Capítulo 2. Material y métodos generales
2.2. Área de estudio
2.2.1. Aspectos comunes al área de estudio
Los trabajos que componen la presente Memoria se han desarrollado en el centro y oeste de la mitad sur de la Península Ibérica. En concreto se han efectuado en las regiones de Andalucía (provincia de Jaén), Castilla-La Mancha (provincias de Albacete, Ciudad Real y Toledo), Extremadura (Cáceres y Badajoz) y Madrid (figura 2.1). Los trabajos se han desarrollado en zonas de altitud media de estas provincias (evitando las cadenas montañosas y las áreas de valle más productivas desde el punto de vista agrícola), dentro o en
el entorno de fincas privadas de monte mediterráneo incluidas en la Red Natura 2000. Esta área se caracteriza, de forma general, por el clima mesomediterráneo (con aparición de zonas termomediterráneas de forma puntual en las provincias de Badajoz y Jaén y del piso supramediterráneo en las zonas más elevadas). Las precipitaciones se ven afectadas por un gradiente descendente de oeste a este, de forma que en el límite occidental del área de estudio (Valencia de Alcántara, provincia de Cáceres) son superiores a los 650 mm/m2·año y el ombroclima es subhúmedo inferior, mientras que Hellín, en el límite oriental, apenas alcanza los 350 mm/m2·año y el ombroclima es semiárido superior (Centro de Investigaciones Fitosociológicas, 2012).
Figura 2.1. Área de estudio, con los espacios que componen la Red Natura en verde
La mayor parte del área de estudio y la totalidad de las fincas en las que se han desarrollado los trabajos se caracterizan por su litología ácida (Vera, 2004): granitos, pizarras y cuarcitas son las rocas que dan origen a los suelos, de forma que la mayor parte se caracterizan por ser ácidos y pobres en nutrientes. Esta situación cambia en el oriente del área de estudio, donde aparecen suelos ricos en bases, que se han formado sobre depósitos terciarios y cuaternarios que proceden fundamentalmente de las laderas de las sierras calizas del entorno, lo que hace que cambie su forma de explotación, dado que son más favorables para el cultivo agrícola. La litología condiciona el relieve presente, de forma que los materiales más difíciles de degradar, como las cuarcitas, dan origen a las principales cadenas montañosas, que en algunos casos llegan a sobrepasar los 1.200 metros de altitud, mientras que las zonas más bajas apenas superan los 300 m de altitud sobre el nivel del mar. Así, el relieve suele ser de tipo apalachiense, con sierras de poco desnivel y elevadas pendientes en alternancia con zonas llanas (González y San Miguel, 2005).
Desde el punto de vista biogeográfico, la mayor parte del área de estudio queda encuadrada en la sub- región mediterránea, o más concretamente, de la provincia mediterránea ibérica occidental, y en concreto en la subprovincia luso–extremadurense (Rivas-Martínez et al. 2011). La vegetación potencial en esta parte del área de estudio se corresponde con el encinar con piruétanos luso-extremadurense (Pyro bourgeane- Quercetum rotundifoliae), tanto en su faciación térmica con lentisco como en su faciación húmeda con quejigo (Quercus faginea subsp. broteroi), mientras que en las zonas más húmedas aparecen alcornocales (Sanguisorbo agrimonioidis- Quercetum suberis) y en las húmedas y frías los melojares (Sorbo torminalis- Quercetum pyrenaicae). La parte oriental del área de estudio queda encuadrada en la provincia mediterránea-ibérica central, en el sector castellano. Aquí la vegetación potencial es un encinar manchego (Asparago acutifolii-Quercetum rotundifoliae) que en las zonas semiáridas se convierte en un coscojar (Rhamno-Quercetum cocciferae).
La vegetación actual de la mayor parte del área de estudio es un mosaico que combina el encinar aclarado (la dehesa, ya sea sobre pastos o sobre cultivos herbáceos anuales), el encinar más denso (en monte bajo, procedente de la explotación secular para carbón, hoy abandonado), el arbustedo (con una amplia variedad tipológica, ya sea de tipo mancha mediterránea en las laderas de las sierras pobres en bases, un retamar en zonas ácidas y llanas o bien un coscojar con espinos en las zonas calizas, entre otras), el matorral (fundamentalmente romeros (Rosmarinus officinalis L.) jaras y jaguarzos (Cistus ladanifer L. y C. monspeliensis L.) en la parte descarbonatada y estos mismos romeros, tomillos y otras labiadas en la parte caliza) y las zonas abiertas, ya sea ocupadas por pastizales xerofíticos (más frecuentes en las zonas ácidas, como los pastos de Tuberarion guttatae), pastos no agostantes (como los espartizales de Stipion tenacissimae sobre suelos ricos en bases o los berciales de Agrostio castellanae-Stipion giganteae sobre ácidos) o por cultivos herbáceos anuales (fundamentalmente avena y cebada).
La forma de explotación secular ha sido la ganadería en alternancia con una agricultura de ciclos muy amplios (González y San Miguel, 2005). Las zonas con mayores pendientes (laderas de sierras) han sido fundamentalmente aprovechadas por el ganado caprino, mientras que las partes más llanas se han empleado como fuente de pasto para el ganado ovino, que en su mayor parte trashumaba, y para el cultivo de cereal (Moreno-Opo y Guil, 2007).
Desde los años 60 y 70 del pasado siglo hasta la actualidad el sistema de aprovechamiento de la práctica totalidad de las fincas ha sufrido notables variaciones. La pérdida de valor de la mayor parte de los productos agrarios (lana, leña, carne, etc.) ha hecho que en la mayor parte de las fincas las rentas provengan de la caza mayor, explotada en un régimen singular: la montería con altas densidades de ungulados y cerramiento perimetral de las fincas. Este aprovechamiento se ha efectuado generalmente de forma exclusiva, aunque en varios casos se ha combinado con el ganadero, en este caso sin apenas trashumancia (sólo las vacadas de dos de las fincas extremeñas trashuman hacia Gredos). Esta intensificación en la
gestión ha provocado numerosos problemas ambientales, como la ausencia de regeneración del arbolado en la dehesa, la degradación de los restantes elementos de la cubierta vegetal (que llega a afectar a especies amenazadas; Lozano et al. 2007) o la compactación y la nitrificación progresiva del suelo, provocada por el aporte de alimentación en puntos fijos (González y San Miguel, 2005).
2.2.2. Las fincas y los espacios de la Red Natura 2000
Como ya se ha comentado, los trabajos se han desarrollado en su mayor parte dentro o en el entorno de fincas privadas del medio mediterráneo incluidas en la Red Natura 2000. En concreto, se han desarrollado trabajos en los siguientes 9 espacios de la Red Natura 2000 (se incluye la numeración de acuerdo con la Figura 2.2):
• Andalucía (provincia de Jaén)
o 1. LIC de las Cuencas del Rumblar, Guadalén y Guadalmena (11 fincas) • Castilla-La Mancha
o Albacete
2. LIC Sierra del Relumbrar y Estribaciones de Alcaraz (5 fincas)
o Ciudad Real
3. LIC y ZEPA de la Sierra de Los Canalizos (1 finca)
4. Parque Natural, LIC y ZEPA de Sierra Morena (4 fincas;)
5. ZEPA de las Áreas Esteparias del Campo de Montiel (1 finca)
o Toledo
6. LIC y ZEPA de los Montes de Toledo (10 fincas)
• Extremadura
o Badajoz
7. LIC, ZEPA y Zona de Interés Regional de la Sierra de San Pedro (6 fincas)
o Cáceres
7. LIC, ZEPA y Zona de Interés Regional de la Sierra de San Pedro (5 fincas)
8. Parque Nacional, LIC y ZEPA de Monfragüe (2 fincas)
• Madrid
o 9. ZEC y ZEPA de la Cuencas de los ríos Alberche y Cofio (4 fincas)
Todas estas fincas han participado en uno o varios de los proyectos LIFE que son el marco de esta Memoria. Cada una de las fincas ha participado en uno o varios de los estudios que se presentan dentro de
esta Memoria. La localización de las fincas dentro de cada uno de los espacios de la Red Natura 2000 no se incluye en la presente Memoria en virtud de los acuerdos de colaboración alcanzados.
Figura 2.2. Espacios Red Natura 2000 del área de estudio, destacados en verde oliva