3.1 ¿Qué es el éxito? Primer ejercicio práctico
3.2. El éxito está en tu ADN
Nuestro ADN viene programado con la mayor historia de éxito que te puedas imaginar. Empieza
aproximadamente nueve meses antes del nacimiento.
Millones de espermatozoides inician una travesía frenética que los conduce por la vagina, el útero y las trompas de Falopio hacia el tercio externo de ésta última donde se encuentran con el óvulo. Muchos mueren en el camino, otros no tienen la fuerza de seguir nadando, pierden su cola, se confunden con el panorama, se entretienen con otras cosas… etc., etc., etc. Apenas 30 de los que iniciaron el camino logran sobrevivir el recorrido y cooperan entre sí para que sólo uno penetre el óvulo, si logra atravesar la zona pelúcida que es la membrana que recubre el óvulo y no permite intromisiones extrañas. Somos, en parte, ese espermatozoide que logró llegar.
Esta es la primer parte de la historia del éxito que es nacer: el espermatozoide logró llegar y logró penetrar el óvulo. Una vez adentro del óvulo, la cabeza del
espermatozoide que ingresó se hincha hasta formar el pronúcleo masculino. Por su parte, el óvulo completa la meiosis, formándose el pronúcleo femenino. La
visualización de ambos pronúcleos en el óvulo constituye la primera evidencia de éxito: la fertilización.
Enseguida, al cabo de dos horas, se realiza un proceso en el cual se duplica el ácido desoxirribonucleico (ADN) e inmediatamente se fusionan los dos pronúcleos,
ocurriendo un intercambio de material genético entre los cromosomas del padre y de la madre, cada uno de los cuales, al perder las membranas que los envuelven, aportan 23 cromosomas, haciéndose una célula diploide con 46 cromosomas. Esto es lo que se conoce como singamia.
Este proceso es crucial y es, tal vez, la segunda evidencia de éxito, puesto que por un lado marca la finalización de la etapa de fertilización y por el otro indica el comienzo del desarrollo del nuevo ser.
Ahora sí, a partir de este momento comienza una sucesión de éxitos imposibles de imaginar y de un alto grado de perfección. Empieza la división celular. Una célula se divide en dos, cada una de esas células se vuelve a dividir en dos, cada una de esa cuatro células se vuelve a dividir en dos: ocho, dieciséis, treinta y dos, y así
sucesivamente hasta formar, cuatro días después de la fecundación, un compacto celular llamado mórula. Cada célula de la mórula es idéntica desde el punto de vista genético y cada una de ellas tiene la potencialidad de generar por sí misma un nuevo ser. En el transcurso del quinto día del proceso aparece una cavidad dentro de la mórula, formándose así el blastocisto, en el que comienzan
a diferenciarse las células.
Principal etapa de éxito en nuestra existencia. Siglo XXI y aún la ciencia no ha podido explicarse cómo o por qué una célula madre se transforma en una célula del hígado, otra en una célula del corazón, otra en una célula del cerebro. Es indudable que el éxito viene programado en nuestro ADN.
Lo cierto es que algunas de esas células conformarán la futura placenta y otras el bebé con una precisión sin precedentes en la historia de la humanidad.
Mientras tanto ha comenzado el camino de retorno de aquel espermatozoide, que ahora unido al óvulo, tiene que formar el nuevo hogar. Al cabo de 48 hs, la mórula se desplaza por la trompa hasta 4 o 6 días después de la fecundación, para caer luego en la cavidad uterina. Es cierto que la trompa no es un tubo recto, sino que es un órgano con movilidad y funcionalidad. En su interior existe una mucosa conocida como endosalpinx, formada por canales o surcos llamados pliegues que recorren la trompa a lo largo y sirven de guía para el viaje de espermatozoides. También cuentan en su interior con pequeños filamentos que permiten el viaje del óvulo y posteriormente el embrión, en sentido inverso al
recorrido de los espermatozoides, hacia la cavidad uterina. Esto, si todo funciona de acuerdo con lo planeado y el óvulo fecundado no decide implantarse en la trompa,
óvulo fecundado no decide implantarse en la trompa, fracaso conocido como embarazo ectópico.
Finalmente, habiendo logrado el éxito (otro eslabón en la cadena de acontecimientos exitosos que nos han traído a la vida), el blastocisto se desprende de la membrana pelúcida cuando entra en la cavidad uterina y alrededor del séptimo día de desarrollo se implanta en el endometrio del útero. Test de embarazo positivo de por medio, creemos que la sucesión de éxitos terminó. Pero no.
Nueve meses más tarde e innumerables cantidades de otros éxitos, nacemos al mundo como la mayor historia de éxito jamás contada. Todos, sin excepción.
El éxito está en nuestro ADN. Ahora, analicemos un poco.
Si venimos programados de nacimiento para alcanzar el mayor éxito de todos los tiempos, nacer… ¿cómo es que nos las arreglamos para fracasar? ¿Cómo podemos atrevernos si quiera a pensar en el fracaso?
El éxito es nuestro derecho de nacimiento.
Es cierto que seguramente habrá algunos intentos fallidos antes de llegar a ser lo que somos.
Pero si hoy estamos leyendo esto es porque en la historia prevalece el éxito y no el fracaso.
Si tu primera pregunta es, ¿por qué yo voy a conseguir el éxito? O, ¿cómo es que yo voy a conseguir el éxito? La respuesta es sencilla: ¿por qué no? El éxito está en tu naturaleza. Lo extraño es que no lo consigas…