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A PERTURA DE NUEVOS MERCADOS A PARTIR DEL

In document Celtas e Iberos (página 176-180)

Servei d’Investigació Prehistòrica de València Universitat de València

2. A PERTURA DE NUEVOS MERCADOS A PARTIR DEL

2. SIGLO VII a.C.

El siglo VII a.C. inaugura en el País Valenciano la

etapa conocida como Primera Edad del Hierro. La con- solidación de las colonias peninsulares impulsó la nece- sidad de buscar nuevos mercados y más accesibles, de ahí la creación de asentamientos en la costa y la dis- tribución de productos hacia el Norte del Mediterrá- neo occidental. La colonia fundada en Ibiza —Sa Caleta— fue un nuevo punto de apoyo para este co- mercio (Gómez Bellard, 1995, 762-770) y serán las desembocaduras de los ríos de la costa valenciana el lugar donde se encuentran los hallazgos submarinos que indican zonas de recalada.

En este siglo se va a producir una reestructuración del poblamiento, pues algunos de los lugares ocupa- dos con anterioridad se abandonan, surgen otros nue- vos y, lo que es más importante empiezan a consoli- darse algunos asentamientos como lugares centrales de su territorio inmediato. Sin embargo, el proceso, le- jos de ser uniforme, va a tener sus variantes en fun- ción de las peculiaridades del sustrato indígena y de la proximidad a los centros coloniales.

2.1. LA OCUPACIÓN INTENSIVA DEL TERRITORIO ENTRELOSVALLESDELOSRÍOS SEGURAY VINALOPÓ:

La ruta a lo largo del Segura, en cuya desembocadu- ra se halla el yacimiento fenicio de la Fonteta, y su afluente el Guadalentín se conoce poco, pero aún así se puede seguir la progresión de los materiales impor- tados hacia el interior (Roldán et alii, 1994).

Mejor documentada está la vía del Vinalopó, a pesar de la ausencia de prospecciones sistemáticas y de la falta de información sobre un asentamiento de gran im- portancia como es l’Alcúdia (Elx). Desde Penya Ne- gra, y a través del Vinalopó, se distribuyen con flui- dez los productos costeros —en El Monastil (Elda) se han encontrado restos de ánforas producidas tanto en Penya Negra como en las colonias (Poveda Navarro, 1994)—, llegando hasta su nacimiento y alcanzando los valles interiores de l’Alcoià a través de la Valleta d’Agres.

En la costa de la actual Dénia, no sólo hay un hallazgo submarino, sino que además se encuentra uno de los asentamientos más interesantes de este período —L’Alt de Benimaquia— (Gómez Bellard et alii, 1993). En este lugar se ha documentado, por primera vez, la producción de vino desde el siglo VII a.C., demostrando el grado de complejidad alcanzado por los indígenas. Los numerosos valles que penetran hacia el interior (comarcas de l’Alcoià-El Comtat) están jalonados de yacimientos de cronología similar a L’Alt de Benima- quia (Costa Chulbi, 1990; Castelló Marí y Costa, 1992). 2.2. LABÚSQUEDADENUEVOSMERCADOS ENTRE LOS RÍOS XÚQUER Y PALÀNCIA: El río Xúquer y sus

FIGURA 1.—Distribución del poblamiento en los territorios de Edeta y Arse/Saguntum

nos naturales que se encuentran jalonados, desde su desembocadura, de asentamientos con cerámicas feni- cias. Desde 1996, las excavaciones en L’Alter de Vint- i-huitena (Albalat de la Ribera) junto al Xúquer, es- tán poniendo al descubierto un gran asentamiento en el que, además de la cerámica a mano indígena, hay un interesante conjunto de cerámicas fenicias83. Re- montando el río y a lo largo de su afluente el Magro, se encuentran otros dos asentamientos con cerámicas fenicias —La Carència (Torís), en primer lugar, y, más al interior, Kelin/Los Villares (Caudete de las Fuen- tes) (Mata Parreño, 1991, 29-32; Mata Parreño et alii, 1994-1996, fig. 9)—, siguiendo uno de los caminos de penetración hacia el interior.

Mucho más importante es el valle del Cànyoles, por donde discurrió la vía Augusta en cuya entrada se en- cuentra Xàtiva, la futura Saiti ibérica, en donde se han encontrado varios fragmentos de ánforas y barniz rojo fenicio (Cerdà, 1989; Mata Parreño et alii, 1994-1996, 200, nota 13). A lo largo de este valle se han locali- zado también materiales fenicios (Pérez Ballester y Borredà, 1998, 141) pero, sobre todo, en el Castellar de Meca (Ayora) (Pla Ballester y Bonet, 1991), ciudad ibérica enclavada al final del valle, ya en la Meseta. En el valle del río Palància, en cuya desemboca- dura se encuentra Arse/Saguntum, apenas se conocen restos fenicios (Rouillard, 1979, 69-70), sin embargo, recientes prospecciones están documentando yacimien- tos con cerámicas fenicias jalonando el río (Mata Parre- ño et alii, 1994-1996, fig. 16, Martí Bonafé, 1998). El valle del Túria presenta una problemática distin- ta. Su tramo inferior desemboca en una llanura aluvial con un litoral de marjal, mayor en la antigüedad que hoy en día, que debió dificultar el poblamiento y la utiliza- ción de este río como vía de comunicación. En esta comarca, las cerámicas fenicias se concentran en el mayor núcleo, el Tossal de Sant Miquel (Llíria) antigua Edeta, siendo el resto de hallazgos testimoniales (fig. 1,1). La información existente entre los ríos Xúquer y Palància nos muestra una situación similar a la zona meridional del País Valenciano, sin que exista, por el momento, un asentamiento colonial permanente. Los navíos fenicios recorrerían periódicamente la costa, fondeando en la desembocadura de los ríos, en cuyas proximidades se encontraría un asentamiento indíge- na que se encargaría de introducir los productos ha- cia el interior (fig. 3,1). Como en el siglo VIII a.C.,

pocos lugares recibieron, en un primer momento, ob- jetos importados, como demuestran los datos propor- cionados por las prospecciones desarrolladas en los te- rritorios de las ciudades ibéricas de Edeta/Tossal de Sant Miquel y de Kelin/Los Villares.

2.3. UNPOBLAMIENTO DISPERSOENTRELOSRÍOS

PALÀNCIAY EBRO: Las tierras al norte del río Millars

tienen numerosos asentamientos con cerámicas feni- cias, que se ponen en relación con la fundación de la factoría de Sa Caleta y que se fechan a partir de la segunda mitad del siglo VII a. C. (Gracia Alonso et

alii, 1994-1996; Oliver Foix, 1994-1996; Clausell Canta-

vella, 1995). Estos contactos comerciales producirán un cambio en el poblamiento indígena del Bronce Final, caracterizado por una cultura material con elementos de Campos de Urnas.

La estrecha franja costera de Castellón, surcada por valles transversales que, desde la costa, penetran ha- cia el interior, jugará un papel esencial en el intercambio de mercancías entre las poblaciones indígenas y los comerciantes foráneos, convirtiéndose estos pequeños valles (ríos Sénia, Cervol y Millars) en verdaderas rutas comerciales con grandes concentraciones de yacimien- tos. Esta organización dispersa parece responder a la explotación de las minas de hierro del Alto Maestrazgo y al control de las vías de penetración hacia las mis- mas. Otros hábitats, en cambio, como Puig de la Nau (Benicarló), Orpesa la Vella (Orpesa) y Vinarragell (Borriana) ya existían con anterioridad, por lo que el comercio colonial aprovechó estos asentamientos, si- tuados en puntos estratégicos de comunicación, y que, probablemente, ya controlaban redes de distribución. Para la mayoría de autores (Ruiz Zapatero, 1983- 1984; Oliver Foix, 1994-1996) se puede hablar en esta etapa de una jerarquización del hábitat, con puntos de vigilancia dependientes de centros mayores, lo que supone una sociedad donde la jefatura vendría dada por el control del comercio o la explotación minera. Este modelo está bien documentado en las comarcas del curso inferior del Ebro (Asensio Vilaró et alii, 1994- 1996) donde, para este período, se aprecian cuatro tipos de asentamientos distintos con funciones específicas, que reflejan la complejidad social de estos grupos, lo que implica la existencia de una autoridad que ase- gure el control del territorio y su explotación y de las rutas comerciales.

La situación entre los ríos Millars y Palància, es bien distinta. A mediados del siglo VII, y en relación

con los primeros contactos foráneos, estaría el yaci- miento de nueva planta de La Torrasa (La Vall d’Uixó) que, situado en una amplia llanura rica en mineral de hierro, debió tener un importante papel, dada su gran extensión y elevado número de cerámicas fenicias.

Si bien La Torrasa es un gran centro redistribuidor y punto de intercambio de mercancías auspiciado por la explotación del hierro, el Puig de la Nau y Vinarragell corresponderían a los denominados asentamientos de paso (Ruiz Zapatero, 1983-1984, 59) que controlaban el comercio, a través de los corredores naturales de comunicación entre áreas de riqueza agropecuaria y mineral y la costa, con la oferta de productos manu- facturados (fig. 3,2). Este modelo se confirma con la existencia de puntos clave de tránsito, como El Torrelló (Almassora) a 5 km. de Vinarragell, que van jalonando el río Millars y definiendo las rutas hacia el interior

83 Agradecemos a Xavier Vidal y Carmen Martínez, directores de las

FIGURA 2.—Distribución del poblamiento en los territorios de Edeta y Arse/Saguntum

como ocurre con los enclaves fluviales, cada vez más frecuentes, que bordean el bajo Ebro, como Aldovesta (Benifallet), Barranc de Sant Antoni (Ginestar), etc. (Asensio et alii, 1994- 1996).

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