CAPÍTULO I: EL CONCEPTO DE «FÓRMULA ORACIONAL»
1.4. A modo de conclusión
Como hemos podido comprobar a lo largo de este capítulo, el interés que despiertan las unidades fraseológicas queda patente y demostrado a partir de los estudios llevados a cabo por los autores eslavos ya desde antes del s. XVIII. Sin embargo, no es hasta mediados del s. XX,
gracias a los trabajos de Vinogradov124, cuando estos estudios se asientan y comienzan a crearse las bases científicas de una nueva disciplina lingüística encargada de estudiar este tipo de unidades tan peculiares desde un punto de vista formal y semántico: la fraseología. Es, por tanto, un ámbito científico relativamente joven, cuyos objetivos principales fueron, en un primer momento, meramente compilatorios y descriptivos, en relación con las distintas clases de unidades fraseológicas, especialmente los refranes y las locuciones, para terminar vinculando, hoy en día, un compendio de disciplinas con las que se intenta contemplar todas las facetas que inciden sobre el conjunto de fraseologismos de una lengua.
Si bien es cierto que desde el comienzo de tal disciplina se ha aludido a todos los elementos que pudieran considerarse fraseologismos, de acuerdo a criterios, eso sí, más o menos uniformes y coherentes, y de maneras más o menos directas, también lo es que los intereses de los especialistas se han centrado, sobre todo, en las clases de las locuciones y de los refranes, tratados estos últimos más específicamente desde la paremiología. Como resultado de ello, podríamos afirmar que la fraseología del español ha prestado escasa atención a las unidades fraseológicas que constituyen nuestro objeto de estudio, las fórmulas oracionales, o, al menos, no como una clase de fraseologismo independiente de otras y con características propias que permiten su delimitación. De hecho, como hemos podido ver, todavía hay autores que incluyen las fórmulas oracionales dentro de otras clases de fraseologismos, como hace, por ejemplo, García-Page (2008) cuando alude a sus locuciones oracionales; incluso hemos
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No obstante, no pasamos por alto que, aunque el autor parte de los estudios llevados a cabo por el también ruso L. V. Ščerba, no obvia los trabajos previos del suizo Charles Bally (1905 [1965]), y, por ello, para muchos especialistas es este último el precursor de los estudios sobre fraseología dentro de Europa. Es más, algunos autores consideran, incluso, que el verdadero iniciador de los estudios fraseológicos en el ámbito europeo fue el maestro de Bally, esto es, el francés Michel Bréal (Bardosi, 2010 y Coseriu, 2000). Sin embargo, aunque ambos advirtieron ya de los problemas y características particulares de las unidades complejas (fraseológicas), no es hasta Vinogradov cuando se instaura la fraseología como una disciplina de base sólida.
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podido comprobar que en obras relativamente actuales, como la Nueva Gramática de la
Lengua Española (2009), aún se consideran locuciones interjectivas, hecho que contradice la
teoría básica fraseológica que define una y otra clase, esto es, el hecho de que las locuciones, como tales, son elementos constitutivos de un enunciado, mientras que las fórmulas oracionales constituyen por sí mismas enunciados.
A la par que se han ido desarrollando disciplinas como la lexicografía, la pragmática y, más concretamente, el análisis del discurso y de la conversación, metodologías como la lingüística cognitiva o, incluso, ámbitos de estudio como la enseñanza de lenguas extranjeras, las posibilidades de análisis de estas unidades han aumentado considerablemente, tanto dentro como fuera del ámbito peninsular. Estas diferentes perspectivas han permitido que un gran número de estudios lleguen a justificar la entidad de las fórmulas oracionales, se delimiten con respecto al resto de fraseologismos, y que, por tanto, se adscriban a una clase independiente y propia. Muestra de ello, serían los trabajos especializados de Zuluaga (1980), Corpas Pastor (1996), de los lexicógrafos Seco, Andrés y Ramos (2004), las investigaciones más recientes de Alvarado Ortega (2010) o Alesssandro (2011), dentro de la fraseología española, y los estudios de Dobrovol’skij y Barànov (2009), de los fraseólogos alemanes y de Zamora (1998), fuera de nuestras fronteras o para lenguas extranjeras.
No obstante, a día de hoy todavía se sigue trabajando en esa delimitación de clases pues, aunque es cierto que las fórmulas oracionales poseen características propias que las diferenciarían de las locuciones, de las paremias y de las colocaciones, también lo es que existe una zona periférica conflictiva en la que hallamos unidades no fraseológicas con características compartidas (autonomía semántica y funcional, por ejemplo), lo que hace realmente compleja la distinción entre algunas fórmulas oracionales y otras unidades de la lengua, sean estas fraseológicas (como los esquemas fraseológicos125 y las locuciones clausales) o no, como sería el caso de las interjecciones y ciertos marcadores del discurso126.
A pesar de los estudios en torno a esta clase específica de fraseologismos, existe otro obstáculo para el que aún no hay una respuesta unánime por parte de los especialistas y que evidencia la corta vida de esta disciplina, a saber: los términos empleados para denominarlas. Este hecho ha dado como resultado una no reducida lista de denominaciones que dificultan,
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Mura (2014) aborda el estudio de los esquemas fraseológicos en el español coloquial. 126
«Los marcadores del discurso son unidades lingüísticas invariables, no ejercen una función sintáctica en el marco de la predicación oracional y poseen un cometido coincidente en el discurso: el de guiar, de acuerdo con sus distintas propiedades morfosintácticas, semánticas y pragmáticas, las inferencias que se realizan en la comunicación» (Portolés, 2001: 48).
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aún más, la identificación, descripción y delimitación de las unidades que nos ocupan. Los propios títulos de los apartados de este capítulo son la mejor muestra de esta disparidad terminológica, pues solo a partir de los autores que analizan las españolas tenemos:
- frase proverbial y locución interjectiva (Casares),
- enunciado fraseológico (Zuluaga),
- expresión y fórmula (Varela y Kubarth),
- fórmula rutinaria (Corpas Pastor),
- fórmula pragmática (Ruiz Gurillo),
- fórmula oracional (Seco, Andrés y Ramos),
- locución oracional (García-Page),
- fórmula rutinaria (Alvarado Ortega),
- fórmula pragmática psicosocial no rutinaria (Alessandro) y
- locución interjectiva entre otros más (Nueva Gramática de la Lengua Española).
A modo de resumen, podríamos decir que existen, en esta especie de tótum revolútum que se ha ido formando, tres tendencias:
- Por un lado, los estudios que optan por referirse a estos fraseologismos a partir de términos demasiado vagos e inespecíficos y que aluden, sobre todo, a su naturaleza fraseológica, como el de frase proverbial de Casares (1950), los de dicho, frase hecha,
cliché o muletilla, que maneja Zuluaga (1980), junto con el de enunciado fraseológico, o
los más recientemente utilizados por la Academia en su Nueva Gramática (2009):
expresión, fórmula127o secuencia.
- Por otro lado, existen autores que, a través del término acuñado, desean dar cuenta del frecuente carácter interjectivo o exclamativo que poseen estas unidades. Prueba de ello serían los términos siguientes: locución interjectiva, de Casares (1950); enunciado
fraseológico interjectivo, de Zuluaga (1980); y locución interjectiva formularia, frase
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Sobre el uso del término fórmula en la lexicografía española tanto general como especializada, véase Olímpio de Oliveira Silva (2010: 449-472).
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exclamativa, fórmula exclamativa, oración exclamativa lexicalizada, oración exclamativa
inmovilizada, presentes en la Nueva Gramática (2009).
- Por último, y teniendo como referente el ya muy implantado término fórmula rutinaria de Corpas Pastor (1996), existen autores que, a la hora de denominarlas, acuden a las características discursivas que poseen y al hecho de que son necesarios ciertos elementos extralingüísticos para su absoluta comprensión. De este modo, especialistas como Dobrovol’skij y Barànov (2009), Alvarado Ortega (2010) y Zamora (1998) y Alessandro (2011), basándose en este último, se refieren a ellas con los términos fórmula de habla,
fórmula discursiva o rutinaria/fórmula pragmática discursiva no rutinaria, y locución
pragmática situacional/fórmula pragmática idiomática, respectivamente. En algunas
ocasiones, igualmente, se alude al hecho de que su significado pueda estar directamente relacionado con determinadas funciones comunicativas, como sería el término fórmula
comunicativa, utilizado por los autores alemanes Coulmas, Fleischer y Burger.
Esta disparidad de denominaciones sin duda tiene su base en el intento de los expertos por dar cuenta de algunas de sus particulares características dentro del conjunto de unidades fraseológicas y, al mismo tiempo, diferenciarlas de cualquier otro tipo de fórmulas o enunciados no específicamente fraseológicos. De tal manera, resulta habitual en la bibliografía consultada encontrar que, a través de los términos utilizados, se aluda al carácter idiomático que poseen las fórmulas oracionales, con adjetivos como fosilizada, lexicalizada o
idiomática, o a su entidad como construcciones autónomas desde el punto de vista semántico
y funcional, como reflejan los términos enunciado fraseológico, fórmula oracional u otros menos habituales como el de frase/oración exclamativa.
En la presente tesis, hemos optado por referirnos a las unidades objeto de nuestro estudio con el término fórmulas oracionales, pues entendemos que con este quedan recogidas las dos características básicas atribuidas a las unidades a las que se refiere. Así, fórmula puede vincularse al carácter fraseológico que estas poseen, al tiempo que alude al hecho de que son estructuras fijas formalmente y a que su significado es unitario e idiomático, esto es, a su naturaleza más o menos idiomática. En este sentido, consideramos que el empleo de este término resulta más adecuado que el de enunciado, dado que este último es utilizado frecuentemente con un sentido más abarcador que alcanza, incluso, las unidades no fraseológicas. De hecho, en algunas ocasiones, se entiende que dentro de los enunciados
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fraseológicos tienen cabida tanto las fórmulas (bien rutinarias bien discursivas) como los refranes, interpretación poco factible cuando nos referimos al término fórmula.
Por lo que respecta a oracional, podemos señalar que, en esta ocasión no se debe relacionar el término con el concepto tradicional y exclusivamente gramatical con el que se alude a la secuencia lingüística compuesta por un sujeto y un predicado, pues en nuestra descripción no se han tenido en cuenta solo las propiedades formales y/o estructurales de las fórmulas oracionales, sino, más bien, su función comunicativa. Una muestra de ello serían las fórmulas oracionales que no se ajustan formalmente a la estructura básica Sujeto + Predicado antes mencionada, como, por ejemplo, madre mía. En este caso, optamos por una concepción del término oración más amplía, que sirva para aludir igualmente a su carácter independiente y autónomo desde el punto de vista semántico, dado que estas unidades, las fórmulas oracionales, gozan de significado completo, esto es, constituyen actos de habla, hecho que relaciona el término oración con el de enunciado.
Por lo que respecta a su concepción, cabe señalar que, a diferencia de la aceptación unánime del concepto de «locución» de Julio Casares que existe dentro de la fraseología española, no disponemos actualmente de una única visión ni definición para las fórmulas oracionales. Así, hemos podido comprobar que, en relación con el concepto de «fórmula oracional», se percibe cierta vacilación a la hora de determinar si algunas de las unidades adscritas a este grupo han de considerarse propiamente fórmulas oracionales (posición apoyada por los autores que abordan el tema desde una concepción ancha de la fraseología) o, por el contrario, deben concebirse como unidades periféricas dentro de la clase de las unidades fraseológicas y, por tanto, en el límite de lo fraseológico (postura que parte de una concepción estrecha de la fraseología). Igualmente, existe controversia en torno al hecho de si se trata de unidades autónomas desde el punto de vista semántico y funcional (Zuluaga, 1985; Corpas Pastor, 1996; y García-Page, 2008), o si, por el contrario, resulta necesario recurrir al contexto, tanto lingüístico como extralingüístico, para definirlas (Ruiz Gurillo, 2000a; Alvarado Ortega, 2006; Dobrovol’skij y Barànov, 2009; ASALE, 2009; Zamora 1998; y Alessandro, 2011).
Estas dudas quedan patentes cuando, dentro de las fórmulas oracionales, concebidas como unidades equivalentes a un enunciado, se incluyen, por ejemplo, aquellas que tienen por función marcar distintas fases en un discurso o en una conversación. Pero este valor, justamente de marcadores del discurso, no se corresponde y, en consecuencia, se contradice con el carácter comunicativo general que se asigna a las fórmulas oracionales.
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En este sentido, hemos comprobado que ya algunos autores (Zamora, 1998; Alvarado Ortega, 2010; y Alessandro, 2011) proponen delimitar las fórmulas oracionales de las fórmulas propiamente rutinarias y de aquellas que ayudan a que fluya el discurso, las discursivas, aunque aún quedaría por determinar cuál es el grado real de tal distinción. Así, cabría preguntarse si las distintas clases se situarían en un mismo nivel jerárquico (basado únicamente en las características compartidas), si, por el contrario, podrían establecerse subcategorías dentro de un grupo más abarcador (atendiendo, así, a las diferencias existentes entre unas unidades y otras), o si existe alguna diferencia lo suficientemente pertinente como para poder justificar la exclusión de alguna de estas unidades de la clase de las fórmulas oracionales. Precisamente, la clasificación de las fórmulas oracionales es el objeto de estudio tratado en el siguiente capítulo.
Vista la disparidad de concepciones y de opiniones en relación con las unidades que nos ocupan, creemos necesario proseguir el estudio de las fórmulas oracionales en particular, desde una perspectiva teórica que conjugue la fraseología, la lexicografía, la pragmática y la sociolingüística de manera que, una vez establecida su delimitación con respecto a los demás tipos de unidades fraseológicas y fijadas las distintas clases de unidades en que aquellas se dividen, se pueda abordar un mayor número de cuestiones (función comunicativa, correspondencia con determinados registros de lengua, variación sociolingüística, tratamiento lexicográfico) desde distintas disciplinas lingüísticas.