V 3 – 6 Pablo une alabanza y oración, tal como insta a otros a hacerlo. Incluye a todos los
creyentes filipenses y siente gozo al orar por ellos.
Esta es una de las muchas veces en que Pablo usó la palabra gozo en su carta. Los filipenses eran
recordados con gozo y agradecimiento cuando Pablo oraba. Al ayudar a Pablo estaban apoyando la causa de Cristo. Los filipenses estaban dispuestos a ser usados en cualquier tarea que Él tuviera reservada para ellos.
Los filipenses oyeron el evangelio unos diez años antes, cuando Pablo y sus compañeros visitaron Filipos (durante el segundo viaje misionero de Pablo) y fundaron la iglesia allí. Cuando Pablo habló de la comunión en el evangelio de los filipenses, estaba señalando su invalorable contribución a difundir el mensaje de Dios.
Contribuyeron en forma práctica cuando Pablo estuvo en Filipos y a través de un sostén económico cuando estuvo en prisión. Cuando ayudamos a nuestros pastores, misioneros y evangelistas, a través de la oración, la hospitalidad y las donaciones, pasamos a ser parte de la comunión en el evangelio.
El Dios que comenzó la buena obra en nosotros la continuará a través de nuestra vida y la terminará cuando le veamos cara a cara. La obra de Dios por nosotros comenzó cuando Cristo murió en la
cruz en nuestro lugar. Su obra en nosotros comenzó cuando creímos en Él. Ahora el Espíritu Santo
vive en nosotros, capacitándonos para que cada día seamos más semejantes a Cristo. Pablo describe el proceso de crecimiento y madurez del cristiano que comienza al aceptar a Cristo y seguirá hasta que Cristo vuelva.
En el versículo 6 Pablo dice que tiene confianza en que Dios, que ha empezado una buena obra en los filipenses, la llevará a feliz término para que estén preparados para el día de Jesucristo. Hay aquí todo un cuadro en griego que no es posible reproducir en una traducción. El detalle está en que las palabras que usa Pablo para em pezar (enárjes th ai) y par a c om pl etar (epit élein ) son términos
técnicos que se usaban para el comienzo y el final de un sacrificio. Había un ritual de iniciación en relación con un sacrificio griego. Se encendía una tea en el fuego del altar, y se metía en un cubo de agua para limpiarlo con la llama sagrada; con el agua bendita se rociaban la víctima y las personas que la ofrecían para dejarlos purificados y santificados.
A continuación seguía lo que se llamaba la eu fém ia ,el silencio sagrado, en el que se suponía que el
adorador ofrecía sus oraciones al dios. Por último se traía un cubo de cebada, algunos de cuyos granos se echaban sobre la víctima y por el suelo alrededor. Estas acciones eran el principio del
sacrificio, y el término técnico para realizarlo era el verbo en árj es th ai que usa Pablo aquí. El verbo
que significaba completar todo el ritual del sacrificio era ep itélein , que es el que usa Pablo para completar. Toda la frase de Pablo se mueve en la atmósfera del sacrificio.
Pablo contempla la vida del cristiano como un sacrificio dispuesto para ser ofrecido a Jesucristo. Traza la misma figura cuando exhorta a los romanos a que presenten sus cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios (Rom. 12:1).
Cuando Cristo vuelva, será como la llegada de un Rey. En tales ocasiones los súbditos estaban obligados a presentarse con dones para mostrarle su lealtad y su amor. El único don que Jesucristo desea que Le presentemos es el de nosotros mismos; así que, la suprema tarea de una persona es hacer que su vida sea idónea para ofrecérsela. Solo la gracia de Dios nos puede capacitar para lograrlo.
Pablo se declara c o n v e n c i d o en sus oraciones, con una confianza no basada en las habilidades de
los filipenses o aun en sus logros pasados, sino en el poder y amor de Dios, y porque se puede confiar en que Dios llevará hasta la perfección lo que él comenzó.
V. 7 – 11 Lo dicho en el v. 5 acerca del compañerismo en el evangelio se amplía un poco más aquí
en términos de compartir la gracia de Dios en servicio del evangelio, compañerismo con Pablo en cadenas por el evangelio, e involucrados en la defensa y confirmación del evangelio.
Su gran alegría fue a causa de su particip ación en el evangelio desde el mismo momento en que
les fuera predicado, cuando Lidia abrió su casa a Pablo y sus compañeros (Hch. 16:14, 15). El término participación es el comúnmente usado en el NT para referirse a compañerismo, pero no
entendido solamente como una confortable experiencia de creyentes que se gozan unos con otros. Cuando dijo: “e n m i s p r i s i o n es ”, probablemente se refería a su prisión en Filipos, registrada e n Hch.
16:22 –36. En los versículos 13 y 14, Pablo habla de su prisión en Roma. Dondequiera que estuviera, aun en la cárcel, predicaba las buenas nuevas con fidelidad.
Podemos obtener mucho provecho al examinar las oraciones de Pablo (Ef. 1:17 –23; 3:14 –21; Col. 1:9 –12). De las cosas por las cuales pedía, los creyentes filipenses (y no menos nosotros) aprendían cuáles eran los mejores dones que podían pedir para sí mismos. Aquí, los dones son amor, discernimiento, pureza de vida y justicia.
Muchas veces la mejor manera de influenciar a alguien es orar por esa persona. Pablo oró que los filipenses se unieran en amor. El amor de ellos fue el resultado del gran conocimiento de Cristo y de la profunda visión (discernimiento moral). Ese amor no se basaba en sentimientos sino en lo que Cristo había hecho por ellos.
El “d ía d e C r is to ” se refiere al tiempo cuando Dios juzgará al mundo a través de Jesucristo. Los
“frutos de justicia ” incluyen todos los rasgos de carácter que fluyen de una correcta relación con
Dios. No hay otra manera de conseguir estos frutos de justicia que no sea a través de Cristo.
Los resultados del encarcelamiento de Pablo (Fil. 1:12-14)
Pablo supo del interés de los filipenses por él, y por ello les envió noticias suyas. Pudo contarles cómo sus prisiones habían redundado en un avance del evangelio, cómo en ese lugar de prisión Cristo estaba siendo proclamado, y cómo consideraba las posibles alternativas su confinamiento, liberación y posterior servicio o muerte. Con referencia al pasado, al presente y a las posibilidades del futuro, Pablo pudo decir me alegro.
Detrás de las palabras las cosas que me han sucedido yace todo lo que significó ser confinado
para alguien que había estado libre para recorrer a lo largo y a lo ancho predicando el evangelio y, como probablemente fue el caso, encadenado día y noche a los soldados romanos. No se concentra sobre sus propios sufrimientos, sino que se regocija en el progreso del evangelio.
La palabra “pretorio ”, traducida a veces como “palacio de la guardia” o “palacio”, fue originalmente
una tienda o carpa del pretor en el campo de batalla romano, un escuadrón élite que se asentaba en el palacio del emperador.
Luego vino a ser usada para designar la residencia de un gobernador en un centro provincial (como en Jerusalén, Mat. 27:27). (Es factible que hubiera un pretorio en Efeso y en Cesarea [Hch. 23:35], y así esta carta podría haber sido escrita desde cualquiera de tales ciudades.) Podemos imaginar a los soldados que custodiaban a Pablo regresando a contar a otros que su preso estaba en prisiones por la causa de Cristo, y sin duda siendo movido por el espíritu con que soportaba su confinamiento.
La prisión puede motivar en muchas personas enojo o abandono, pero Pablo la vio como otra oportunidad para difundir las buenas nuevas de Cristo. Pablo concluyó que las circunstancias presentes no eran tan importantes como lo que hizo con ellas. Al cambiar una mala situación en algo bueno, alcanzó a los soldados romanos del pretorio y animó a los cristianos que temían la persecución.
No necesitamos estar en prisión, pero podemos tener muchas oportunidades para desanimarnos: tiempo de indecisión, preocupación financiera, conflictos familiares, problemas en la iglesia o pérdida de nuestro trabajo. La forma como actuemos en dichas situaciones reflejará lo que creemos. Como Pablo, busque oportunidades para demostrar su fe aun en situaciones difíciles. Sea o no que la situación mejore, su fe crecerá más sólida.
¿Cómo terminó Pablo en una prisión romana?
Mientras visitaba Jerusalén, algunos judíos lo arrestaron por predicar el evangelio, pero él apeló al César para que oyera su causa. Fue escoltado por soldados hasta Roma, donde fue puesto bajo arresto domiciliario, mientras esperaba el juicio; no era un juicio por quebrantar una ley civil, sino por proclamar las buenas nuevas de Cristo. En ese entonces, las autoridades romanas no consideraban esta acusación como seria. Pocos años después, sin embargo, Roma optó por un punto de vista diferente en cuanto al cristianismo y se esforzó por desaparecerlo. El arresto domiciliario de Pablo le permitió cierto grado de libertad. Podía recibir visitas, continuar predicando, y escribir cartas como esta. Un relato breve de la permanencia de Pablo en Roma se halla en Hch. 28:11 –31.
Pablo estaba preso; pero, lejos de que esa circunstancia pusiera fin a su actividad misionera, la extendió, tanto por su parte como por la de otros. De hecho, las cadenas echaron abajo las barreras. La palabra que usa Pablo para el avanc e del Evangelio es sumamente gráfica: p r o k o p é, que es la
que se usaría para el avance de un ejército o de una expedición militar. Es el nombre del verbo
prokóptein , que quiere decir cortar avanzando, que se usa para cortar los árboles y la maleza y
derribar las barreras a medida que se produce el avance de un ejército.
El encarcelamiento de Pablo, lejos de cerrar la puerta, la abrió a nuevas esferas de trabajo y actividad en las que no habría penetrado de otra manera.