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A LOS 88 AÑOS SIENTO ARDER LA CARNE

CRISIS CONTADAS

6. A LOS 88 AÑOS SIENTO ARDER LA CARNE

San Alfonso María de Ligorio escribía así a su prima pocos años antes de morir: “Me dices que a veces te sientes casi perdida. Consolémonos mutuamente y animémonos, pues yo atravieso el mismo temporal. Me ronda la muerte, y ahora justamente me veo acosado de tentaciones. Pero me ayudo como tú, mirando al crucifijo. Agarrémonos, pues, a la cruz, tengamos siempre puestos nuestros ojos en Cristo moribundo. (...) Sigamos rezando constantemente: Señor, haz que yo te ame (...) Que en medio de estas perturbaciones, no te olvides de encomendar a Jesucristo los pobres pecadores”.

Después de una vida de encendido amor a Dios, de servir a la Iglesia –fundó la Congregación de los Redentoristas–, etc., a sus 85 años se ve metido en una borrasca que le dura cinco años. Años llenos de aridez, escrúpulos y frialdad, y llenos – sorprendentemente– de tentaciones de lujuria, contra la pureza. “¿Qué es esto – pregunta– que a los 88 años siento arder la carne con fuerza de joven?”.

Pide oraciones por él y confía en su Padre Dios. Y lleva a la práctica lo que aconseja: “Rece con frecuencia: Jesús mío, quiero confiar en ti hasta el último instante; quiero esperar siempre en que me has de salvar para ir al cielo a amarte para siempre. Esta plegaria hágala por usted y por mí. (...) Loco está el que deliberadamente quiere desconfiar en Dios”.

Pero un día, a los cinco años de combate, vuelve la paz. Acaba sus días con estas palabras: “Yo he estado siempre o casi siempre vacilante y dudoso; por fin, ahora, a 21 de octubre de 1785, confiándome a las manos de Jesucristo, muero seguro, esperando salvarme por los muchos méritos de Jesucristo y María, confiando en ir luego a darles las gracias en el cielo”.

(cfr. S. Alfonso María de Ligorio, Dominisio Ruiz Goñi, BAC popular, Madrid 1987)

7. CRISIS DE FE

Una tremenda crisis de fe, que la acompaña un tiempo largo, hace sufrir a Teresa de Liseaux a sus veinte años poco pasados. Ella cree, porque quiere creer. Pero sus sentimientos le gritan que todo lo de Dios –y Dios mismo– no es más que un cuento: siente que todo es mentira. Esta crisis fue el camino para una fe mayor. No pierde su confianza en Dios... y la crisis pasó.

Me imagino que he nacido en un país cubierto de espesa niebla, y que nunca he contemplado el rostro risueño de la naturaleza inundada de luz y transfigurada por el sol radiante. Es cierto que desde la niñez estoy oyendo hablar de esas maravillas. Sé que el país donde vivo no es mi patria y que hay otro al que debo aspirar sin cesar. Esto no es una historia inventada por un triste país donde me encuentro, sino que es una verdadera realidad, porque el rey de aquella patria del sol radiante ha venido a vivir 33 años en el país de las tinieblas.

Decía que desde niña crecí con la convicción de que un día me iría lejos de aquel país triste y tenebroso. No sólo creía por lo que oía decir a las personas más sabias que yo, sino porque en el fondo de mi corazón yo misma sentía profundas aspiraciones hacia una región más bella. Lo mismo que a Cristóbal Colón su genio le hizo intuir que existía un nuevo mundo, cuando nadie había soñado aún con él, así yo sentía que un día otra tierra me habría de servir de morada permanente.

Pero de pronto, las nieblas que rodean se hacen más densas, penetran en mi alma y la envuelven de tal suerte, que me es imposible descubrir en ella la imagen tan dulce de mi patria. ¡Todo ha desaparecido...! Cuando quiero que mi corazón, cansado por las tinieblas que lo rodean, descanse con el recuerdo del país luminoso por el que suspira, se redoblan mis tormentos. Me parece que las tinieblas, adoptando la voz de los pecadores, me dicen burlándose de mí: “Sueñas con la luz, con una patria aromada con los más suaves perfumes; sueñas con la posesión eterna del Creador de todas esas maravillas; crees que un día saldrás de las nieblas que te rodean. ¡Adelante, adelante! Alégrate de la muerte, que te dará, no lo que tú esperas, sino una noche más profunda todavía, la noche de la nada”.

Madre querida, la imagen que he querido darle de las tinieblas que oscurecen mi alma es tan imperfecta como un boceto comparado con el modelo. Sin embargo no quiero escribir más, por temor a blasfemar... Hasta tengo miedo de haber dicho demasiado.

Que Jesús me perdone si le he disgustado. Pero él sabe muy bien que, aunque yo no goce de la alegría de la fe, al menos trato de realizar sus obras. Creo que le he

hecho más actos de fe de un año a esta parte que durante toda mi vida. Cada vez que se presenta el combate, cuando los enemigos vienen a provocarme, me porto valientemente: sabiendo que batirse en duelo es una cobardía, vuelvo la espalda a mis adversarios sin dignarme siquiera mirarlos a la cara, corro hasta Jesús y le digo que estoy dispuesta a derramar hasta la última gota de mi sangre por confesar que existe un cielo; le digo que me alegro de no gozar de ese hermoso cielo aquí en la tierra para que él lo abra a los pecadores incrédulos por toda la eternidad.

Así, a pesar de esta prueba que me roba todo goce, aún puedo exclamar: “Tus acciones, Señor, son mi alegría”. Porque ¿existe alegría mayor que la de sufrir por tu amor...? Cuanto más intimo es el sufrimiento, tanto menos aparece a los ojos de las criaturas y más te alegra a ti, Dios mío. Pero si, por un imposible, ni tú mismo llegases a conocer mi sufrimiento, yo aún me sentiría feliz de padecerlo si con él pudiese impedir o reparar un solo pecado contra la fe.

Madre querida, quizás le parezca que estoy exagerando mi prueba. En efecto, si usted juzga por los sentimientos que expreso en las humildes poesías que he compuesto durante este año, debo de parecerle un alma llena de consuelos, para quien casi se ha rasgado ya el velo de la fe. Y sin embargo, no es ya un velo para mí, es un muro que se alza hasta los cielos y cubre el firmamento estrellado...

Cuando canto la felicidad del cielo y la eterna posesión de Dios, no experimento la menor alegría, pues canto simplemente lo que quiero creer. Es cierto que, a veces, un rayo pequeñito de sol viene a iluminar mis tinieblas, y entonces la prueba cesa un instante. Pero luego, el recuerdo de ese rayo, en vez de causarme alegría, hace todavía más densas mis tinieblas.

Nunca, Madre, he experimentado tan bien como ahora cuán compasivo y misericordioso es el Señor: El no me ha enviado esta prueba hasta el momento en que tenía fuerzas para soportarla; antes, creo que me hubiese hundido en el desánimo... Ahora hace que desaparezca todo lo que pudiera haber de satisfacción natural en el deseo que yo tenía del cielo... Madre querida, ahora me parece que nada me impide ya volar, pues no tengo ya grandes deseos, a no ser el de amar hasta morir de amor...

COLECCIÓN PREGUNTAS Directores:

Xame Morell Soler - José Pedro Manglano Castellary

[email protected] - www.manglano.org [email protected]

1? ¿Puedo estar seguro de algo? Responde: Javier Aranguren (2ª edición)

2? Hacia el año 2000: ¿Qué nos espera en el siglo XXI? Responde: Raúl Berzosa

3? ¿Sigue vivo Dios? Responde: José Pedro Manglano Mikel Gotzon Santamaría Garai (5ª edición)

4? ¿Se puede aprender a sufrir?

Responde: José Pedro Manglano (4ª edición) 5? ¿Adicciones… sin drogas? Las nuevas adicciones.

Responde: Enrique Echeburúa (2ª edición) 6? ¿Necesita Dios de un hombre para perdonarme?

(90 preguntas sobre la confesión) Responde: Santiago Cañardo (4ª edición)

7? ¿Es la Filosofía un cuento chino? Responde: José Ramón Ayllón (4ª edición)

8? ¿Dios en OFF? Trampas en las que perdemos a Dios Responde: José Pedro Manglano (9ª edición)

9? ¿Síndrome de Peter Pan? Los hijos que no se marchan de casa Responde: Aquilino Polaino-Lorente (2ª edición)

10? ¿Anoréxica… Yo? ¿Anoréxica… Mi hija? Responde: Pilar Gual

11? ¿Qué es eso de las tribus urbanas? Responde: Raúl Berzosa

12? ¿Qué pasa por fabricar hombres? Responde: Juan A. Martínez Camino (3ª edición)

16? ¿Medios de comunicación? Guía para padres y educadores Responde: José Francisco Serrano Oceja

19? ¿Es posible mejorar la relación con tu pareja? Responde: Marta López-Jurado Puig (2ª edición)

Serie fen Experiencias

13? ¿Cómo transmitir la fe? Cartas a los nietos Responde: Julio Jauregi

14? ¿Por qué esperar a estar casados?... si ya nos queremos Responde: Mar Sánchez Marchori (3ª edición)

15? Diario de un esquizofrénico Urbegi (5ª edición)

17? La esquizofrenia: diario de un viaje Miguel Gozález Purroy “Urbegi”

18? Mi querido agnóstico ¿En qué creemos los cristianos y qué motivos tenemos para creerlo

Notas

[1]Marcos 9, 24

[2]Esta expresión la pone un profeta en boca de Dios. [3]“Daré mi vida por ti” Juan 13, 37

[4]Juan 18, 12-27 [5]Juan 18, 2-3

[6]Lucas 4, 2-4. “Se dividirá el padre contra el hijo y el hijo contra el padre...” (Lucas

12, 53)

[7]Lucas 4, 22 [8]Juan 15, 18 ss.

Index

INTRODUCCIÓN

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