Servei d’Investigació Prehistòrica de València Universitat de València
3. TORIOS I BÉRICOS : DEL SIGLO VI AL III A C.
El siglo VI a.C. es la fecha que se puede conside-
rar, a grandes rasgos, como la culminación del proce- so de aculturación iniciado unos 200 años antes y que da lugar a lo que Alvar (1990, 24) llama una muta- ción. Esto es, el contacto entre dos comunidades cambia sustancialmente a la comunidad receptora porque acepta cambios, pero sin que haya una asimilación completa (González Wagner, 1993, 457-460).
En niveles de poblamiento, la consecuencia más inmediata es la formación de una serie de territorios autónomos con un hábitat jerarquizado y organizado alrededor de un lugar central. Este modelo, aunque con diferente patrón de asentamiento, se ha podido cons- tatar, claramente, en dos comarcas valencianas, en torno al Tossal de Sant Miquel y Los Villares. A su vez, se está perfilando un modelo diferente al norte del País Valenciano, mientras que para las tierras meridiona- les se carece, de momento, de estudios territoriales en torno a los centros más importantes de este período como l’Alcúdia o el Monastil.
3.1. ELMODELO ENTRELOSRÍOS EBROY PALÀN- CIA: A partir del Ibérico Antiguo, en las tierras al sur
del delta del Ebro, se aprecia una nueva estructuración del territorio que coincide con la decadencia del co- mercio colonial fenicio y las influencias de la iberiza- ción del sureste peninsular. Las excavaciones de la Moleta del Remei (Alcanar), el Puig de la Nau, el Puig de la Misericòrdia (Vinaròs) y las prospecciones rea- lizadas en esa zona (Oliver Foix, 1994-1996 y 1996) muestran una organización territorial muy distinta a la de las zonas centrales del País Valenciano.
Durante el Ibérico Antiguo no hay grandes asenta- mientos de la categoría del Tossal de Sant Miquel o Los Villares, incluso algunos que fueron importantes, como La Torrasa, parecen no tener continuidad. Perdura el modelo de poblamiento gestado durante los siglos pre- cedentes con poblados organizados en torno a la ex- plotación de las minas, control de la costa y vías de penetración. Destaca, en el área del norte de Castellón, el Puig de la Nau como centro más importante por su potente sistema defensivo, por su mayor extensión (6.000 m²) y una variedad y calidad en las importaciones desconocida en otros lugares (Oliver Foix y Gusi, 1995). Su hegemonía, o capitalidad, en el litoral septentrio- nal de Castellón se mantendrá hasta el final del siglo
V o principios del siglo IV a.C., momento en el que se
abandona, como ocurre con muchos otros poblados del área catalana y del sur de Francia, produciéndose un
cambio total en la organización territorial. Así, en los territorios costeros al sur del Ebro se da un vacío poblacional, con la excepción de la Moleta del Remei. Esta disminución de poblamiento, con una reducción del número de hábitats respecto a la etapa anterior, pero de mayor extensión (entre 900 y 7.000 m²), contrasta con el auge que se observa en el resto del País Valen- ciano (Oliver Foix, 1996, 129).
Este vacío podría explicarse como consecuencia de un basculamiento del poder económico hacia otros centros más meridionales y costeros, de los que se carecen estudios territoriales, como Torre La Sal (Caba- nes) (4 ha), El Solaig (Betxí) (2 ha) o la Punta de l’Orleyl (La Vall d’Uixó) (de 3’5 a 4 ha) (Oliver Foix, 1996, 129; García Fuertes, 1998), que tomarán mayor protagonismo a partir del siglo IV a.C.
Finalmente, ya en tierras claramente edetanas, la ciudad de Arse/Saguntum, controla un territorio que se corresponde aproximadamente con lo que será el ager
saguntinum y la actual comarca del Baix Palància.
Presenta un modelo de poblamiento distribuido a lo largo del curso fluvial del Palància en donde se dis- tinguen cuatro categorías de asentamientos entre los 24 yacimientos prospectados (Martí Bonafé, 1998, 231- 241): la ciudad de Arse/Saguntum con una extensión entre 8 y 10 ha; una segunda categoría con un solo yacimiento, El Rabosero (Torres Torres), de 5 ha; los oppida medianos (3) entre 0’5 y 1 ha; y un cuarto grupo de asentamientos (17) que no superan los 2500 m² y de función muy variada en el que se diferencian, a su vez, el puerto del Grau Vell, las atalayas (8), los alfares (4) y los pequeños asentamientos (9) (fig. 2 y 3).
3.2. EL TERRITORIO DE EDETA/TOSSAL DE SANT
MIQUEL: El Tossal de Sant Miquel se halla en el centro
de una amplia llanura aluvial limitada por la sierra Calderona, al noroeste, la llanura litoral mediterránea, por el este, y el río Túria, por el sur. En este territo- rio de unos 900 km², la prospección sistemática ha proporcionado datos que muestran un territorio poco poblado durante los siglos VIII-VII a.C., pero con un
centro, el Tossal, que es el mayor asentamiento de la comarca, el único que tiene niveles del Bronce Me- dio/Reciente, y que va a centralizar las escasas impor- taciones del momento (Bonet Rosado, 1995) (fig.1,1b). El territorio de la ciudad de Tossal de Sant Miquel, ya en el siglo VI a.C., aparece claramente jerarquiza-
do, perfilándose el patrón de asentamiento propio del Ibérico Pleno. Se fundan, ex novo, dos poblados en el llano La Seña (Villar del Arzobispo) y el Tos Pelat (Montcada), de 8.000 m² y 1’5 ha de superficie res- pectivamente. Este último es uno de los más cercanos a la costa y, dada la cantidad y variedad de la cerámi- ca importada que concentra (Burriel Alberich, 1997, 72), podría ser el lugar que canalizara los productos costeros hacia la ciudad; en este sentido hay que señalar que también es el yacimiento más próximo al fondeadero de La Malva-Rosa, donde hay ánforas griegas y etruscas
de los siglos VI y V a.C. (Fernández Izquierdo et alii,
1988). Como ya había sucedido en el siglo VII a.C., sólo
los yacimientos mayores reciben los nuevos productos comerciales de origen griego: Tossal de Sant Miquel y Tos Pelat. Entre la segunda mitad del siglo VI a.C.
y primera mitad del V a.C., se aprecia un aumento de
la densidad de población que comienza a extenderse por los piedemontes de las sierras y los llanos de Casinos y del Villar, antes deshabitados. Una docena de nue- vos asentamientos de pequeño tamaño, desgraciadamente muy roturados cuyas superficies parecen no superar los 1.000 m², buscan, preferentemente, la ubicación en las tierras bajas (fig.1,2b).
En la segunda mitad o finales del siglo V, coinci-
diendo con el inicio del Ibérico Pleno, el modelo de organización del territorio en torno a Edeta está ple- namente configurado, no apreciándose, a lo largo de los siglos IV y III, cambios sustanciales ni en el pa-
trón de asentamiento ni en los propios hábitats (Bonet, 1995, 522-525). El aumento de pequeños y medianos núcleos de población es espectacular pasando de los 12 de la etapa anterior a 50, de los cuales se pueden medir y clasificar sin ninguna duda 39. Las excava- ciones en la propia Edeta, en los poblados de La Seña y la Monravana (Llíria), en el caserío del Castellet de Bernabé (Llíria) y en el fortín defensivo del Puntal dels Llops (Olocau), permiten establecer cuatro categorías de asentamientos en este territorio. El Tossal de Sant Miquel, con una superficie en torno a las 10 ha, se convierte en una opulenta ciudad que controla políti- ca y económicamente su territorio; los pueblos o al- deas (8), con superficies entre 5000 m² y 2 ha, se ins- talan en cerros de poca altura, o en el llano, en terrenos de fácil explotación; los caseríos (15), o granjas for- tificadas, son pequeñas explotaciones agrícolas de entre 1000 y 2500 m²; y, finalmente, los fortines (15), pe- queños recintos entre 500 m² y 2500 m², que distri- buidos en puntos clave de visibilidad crean una red defensiva de vigilancia y defensa de las granjas, pue- blos y tierras cultivables (fig. 2,3).
3.3. ELTERRITORIO DE KELIN/LOS VILLARES: El
territorio de Los Villares está bastante más alejado de la costa pues se sitúa en el primer escalón meseteño, a unos 800 m s.n.m. de altitud media, a pesar de lo cual se puede acceder a él con relativa facilidad a través del río Magro. Se encuentra bien delimitado geográfica- mente por el río Cabriel, al Suroeste, y las Sierras del Tejo y Malacara al Noreste, configurando un espacio de unos 1500 km².
El estudio del poblamiento se encuentra en una fase preliminar, pero las excavaciones que se desarrollan en Los Villares permiten observar la evolución del asentamiento desde mediados del siglo VII a.C. hasta
la primera mitad del I a.C.
Desconocemos el poblamiento durante el Bronce Final, pero en el siglo VII a.C. se han localizado sólo
dos yacimientos, uno de ellos el propio Villares con
dos niveles de habitación fechados en el siglo VII a.C.
por las importaciones fenicias. Este dato, junto con los del poblamiento, señalan que sólo un asentamiento monopoliza todos los beneficios del comercio colonial, que debía llegar a través de los poblados que jalonan el Xúquer y el Magro, sin descartar otras posibilida- des (Mata Parreño, 1991, 200).
El panorama cambia radicalmente en el siglo VI a.C.
contabilizándose 34 yacimientos, entre los que se in- cluyen los dos conocidos con anterioridad. En Los Villares la cerámica es a torno en un 70%, porcentaje entre el que hay que contabilizar las importaciones que ahora se diversifican con la llegada de los primeros productos griegos (Mata, 1991, 192). Como sucedía en el siglo anterior, y en el Tossal de Sant Miquel, Los Villares vuelve a monopolizar los objetos más valiosos que en este caso son las cerámicas griegas, mientras que las ánforas fenicias tienen una distribu- ción mayor, localizándose en 14 asentamientos.
El Ibérico Pleno es también el momento de la ocu- pación y explotación más intensa del territorio, cono- ciéndose 101 yacimientos, de los que sólo 20 tienen materiales del s. VI a.C. La jerarquización es eviden-
te pues sólo Los Villares tiene una superficie cercana a las 10 ha, mientras que el resto oscila entre las 3 ha y los 800 m². Con pocas excepciones se ubican en suaves laderas y zonas llanas, cerca de cursos de agua, donde se encuentran los mejores suelos.
3.4. ELPOBLAMIENTO ENTORNOA LA SERRETA:
Las comarcas de l’Alcoià, el Comtat, la Foia de Castalla y la Vall d’Albaida constituyen una gran unidad morfo- estructural, al norte de la provincia de Alicante, for- mada por las cordilleras del denominado Prebético Meridional que, con relieves de orientación SO-NE, dejan entre ellas estrechos y alargados valles cuyo único elemento de discontinuidad es el valle del río Serpis. El modelo de poblamiento en esta comarca durante la Primera Edad del Hierro está en fase de estudio vién- dose que los materiales fenicios se recogen, en seis yacimientos situados en el llano a excepción del Puig (Alcoi) (Martí Bonafé y Mata, 1992; Espí Pérez y Moltó, 1997, 89). Durante el Ibérico Antiguo, los mate- riales fenicios se recogen en los yacimientos más gran- des como Cabeço de Mariola (Alfafara) (3 ha), Covalta (Albaida) (1´5 ha), la Serreta (Alcoi) (2,5 ha) o el Puig (3 ha) mientras que el resto de asentamientos mues- tra un doble modelo: por un lado, pequeños poblados situados en altos cerros, en torno a los 1000 m, con amplia visibilidad; y pequeños núcleos establecidos en llano o laderas suaves con una posible vocación agrí- cola (Grau Mira, 1998, 309).
A finales del siglo V, aumenta la densidad de po-
blación destacando, en la cúspide de la escala jerár- quica, 8 núcleos fortificados, situados en altos cerros y equidistantes entre sí, con superficies que oscilan entre 1’5 y 3 ha. Los más importantes, como Cabeço de Mariola, Covalta, el Puig o la Serreta ya existían en
la etapa anterior pero se crean otros nuevos como el Xarpolar (Vall de Gallinera) o Pixòcol (Balones). El resto de los asentamientos subordinados de ellos si- gue el modelo de la etapa anterior, es decir, peque- ños poblados de función estratégica y pequeños hábitats en el llano junto a las tierras fértiles.
Este modelo, a fines del siglo IV o inicios del si-
glo III a.C., varía y el patrón de asentamiento basado
en oppida medianos, que no llegan a 4 ha, se modifi- ca, abandonándose algunos de los centros más impor- tantes, como el Puig o Covalta, para destacar como capital de todo el territorio La Serreta. Esta ciudad pasa de 2’5 ha a 5’5 ha, remodelándose todo el antiguo núcleo, a la vez que su hinterland vive un crecimien- to de población que afecta, sobre todo a los hábitats pequeños situados en alturas medias, que complementan el control de los oppida, y a los ubicados en el llano, de carácter agrícola (Grau Mira, 1998, 313; Olcina Doménech et alii, 1998, 42-43).
Como se puede observar el núcleo principal de este territorio, La Serreta, sólo alcanza una superfice con- siderable, de casi 6 ha, en el siglo III a.C., por lo que
resulta difícil saber si, a su vez, dependería de otro núcleo mayor, que podrían ser las ciudades contestanas de l’Alcudia/Ilici o Saiti (Olcina Doménech et alii, 1998, 43; Soria Combadiera y Díes, 1998, fig. 3).