Capítulo 1. Introducción general
1.1. La conservación de la biodiversidad: conceptos y planteamientos básicos
1.1.4. La evolución en la investigación para la conservación de la biodiversidad
1.1.4.1. De las especies a los procesos ecológicos
El conocimiento de las especies que rodean al ser humano ha sido una preocupación milenaria. Desde los tiempos del Liceo de Aristóteles (333 A.c.) se han conservado colecciones de animales naturalizados con fines científicos (Aubenque, 1985; Brun, 1992), aunque éstos ya se empleaban en Egipto con fines religiosos. Buena parte de los conocimientos de Historia Natural fueron almacenados en el Mouseion de Alejandría. La
Naturalis Historiae de Plinio el Viejo, fue, probablemente, la obra más destacable acerca de los conocimientos faunísticos de la antigüedad (Retana, 2006). Son los libros VIII al XI los referidos a los animales.
Aunque durante el Imperio Romano y la Edad Media fueron frecuentes los bestiarios, quizás el hecho más destacado en la evolución de la investigación sea la aparición de las universidades, en los siglos XII y XIII, lo que propicia el resurgir de la zoología como ciencia. A partir del s. XVI, con el De differentiis animalium Libri decem del inglés Wotton, se puede dar por inaugurada la sistemática moderna (Retana, 2006), que culminaría Linneo, quien en la 10ª edición de su Systema naturae (1758) sienta las bases de la taxonomía moderna. Además, aporta conceptos ecológicos al indicar la distribución geográfica, los hábitats donde se encuentran, de qué se alimentan e incluso qué sustancias atraen a cada especie (Linneo, 1758). Antes de Linneo se han desarrollado verdaderos estudios ecológicos, como los de van Leeuwenhoek sobre las cadenas alimenticias y la regulación de poblaciones de principios del s. XVIII (Odum y Barret, 2006); es precisamente en esta época cuando las Ciencias Naturales se comienzan a desarrollar en España, con la fundación en 1755 de Real Jardín Botánico, en 1770 de la Reial Acadèmia de Ciències i Arts de Barcelona y en 1771 del Real Gabinete de Historia Natural (Casado, 2000). Es preciso resaltar que, con anterioridad, diversas iniciativas, como las “cámaras de las maravillas” de Carlos V y Felipe II (Retana, 2006), habían supuesto esfuerzos previos de recopilación y naturalización de especímenes, a partir de la fundación del Real Gabinete se comienzan a recopilar ejemplares de forma ordenada. Cabe destacar tres grandes expediciones puramente botánicas desde la fundación del Real Gabinete: la hispano-francesa del Perú (1778-1787), la realizada por Celestino Mutis a Nueva Granada (1783-1785) y a Nueva España (1786-1805; Borredá, 2005). Además, se desarrollan diversas expediciones científicas, entre las que se pueden citar las del Ecuador (o del Punto Fijo, en 1734), de los Límites (1751-1755), de los Pasos (1770, 1772-1775, 1775-1779) y de Malaspina (1789-1794; Borredá, 2005).
Con posterioridad a Linneo y de forma previa a la enunciación de la ecología como concepto, dentro de los estudios botánicos, cabe destacar los trabajos de Humboldt, quien relacionó por primera vez los factores climáticos y los físicos que los provocan, como altitud y latitud, con la vegetación (Humboldt, 1815). Dentro de esta misma disciplina, en 1825 se acuña el concepto de comunidad para definir al conjunto de especies que viven juntas (Dureau de la Malle, 1825). En España, la situación creada tras la invasión napoleónica y la Guerra de la Independencia, el interés por las Ciencias Naturales desciende notablemente durante medio siglo, lo que incluso lleva a la unión en 1815 del Real Gabinete de Historia Natural y el Real Jardín Botánico en una sola institución, el Museo de Ciencias Naturales (Casado, 2000).
Fue Haeckel, en 1866, quien propone el concepto de ecología en apoyo de las tesis de Darwin, aunque posteriormente será revisado y ampliado (Cooper, 2003). El empleo del término ecología será relativamente reducido durante años, aunque se empieza a hacer común entre los científicos a partir de la década de 1920 (McIntosh, 1985). Por ejemplo, la Sociedad Americana de Ecología (Ecological Society of America) se funda en 1915 y su revista Ecology comenzaría a editarse en 1919. Años después, en 1935, Tansley propuso el concepto de ecosistema como el sistema básico en la ecología (Golley, 1993).
En España el estudio de la ecología y del enfoque ecológico fue puesto en práctica de forma posterior, puesto que el retraso en el conocimiento de las especies que habitaban el medio natural ibérico y su taxonomía retrasó su aplicación (Casado, 2000). Para solventar la falta del conocimiento del medio natural español se funda en 1871, sin participación de instituciones públicas, aunque sí de sus miembros, la Sociedad Española de Historia Natural, en cuyos Anales se publican buena parte de los descubrimientos relevantes de la época, en su mayoría taxonómicos (Casado, 2000). A pesar de que los estudios ecológicos tardarán en asentarse en España, por su originalidad cabe ser destacada la obra de Castellarnau de 1877 “Estudio ornitológico del Real Sitio de San Ildefonso y de sus alrededores” como una de las primeras obras de carácter netamente ecológico de la ciencia española. Deberán pasar bastantes años antes de que se desarrollen más estudios ecológicos, generalmente referidos al paisaje vegetal, como la obra de Huguet del Villar de 1925 “Avance geobotánico sobre la pretendida estepa central de España”, que seguía la fitosociología sigmatista de Clemments.
La introducción de conceptos como las redes alimenticias por Elton en 1927 o el ciclo del nitrógeno a través de la alimentación, desarrollado en un ecosistema ártico por Summerhayes y Elton en 1923, son algunos de los primeros pasos en el conocimiento de los procesos ecológicos (Golley, 1993). Es en los lagos, como sistemas complejos relativamente abarcables, donde se desarrollan muchas de las descripciones de procesos ecológicos. Así, Juday describe, en 1940, el balance energético de un lago, que incluye las consideraciones de cadena trófica y las limitaciones a la presencia de determinadas especies en función de la producción primaria. Por su parte, Lindeman emplea todos los conceptos anteriores (cadena trófica,
balance energético, etc.) en su estudio de 1942 sobre el lago Cedar Bog (Golley, 1993), aunque en este caso lo analiza en función de la sucesión de comunidades, en lo que puede ser considerado como uno de los primeros estudios ecológicos modernos.
1.1.4.2. Del conocimiento a la conservación
La preocupación por la preservación del medio fue simultánea, si no previa, al desarrollo de la ecología. Se considera que la preocupación por el medio y la búsqueda de su acercamiento es parte de los ideales románticos (Casado, 2000). Esto hace que el primer espacio protegido, el bosque de Fontainebleau en 1861, lo sea como reserva artística. Posteriormente, el primer Parque Nacional en declararse fue el de Yellowstone, en 1872, aunque lo hizo más con fines recreativos y turísticos que como objeto de conservación del medio (NPS, 2012). La protección de Yellowstone fue comentada en las reuniones de la Sociedad Española de Historia Natural en 1874 (Casado, 2000). De forma paralela, se desarrolla la sensibilidad de la sociedad hacia la conservación de la naturaleza, que se desarrolla en primer lugar en los países anglosajones. De esta forma, por citar algunas organizaciones actualmente activas, en 1889 se funda la Society for Protection of Birds inglesa para evitar la muerte de aves para el empleo de plumas en los sombreros (posteriormente fue nombrada Royal; RSPB, 2012; aunque ya en 1858 se había fundado la British Ornithologists' Union, de carácter científico); en 1892 se funda el Sierra Club americano, al objeto de proteger la Sierra Nevada californiana; en 1895 se funda la Wildlife Conservation Society y en 1903 Fauna & Flora International (como Society for the Preservation of the Wild Fauna of the Empire). Algunas de estas entidades desarrollan revistas científicas. Por ejemplo, la British Ornithologists' Union comienza a publicar su revista científica, Ibis, en 1859, mientras que Fauna & Flora International comienza a publicar su revista científica, The International Journal of Conservation (actualmente Oryx), el año de su fundación.
El desarrollo del espíritu conservacionista español va unido al excursionismo y al conocimiento científico del territorio (Casado, 2000). Cabe destacar la creación en 1886 de la efímera Sociedad para el Estudio del Guadarrama, nacida en el seno de la Institución Libre de Enseñanza, que contaba con varias personalidades científicas en su órgano directivo. Los resultados científicos de las excursiones efectuadas se relataban bien en el Boletín de la Institución Libre de Enseñanza o bien en los ya mencionados Anales de la Sociedad Española de Historia Natural (Casado, 2000). Con posterioridad, entre la fundación en 1907 del Club Alpino Español y en 1913 de la Sociedad Española de Alpinismo Peñalara, se crea en 1911 en El Ventorrillo la Estación Alpina de Biología. No sólo en la revista Peñalara (fundada en 1913) sino incluso en las monografías del Museo de Ciencias Naturales se recogían trabajos divulgativos al respecto del Guadarrama.
La preocupación por la conservación de distintas especies ya se manifiesta, como en el caso del águila imperial ibérica, a finales del XIX (Calderón, 1888). La protección efectiva de especies en España es previa a la de los espacios, al menos de forma teórica. Mediante la Ley de 19 de septiembre de 1896, por la que se dictan normas para la protección de los pájaros (aparecido en la Gaceta de Madrid el de 26 de octubre de 1896), se prohíbe la caza a tiros de halcones, águilas y quebrantahuesos, aunque en este caso se hacía en su relación con su utilidad para la agricultura (MMA, 1999). Los acuerdos tienen un claro precedente en la británica Wild Bird Protection Act (1880).
En España la protección de espacios es algo posterior. A pesar de intentos previos, no será hasta 1918 cuando se declaren los primeros Parques Nacionales. De forma inicial, dado que las cuestiones referidas a la gestión del medio natural eran tarea habitual de los Ingenieros de Montes, fue en la Revista de Montes donde se desarrollaron buena parte de los debates al respecto (Casado, 2000).
Es a partir de los años 70 del siglo XX cuando la preocupación por la conservación del medio aparece como fenómeno global. Una de las principales preocupaciones es la extinción de especies y la desaparición de hábitats, a la que intenta dar respuesta la biología de la conservación. A partir del desarrollo del concepto de biología de la conservación han sido numerosas las publicaciones científicas que han buscado dar cabida a la nueva rama de la ciencia desarrollada. De esta forma aparecen revistas como Biological Conservation
(en 1968) o Conservation Biology (en 1987), específicamente dedicadas a la biología de la conservación, que están entre las más citadas de las revistas vinculadas a la ecología.