POBLACIÓN DEL SUR
4.1 Acelerado crecimiento demográfico en una zona de repulsión poblacional
Arganzuela pasó de tener 3.701 habitantes en 1860 a contar con 15.707 en 1878 (ver la tabla 3). Esto suponía un importantísimo incremento del 424´4%, que la convirtió en una valiosa base para el crecimiento de la ciudad (se acercaba al 473% que registraba Chamberí, aunque en este caso los datos son de 1880), cuyo censo pasaba de los 298.426 habitantes a los 404.588. Este fenómeno afectó irremediablemente a la pirámide de edades, cuyos perfiles son sensiblemente diferentes a los que se dibujaban en 1860 (ver el gráfico 11).
Gráfico 11. Pirámide de población por estado civil. Ensanche Sur (1878)
-1200 -800 -400 0 400 800 1200 0-4 5-9 10-14 15-19 20-24 25-29 30-34 35-39 40-44 45-49 50-54 55-59 60-64 65-69 70-74 75-79 80 y más
soltero varón casado varón viudo varón soltera mujer casada mujer viuda mujer
Hombres Mujeres
La composición por edades presentaba una mayor homogeneidad y, aparentemente, mucho menos condicionada por el fenómeno de la migración, que producía una peculiar contorsión en la anterior pirámide y seguía observándose en el conjunto de Madrid para el año 1877, donde el grupo de jóvenes de 20 a 24 años era muy amplio, mientras que los niños de 5 a 14 años eran escasos. En Arganzuela, el sector de jóvenes de 20 a 24 años estaba más representado que en 1860, mientras que resaltab
recepción de inmigrantes y que, tradicionalmente, indicaba un predominio claro de población joven.
an, por su excesiva abundancia, los hombres de 40 a 44 años, lo que nos lleva a considerar el importante peso de la población madura en un distrito con una gran
Población de Madrid (censo 1877) -30000 -20000 -10000 0 10000 20000 30000 0-4 5-9 10-14 15-19 20-24 25-29 30-34 35-39 40-44 45-49 50-54 55-59 60-64 65-69 70-74 75-79 80 y más Hombres Mujeres hombres mujeres
n buena medida, esta situación era una consecuencia del lapso de tiempo transcurrido. Muchos de los jóvenes matrim os en 1860, la
mayoría con hijos pequeños, tendrían en este m ismo
podem los jóvenes entre 10 y 19 años eran
notablemente superiores a los que vivían 18 años antes. Por otro lado, a partir de los 50 años, l población descendía más precipitada que el resto de la ciudad. Nos encontramos, en líneas generales, ante una población de familias jóvenes, o relativamente, que tenían una gran cantidad de hijos. Además, resulta innegable una fuerte integración familiar, nota común a toda la zona de Ensanche (pues era caracte
tener hijos) que permanecían solteras, llegaban tan sólo al 7´3%. Pero si por algo se caracteriza la pirámide de Arganzuela en 1878 es por su
ampli upo
pobla d, lo
que ll nche
(también en Chamberí). Pero, al mismo tiempo, la brusca caída poblacional entre los 5 y los 9 años nos lleva a considerar la existencia de un serio contrapeso demográfico, como era la alta mortalidad infantil, que registraba una especial gravedad en el conjunto de la capital.
E
onios que observábam
omento entre 40 y 50 años. Lo m os decir de sus hijos, puesto que
a de forma
rística también en Chamberí). A partir de los 25 años, las personas casadas eran amplia mayoría en todos los sectores de edad; además, las mujeres que expresaban un celibato definitivo, es decir, todas aquellas con más de 45 años (barrera que marca el fin de la posibilidad biológica de
a base: los niños más pequeños, entre los 0 y 4 años, eran con diferencia el gr cional más numeroso, a diferencia de lo que ocurría en el conjunto de Madri
Estas consideraciones nos conducen a un contexto dominado por un modelo demog
elo no era extensible a todos los madrileños de entonces, sino que existían claras diferencias en función de la clase social110, hasta el punto de que puede hablars
ráfico de tipo antiguo que, como ya se ha explicado anteriormente, estaba caracterizado por altas tasas de natalidad y de mortalidad, que producían tasas de crecimiento vegetativo negativas en la mayor parte de los años, debido fundamentalmente a una fuerte mortalidad infantil y a embates periódicos de enfermedades epidémicas, con lo cual, biológicamente hablando, Madrid perdía población. Este era un fenómeno claramente constatado y que preocupó hondamente a los propios contemporáneos, especialmente a médicos higienistas como Revenga, Agius, Méndez Álvaro, Hauser, etc. Antonio Fernández, a través de sus numerosos estudios sobre la población madrileña del siglo XIX, ha llamado la atención sobre el hecho de que este mod
e de la coexistencia de dos modelos demográficos dentro de una misma ciudad: las clases altas, con un número de hijos cada vez menor y con frenos a la mortalidad, se acercaban a los parámetros europeos; en cambio, las clases populares sufrían una terrorífica mortalidad, especialmente infantil, que trataban de compensar con una natalidad abundante.
Estas características se transmitieron al espacio, con marcados contrastes entre los distritos en que se dividía administrativamente la ciudad, produciendo en Madrid la clásica dicotomía de la ciudad industrial111. Hasta la década de los años 70, los distritos del centro y sur de la ciudad habían sido los más poblados; sin embargo, el progresivo deterioro de los inmuebles, el hacinamiento, la estrechez de sus calles, la carencia de los más indispensables servicios, etc., les habían conducido a un estancamiento frente al dinamismo de otras zonas de la ciudad como Buenavista y los barrios colindantes.
110
FERNÁNDEZ GARCÍA, A.: “La población madrileña entre 1876 y 1931…”, op.cit., pp. 33-52.
111
FERNÁNDEZ GARCÍA, A.: “Niveles de vida del proletariado madrileño (1883-1903)” en El
Reformismo social en España: La Comisión de Reformas Sociales. Actas de los IV Coloquios de Historia.
Tabla 9. Defunciones por distritos (1894-1900)112
Distritos Proporción por 1.000 habitantes Palacio 28,1 Universidad 32,5 Centro 24,1 Hospicio 30,3 Buenavista 23,2 Congreso 22,4 Hospital 36,6 Inclusa 40,2 Latina 36,8 Audiencia 27,4
Esta dicotomía tenía uno de sus ejemplos más gráficos en las tasas de mortali ad, a través de las cuales podemos ver que el siglo XX heredó un problema que
se había agu cho
menos, los contem
“Las diferencias de distrito a distrito son verdaderamente extraordinarias (…).Y
isponemos de estadísticas propias del distrito de
Arganzuela p siglo
XX, d o
morta ritos
a los que pertenecía.
d
dizado (ver la tabla 9). Una situación de la que no fueron ajenos, ni mu poráneos:
estas diferencias sólo pueden explicarse por razones de mayor higiene y de mejor alimentación. En efecto, el número mayor de defunciones ocurre en la Inclusa, Universidad y Latina, que son los distritos habitados por las clases pobres, y en los que las gentes viven en peores condiciones, privados de aire y luz por la construcción antigua de las viviendas y por el abandono y falta de limpieza en las habitaciones y en las personas.”113
Hospital, Inclusa, Latina, aparecían de forma incontestable como los distritos marginales y pobres de la ciudad, frente a otras zonas mucho más saludables. El Ensanche había recogido el testigo del centro antiguo, y el lujoso barrio de Salamanca, con sus palacetes ajardinados, amplias avenidas y adecuado sistema de alcantarillado, era el más pulcro contraste del tenebroso aspecto que ofrecían barrios como las Peñuelas. Desgraciadamente, no d
ara estas fechas, pues no se constituyó como tal hasta bien entrado el y tampoco los datos del padrón permiten fijar estadísticas de natalida lidad, pero es loable estimar que sus datos fueran la simbiosis de los tres dist
112
Los datos, expresados en término medio, están tomados de HAUSER, Ph.: Madrid bajo el punto de
vista…, op.cit., vol. 1, p. 531.
113
De esta forma tan sobresaliente, la tercera zona del Ensanche contribuyó al so de segregación socioespacial de los habitantes de Madrid desde el lado osc a diferenciación horizontal que complementaba a la ya existente en vertica
iempre se ceba con los más débiles y, en este caso, los recién nacidos o niñ ños eran fácil objetivo. En las familias p
proce uro,
en un l. La
muerte s os
peque obres, el parto era mucho más
problemático que en las de una condición social más elevada, tanto por las atenciones sanitar
7´7 y 8´9 por mil respectivamente, mientras que Inclusa o Latina padecían un 29´4 y 17´9 por mil respect
idades de supervivencia de los niños eran ya muy altas (Revenga túa en un 1´45% los muertos de 10 a 15 años entre 1865 y 1875).
El diferente comportamiento de los distritos madrileños ante la muerte tenía, tambié
ias recibidas en el momento de dar a luz, como por las condiciones higiénicas del hogar o por las costumbres de trabajo o la salud de la madre. Según Revenga, entre 1865 y 1875 el 18´87% de las personas que morían en Madrid tenían tan sólo unos meses; si la cifra ya era espeluznante, una criba mayor se producía entre los niños de 1 á 5 años, que suponían el 22´38% de los fallecidos114. Todavía en 1901, Congreso, Centro o Buenavista reflejaban una mortalidad infantil del 6´8,
ivamente115. Para el caso concreto de Arganzuela, baste recordar el gran recorte que se producía entre las dos primeras franjas de edad de la pirámide. Superada esa barrera, las posibil
si
n, uno de sus puntos clave en la mortalidad causada por enfermedades contagiosas o crisis epidémicas, que azotaron a la capital de España de forma periódica a lo largo de toda la centuria116. El cólera en particular marcó con grueso trazo negro las profundas fallas de alimentación, vivienda, salubridad, etc., que existían entre los madrileños que vivían en una u otra zona de la ciudad, entre las diferentes clases sociales. En 1865, el vibrión del Ganges se “olvidó” de zonas como la Castellana y, en cambio, se ensañó con otras más humildes, como el barrio de las Peñuelas, destapando las crudas condiciones de vida de sus habitantes, en los cuales marcó a fuego una memoria de auténtico temor al funesto invasor:
114
Por esas mismas fechas, Francia registraba un 10´8% de los fallecidos entre 1 y 5 años. Íbidem, p.
115
FERNÁNDEZ GARCÍA, A.: “La población…”, op.cit., p. 57.
116
Para un conocimiento en profundidad del tema ver FERNÁNDEZ GARCÍA, A.: Epidemias y sociedad
“Las víctimas se multiplicaban, las invasiones acaecieron en número tan considerable, principalmente en la parte sur, en nuestro Distrito, que un terror pánico, siniestro y profundo, se apoderó del vecindario, revelando en sus conversaciones el horror, y
e los sectores más desasistidos y el abandono en que se encontraban estos barrios eran reconocidos y aireados, con motivo de la epidemia, por médico
e a gran número de familias de obreros, para quienes el espacio, el aire y la luz vienen a ser en aquellas pobres viviendas artículos de lujo. (…)A la derecha de la alcantarilla, en dirección al puente, se halla el barrio propiamente llamado de las Injurias. Aparte de un gran corralón cercado con una tapia de fábrica y destinado a depósito de maderas, forman el barrio cuatro manzanas de casuchas miserables, entre las que sólo dos, que se destacan de las demás, revisten exteriormente aspecto menos repulsivo y constan de planta baja y piso principal. (…)Dentro de las condiciones humildes de aquellos edificios, debemos reconocer que serían aceptables si la alcantarilla, el arroyo, los humos de las fábricas y la irradiación del calor que desarrolla el gasómetro no fuesen constantes y terribles enemigos de la salud en aquellos contornos.”118
Por tanto, nos encontramos con un barrio de marcado carácter popular que no presentaba todavía signos claros de avance hacia un modelo demográfico moderno, sino todo lo contrario, se hallaba anclado en unas altas tasas de natalidad y de mortalidad que, al igual que el conjunto de la ciudad, producían tasas de crecimiento vegetativo negativas. Sin embargo, Arganzuela en estos años creció y creció, a un ritmo cercano a zonas de especial dinamismo como era por entonces Chamberí.
hasta el miedo que causaba la vista de tantas desgracias.”117
El barrio de las Peñuelas fue clave tanto en el origen de la epidemia como en su pervivencia, pues la situación se repitió en 1885 con unas dimensiones aun mayores. La localización periférica d
s, higienistas, periodistas, etc. Sin embargo, mientras en 1865 se habían limitado a poner de manifiesto las pésimas condiciones de salubridad de algunos hogares, en esta ocasión extendieron sus miras al horizonte del barrio. El periodista Julio Vargas hizo un estremecedor recorrido por el mapa de pobreza madrileño, para llamar la atención sobre los principales focos en los que reincidía, veinte años después, la epidemia colérica que tan terrible recuerdo había dejado:
“…las edificaciones [de las Peñuelas], en su gran mayoría, son antiguas, mejor dicho, viejas, mezquinas, y hasta miserables muchas de ellas; lo cual no impide que sirvan de albergu
117
Memoria presentada a la Junta municipal de Socorro del Distrito de la Inclusa por la Comisión nombrada al efecto. Cita recogida en FERNÁNDEZ GARCÍA, A.: Epidemias…, op.cit., p. 109.
118
La respuesta a esta discordancia hay que buscarla, como en el caso de Madrid, en los constantes ríos de inmigrantes que afluían a la capital desde los más diversos puntos
iriendo el Ensanche en el conjunto de la ciudad como redistribuidor de la población. A mediados del siglo, la población madrileña se desbor
nto de madrileños como de inmigrantes, especialmente estos últimos, que fueron su primordial activo de crecim
de España.