La década de los setenta daba inicio con el quinto mandato de José María Velasco Ibarra (1968-1972); un gobierno populista jalonado por la represión, que desde la década anterior, había elegido como chivo expiatorio al comunismo. Las concepciones cepalinas de industrialización por sustitución de importaciones, iban alimentándose sobre la materialización de una reforma agraria que evolucionaba hacia un modelo desarrollista. Las Cámaras de Agricultura y Ganadería, representantes oficiales desde su creación en 1937, de los grandes propietarios terratenientes veían en las leyes reformistas una amenaza a sus luengas propiedades y a su estatus en el país. Esta presión ejercida continuamente tuvo sus concesiones a través de las propias leyes y las dictaduras sucesivas que velarían por cuidar los intereses de estas clases conservadoras propietarias.
En 1979 bajo la presidencia de Jaime Roldós Aguilera (1979-1981), se sancionó la Ley de Fomento y Desarrollo Agropecuario, una ley que definitivamente abandonaba cualquier resquicio distributivo de tierras; esta vez bajo nuevos (o reinventados) paradigmas, tales como el citado Desarrollo Rural Integral, que veremos con más detalle en siguientes apartados. Un modelo de desarrollo con el que se inició una década de proyectos avalados por instituciones multilaterales tales como el Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, Banco Interamericano de Desarrollo, entre otros.
Se trataba entonces, del inicio de las décadas del neoliberalismo y la sustitución definitiva de la reforma agraria estructural por la efervescencia de proyectos de desarrollo dirigidos a sectores y ámbitos concretos, no siempre bien planificados ni orientados365. En este sentido, tal como veremos, la UROCAL ha mantenido una línea
365
Gran parte de los éxitos de desarrollo rural del país vienen determinados por procesos socioeconómicos endógenos; este es el caso de la UROCAL, una trayectoria, que bajo una serie de experiencias acumuladas y vínculos con el mercado regional e internacional logrará consolidarse, no sin sufrir importantes reflujos organizativos, y sobre todo decadencia en lo productivo, como ocurrió durante las inundaciones del fenómeno climático El Niño en 1982-83. Luciano Martínez, en un trabajo de campo sobre la zona de la Maná, entre la Sierra y la Costa, advierte de los problemas derivados del desconocimiento de las agencias del desarrollo de los verdaderos intereses de las economías campesinas.
dialéctica con las organizaciones vinculas al desarrollo rural; este aspecto ha tenido importantes repercusiones que se irán valorando a lo largo de los apartados sucesivos.
Con el fin del ciclo bananero, llegó en 1972 la actividad de extracción petrolífera que abarcó toda la década del setenta366. La nueva dinámica productiva del país hizo pensar en las posibilidades de una nueva forma de desarrollo menos dependiente de la agroexportación. De esta manera, el gobierno nacionalista y revolucionario, presidido por el general Rodríguez Lara (1972-1976), se encargaría de impulsar el denominado ‘Plan Integral de Transformación y Desarrollo 1973-1977’. Dicho proyecto permitió entrever los diferentes frentes a los que se vería abocado el gobierno de Rodríguez Lara, entre ellos cabe destacar por el interés y conexión con el sector rural367:
a) Los nuevos intereses generados del extractivismo petrolífero por agentes especuladores con una clara motivación en extraer y comercializar el crudo de forma directa, sin posibilidades distributivas en la renta nacional.
b) Las sucesivas reivindicaciones y disputas de los grandes propietarios de tierras, posicionados en las Cámaras de Agricultura, que no aceptaban la segunda Ley
Las familias desean continuar con su trabajo agropecuario pero bajo estrategias de transformación y adaptación a las nuevas demandas del mercado. A pesar de ello, mientras las familias insisten tercamente en continuar con estas actividades, las agencias de desarrollo ni siquiera las visualizan e insisten en implementar nuevos cultivos que según afirman elevarán los ingresos. Martínez Valle, L., Dinámicas rurales en el subtrópico..., op. cit., p.65.
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De esta forma, en agosto de 1972 se iniciaron las exportaciones petroleras. Se revisaron concesiones a compañías extranjeras y se establecieron condiciones más ventajosas para el país. Además, el ingreso del Ecuador a la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo) disgustó al gobierno norteamericano. El gobierno tomó medidas favorables a la industria, como suspensión de ciertas importaciones; incremento del crédito y realización de grandes obras de infraestructura (...) intentó acelerar la reforma agraria y el fomento agropecuario. Creó empresas estatales para almacenamiento y comercialización agrícola (ENAC). Ayala Mora, E., Historia del Ecuador. Época Republicana.
Universidad Andina Simón Bolívar, 2008, Quito, p.112. No obstante lo anterior, la empresa Anglo Ecuadorian Oil Fields Limited, concesionaria de miles de hectáreas en el litoral en torno a la península de Santa Elena, ya estaba extrayendo crudo desde la temprana fecha de 1911; actividad extractivista que no repercutiría en los ingresos del país. Reyes Salazar, N., Los 60´s sin rock..., op. cit., p.340. Para los efectos socioeconómicos derivados de la extracción de crudo, el reciente trabajo de Ortiz Tirado, P., Petróleo y comunidades indígenas: extractivismo, conflictos y desarticulación social, en Korovkin, T., (Compiladora), Efectos sociales de la globalización... op. cit., pp. 16-78. Merece especial mención el film del director franco Henri-Georges Clouzot, titulado “El salario del miedo” (1953), sobre la dramática vida de los poblados y trabajadores de las petroleras en Latinoamérica.
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El plan modernizador se plasma en el documento denominado “Filosofía y Plan de Acción del Gobierno Revolucionario y Nacionalista del Ecuador” de 1972. Del documento se extraen los siguientes objetivos: a) defender la integridad territorial; b) buscar la integración nacional; c) preservar la soberanía nacional; d) buscar el desarrollo integral del país. Líneas de acción para alcanzar los objetivos: a) realización de una verdadera Reforma Agraria; b) realización de reformas en la estructura financiera, bancaria y crediticia. Verduga, C., El proceso económico ecuatoriano contemporáneo. Análisis del periodo 1972-1975, en Salgado, G. et. al., Ecuador, hoy, Siglo veintiuno, Colombia, 1981, pp.66-75. Como veremos los objetivos planteados por el gobierno formarán parte de las sucesivas estrategias de modernización cuyos resultados más evidentes se vislumbran a partir de 1975 con el Desarrollo Rural Integral.
de Reforma Agraria, de hecho acusaban al gobierno de promover el “estatismo, el comunismo solapado y la destrucción de la empresa privada”368.
c) Por último, pero no menor, el hecho de impulsar un proyecto político que pretendía dar poder al Estado y a través de éste, articular las demandas sociales de base.
Los proyectos reformistas y su éxito dependerían, en cierta medida, de aunar los nuevos sectores sociales de poder (vinculados a la extracción y producción de crudo) con los sectores marginados de la sociedad; además, y esto sería una pieza clave, se pretendía fortalecer a las organizaciones de base según los intereses socioeconómicos. En definitiva, se trataba de crear una base económica productiva capaz de suministrar insumos a un mercado nacional emergente, así como impulsar medidas sociales que ‘calmaran’ a los campesinos y ex precaristas, sin tierra o bajo condiciones laborales susceptibles de volverse en contra del gobierno militar, a través de movilizaciones sociales, etc.
Cabe subrayar el importante desarrollo y expansión de las organizaciones sindicales para esta década. Así, la Federación Ecuatoriana Indígena (FEI) junto a la Confederación de Trabajadores del Ecuador (CTE) habían protagonizado ‘la gran marcha por la reforma agraria’ durante el III Congreso de la FEI celebrado en 1961; diez años después, en 1972, se llevaba a cabo la Primera Conferencia Latinoamericana de Reforma Agraria, auspiciada por la Central Ecuatoriana de Organizaciones Clasistas369 (CEDOC) y la Federación Campesina Latinoamericana (FENOC). La UROCAL estuvo vinculada al sindicalismo de estos años, así quedó reflejado en un documento de archivo:
“Desde su nacimiento la UROCAL está unida a la Federación Nacional de Campesinos, FENOC, y a la Federación Provincial de El Oro... Comparte un método de acción sindical en el que se involucran fuerzas políticas”370.
Fundadores del CECCA y partícipes en la formación de la UROCAL, fueron actores protagonistas de los movimientos sindicales en la costa. Así lo manifestaba Hernán Rodas:
368
Ayala Mora, E., Historia del Ecuador..., op. cit.,p.113.
369
La CEDOC, tiene un origen católico derechista, que, junto al sector más avanzado de la clase obrera ecuatoriana, agrupado en la CTE (de orientación marxista), conformaron un vigoroso frente de lucha. Cueva, A., “Ecuador en su nueva encrucijada histórica”, Cuadernos Políticos, número 27, México, D. F., Ediciones Era, abril-junio de 1979, pp. 49-54.
370
“Fernando Velasco es un teórico, un político, un tipo muy lúcido, que nos llamó y se empezó a formar el Movimiento Revolucionario de los Trabajadores: estuve yo, Paco Rhon... entre otros, gente pensando políticamente las cosas, desde otra vertiente partidaria, pensando desde una vertiente sindical. Yo estuve en el equipo de formación de sindicatos, tanto en El Oro como en Quito”371.
Más allá de los logros de las federaciones de trabajadores, la realidad vista en perspectiva histórica fue la una ‘modernización conservadora’, parafraseando a Javier Ponce, o de un ‘progresismo conservador’, como apunta Hugo Assman372. Así, la consagración de las grandes unidades productivas que, evidentemente, fueron convergiendo en un proceso de mecanización, con la subsiguiente expulsión de mano de obra de jornaleros que fueron diversificando, forzadamente, su empleabilidad en una pluriactividad373 y subempleo al interior del sector rural. También se produjo un influjo en los procesos migratorios hacia las ciudades que se consagraban en tugurios de un importante tejido social de pobres rurales sin oficio reconocido374.
Por otro lado, hubo sectores relativamente beneficiados de la reforma agraria, es el caso de algunos sectores de campesinos organizados en cooperativas, como fue el caso de la UROCAL,
“En esta nueva etapa se da una movilización campesina en la zona, presionando sobre la tierra en acción solidaria con organización que tuvieron una idea semejante diez años atrás”.
El texto citado del archivo CECCA, hace referencia a la coyuntura de los años 70; habían transcurrido diez años desde la primera Reforma Agraria de 1964 y la situación en la zona costeña de influencia de la UROCAL no era demasiado halagüeña; las organizaciones sindicales y campesinas en general no presentaban un frente unitario:
371
Entrevista a Hernán Rodas, Paute, Cuenca-Ecuador, agosto de 2010.
372
Assman, H., El Banco Mundial un caso de Progresismo Conservador, ed. DEI, San José de Costa Rica, 1980.
373
Se podría aducir que el estudio pionero de Luciano Martínez, bajo el título de Empleo rural en el Ecuador (1992) es el que “descubre que cerca del 40 por ciento de la población rural del país está dedicada a actividades no-agropecuarias, donde sobresalen la artesanía, comercio y servicios”. Martínez Valle, L. “La investigación rural a finales de siglo..., op. cit., p.21.
374
Cabe destacar zonas suburbiales de Machala, capital del El Oro, donde la UROCAL tiene sus oficinas, y donde un importante contingente humano forma parte de los desempleados provenientes de un campo que expulsa como atrae mano de obra constantemente.
“Las organizaciones nuevas no tienen suficiente coherencia interna y son más asociaciones instrumentales que se mantienen en tanto consiguen establecerse en la tierra y consiguen su propiedad legal. Su conciencia frente al Estado y a los grupos de presión y la misma solidaridad interna se desarrolla en marcos limitados. Se identifican más con los grupos que consiguen finalmente beneficios y recursos que por el hecho de ser campesinos. La estructura social del campesinado en la zona es compleja por los estratos que la conforman, por las funciones que desempeñan y que se manifestaban en conductas contradictorias”375.
En 1976 Rodríguez Lara será depuesto por el Consejo Supremo de Gobierno,
encabezado por el almirante Alfredo Poveda Burbano, que mantendría el régimen militar, limitando sus políticas progresistas y llevando adelante actos de represión contra los trabajadores, como el que devino en la masacre de los obreros del ingenio azucarero AZTRA en 1977. Acosado desde todos los frentes abiertos por la clase dominante, Rodríguez Lara tampoco supo apoyarse en las masas, haciendo caso omiso a las huelgas de trabajadores y a la consolidación progresiva de las organizaciones campesinas376. La serie escalonada de represiones sobre las organizaciones sindicales y campesinos organizados definió estos últimos años de la década que daba paso a una transición hacia el modelo democrático; así, tal como apunta Agustín Cueva:
“la preparación zigzagueante del denominado ‘retorno’ al orden constitucional, en medio de soterradas pugnas entre diversas facciones militares, algunas de las cuales se oponían precisamente a dicho ‘retorno’ (...) quizá pueda parecer contradictoria, que por un lado parecía abrir el juego democrático y por otro acentuaba considerablemente la represión”377.
Las voces discordantes con el régimen militar vinieron de diversos frentes especialmente de las organizaciones sindicales, tales como la citada CEDOC, que en su periódico COMBATE, La voz del trabajador Orense Organizado, denunciaba el caso AZTRA. En la provincia de Cañar (al norte de la provincia de Azuay), tuvo lugar un
375
Archivo CECCA: “Nuestra organización... doc. citado.
376
Ayala Mora, E., Historia del Ecuador..., op. cit., p.113.
377
levantamiento por parte de los trabajadores del ingenio azucarero. Las reivindicaciones salariales y laborales estaban holgadamente justificadas ante unas condiciones que se podrían tildar de esclavistas. Hemos recogido parte de los acontecimientos por la conexión con los sucesos que para esta época de los setenta sufrió la UROCAL; persecuciones y movilizaciones sociales ahogadas, que darían lugar a unas organizaciones populares y campesinas fuertemente politizadas:
“La matanza de los trabajadores de AZTRA fue para la dictadura un hecho más dentro de un plan de desmovilización, control y represión contra la organización popular de nuestro país. La clase dominante necesitaba ‘tranquilidad’ para iniciar su plan de retorno y le estorbaba un pueblo que avanzaba, que hacía huelgas nacionales, paros y manifestaciones”378.
Términos en los que el periódico de la CEDOC denunciaba al triunvirato militar de represión y omisión de los movimientos sociales y sindicales y, por ende, la creación de un malestar entre las clases populares emergentes y unas clases medias beneficiarias relativas de los ingresos del petróleo379. El gobierno de Jaime Roldós inició el periodo democrático en 1979 bajo unas condiciones sociales precarias: la represión de varias dictaduras que desde los sesenta habían deteriorado el tejido social del país; como también, concretamente en el ámbito rural, campesinos que salidos del huasipungo, del precarismo y de otras relaciones precapitalistas, pasaban a engrosar las filas de un proletariado rural en condiciones económicas y sociales inestables, alejadas de las reivindicaciones de las organizaciones campesinas y sindicales.
También la colonia de campesinos de Shumiral, como otras de la zona, durante los setenta sufrieron persecuciones y algunos de ellos murieron bajo pretextos anti comunistas y subversivos; detrás de estas persecuciones, en ocasiones, se hallaban los intereses económicos de las clases dominantes de propietarios, militares entre otros, como destaca el siguiente documento:
378
Archivo CECCA, periódico COMBATE, p.1. octubre, 1979.
379
Un desarrollo de la clase media propiciado fundamentalmente por una economía basada en el petróleo, en un proceso industrializador y una expansión urbanística, como ha recordado Larrea, C., The Mirage of Develpment: Oil, Employment and Poverty in Ecuador (1972-1990), Tesis de Ph. D. York University, 1993.
“Quienes llegamos en busca de trabajo, abrigamos la esperanza de conseguir tierra, donde poder vivir con nuestras familias, en esto coincidíamos todas las personas que por falta de tierra habíamos abandonado nuestros pueblos de origen, algunos en la Sierra otros en zonas del Litoral. Las expectativas creadas en torno a la Ley de Reforma Agraria expedida en 1973 por el gobierno de Rodríguez Lara, despertaron en los campesinos pobres el espíritu de organizarse para luchar por la tierra. Así, en ese año se inició una nueva serie de conflictos (ya que años atrás habían surgido con la United Fruit), en nuestra zona; la lucha por la tierra se estimulaba al albur de la segunda ley de Reforma Agraria; miles de campesinos de muchas partes del país tomaron terrenos, baldíos y sin cultivar, de las enormes haciendas que van desde Naranjal al Guabo (entre el sur de Guayas, zona costanera de Azuay y El Oro)”.
La fuerte arremetida del sector terrateniente con la colaboración de la policía y el ejército obligó a las organizaciones a buscar el respaldo y la solidaridad de las organizaciones vecinas; algunos campesinos y miembros de la UROCAL fueron a las cárceles, otros torturados e incluso cuatro fueron asesinados. Estas condiciones desfavorables para la organización y movilización campesina, dieron como resultado un importante saldo de conflictos por la tierra en toda la zona costeña entre 1974-75,
“Pero a su vez el gobierno, ejército y terratenientes redoblaron su ataque, se instaló en la Hacienda Balao el cuerpo especializado del ejército denominado ‘Escuadrón de la Muerte’. El gobierno cerró todo trámite legal, las haciendas pusieron puertas y guardias armados, se hicieron listas de supuestos agitadores para controlarlos y amenazarlos. Vemos cómo las haciendas se han hecho más fuertes, han asegurado cercas y controles, tienen gran cantidad de maquinarias modernas, abundan créditos, algunos tienen policía propia (...) han impedido que los trabajadores se organicen”380.
Durante el periodo en el que se sufría dicha represión, la colonia agrícola pasó al régimen cooperativista bajo el acrónimo UROCAL; y en este complicado contexto, los campesinos tenían que producir de alguna forma para sobrevivir y poner en marcha un
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proyecto cuanto menos competitivo en un mercado que estaba creciendo y expandiéndose y, sobre todo, como ya indicamos, abriéndose a una economía mundial que dejaba en franca desventaja a las precarias economías de pequeños productores.
Otros problemas enfrentados fueron la progresiva concentración de la tierra en manos de los antiguos hacendados y nuevos propietarios emergentes; los problemas derivados de una Ley de Reforma Agraria no cumplida y un corpus legislativo sucesivo (1979, 1994...) que no consideró la vía campesina como desarrollo, sino la empresarial en un marco competitivo dejando de lado los intereses de grandes masas de campesinos.
De esta forma aparecen documentadas las controversias explicitadas en cuanto a las reformas agrarias, durante el I Congreso de la cooperativa celebrado en Shumiral, en 1983:
“¿Qué pretendía la reforma agraria? Una sola cosa, la penetración del capitalismo en el campo; es decir, la transformación de las haciendas en empresas agrícolas, mediante la transformación de los trabajadores precaristas en trabajadores asalariados o en productores directos ligados al mercado. Este objetivo se ha cumplido y por eso para el capital extranjero y sus sirvientes en este país, la reforma agraria está concluida, ya no se debe hablar de ella sino de ‘fomento agropecuario’, de fomento de las empresas agropecuarias (...). Este hecho, que parecía una conquista de los campesinos, sólo significó el mecanismo a través del cual los latifundios trabajados bajo formas precarias pasan a producir para el mercado bajo formas más modernas, pues tan pronto como ‘conquistan’ la tierra, las cooperativas se desintegran y la tierra se vuelve a reconcentrar, generalmente en manos de los dirigentes que ahora pasan a utilizar trabajadores asalariados”381.
Hay que subrayar que el ejercicio crítico desarrollado por la UROCAL en sus congresos no fue óbice para la ejecución de programas enmarcados en propuestas que convergían en la dinámica de reconversión empresarial que demandaba el capitalismo emergente en el país. Así, y bajo este contexto modernizante, se produjeron los primeros proyectos de la cooperativa UROCAL, con la puesta en marcha de una
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secadora de cacao, lo que en principio debía mejorar las condiciones productivas y de subsistencia básicas de los productores agregados a la cooperativa.
En este proceso jugaron un papel esencial diversas organizaciones y agencias del desarrollo, tales como la Central Ecuatoriana de Servicios Agrícolas (CESA), el Fondo Ecuatoriano Populorum Progressio (FEPP), y Agro Acción Alemana (Welthungerhilfe). La primera participará activamente en este primer proyecto a través de asesoramiento