de estas obras, con un ímpetu muy grande.
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Para saludar los poemas y sonetos de Adolfo Sánchez Vázquez. Epílogo

Para saludar los poemas y sonetos de Adolfo Sánchez Vázquez. Epílogo

descendiendo de la escalerilla en respetuoso orden, destacaba la figura esbelta y desgarbada de un joven de unos veinticinco años que parecía mirar con aire distraído y a la vez penetrante a la multitud entusiasta y clamorosa que iba rodeando a los recién llegados. Junto con los poetas pedro Garfias y Juan rejano, y el periodista antonio Zozaya, el recién desembarcado adolfo Sánchez Vázquez era un poeta militante ya re- conocido por sus pares y mayores como una inteligencia responsable y ávida de conocimiento, es decir, de armonía comprometida y razo- nada. Sabía que formaba parte de una emigración singular —la de los refugiados españoles— con una particular conciencia política, moral y cultural de las razones y compromisos que lo llevaban al exilio. Si llegaban desterrados a un país —México— donde se hablaba casi el mismo idioma y en consecuencia algunos podían pensar que no eran del todo desterrados (y que a fuerza de buscar arraigo en el nuevo solar americano podían llegar a ser “trasterrados” para evocar la expresión que luego acuñaría José Gaos), esa primera oleada de refugiados venía
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Para una lectura política de la Filosofía de la praxis de Adolfo Sánchez Vázquez: Lenin vs. Althusser

Para una lectura política de la Filosofía de la praxis de Adolfo Sánchez Vázquez: Lenin vs. Althusser

en donde, por añadidura, se perfila en el interior del movimiento comunista internacional una aguda crisis político-organizativa y un rechazo generalizado de las tesis más auténticamente leninistas de la teoría del partido y la revolución (conciencia “externa”, “centralismo”, “dictadura del proletariado”); o cuando los grandes partidos comunistas europeos y latinoamericanos se asimilan ya sin restricciones doctrinarias a la cultura política “burguesa” y restringen su actividad a lo meramente electoral, parecería justo no sólo invocar a Lenin, sino refrendar tanto el talante revolucionario de sus intervenciones políticas como el carácter inequívocamente marxista de sus intervenciones filosóficas. Más aún, mostrar, de la manera más completa y fundamentada posible, que Lenin es auténticamente marxista porque es revolucionario, y que es auténticamente revolucionario porque es marxista, ya que, para Sánchez Vázquez, Lenin es, al lado de Marx y Engels, el más alto exponente del marxismo cuando éste se entiende y asume como “filosofía de la praxis”. 6
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El significado de la praxis en la obra de Adolfo Sánchez Vázquez

El significado de la praxis en la obra de Adolfo Sánchez Vázquez

Vayamos por partes y empecemos recordando algunos de los rasgos con los que Sánchez Vázquez trata de aclarar el sentido de la praxis. Bajo este concepto —nos dice— cae toda actividad humana de carácter consciente que incide en la rea- lidad objetiva. Es decir, se trata de la actividad consciente y material del hombre social. Por actividad consciente se entien- de aquella que no incluye el instinto o el impulso animal, sino solo la propiamente humana, que se orienta por los fines que se propone, ya se trate de los actos que inciden en la vida so- cial (como los que interesan a la política o a la moral) o de la actividad productiva a través del trabajo. Estas prácticas se orientan por fines o propósitos que anticipa la conciencia.
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Una conversación con Adolfo Sánchez Vázquez

Una conversación con Adolfo Sánchez Vázquez

Ciertamente, fue la concepción del marxismo como filosofía de la praxis, cuyos orígenes rastreé en el joven Marx, particularmente en el de los Manuscri- tos de 1844 y que asumí abiertamente en mi tesis doctoral, lo que me llevó a enfrentarme tanto al dia-mat soviético en los años sesentas, como a la nueva versión científica y positivista del marxismo de Althusser, a la crítica del cual dediqué en los años setentas una obra entera. El ontologismo universal del dia- mat constituiría una ideologización del marxismo que acabó por desnaturali- zarlo, al convertirlo en la justificación de una práctica política acorde con los intereses del partido y del Estado en la ex Unión Soviética. Con la reivindicación de la praxis como eje categorial frente a su metafísica materialista y a la proyec- ción determinista y teleológica de ésta, tanto en su concepción de la sociedad como en su filosofía de la historia, se reivindicaba a su vez, la vocación práctica del marxismo, rotundamente afirmada por Marx: “de lo que se trata es de transformar el mundo”. Con este enfoque praxeológico me enfrenté asimismo a la versión cientifista y estructuralista del marxismo que disfrutaba de cierto auge en nuestros medios académicos. Aunque el empeño de Althusser de resca- tar el lado científico del marxismo no dejaba de ser saludable, acabó por enviar al limbo de la ideología todo el contenido humanista de su proyecto de emanci- pación. Por otro lado, su teoricismo —del que nunca logró zafarse— desvinculaba la teoría como praxis autosuficiente de la praxis real, política. En suma, la concepción de la praxis que adopté —como actividad teórico-práctica, subjetiva y objetiva a la vez—, permitía restablecer los aspectos medulares del marxismo —como proyecto de emancipación, crítica, conocimiento y vocación prác- tica— que el dia-mat soviético, con su ideologización, desnaturalizaba. Por otra parte, permitía mantener, en su unidad teórico-práctica, lo que el marxismo de Althusser, con su teoricismo y cientifismo, desvinculaba. En pocas palabras, se podía entender el marxismo como creemos que lo entendía Marx: como inter- pretación e intervención teórica en la transformación efectiva del mundo.
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Adolfo Sánchez Vázquez y el humanismo iberoamericano

Adolfo Sánchez Vázquez y el humanismo iberoamericano

Para Adolfo Sánchez Vázquez la praxis es una actividad creadora, fundada en el conocimiento teórico rigurosamente justificado. Pero, a su vez la justifi- cación epistémica de la teoría está en función de su efectividad para transfor- mar la realidad circundante, de acuerdo a fines y valores ética y políticamente fundamentados. Por ello, Sánchez Vázquez enfatiza la actividad de filosofar sobre la obra filosófica misma. Filosofar para él “significa cierta relación con un mundo que no nos satisface y, con ella, la aspiración, el ideal o la utopía de la transformación”. 10 Así, se filosofa siempre entre lo que es y lo que debe ser,
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Bibliografía selecta de Adolfo Sánchez Vázquez

Bibliografía selecta de Adolfo Sánchez Vázquez

"Democracia, revolución y socialismo", en Socialismo. Revista de Teo- ría y Política, núm. 3-4. México, octubre-diciembre, 1989. [Reed.: Utopías. Revista de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, núm. 5. México, enero-febrero, 1990, pp. 15-22.]

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Adolfo Sánchez Vázquez y el otro marxismo

Adolfo Sánchez Vázquez y el otro marxismo

Sigue intocado, en el reino de la política, el dogma de la infalibili- dad de la “mano oculta del mercado”, de su sabiduría insuperable, que hablaría desde las cosas mismas, desde la economía, y sigue firme la convicción de que el proyecto socialista de sustituir esa inexcrutable “mano sabia” por la decisión democrática de una política racional es un proyecto condenado necesariamente al fracaso. Sobre todo, sigue intocado el dogma mayor que deifica al valor capitalista del mundo de las mercancías, al capital o valor que se autovaloriza, poniéndolo en calidad de sujeto metafísico de la historia, de creador —y no de ene- migo, como lo veía Marx— del valor de uso de las cosas que pueblan el mundo de la vida humana.
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