• No se han encontrado resultados

Lo ético, la bondad y la maldad en Ricoeur: un acercamiento conceptual

2.2 Resistencia a las formas de violencia

2.2.2 Lo ético, la bondad y la maldad en Ricoeur: un acercamiento conceptual

Ricoeur (citado por Zapata, 2006) habla desde la fenomenología hermenéutica y su relación con la ética, donde insiste en la dimensión teleológica de la acción y se ubica del lado de las éticas del bien, oponiéndose a las éticas Kantianas que configuran al sujeto como agente responsable de sus actos; Parte de la idea que existen unos “bienes humanos fundamentales”, que hacen posible la libre elección y la consecución de una vida establecida por acciones razonables, que el mismo autor explica desde su percepción de sí mismo, aquí entiende que el Yo y el bien se constituyen mutuamente.

(López, 1997), expresa que para Ricoeur la estructura de la moralidad admite una

lectura horizontal y una lectura vertical que se entre cruzan. La primera lleva a derivar la construcción de sí mismo, donde el deseo de vivir una buena vida guía a los sujetos a comprender que la existencia ha de ser vivida con y para otros, sin olvidar que para esto se debe contar con unas instituciones justas. Añade Ricoeur que es una triada definida como, cuidado de sí mismo, cuidado del otro, y cuidado desde las instituciones. En otras palabras autoestima, reconocimiento de las capacidades del otro y por último la búsqueda de justicia, mediante las instituciones que garanticen la igualdad y universalidad del respeto en la plano moral.

De igual forma se exige una lectura vertical que busque lo bueno, con el fin del bienestar del hombre, lo moralmente correcto que supone una acción que por deber y voluntad, nos lleva a hacer –o no- hacer. En palabras del mismo Ricoeur (1991):

cuando alguien hace algo por deber; es porque lo hace por sí mismo, lo hace porque sabe que lo debe hacer. En seguida cita lo prudencial o en términos de Ricoeur, la sabiduría práctica, entendida como el arte de la decisión equitativa en situaciones de incertidumbre y conflicto.

Para Ricoeur lo teleológico y lo prudencial definen lo ‘ético’ y lo deontológico define lo ‘moral’. Así pues, se considera que la justicia es la regla practica más elevada para constituir el punto donde culmina el deseo de vivir bien, atravesado

por la equidad que se representa en la última parte de la lectura horizontal, donde se impone la sabiduría practica o ‘la prudencia’.

En consecuencia, la idea de lo ‘bueno’ hace que para que se origine la idea de ‘justicia’, debe al mismo tiempo existir la idea del ‘deseo de vivir bien’ y esta promesa sitúa la bondad, bajo la idea de la ‘prudencia’.

En resumidas cuentas lo que Ricoeur entiende por justicia, es la toma de decisiones judiciales en las circunstancias singulares dentro de sus correspondientes instituciones vemos pues cómo el autor articula su ética al concepto de imputabilidad y no al de autonomía (1995b).

Para esto, es importante entender cómo se presenta el concepto de imputabilidad en los tres niveles expuestos:

El primero es el nivel teleológico, donde la imputabilidad, es significado de capacidad ‘ser capaz’ de sentir el deseo o de hacer el bien, que lo distingue de otros seres de la naturaleza.

En el segundo plano la imputabilidad en la perspectiva deontológica, remite a la idea de capacidad, pero en este caso, de la forma en que el sujeto tiene un punto de vista individual y adopta una perspectiva impersonal, donde la vida humana cuenta por igual y que nadie es más importante que otros. Con lo que se puede asegurar que Ricoeur sitúa al agente moral en el mismo plano Kantiano que dicta: “obra de modo que tomes a la humanidad, tanto en tu persona, como en la de cualquier otro, siempre como un fin al mismo tiempo y nunca solamente como un medio”.

En Ricoeur lo bueno y lo malo se traduce en un conflicto interior de los sujetos, entre sus dos capacidades:

La de adoptar un punto de vista individual y la capacidad de asumir una perspectiva impersonal que solo se responde, si se entiende el principio de alteridad universal, donde, entendiendo las demandas y necesidades del otro, puede ser cercano o lejano.

Lo justo sirve de papel restrictivo, por lo cual prohíbe que el sujeto se deje llevar por su tendencia natural –como su deseo de llevar una buena vida- a violentar al otro o a no respetar sus derechos individuales. Frente a las múltiples figuras del mal. Explica López (1997) la moral se expresa en prohibiciones que se concentran, en la antigua Regla de Oro, que exige: no hacer a otro lo que no se desea para sí. Finalmente en el nivel de la prudencia o de la sabiduría práctica, la idea de imputabilidad, ya no es capacidad sino conveniencia. En Ricoeur no se trata de situar el caso bajo la regla general, sino de interpretar los hechos ocurridos (que es el nivel último del orden narrativo) y de interpretar la norma en orden, para saber en qué medida se ajusta a los hechos. Para Ricoeur, este proceso oscila entre dos niveles de interpretación: La interpretación narrativa del hecho y la interpretación jurídica de la norma, que culmina en un equilibrio de conveniencia para ambos. Para Ricoeur la sociedad es un mecanismo de asignación de derechos y deberes y de distribución (de papeles, cargas, beneficios, ventajas y desventajas), lo que confiere a los individuos libres e iguales que la integran, las condiciones de partes y de colaboradores que los convierte en sujetos colectivos y esto a su vez constituye un vínculo social. De ahí que la idea de justicia de Ricoeur no sea puramente ‘moral’, sino que tiene también un significado ‘ético’, y que lo justo se sitúa entre ‘lo legal y lo bueno’.