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ΙΑ CONFRONTACION CON POLOS

La refutación de Polos

ΙΑ CONFRONTACION CON POLOS

llano puede variar. En algunos casos, en un sentido básicamente estético, será adecuado decir “hermo­ so”; en otros será mejor traducirlo como “útil”, “bue­ no” o “beneficioso” (en un sentido instrumental, como apto o eficiente); y en otros, en fin, como “bueno” pero en el sentido moral, es decir “admira­ ble”, “noble”.202 La estrategia de Sócrates en este ar­ gumento es definir el sentido moral de la palabra en

relación con sus otros dos sentidos, el estético y el instrumental, ya sea por separado o juntos.

Una vez que Polos admite que algo es aisjrón por

las razones opuestas -porque produce dolor o un mal-,205 y el uso comparativo de ambos predicados se explica por referencia al exceso de cualquiera de los cuatro factores involucrados (placer, beneficio, dolor y daño, tomados por separado o juntos), Sócrates aplica los resultados de esta definición a la evaluación de sufrir una injusticia o cometerla.

Si hacer algo injusto es axsjion, entonces superará

a hacer algo justo, ya sea porque produce más dolor o un mal mayor o ambas cosas. Está claro que come­ ter una injusticia no es más doloroso que sufrir una. Por el contrario, la víctima soporta mayor dolor (por ejemplo, el que es torturado, o arrestado o enviado al exilio). Por lo tanto, cometer una injusticia será

aisßon sobre la base especificada del otro término de

la disyunción que define lo vergonzoso: el mayor mal. Entonces, Sócrates concluye que como no es más do­ loroso, es peor cometer una injusticia que padecerla.

¿Resulta convincente este argumento? Los espe­ cialistas han llamado la atención sobre dos tipos de dificultades que plantean dudas acerca de su validez.

En el argumento hay varias sustituciones de tér­ minos que suponen el paso desde una noción a otra ligeramente diferente. Ir de “útil” a “(instrumental­ mente) bueno” es probable que sea legítimo, pero en cambio es difícil aceptar un desplazamiento des­ de “doloroso de ver” (una sustitución razonable para “feo”, el término opuesto a “placentero de ver”) a “doloroso” sin más. En efecto, es dudoso que aisjrón

haya tenido alguna vez ese sentido (lyperón es el tér­

mino más común para “doloroso”). Y si retenemos el significado estándar (“feo”), puede argüirse que la contemplación de un acto de injusticia es efecti­ vamente dolorosa para el observador. El mayor o menor dolor no se atribuye a ninguno de los parti­ cipantes (quien hace lo injusto o quien lo sufre), sino a un tercero. Esto creo que implica la admisión clave de Polos. Los actos de injusticia son socialmen­ te penosos, desagradables. Si es así, de ello no se des­ prende que cometer una injusticia sea peor.204

La segunda dificultad consiste en si es legítimo explicar el uso moral de un término reduciéndolo a su uso estético o instrumental, o a ambos. Me inclino a pensar que no, porque no existen lazos conceptua­ les entre lo placentero y lo moralmente lícito, como Sócrates mostrará en su discusión con Calicles. Tam­ poco hay lazo conceptual alguno entre lo que es ven­ tajoso para una persona y lo que sería moralmente correcto que esa persona hiciera, esto es, entre los usos corrientes de “(instrumentalmente) bueno” y “(moralmente) correcto”. La mayoría de los hablan­ tes de griego y castellano asegurarán que estos dos predicados significan algo diferente y no relacionar

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do. No se puede definir o explicar uno mediante el otro. Como hemos visto, la identificación del bien (el bien no instrumental, se entiende) y de lo justo o moralmente recto es una tesis sustancial de la éti­ ca socrática y no una declaración sobre el significa­ do común de las palabras.

Sería muy extraño, por lo tanto, sostener que la definición de kalón que opera en el argumento corres­

ponde a la convicción personal de Sócrates. La defi­ nición responde a una clara intención de generar una

reductio ad absurdum. Sócrates ofrece a Polos la opor­

tunidad de expresar lo que probablemente es una convicción fuertemente enraizada en la mentalidad del joven siciliano: que las cosas admirables son aque­ llas que nos aportan placer o nos benefician.205

El argumento, entonces, no contribuye de modo directo a la justificación de la tesis socrática. En cier­ to sentido, es una petición de principio pues supo­ ne la conclusión al suponer, por definición, que si algo digno de elogio moral no es placentero, será entonces, por el propio significado del término, ven­ tajoso. Se podría objetar que en muchos casos no es ni lo uno ni lo otro.

El resultado de la discusión con Polos es que una postura que entiende como lo más deseable el po­ der político sin ataduras, y que al mismo tiempo acepta un juicio moral negativo sobre ciertos usos del poder, es incoherente. La incoherencia reside en que el poder se considera incondicionalmente bue­ no y al mismo tiempo malo dadas ciertas condicio­ nes. Polos no es capaz de proveer una alternativa plausible a las ideas morales de Sócrates.

Una interpretación completa de la confronta­ ción con Polos requeriría ahora de una exposición de la teoría del castigo, que la complementa.206 No pienso, sin embargo, que sea necesario para nues­ tros propósitos, pues no alcanzo a ver nuevos ele­ mentos de la filosofía moral socrática en los pasajes correspondientes del texto. Su paradoja principal (“si uno ha cometido una injusticia, es mejor ser castigado que salir librado”) es un corolario inme­ diato de la tesis de que las trasgresiones morales son los peores males. El castigo, como los purgantes medicinales, es el instrumento apropiado para li­ berarse de ellos.

En la discusión con Calicles hallaremos nuevos desarrollos del núcleo de la posición socrática.

Antes reparemos en que hasta ahora -en lo que hemos visto del Gorgias, y tal como sucede en la Apología y el Critón- Sócrates no ha realizado nin­

gún intento directo por justificar los principios de su filosofía moral. Estos principios se validan de modo indirecto cara a cara con el interlocutor, que acaba aceptándolos después de que su posición ini­ cial ha sido refutada. En este sentido, no hay inten­ to de justificación más allá de los límites del diálogo mismo. La refutación parte de un acuerdo (o de la aceptación tácita de un acuerdo) surgido en el curso de la conversación, y este acuerdo expresa una opinión generalizada (por ejemplo, que uno debe permanecer en el puesto que el superior le ha asignado; que los acuerdos justos deben cumplir­ se, que es más vergonzoso cometer una injusticia que sufrirla). No se proporcionan más razones para

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provocar su aceptación. El punto crucial es que el interlocutor los acepta.207

En la confrontación con Calicles se mantiene este rasgo del élenjos, pero surge un nuevo tipo de

justificación, que esta vez busca convencer al lector de la verdad de las proposiciones morales fundamentales.

Calicles

y la justificación platónica