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Capítulo VI: Conclusiones generales

1. A nivel epistemológico

Una de las principales indagaciones que movilizaron la realización de este trabajo está dada a nivel epistemológico. Se centra en las posibles repercusiones de los estudios sobre lenguas de señas sobre la lingüística general y busca conocer si los mismos trascienden el campo de los estudios sordos y si producen algún impacto en otras disciplinas.

Como ha podido verse, desde la Lingüística de la Lengua de Señas se proponen cambios en algunas concepciones que la lingüística general maneja. Se trata, fundamentalmente, de la ampliación de algunos conceptos que se torna necesaria para la inclusión de las lenguas de señas como objetos de estudio lingüísticos. En este trabajo, los

97 conceptos que se proponen ampliar son las nociones de sistema verbal, lengua natural y

bilingüismo.

En relación a sistema verbal, la propuesta radica en considerar al mismo como un sistema compuesto por signos que no necesariamente deben ser vocales sino que también pueden ser visuales, como lo son las señas. Esto también implica entender que la transmisión de las lenguas no se da sólo a través de los sonidos producidos por el aparato fonador y que de entre los órganos que intervienen en la producción del lenguaje, no necesariamente tiene que estar el oído. Para que un sistema de signos constituya un sistema verbal, lo esencial es que el mismo presente las dos características específicas del lenguaje humano: arbitrariedad y doble

articulación.

En relación a la doble articulación está dada, en el primer nivel, por los parámetros que son las unidades finitas y mínimas sin significado, y en el segundo nivel, por las infinitas señas que pueden surgir de la combinación de los parámetros.

Respecto de la arbitrariedad, la misma es reconocible en las señas, aunque que algunas muestren algún grado de relación con la forma del objeto, acción o proceso que denotan. Esto es así porque iconicidad se opone a arbitrariedad de manera tajante sólo si consideramos a la segunda como una propiedad de las lenguas orales; las características de los signos sonoros alejan a los mismos de la posibilidad de representar de manera icónica a sus referentes quedando sólo las onomatopeyas como rastros de la misma. Por el contrario, las características de las señas permiten que aquellos referentes que poseen una forma física visible sean trasladables al sistema viso- espacial. Sin embargo, no hay que olvidar que esta iconicidad desaparece con el paso del tiempo ya que el sistema de la lengua restringe a estos signos haciéndolos cada vez más opacos. Además mucha de la iconicidad que se percibe en algunas señas se encuentra culturalmente motivada, por lo que tampoco es posible establecer una relación directa entre signo y referente.

Que los signos de las lenguas de señas no puedan ser caracterizados como arbitrarios, al menos no de la manera en que se lo hace con los signos de las lenguas orales, puede verse incluso como una ventaja de las primeras sobre las segundas. Por tal motivo, cabe indagar acerca de cómo esto influye a nivel del procesamiento del lenguaje y cómo lo hace en aspectos relativos al aprendizaje de una lengua de señas como segunda lengua, entre otros posibles interrogantes.

En este contexto, el argumento innatista termina de erigir a las lenguas de señas como lenguas humanas ya que, de acuerdo con el mismo, el lenguaje se encuentra en la mente de los individuos que lo desarrollan y utilizan gracias a una facultad lingüística propia de la especie. Este conocimiento innato es independiente de la materialidad que utilice la lengua en

98 donde el individuo lo actualiza, es decir, es ajeno al tipo de signos lingüísticos que rodean al niño durante su desarrollo.

En cuanto al concepto de lengua natural, la propuesta radica en entender a la misma no sólo como un sistema verbal que no ha sido artificialmente creado sino, además, como un sistema que no debe presentar obstáculos para sus hablantes en relación a las características psicofisiológicas que los mismos poseen.

En relación al bilingüismo, el mismo se presenta, según vimos, con una particularidad en la distribución funcional de las lenguas: la lengua oral se da en la escritura y la lengua de señas en la oralidad. Esto obliga a pensar en la existencia de diferentes tipos de bilingüismo, uno de los cuales es éste.

A partir de este trabajo no es posible aún determinar con exactitud en qué medida la propuesta de ampliar estos conceptos permea hacia la lingüística general. Sin embargo, no sería erróneo considerar que las repercusiones efectivamente se producen ya que entender a las lenguas de señas como lenguas humanas con todas las características que las mismas poseen ya es un hecho indiscutible dentro de la lingüística y, para poder llegar a esta afirmación ha sido necesario repensar estos conceptos lingüísticos básicos.

Esto es así al punto de que el argumento innatista no sólo se utiliza para defender el carácter de lengua de los sistema viso- espaciales sino que éstos mismos son usados para defender la existencia del innatismo a través del argumento de la pobreza de los datos o

problema de Platón que, en este trabajo se ilustra a partir de los casos de Simon y del

surgimiento del Idioma de Señas de Nicaragua. El primero desde una esfera individual y el segundo desde una esfera colectiva muestran, de la misma manera, cómo frente a los escasos datos del medio, la mente humana, bien equipada con la facultad lingüística, es capaz de desarrollar lenguaje.

Es importante recordar que el mismo Stokoe ya había adelantado las repercusiones lingüísticas que el estudio de las lenguas de señas podía tener. Proyectó un positivo perfeccionamiento y profundización de conocimientos dentro de la disciplina lingüística que podía darse a partir de comenzar a aprovechar los datos que las lenguas de señas pueden aportar al estudio del lenguaje humano.

En relación a la repercusión de los avances de la Lingüística de la Lengua de Señas sobre otras disciplinas podemos adelantar que hay una creciente tendencia a aceptar la entidad lingüística de las lenguas de señas que se refleja en, por ejemplo, el ámbito de la educación mediante la implementación de programas bilingües en las instituciones para sordos. En el ámbito jurídico también puede verse un crecimiento en este mismo sentido, aunque, por otra parte, la revitalización de los planteos oralistas -y por lo tanto conductistas-

99 plantea disputas hacia adentro de estas disciplinas que, a su vez, cuando optan por la adopción de la visión psico- socio- antropológica y lingüística de la sordera, entran en conflicto con los campos científicos en donde el discurso médico es hegemónico.

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