• No se han encontrado resultados

IA CONFRONTACION CON POLOS

El papel de los bienes no morales

IA CONFRONTACION CON POLOS

era un deporte griego!) (ii) La riqueza, la salud, una buena apariencia física y bienes similares sin duda pueden valorarse por sí mismos. Si se dan en con­ junto con la excelencia moral, no puede decirse que

sean puramente instrumentales. Pero también es cierto que pueden usarse para el bien o para el mal. En este sentido, cuando los consideramos de mane­ ra independiente del modo como se usan, no pode­ mos decir si nos benefician o nos dañan. Podemos llamarlos entonces “bienes condicionales”, pues son bienes intrínsecos con la condición de que hagamos de ellos un uso moralmente lícito. Tienen un papel menor, aunque constitutivo, en el bienestar humano, (iii) En la cima se hallan los bienes absolutos, incon­ dicionales, aquellos que son bienes sin importar con qué se los asocie. Estos son, como hemos visto, los bienes morales.192

¿Pueden hallarse huellas de esta clasificación triple (bienes puramente instrumentales, bienes con­ dicionales y bienes incondicionales) en los primeros diálogos? ¿O se trata de una construcción platónica posterior?

El Critón establece inequívocamente que la vida

buena es la vida justa, una tesis que afirma el peso pre­ ponderante de los bienes incondicionales. La misma obra incluye una interesante reflexión acerca de la enfermedad y el valor de la salud. Sócrates sugiere que cuando el cuerpo está enfermo la vida no vale la pena.193 La salud, entonces, parece altamente valo­ rada. No es un mero instrumento, aunque tampoco es estrictamente un elemento constitutivo de la vida buena. La justicia asociada con la enfermedad, aun

con la muerte, es todavía más deseable que la injusticia, como sea que se la califique.

¿Y qué ocurre con la riqueza? ¿Es puramente instrumental o puede considerarse un bien condi­ cional? Hay un pasaje en la Apología que proporcio­

na una lúcida respuesta a estos interrogantes, pero el lector que no sabe griego no suele advertirlo por­ que con frecuencia se traduce mal. Una tradución habitual es la siguiente:

La riqueza no trae la excelencia, pero la excelencia trae la riqueza y otras bendiciones públicas y privadas para los hombres.194

Según esta versión, Sócrates exhorta a là gente a que practique la virtud moral a partir del curioso fundamento de que los hará ricos... Pero si Sócrates es virtuoso y no se ha hecho rico, él mismo provee el contraejemplo pragmático que refuta su máxima.

Un estudio más detenido del texto griego revela que una traducción correcta no es vulnerable a esa refutación pragmática:

(T45) La excelencia [arete] no procede [gigrutai, llega a ser] de la riqueza, pero es a partir de la excelencia que la riqueza y las demás cosas [se vuelven] bienes para los seres humanos, tanto en la vida privada como en la pública.1®5

Traducidas de esta manera, estas líneas son co­ herentes con el pasaje del Eutidemo, y en parte con­

firman mi formulación de la doctrina socrática de los bienes. La riqueza por sí misma no genera exce­

!Λ CONFRONTACION CON POI.OS

lencia. Ser rico no te hace honesto. Pero la honesti­ dad y la justicia convierten la posesión y el uso de la riqueza en un bien genuino, en algo que es valioso poseer bajo la condición de que uno posea previa­ mente una excelencia moral.

Sócrates parece admitir, entonces, la existencia de otros bienes aparte de los morales, pero les asig­ na un lugar subordinado. No desempeñan ningún papel en las decisiones cruciales de su vida. Si uno tiene que optar entre (a) obtener y preservar un bien moral como la justicia, y (b) obtener y preservar un bien no moral como la riqueza, la salud e incluso la propia vida, lo racional es escoger (a).

Ahora podemos encarar la dificultad que nos lle­ vó a revisar el pasaje del Eutidemo. Cuando enfrenta­

mos una elección entre dos alternativas moralmente legítimas -esto es, cuando nada moralmente inapro­ piado se relaciona con ninguna de ellas-, ¿cómo de­ beremos proceder? Una simple solución de tipo socrático sería: la elección racional preferirá los bie­ nes condicionales no morales sobre aquellos pura­ mente instrumentales o sobre los males no morales (enfermedad, pobreza). Pero debemos estar alertas a que los bienes condicionales solo realizan una con­ tribución modesta, casi insignificante, a nuestra feli­ cidad. Si suponemos que hay templanza en ambos casos, uno debe preferir una alimentación que favo­ rezca la salud y no la enfermedad. Suponiendo que haya justicia, se debe preferir la riqueza y no la po­ breza, y así sucesivamente. Con todo, la vida buena del hombre virtuoso no se verá seriamente afectada por la enfermedad ni por la pobreza.

la existencia de los bienes condicionales expli­ ca por qué nuestros textos parecen oscilar entre pa­ sajes que indican que la injusticia es el mayor de los

males (y por ende que hay otros males)196 y pasajes que sugieren que la justicia es el único bien (y en­

tonces no hay otros).197 Pero, a pesar de esta asime­ tría, no hay razón para insistir en que se trata de una contradicción. La notoria desproporción entre los bienes morales incondicionales y los bienes condi­ cionales no morales explica por qué Sócrates, en al­ gunos contextos, en realidad considera a los primeros como prácticamente los únicos bienes.

En la Introducción sugerí que existen dos posi­ bles interpretaciones no instrumentales del concep­ to socrático de la felicidad. De acuerdo con la primera (2a: coincidencia total), las virtudes mora­ les son el único constituyente de la felicidad; de acuerdo con la segunda interpretación (2b: coinci­ dencia parcial), la felicidad incluye algunos bienes no morales.

Ahora estamos en condiciones de advertir que la diferencia entre ambas interpretaciones es míni­ ma. En rigor, (2b) es la correcta, por la presencia de bienes condicionales en el catálogo socrático de bienes. Una persona justa que posea riqueza y sa­ lud está (ligeramente) en mejor situación que otra que no las posea. Pero, puesto que la contribución de la riqueza y la salud es mínima y depende por completo de que sean usadas de un modo justo, si­ gue siendo cierto que algo es bueno para el agen­ te si, y sólo si, ese algo (o su uso) es moralmente correcto.198