• No se han encontrado resultados

Daguestán se

ampliaron a la

práctica totalidad

de la república en

un contexto de

aumento de la

tensión regional

autorizada por la ONU, dio paso a un protectorado internacio- nal. En la práctica, Kosovo quedó dividido en base a líneas étnicas, con un incremento de las hostilidades contra la comunidad serbia, cuyo aislacionismo fue a su vez potencia- do desde Serbia. El estatus final del territorio y los derechos de las minorías han sido eje de tensión continua, a lo que se añaden los problemas internos de Kosovo (ej. paro, corrup- ción, criminalidad). El proceso de determinación del estatus

final, iniciado en 2006, no logró un acuerdo entre las partes ni el respaldo del Consejo de Seguridad de la ONU a la pro- puesta el enviado especial de la ONU. En 2008, el Parlamen- to de Kosovo proclamó la independencia del territorio. La proclamación de independencia de Kosovo en febre- ro por su Parlamento, reconocida a finales de año por 53 países —22 de la UE—, marcó la evolución del res-

35. Bermejo García, R. y Gutiérrez Espada, C., La independencia de Kosovo a la luz del derecho a la libre determinación. Working Paper, n.º 7, Real Instituto Elcano, 12 de febrero 2008, en <http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano/contenido?WCM_GLOBAL_CONTEXT=/ Elcano_es/Zonas_es/DT7-2008>.

36. Österud, Ö., “The narrow gate: entry to the club of sovereign states”, Review of International Studies, n.º 23, pp.167-184, 1997.

Cuadro 2.2. Kosovo, el precedente incierto

La declaración de independencia de Kosovo en febrero de 2008, reconocida por algo más de 50 países, plantea numerosos

dilemas y reflexionesdesde la perspectiva de la resolución de conflictos, especialmente en un año en el que otros dos terri-

torios han sido reconocidos como Estados por un miembro del Consejo de Seguridad de la ONU (Abjasia y Osetia del Sur, por parte de Rusia, tras la guerra de agosto con Georgia). La incertidumbre surge además a la luz de la existencia de otros con-

flictos por territorios que funcionan como Estados de factosin reconocimiento formal (ej. el enclave de Nagorno-Karabaj, en

Azerbaiyán; Somalilandia, en Somalia; o la región de Transdniester, en Moldova; entre otras), y a la luz también de un pano- rama de conflictividad internacional en el que más de la mitad de los conflictos armados y tensiones actuales giran en torno a demandas de autogobierno y aspiraciones identitarias.

Los países que han reconocido la independencia de la región, especialmente los países occidentales que lideraron el proce-

so de reconocimiento, lo han hecho desde el discurso sobre la excepcionalidad de Kosovo, cerrando las puertas al debate

sobre la revisión del derecho de autodeterminación, cuya interpretación mayoritaria en el actual sistema internacional con-

templa el derecho de los pueblos coloniales a la autodeterminación externa mientras limita a la autonomía o autodetermina-

ción interna las opciones de los pueblos nacionales.35Esta interpretación ha supuesto que la tercera ola de expansión del sis-

tema de Estados en el siglo XX se haya producido principalmente de la mano de la implosión de federaciones multinacionales,

como la URSS y Yugoslavia,36y desde el criterio tácito de que sólo las repúblicas constitutivas de esas federaciones, pero no

unidades autónomas menores, tenían derecho a la autonomía externa. La independencia de Kosovo rompe con esa interpre- tación, lo que constituye inevitablemente un precedente puesto que, independientemente de que cada conflicto o contexto

sea único, fruto de procesos históricos concretos, la independencia de Kosovo cuestiona en la práctica la indivisibilidad del

Estadoy pone de manifiesto las tensiones entre dos principios clave del derecho internacional, la integridad territorial y el

derecho a la autodeterminación. A su vez evidencia las tensiones entre el primero de estos principios, que prioriza el siste- ma internacional de Estados, y el pragmatismo político e intereses que guían a los propios Estados en su política exterior. Asi- mismo, en el reconocimiento de Kosovo han entrado en juego de manera difusa otros elementos, como la percepción de agra- vios históricos, que —una vez exhaustas las vías de la negociación— han reforzado la perspectiva de la comunidad internacional de la imposibilidad de lograr una solución que sitúe a Kosovo dentro de Serbia. Esto parece añadir más incer- tidumbre al debate, puesto que los conflictos identitarios arrastran largas cadenas de agravios y procesos históricos cam- biantes, entremezclados a su vez con intereses estratégicos, que pueden llegar a cuestionar las apelaciones a “soluciones de justicia histórica”.

Las repercusiones de la independencia de Kosovo son complejas. Si bien entidades como Osetia del Sur y Abjasia pedían a

Rusia el reconocimiento de su independencia señalando a Kosovo, parece aventurado concluir que sin la guerra de agosto el precedente de Kosovo hubiera bastado por sí sólo como para mover a Rusia a reconocer a las dos regiones surcaucásicas, más si se tiene en cuenta que Rusia jugaba a recriminar a Occidente la falta de respeto al sistema internacional de Estados. En cualquier caso, el reconocimiento internacional de la independencia de Kosovo como un hecho excepcional y aislado tampo- co parece constituir en realidad el último capítulo que cierra el proceso de descomposición de Yugoslavia. De momento, la Asamblea General de la ONU aprobó en octubre solicitar la opinión no vinculante del Tribunal Penal Internacional sobre la declaración de independencia de Kosovo. La pregunta que Serbia plantea es clara: “¿Se ajusta al derecho internacional la declaración unilateral de independencia de Kosovo por parte de las instituciones provisionales de autogobierno?”. A su vez, la situación de división etnoterritorial de Kosovo, con un Kosovo serbio que funciona en paralelo al Kosovo reconocido por una

parte de la comunidad internacional, puede perpetuar en el norte de Kosovo el conflicto sobre el estatus. Esto remite, a su

vez, a la complejidad de establecer los límites de la autodeterminación y a los retos en torno a los cambios de posición entre

grupos mayoritarios y minoritarios.

No obstante, lejos de reabrir de raíz el debate sobre la autodeterminación, tan necesario como complejo pero sobre el que se ha pasado de largo en el caso de Kosovo, la independencia de Pristina constituye un paso histórico incierto, que se inscribe además en un contexto de intereses estratégicos por parte de los Estados del sistema internacional y de múltiples raseros con respecto a la decisión de abordar o no otros conflictos no resueltos, y que plantea múltiples interrogantes, cuyas respuestas están repletas de oportunidades y riesgos.

to del año. La población albanokosovar celebró pacífica- mente la decisión, mientras se registraron protestas de

algunos grupos serbios durante los primeros meses:

manifestaciones en Belgrado, que desembocaron en violencia; acciones de protesta en Mitrovica (norte de Kosovo), que generaron choques entre manifestantes serbios y tropas internacionales, con un policía de la UNMIK muerto y 180 heridos; y medidas de boicot, como el rechazo al mando albanés por 300 policías ser- bokosovares. No obstante, y pese a diversos incidentes de baja intensidad de corte interétnico, la región perma-

neció en calma relativael resto del año. Por su parte,

Serbia celebró sin incidentes sus elecciones municipa- les también en zonas de mayoría serbia en Kosovo. Aún si calificadas de ilegales por la UNMIK, desembocaron en asambleas municipales paralelas. En junio entró en vigor la nueva Constitución de Kosovo, rechazada fron- talmente por Serbia. Además, el despliegue de la misión

EULEX de la UE se retrasó por el rechazo de Serbia. Sus

condiciones (neutralidad sobre el estatus y no imple- mentación del plan Ahtisaari, entre otras) fueron final- mente recogidas en el plan del secretario general de la ONU aprobado por el Consejo de Seguridad en noviem- bre y rechazado por Kosovo.37Un grupo hasta entonces desconocido, el Ejército de la República de Kosovo, rei- vindicó a finales de año una explosión contra la oficina del representante especial de la UE en Pristina, sin daños personales, y amenazó con nuevos ataques.

Oriente Medio